
Néstor Horacio Tessone (Pimpinela)
Pergamino es una ciudad del norte de la provincia de Buenos Aires. Queda a 222 km de la Capital Federal y según cuenta la leyenda, debe su nombre a unos misteriosos manuscritos encontrados en el arroyo que la atraviesa. Por su importante actividad agrícola, en 1997 fue declarada Capital Nacional de la Semilla. Pero mucho tiempo antes, exactamente el 16 de noviembre de 1964 ya daba sus más jugosos frutos a nuestro fútbol. Porque ese día vino al mundo Néstor Horacio Tessone.
Volante ofensivo y de una interesante zurda, inició su carrera en el club Sport de su ciudad natal. Pero de golpe y porrazo la vida lo puso ante la impensada oportunidad de pasar a las inferiores de Boca. Y empezó a transitar su sueño con cierta normalidad. Hasta que el 8 de julio de 1984, ante una huelga de los jugadores profesionales, le llegó el ansiado momento de debutar en Primera. Entonces, junto a otras jóvenes promesas de esa cuarta división como Fabián Peruchena, Roberto Fornés y Denny Ramírez, tuvo que poner la caripela en el ya célebre día del fibronazo ante Atlanta.
Pero lo sucedido esa histórica tarde fue debut, derrota y despedida. Porque en los años siguientes no terminó de pegar el salto necesario para ganarse un lugar. Así fue como a comienzos de 1986 se fue y recaló en Estudiantes de Río IV para jugar un clasificatorio para el Torneo Provincial. Allí tuvo como técnicos a Luis Héctor Papandrea y José Manuel Pistola Vázquez y compartió muchos momentos inolvidables con René Beltramo y nuevamente Gabriel Vales.
Si bien es cierto que al principio no conformó a los dirigentes, a base de calidad y algunos goles, se fue convirtiendo lentamente en ídolo. Y lo más importante, en una pieza clave del equipo. La presencia de Tessone era valorada no sólo por los suyos sino también por sus rivales, que buscaban sacarlo de los partidos de cualquier forma. Y así fue como un tal Reyna de 9 de Julio, no se anduvo con vueltas y le pasó una crema llamada Foniargon por los ojos durante un partido. Recuperado, volvió con todo pero lamentablemente para la primera final de ese torneo el que se sacó de la cancha fue él solito, tras meterle una descomunal piña a Bianchotti de Sportivo Belgrano en la semifinal con el partido ya definido. Con la suspensión cumplida, pudo estar presente en el partido de vuelta en donde marcó incluso el tercer gol del 3-0 y sellar la consagración del Celeste de Río Cuarto.
De regreso al club de la Ribera, Tessone ya no era el mismo. A pedido de su novia, llevaba una frondosa y tupida barba oscura que lo hizo ganarse el apodo de Pimpinela. Para ser sinceros, lo jodido no es que lo apodaran Pimpinela. Lo jodido es que posta era un doble de Joaquín Galán. Sin embargo se las arregló para que su regreso sea casi perfecto.
En lo que nuestro homenajeado considera su verdadero debut en Primera, el 31 de mayo de 1987, Menotti lo tiró a la cancha por Claudio Dykstra faltando 15 minutos en una semifinal frente a Newell’s por la Liguilla. Y sobre la hora, en un contrataque, paró la pelota poco después de cruzar mitad de cancha y le pegó de emboquillada. El disparo sorprendió al arquero y tras un largo recorrido se clavó en el ángulo para cerrar un 5-2 final. Luego del partido, un Pimpinela todavía con lágrimas en los ojos declaró que «…desde el banco había visto que Scoponi jugaba adelantado. El tiro salió alto y no caía, no caía, pero no sé quién sopló, quizás un ángel y se metió ahí, debajo del travesaño».
Lo del regreso casi perfecto es porque tras esa mágica tarde, no pudo hacer pie nunca más y jugó sólo algunos minutos durante ocho partidos en los cuales casi siempre Boca se fue derrotado. Cansado, aceptó una oferta para ir a Los Andes (1988/89). Con la transferencia hecha, lo consultaron si no creía que su destino podría haber sido otro. Y Tessone dejó entrever cierta dosis de mala suerte en su carrera: «…con Newells podría haber hecho cuatro goles. Con Independiente me perdí el empate a los 45. Y con Racing, en ese famosos 0-6, pegué un tiro en el palo cuando íbamos perdiendo 2 a 0. Son cosas que podrían haberme cambiado la vida. Tal vez hubiéramos clasificado a la Copa, tal vez no se hubiera ido Menotti y tal vez me hubiera seguido teniendo en cuenta y tal vez… y tal vez…».
En el Milrayitas la cosa se puso fulera en serio. Le fue muy mal futbolísticamente hablando y fue una especie de trampolín para sumergirse en aguas más profundas y turbias. Luego vinieron experiencias que le fueron mostrando que el fútbol evidentemente no era lo suyo. El Ironi Ashdod de la segunda división de Israel, de donde salió arando ni bien comenzó la Guerra del Golfo y más tarde Huracán (San Luis), Argentinos del Sud (Gaiman), Racing de Colón y Sport de Salto.
Ya a un mundo de distancia de los flashes y la fama, colgó definitivamente los botines en 1995 y se lo pudo ver laburando en un restaurante y después en una pizzería. Hasta que le salió la chance de atender el kiosco de un lavadero de seis de la tarde a seis de la mañana. No es lo mismo que triunfar en el fútbol, pero no está nada mal para alguien tan digno de esta sección.