Atlético Mar del Plata (Proyecto Ruggeri) 1998

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En mayo de 1998, el Atlético Mar del Plata jugó un triangular junto a Alvarado y San Lorenzo para definir el representante de la Liga Marplatense de Fútbol en el Argentino B (ex Torneo Regional).

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Un grupo empresario, compuesto por Oscar Ruggeri y el Gallego Esteban González (juntamente con el representante de jugadores, Marcelo Lombilla), aportó 7 futbolistas bajo el marco de un pseudo-gerenciamiento muy particular.

Así llegaron el Indio Arévalo, el Puma Rodríguez, la Rata Rodríguez (quien ya había jugado formado parte del proyecto Alvarado-Telemarket), el uruguayo José Charly Batista, Claudio Cristofanelli, Hugo Lamadrid (quien conocía la ciudad de su paso por Aldosivi) y Claudio Nisiforo (ex Deportivo Español y fútbol ecuatoriano).

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El Atlético Mar del Plata, con todas las estrellas y dirigido por Carlos Montenegro (uno de los técnicos más exitosos del fútbol marplatense), debutó ganándole 2-0 a San Lorenzo, con dos goles del Puma Rodríguez. Pero en su segundo partido, Alvarado lo goleó 4 a 0 y se terminó el sueño de clasificación al Argentino B.

Luego del rotundo fracaso, todos los jugadores traídos para el triangular se fueron instantáneamente. Ruggeri y el Gallego González continuaron apoyando al club muy tibiamente hasta que finalmente, el Cabezón se hizo cargo de la dirección técnica de San Lorenzo de Almagro y desapareció del club.

Darío Aranda

Prado Roberto

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Roberto Rubén Rosario Prado

Eran otras épocas, tiempos de crisis. Boca Juniors no ganaba Copas Libertadores, ni Intercontinentales, no existían ni el Clausura ni el Apertura y el club de la Ribera sólo acumulaba deudas y quemaba juveniles con una velocidad sorprendente. Poco tiempo atrás había brillado Maradona, pero para el Metropolitano de 1983, la cosa había cambiado, y para peor.

El 22 de diciembre, por la última fecha del mencionado campeonato, el Xeneize enfrentaba en Córdoba a Instituto. La huelga de los profesionales obligó al técnico de turno a apelar al piberío de las inferiores, que por más entusiasmo que demostraran todavía estaban muy verdes para jugar en Primera.

«Una mañana estábamos practicando cuando apareció Grillo y preguntó quién tenía el documento en la mano para viajar a Córdoba. Como yo estaba en la colimba y ahí te retenían el DNI, sólo andaba con un permiso provisorio. Le dije que tenía ese papel, si podía jugar así, y me llevó«, comentó Roberto Prado alguna vez al diario Olé.

Había llegado a la Ribera en 1980 desde su Villa Constitución natal, con la ilusión a cuestas, pero todo se derrumbó rápidamente. La noche del debut (el partido estaba pactado para las 17 pero arrancó a las 21 porque el avión que trasladaba al plantel se demoró) Boca se comió un baile ante La Gloria, cayendo 5 a 1. Ese día, dirigidos por Alberto Mario González, salieron a la cancha Walter Marcelo Medina, César Claudio Lahorca, Nelson Fabián Iturrieta, Rubén Eduardo Manfredi, Alberto Rafael Benítez, Ramón Ignacio Fernández, Fabián Carrizo, Galarza, Franco, Roberto Prado y Daniel Ruben Panatieri. Luego ingresaron Denny Ramírez por Panatieri y Miguel Barragán por Lahorca. Las ganas de los pibes no pudieron contra la experiencia de los cordobeses que los pasaron por encima sin demasiada contemplación. Al menos, Prado se llevó el recuerdo de haber convertido el único gol de su equipo.

Luego del estreno, tendría tres chances más, ante Atlanta (el día del fibronazo), Newell’s y Temperley. En 1985 pasó a préstamo a Juventud Antoniana de Salta, volvió y al año siguiente quedó libre. Pasó por Ituzaingó (1987), San Luis de Chile (1988), despuntó el vicio por la liga de su pueblo y se retiró joven.

«Laburaba y jugaba, en una compañía de Acindar. Barría, pintaba, hacía de todo. Pero cerró la fábrica y me quedé sin laburo«. Fue así que gracias a la intervención del doctor Eduardo Andreacchio, Roberto Prado retornó a Boca en 1991. Ya no para jugar en Primera, tampoco con los veteranos, sino para ser el utilero de las divisiones inferiores. Estuvo sólo dos meses y subió a las ligas mayores, donde se mantiene hasta estos días.

Talleres primer tiempo Adidas y segundo tiempo sin marca 1982

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El Talleres de Labruna llegó decidido a dos cosas al Gigante de Arroyito. Una, llevarse los dos puntos para Córdoba. Y la más importante: seguir alimentanto el interminable mito de la relación que hay entre la T y su vestimenta.

Lo que pasó ese domingo de mayo de 1982 por la primera fase del campeonato Nacional fue que los cordobeses ganaron 2-1 a Central en Rosario. Hasta acá todo más o menos normal.

A lo que cuesta encontrarle una explicación es por qué Talleres usó durante el primer tiempo una camiseta marca Adidas y durante el segundo una sin marca. La única respuesta más o menos potable es que evidentemente la utilería no llevó un juego de mangas cortas con las tres tiras. Los players habrán chivado como locos en los primeros 45 con las de manga larga y privilegiaron la comodidad por sobre la prolijidad. Todo bien, pero marche preso.

Aquí en las fotos vemos las pruebas del delito. El primero gol de Morete en donde quedan a la vista las tres tiras en su brazo izquierdo y el segundo gol de Bianco eludiendo al arquero con una camiseta de piqué.

Infantino Julián

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Julián Esteban Infantino

Creemos que a mucha gente de Argentinos Juniors se le piantará un lagrimón cuando lea esto. Es que Julián Esteban Infantino pudo llegar muchísimo más lejos de lo que realmente el fútbol le permitió.

Este volante ofensivo, nacido en Villa Ballester en 1966, hizo sus primeras armas en la máxima categoría en 1982. Si, leyó bien. Con tan sólo 16 años apareció en un equipo que merodeaba por los últimos lugares de la tabla de posiciones. Eran tiempos de Ricardo Trigili en la conducción técnica, aunque el conjunto de La Paternal no lograba hacer pie faltando poco para finalizar el Torneo de Primera División y corría serios riesgos de perder la categoría.

Tres partidos en aquel campeonato no fueron la mejor prueba de su calidad, la cual mostraría en plenitud en aquel torneo de juveniles llamado «Proyección ’86«, donde Argentinos llegó hasta semifinales exhibiendo un fútbol de alto nivel, sólo superado por un Racing Club que no pudo ante Newell’s Old Boys. Ese campeonato se jugó durante 1983, cuando Infantino había vuelto a entrenar con las divisiones menores del club.

Sin oportunidades en el primer equipo durante 1983 y 1984 (Argentinos campeón en un plantel en el que ni siquiera Borghi tuvo espacio para mostrarse), al año siguiente surgió la posibilidad de probar suerte en Argentino de Firmat, que jugaría el torneo Nacional.

Jugó 5 encuentros y anotó un gol, volviendo al Bicho para el segundo semestre de 1985. Con el primer equipo en la Copa Libertadores, surgieron algunas posibilidades de jugar. Lamentablemente fueron tan solo 8 partidos durante esa segunda mitad del año, con actuaciones aceptables, pero sin destacarse.

Sin participación a principios del ’86, se mostró más activo durante el torneo 1986/87, cuando Argentinos se jugaba todo para intentar lograr la segunda Copa Libertadores en la que participaba. Registró 12 encuentros y un gol, de penal, a Estudiantes en La Plata, en un equipo que era integrado mayormente por suplentes.

A fines de ese año se dio el gusto de jugar el segundo tiempo del partido que le dio a Argentinos su segundo título internacional. Reemplazó a Borghi en el entretiempo del triunfo 1-0 sobre el Defence Force de Trinidad & Tobago, obteniendo la Copa Interamericana.

Otros 8 partidos en 1987 y nula participación en 1988, donde tampoco jugó demasiado en la Reserva campeona 1987/88, mostraban claramente que su salida del Bicho estaba al caer. Es así que entró en la negociación por el pase de Oscar Dertycia a Argentinos. Junto a Infantino se fueron a Instituto de Córdoba Renato Corsi y Armando Dely Valdés.

Buena tarea desempeñó en la Gloria cordobesa, donde actuó en 35 partidos y marcó 4 goles durante la temporada 88/89. Para mediados de 1989 decidió bajar una categoría y fichó para Tigre. Pasó dos temporadas en el Matador de Victoria, donde perdió la categoría en 1991, siendo el goleador del equipo. Luego repartió sus últimos años en el ascenso entre Deportivo Morón y Villa Dálmine.

Fue uno de esos jugadores que tuvo la mala fortuna de surgir en la época de gloria de Argentinos Juniors. Y decimos que no fue afortunado simplemente porque estaba tapado por monstruos futbolísticos en todo el sentido de la palabra. Sin temor a equivocarnos, si Infantino estuviera hoy en el Bicho sería titular indiscutido. Tenía con qué serlo.

(Publicado en simultáneo con «Te Acordas Bicho?»)

Argentina (Sub-20) 1 – Valencia 1

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Tras en título mundial conseguido en Japón, la Selección Argentina Sub 20 jugó un amistoso a modo de despedida frente a su público contra el Valencia, de España. El 14 de noviembre de 1979 en el Estadio Monumental, el equipo dirigido por Menotti igualó 1-1 con el conjunto que estaba a las órdenes de Alfredo Di Stéfano, donde además jugaba Mario Kempes. La selección formó con: García; Carabelli, Simón, Rossi, Hugo Alves, Barbas, Rinaldi, Maradona; Escudero (Torres), Ramón Diaz (Meza) y Calderón. El gol del seleccionado argentino lo anotó Alvez (que además falló un penal, atajado por el arquero Manzanedo), mientras que para el equipo Che marcó Subirats. De esta manera, los hinchas argentinos pudieron disfrutar de ese equipo sin tener que madrugar.