Barcelona 1 – Argentina 0

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Con la excusa de ajustar detalles de cara a España 82, el 1 de septiembre de 1981 la selección Argentina se presentó en el Camp Nou para enfrentar al Barcelona. Pero el amistoso, organizado para homenajear al jugador Carlos Rexach, sirvió a otros fines más intangibles: promocionar a la escuadra nacional en la Madre Patria mediante la entrega de folletos, souvenires y pelotas.¿Para qué? Para sentirse más locales que nunca en el Mundial que se venía encima.

Sin embargo, la previa despertó bastante bronca con los directivos catalanes, ya que según parece el hotel dejaba bastante que desear. Y el propio Olguín destapó la olla: «…la cama en la que yo dormía tenía como diez centímetros de menos. Me costaba descansar. Menos mal que era verano…».

Pasado el mal trago, Argentina salió a la cancha, disimuló bastante el cansancio de la gira, fue al frente, creó seis situaciones claras pero faltando diez minutos la embocaron con un gol de Simonsen en offside. Tras la derrota bien menottiana (?), siguieron algunos problemas organizativos ya que los jugadores tuvieron que esperar el micro una hora para volver al hotel.

Los once que mandó el Flaco a la cancha fueron Chocolate Baley, Olarticoechea, Olguín, Passarella, Tarantini, Barbas, Gallego, Maradona, Cucurucho Santamaría, Ramón Díaz y Valencia.

Flotta Maximiliano

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Maximiliano Rubén Flotta (El Bichito)

Corría agosto de 2003. En realidad no corría, estaba parado viendo como el Racing de Ángel Capa se floreaba en Liniers ante el Vélez de Ischia con un 3 a 0 en el primer tiempo. Pero de repente y sin que nadie lo sospechara, empezó a escribirse una historia, la de este post, ni más ni menos.

A los 16 minutos del segundo tiempo, Rolando Zárate descontó y le puso algo de entusiamos a la última media hora del encuentro. Ocho minutos más tarde, el propio Roly volvió a meterla y preparó la mesa para el plato principal, que iba a llegar bien a punto.

La voz de Marcelo Araujo, tan inconfundible como cansadora en aquel lejano 2003, no supo distinguir al pibe que esa misma tarde hacía su debut y que en el minuto 47 del complemento estamparía el 3 a 3. El periodista apenas si intentó disimular su evidente decadencia con un relato que, en lugar de ser emotivo, sólo se remitió a identificar al autor del gol con un «el treinta y cuatrooooooooo goooooooooool, el treintaycuatro«. Sí, el 34 era el número que llevaba el debutante en la espalda. Maximiliano Flotta, de esa manera, hacía su presentación en la máxima categoría.

Central, lateral derecho y luego también volante, había tenido recorrido en el ascenso antes de llegar al Fortín. Arsenal de Sarandí (1998 a 2000), Tigre (2000 a 2002) y Los Andes (2002/03) contaron con sus servicios antes de que se convirtiera en un hombre de Primera División.

Su experiencia en la máxima categoría fue breve y decepcionante, si tenemos en cuenta su singular estreno y su pronta desaparición. En ese mismo campeonato volvió a actuar de titular en otros 13 encuentros en los que, por supuesto, no convirtió. Y tampoco agregaría conquistas a su currículum en los 4 partidos que disputó en el Clausura 2004. Claramente, su gol a La Academia había sido una casualidad.

Ese mismo año partió al fútbol colombiano, primera parada conocida (también dicen que en 2002 anduvo en el Casarano de Italia) de su trayectoria internacional, no menos rica que la que forjó en nuestro país. Con los colores de Unión Magdalena (2004 y 2007), Deportes Tolima (2005), Atlético Huila (2006), Independiente Santa Fe (desde 2008), donde ha dado sobradas muestras de su temperamento fuerte y de su afición por la noche, la que lo ha llevado a ser protagonista en otros clubes… los nocturnos de Bogotá.

¿Algo más? Sí, obvio. Su triple nacionalidad (argentino-español-colombiano) y su versatilidad le permitieron actuar en distintos lugares, siempre atado a su costado bizarro. En 2004, por ejemplo, firmó con Racing de Avellaneda pero no pudo jugar por cuestiones burocráticas. Un año más tarde, cayó en el Alavés de España y fue sincero de entrada, aclarando que no estaba bien físicamente. En 2006, ya de nuevo en nuestro país, pudimos disfrutar de sus quites en Almagro, en la B Nacional, pero allí no nos daría tanta felicidad como en 2007, cuando el diario Marca informó que Maxi salía con Eliana Guercio.

El post, como verán, se empezó a escribir aquel día que Marcelingui gritó con toda la boca «el treinta y cuatrooooooooo goooooooooool, el treintaycuatro«. Pero la historia de Maxi Flotta, si prestamos atención a las declaraciones de su padre, rescatadas por el Bestiario del Balón, había empezado mucho antes:

River «Recreativo de Huelva» 1975

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Parece que irse de gira siempre generó nuevas experiencias para River Plate y su indumentaria. Hace algunos años hicimos mención a lo que sucedió con el Millonario en la Copa Joan Gamper de 1980, cuando utilizó una camiseta amarilla con el escudo del Barcelona. Pues bien, esa no fue la única vez que el tradicional equipo de la banda roja cambió sus colores. En 1975, luego de coronarse campeón tras 18 años de penas, el conjunto de Labruna viajó a España para disputar el Trofeo Colombino, junto al Sevilla, el Dínamo de Tiflis y el Atlético de Bilbao.

El 23 de agosto de ese año, River iba a enfrentar al club vasco en el Estadio Municipal de Huelva, cuando el árbitro francés Jean Bencourt se puso la gorra y ordenó que uno de los equipos cambiara su uniforme (ambos estaban de blanco y rojo, pero uno a bastones y el otro con la banda). A pesar de estar en un escenario neutral, la antigüedad de la institución europea indicaba que los argentinos fuesen los que debían reemplazar su atuendo por otro alternativo. El tema es que el diseño suplente de River era el tradicional tricolor que se prestaba aún más para la confusión y entonces, ante la negativa del Atlético de cambiar la pilcha, el Millonario tuvo que usar la camiseta azul y blanca a rayas verticales del club local, el Recreativo de Huelva. Con esa ropa prestada, River estrenó su título en el viejo continente y perdió 5 a 3.

(Hallazgo de Patricio Nogueira publicado en RiverPlate.com)

De Vicente a Español 1997

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Para el Apertura 1997 el Deportivo Español se reforzó con todo. Llegaron Silvio Carrario, Osvaldo Canobbio, Juan Cruz Real, José «Pepe» Basualdo, Hector Almandoz, Sandro Guzmán y Jorge «Coco» Reinoso, entre otros. La expectativa era grande, y las figuras se iban sumando al proyecto. Incluso Néstor De Vicente se incorporó a los entrenamientos del equipo, y trotó acompañado de Juan Martín Parodi, Wilson Nuñez, Danilo Tosello, José Gallego y otras estrellas del ídem (?). Pero el pase se cayó, y De Vicente siguió jugando en el caótico Racing made in Lalín. Por lo menos se salvó de formar parte de uno de los experimentos más impresentables que ha dado nuestro fútbol.

Figuretti Pablo

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Pablo Figuretti

No hay caso. Hay tipos que están predestinados, ya sea por el nombre, por el apellido y hasta por el apodo, a cumplir determinados roles dentro de la sociedad.

Si nos remitimos al fútbol, es muy fácil darse cuenta que jugadores como Zaccanti y Restelli, no podrían haber jugado de otra cosa que no fuera defensor. A Testa, por caso, jamás se le cruzó por el marote arrugar a la hora de cabecear. Está obligado.

Lo mismo ocurre con Luciano Palos, o jugaba de arquero o se dedicaba a ser stripper, por eso curtió un poquito de ambas profesiones. Nico Diez no fue enganche por casualidad, el apellido lo llevó a actuar en ese puesto.

Por motivos similares, ya no por posición dentro de la cancha sino más bien por cuestiones afectivas, Oscar Ferro jugó en Ferro, Mario Lobo en Gimnasia de Jujuy, Lucas Lobos en Gimnasia La Plata, Hernán Grana en Lanús, Andrés Rios en River, Gay en Independiente (?) y Damián Ledesma, que nunca supo si es volante o defensor, si está vivo o está muerto, mucho menos pudo comprender si su apellido era un designio literal o una fina ironía, estuvo un tiempo en el Rojo y hace poco firmó con Racing.

Es entendible, entonces, que Pablo Figuretti haya pasado por el fútbol profesional de esa forma, sin destacarse, pero sin perder la oportunidad de aparecer junto a los protagonistas. Es probable que pocos recuerden a este volante que integró un plantel de Gimnasia y Esgrima La Plata. Pero el chabón estuvo ahí, hay pruebas.

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En 1995, por ejemplo, salió en la lista de jugadores del Lobo en la 1º edición de El Gran DT, justito debajo del Moncho Fernández y un poco más arriba que el Rusito Mónaco, Daniel Stremiz y Pablo Talarico.

Griguol no lo hizo debutar oficialmente y no le quedó otra que desarrollar su trayectoria de tipo que siempre sale en la foto en otras instituciones de la liga platense como Fuerte Barragán y For Ever, y también en clubes del interior como Tiro Federal de Coronel Suárez.

Mas allá de la carrera de nuestro homenajeado, no nos queda claro por qué Cubito Cáceres nunca atajó en Newell’s, ni por qué a Silenzi nunca le dieron una oportunidad en Central. Marcelo Sarmiento hubiese tenido asistencia perfecta en Estudiantes, el peruano Acasiete hubiera caído bien en Gimnasia y Noir hubiese sido ídolo de la hinchada de Vélez. En fin, son decisiones (?).

River 0 – Hungría 1

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La Selección de Hungría empató frente a Independiente, repitió el marcador enfrentando a Boca, y derrotó a Racing, en el marco de la Copa de Oro 1980, disputada en el José María Minella de Mar del Plata. Para cerrar su participación, el 26 de enero triunfó frente a River Plate, dirigido por Ángel Labruna. Fue una ajustada victoria, con gol anotado por  Szokolai, de penal. Esa noche 35000 personas vieron como una selección europea derrotaba al por entonces bicampeón del fútbol argentino, que formó con: Fillol; Saporiti (De los Santos), Lonardi, Pasarella, Hector López; Carrasco, Merlo, Alonso; Pedro Gonzalez (Ramón Díaz), Luque (Comisso) y Oscar Ortiz. De poco sirvió la defensa repleta de bigotudos. Sin embargo, el Millonario tendría su revancha al año siguiente.