Japón 2 – Boca 3 (1982)

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Apenas cuatro días después del empate 1-1, Boca volvió a verle la cara (?) al seleccionado de Japón. Y si en el primer partido en Tokio, el frío había pegado fuerte, ni hablar de lo que pasó esa noche del miércoles 20 de enero de 1982 en Kobe, ciudad portuaria a más de 500 kilómetros de la capital. La fresca del mar hizo bajar la térmica drásticamente.

Pese a lo bravo del clima, el estadio Kobe Chua, sin tribunas atrás de los arcos, reunió a 13.000 espectadores que enseguida salieron de su habitual formalidad. ¿Por qué? Porque antes de los 25 del primer tiempo y en jugadas aisladas, Japón se había puesto dos goles arriba. Primero con un tiro libre y luego con una escapada de Nomura que atorado por Mouzo y desde la raya de fondo se sacó la pelota de encima y la puso entre el primer palo y Gatti. Sorpresa total.

Pero el segundo tiempo mostraría otro partido. Boca ajustó clavijas y se adelantó veinte metros. Pero además de inclinar la cancha jugó casi perfecto. Krasouski cortó todo, Mouzo y Ruggeri apoyaron en mitad de cancha, Cacho Cordoba se mandó en todos los tiros, Trobbiani fue y vino, Perotti picó y exigió a todos y Diego… Diego hizo el resto jugando a un nivel pocas veces visto en Boca.

Enseguida, a los cuatro minutos, un zurdazo cruzado de Maradona puso el descuento. Pero el vendaval en que se había transformado Boca, tuvo su jugada bisagra: una contra japonesa se iba derecho al gol pero fue cortada por el Loco Gatti saliendo fuera del área y tirándose en palomita. Locura en el estadio y gritos más fuertes que en los goles locales.

Los defensores asiáticos no hacían pie y aguantaban lo que venía. Que era mucho. Primero Gareca reventó el palo. Al toque, el Mono Perotti quedó mano a mano pero el arquero Taguchi le sacó un gol imposible. Diego hizo jueguitos ante un defensor y metió una tijera que no fue gol de milagro. Los japoneses ya no querían mas lola y se limitaban a patearla para adelante.

A los 36 Taguchi voló abajo, se pegó la cabeza contra un palo y le sacó el empate a Diego. Hasta que se vino toda la estantería abajo y en un sesenta segundos Boca dio la vuelta el partido y puso a salvo el invicto de la gira. A los 40, Gareca empujó al gol una obra maestra de Diego y a los 41, una triple pared Maradona – Trobbiani lo dejó a Diego entrando al arco con pelota y todo. Los nipones a esa altura parecían postes que ni levantaban la mirada del piso. Sobre el final Perotti se perdió el cuarto y enseguida lo impensado. Una multitud invadió el campo de juego buscando abrazar a los jugadores de Boca.

Otros hinchas directamente fueron a la puerta del estadio y esperaron religiosamente la salida del micro para seguirlo en bicicleta bajo una tenue nevizca en lo que fue una caravana conmovedora. Ya en el hotel el boom Maradona seguiría a niveles impensados y no por los cientos de autógrafos que tuvo que firmar el diez de Boca. Cuando hablamos de niveles impensados nos referimos puntualmente al mechón de pelo que tuvo que dejarse cortar para dejar un recuerdo.

Gómez Adrián

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Ángel Sebastián Adrián Gómez (Pupi)

Lateral izquierdo oriundo de Salta que conoció la fama en noviembre de 1998, cuando lo sancionaron con dos años a raíz de un control antidoping que dio positivo al detectarse rastros de cocaína. Amparándose en la costumbre regional, argumentó que sólo había mascado hojas de coca, pero a la AFA poco le importó su declaración.

Había debutado con la camiseta de Gimnasia y Tiro en 1996, de la mano del Pipa Higuaín. Un año más tarde, ya con el Albo en Primera A, tuvo su estreno a lo grande cuando Ricardo Rezza lo mandó a la cancha en reemplazo de Zanatta en un partido ante Newell’s.

En el Clausura ’98 fue titular en 3 encuentros (ante Lanús, Español y Platense) pero poco pudo hacer para evitar el descenso. Lo que menos se imaginaba, seguramente, es que a fines de ese año se toparía con la maldita suspensión. Luego de un partido ante San Martín de Tucumán, su nombre ingresó en la lista negra de los sancionados por dóping. Y borrar su nombre de allí, claro, se le haría imposible.

Declaró en los tribunales de la AFA, explicó que no se drogaba, que sólo coqueaba como cualquier salteño y hasta se ofreció a hacerse una rinoscopía. La ley, en ese caso, miró para otro lado, a pesar que un año antes le había creído a Claudio Arzeno aquello del «té de coca«.

El pobre de Gómez pasó luego las mil y una. Sin recibir el sueldo de su club, tuvo que salir a buscar laburo. «Antes iba a entrenar en auto en el que me compré cuando ascendimos, pero después empecé a viajar en colectivo y ahora no me queda otra que andar en bicicleta. Me cuesta mucho practicar sin cobrar, pero le sigo dando para adelante«, declaró en julio de 1999 a la revista Mística.

Recién supimos de él en la temporada 2001/02, cuando integró el plantel de Juventud Antoniana de Salta en la B Nacional. Después, en la misma categoría, actuó para Gimnasia y Esgrima de Jujuy (2002 a 2005). Su trayectoria, bien alejada de los grandes acontecimientos deportivos, continuó en el under con Atlético Ledesma, Huracán de Comodoro Rivadavia (2006), Juventud Unida Universitario de San Luis (2006) y Talleres de Perico (2007). Desconocemos a qué se dedica en la actualidad.

Roa al Manchester United 1999

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Con sus manos había eliminado a Inglaterra en Francia ’98 y estaba considerado como uno de los mejores arqueros del Mundo. Figura en el Mallorca español, Carlos Ángel Roa fue tentado a comienzos de 1999 por el Manchester United, que ofertó 10 millones de dólares por su pase y además le ofreció un jugoso contrato. Muchos, al enterarse de las cifras que se manejaban, dieron el pase por hecho. Pero el argentino, que por aquel entonces tenía 29 años, rechazó los billetes y se retiró por cuestiones religiosas (entre otras cosas, no podía jugar los sábados).

Permaneció un año alejado de la actividad, haciendo tareas de caridad como miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y en abril de 2000 anunció su vuelta al fútbol. Siguió actuando en España e incluso regresó al país para ponerse el buzo de Olimpo, aunque ya no volvería a tener el mismo nivel que lo llevó a estar en la mira del Manchester.

Ferrero Gremio 1979

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A fines de los 70’s y principios de los 80’s, los buzos de arqueros eran más o menos todos iguales: lisos, sobrios y no solían llevar el escudo del equipo. Pocos guardametas escapaban a estas costumbres. Ricardo Ferrero fue una de las escasas excepciones, y en 1979 se lo vio varios partidos defender el arco de Rosario Central, luciendo como el arquero del Gremio.

La autoayuda de Gambetita

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Le pasa a todo el mundo, también a los futbolistas. Después de terminar su relación con la actual novia de Nicolás Navarro, Diego Fernando Latorre entró en una profunda depresión de la que le costó salir. Necesitó horas y horas de terapia para darse cuenta de que tenía que mirar hacia adelante, animarse a los cambios. Pero todo no fue tan sencillo, claro. Con la intención de tener presente la palabra de su psicólogo, se grabó los conceptos más importantes en un casette para escucharlos con el walkman a toda hora, incluso cuando salía con otras señoritas.