
Alberto Buffatelli. Defensor argentino. Jugó en los 40’s y 50’s.

Alberto Buffatelli. Defensor argentino. Jugó en los 40’s y 50’s.

Ulrich «Uli» Bittcher. Mediocampista alemán. Jugó en los los 70’s y 80’s.
Víctor Hugo Heredia
Víctor Heredia fue un símbolo del fútbol cordobés. Clásico número ocho con sacrificio y buen pie, se dio el lujo de ser el único jugador en la historia en vestir los colores de los cinco equipos más representativos de la ciudad del Fernet: Instituto, Talleres, Belgrano, General Paz Juniors y Racing.
Comparado desde su debut con el popular folclorista porteño, Heredia fue convocado a la Selección Argentina para la gira europea previa a España ´82. Además, cumplió el anhelo de jugar en el exterior cuando a mediados de los 80 se unió al Cristal Caldas de Colombia.
Precisamente, en este paso por la tierra del café, el jugador vivió un momento delicado que puso en riesgo su vida y la de su familia. En lo que fue catalogado como la mayor tragedia natural en la historia de Colombia, en noviembre de 1985 hizo erupción el volcán Nevado de Ruiz, derritiendo miles de toneladas de nieve y provocando un alud de lodo y piedras que cayó sobre la población ¿El resultado? Más de 20.000 muertos.
“Fue una experiencia de terror porque no podíamos salir. Recién pudimos hacerlo varios días después cuando armaron un puente militar. Llegamos hasta Pereyra, y recién ahí pude tomar un avión hasta Bogotá, para volverme a Córdoba. Mi familia no quiso volver más”.
Dejó atrás un contrato por dos años y se vio un tiempo inhabilitado pero, al menos, Víctor Heredia continuó: “Soooobreviviendo, Soooobreviviendo”.
Tom Cruise
Thomas Cruise Maphoter IV no es otro que Tom Cruise. Buen actor, galancito y con una sexualidad siempre puesta en duda, gusta de comer placentas de bebes interpretar roles dramáticos antes que a héroes de acción. Además, su figura es reconocida en todo el planeta.
Lo que nunca imaginó Cruise, es que una fanática inglesa se iba a casar con un tipo por el sólo hecho de poseer su mismo apellido y que, una vez embarazada, la británica iba a ponerle su nombre al retoño que crecía dentro de su vientre.
Contradiciendo el mandato materno, el joven Tom se rehusó a tomar clases actorales y desarrolló una carrera como futbolista. Jugando como zaguero central fue uno de los valores más destacados de la cantera del Arsenal de Londres, además de representar a La Selección de La Rosa en las categorías Sub-17 y Sub-20.
A mediados de 2009, Cruise se trasformó en Top Gunner (?) al ser promovido por Arsene Wenger al primer equipo y tuvo su bautismo en la derrota 1 a 0 con el Olympiakos griego por Copa UEFA. Tom salió desde el arranque y anduvo a los cachetazos con Luciano Galleti. No volvió a protagonizar minutos.
Luego de unos meses freezado, el juvenil fue cedido por una temporada al Carlisle United de la Ligue One. Volvió a los Gunners a mediados de 2011, pero estuvo otro año viajando con su medio hermano por EE.UU. en el ostracismo y en julio de 2012 aceptó un préstamo al Torquay United de la Ligue Two.
Mantenerse en el primer equipo del Arsenal fue, para Tom Cruise, una verdadera misión imposible.
John Lennon Silva Santos
Patrimonio cultural de la humanidad al fin, John Winston Lennon nos dejó miles de legados: sus increíbles composiciones, su fanatismo por Racing actitud frente a la autoridad, su batalla a favor de la paz y, como si estas cosas fueran poco, un lateral derecho brasileño.
El purrete, bautizado así por el amor de su tío hacía la figura del desaparecido músico británico, nació en 1991 y comenzó a destacarse en Vila Nova lo cual le valió, en 2012, el pase al Botafogo de Río de Janeiro.
Llamado a ser el Pete Best de la Estrella Solitaria, a comienzos de 2013 aceptó una cesión al Atlético Goianiense, donde se encontró con el volante Mahatma Gandhi. ¿Le darán una oportunidad a la paz?
Renegado como pocos, el volante declaró: “Quiero que me digan simplemente Lennon. El nombre es lindo, me trae satisfacciones con la gente y con las chicas, pero a mi los Beatles no me gustan para nada, eran locuras de mi tío. Prefiero la música gospel (?)”.
Como para ir al Correccional de Attica y pedirle a Mark David Chapman que te meta cuatro tiros más.
John Kennedy Hurtado Valencia
Se trata de un defensor colombiano nacido en 1984 y con una dilatada trayectoria en el fútbol de su país. Se inició en Unión Magdalena y luego paso por Centauros, Expreso Rojo, Real Cartagena y Deportivo Cali, además de Monagas de Venezuela.
A mediados de 2009, Hurtado sorprendió al mundo al viajar a Italia para una prueba en el AC Milán y hasta tuvo su momento de fama en un partido ante el Hannover: “Como era un amistoso pensé que nos iban a dar un uniforme alterno, pero saqué la camiseta blanca con la que jugamos y me impactó ver el número 34 y que ¡La casaca decía Hurtado!”. Y así, El Presidente compartió equipo con Ronaldinho, Maldini, Seedorf y Beckham, entre otros.
Lamentablemente, por no contar con pasaporte comunitario Los Tanos no hicieron uso de la opción y John Kennedy debió aceptar una oferta del Seattle Sounders de la Major League Soccer para no quedarse sin equipo.
Por las dudas, le recomendamos no viajar a enfrentar al FC Dallas. No vaya a ser cosa que…
El reloj marcó las 12 de la noche. Era San Valentín. Un joven observa desde su ventana la noche estrellada. Piensa en los universos que está acaparando con sus ojos. Esas galaxias lejanas supuestamente con una tecnología superior a la del planeta tierra. Todos hablaban de platillos voladores o inteligencia telepática, pero nadie se preguntaba si en aquellos lejanos lares existe el amor. El beso. El cariño. El tomarte el colectivo con la mujer que amas con ella apoyando cariñosamente su cabeza en tu hombro. Los planes para el futuro de dos personas que se aman. El sexo. Este joven tenía su cabeza centrada en la chica de sus fantasías. La razón de su sonrisa. La responsable de los latidos de su corazón. Ella era rubia, tenía los ojos oscuros, una sonrisa exquisita y un cuerpo digno de un edén. El joven tenía en la mano su teléfono, y en la otra un arrugado papel con el número de ella. Estaba en sus manos el destino de aquella calurosa noche de San Valentín. Irse a dormir como un infeliz nuevamente, o darle sentido a sus días, tornados de monotonía y falta de motivación. ¿Llamará a aquella mujer que lo desvela por las noches y lo mantiene soñando despierto por los días?
El invierno del 2011 significó para el Boca Juniors de Julio César Falcioni un punto y aparte. Tras un flojo Clausura (finalizo 7mo), el retiro de Martín Palermo y los primeros 6 meses de la era del ex entrenador de Banfield, el Xeneize afrontaba un periodo casi de transición en el que necesitaba dejar atrás el tormentoso pasado para lograr el título nacional que se le negaba desde el 2008.
Tras las partidas de Cristian Lucchetti y Javier García, el arco quedaba vacante a la espera de un nuevo guardavalla. Rápido de reflejos (badum tss), los directivos se encargaron de hacer un listado de los posibles nombres para ocupar el puesto. En él estaban Agustín Orión, Mariano Andujar y, entre otros, Sebastián Peratta, por ese entonces titular de Newell’s Old Boys. Fue él quien tomó la delantera de la lista, gracias a que su representante deslizó la frase «A Peratta lo seduce la idea de ir a jugar a Boca«.
Como era de esperarse, comenzó una disputa a por el arquero entre el equipo rosarino y los de La Boca. Desde La Lepra no querían despegarse de él. Pero la verdadera piedra en el zapato apareció para Boca tras enterarse que SP contaba en su contrato con una importante clausula de rescisión. De parte del arquero existió una presión para que desde la dirigencia de Newells aceptaran negociarlo y aliviaran las trabas en su contrato. Su elevada cotización (se hablaba de un millón y medio de dólares) era un dolor de cabeza para los directivos de Boca si pensaban en contar con sus servicios.
Finalmente, Peratta se quedaría en su equipo y los de JCF se harían con el guardameta Agustín Orión, quien sería una pieza clave a la hora de conseguir el tan ansiado Apertura 2011.
En un abrir y cerrar de ojos, el reloj marcó las siete de la mañana. El joven no se animó a aventurarse al llamado. De a poco, ese fuego que le generaba imaginarse en un futuro con aquella bella chica se fue apagando hasta quedar cenizas. Rápidamente se dio cuenta de que la cobardía lo tenía atado de pies y manos. En un instante se reveló a si mismo que, victima de lo recientemente escrito, estaba condenado a una vida de obediencia, silencio y represión de sentimientos. Quedarse pelado, fingir risas y vivir en una rutina desesperante y aburrida, la cual lo iría consumiendo día tras día un poco más. El reloj ahora delataba las 7 y 4 minutos de la mañana. Tenía que tomar un café sin gusto de desayuno. Tenía que tomar un colectivo repleto de calcos de su realidad adaptados a distintos cuerpos. Tenía que soportar otro día tirado a la basura en un cubo aislado, al lado de una computadora lenta y sin servicio. No lo toleró. Negó vivir un día más así. Creyó que el beso de una bala en la parte trasera de su cabeza terminaría con ese calvario. Sin darse cuenta, tras apretar ese gatillo, estaba cometiendo el primer acto valiente de su vida. Tristemente, también, el más nefasto.

Germán Ricardo Rivera (Cogote)
El artículo 2 del manual «Cómo quemar a un juvenil en pocos pasos y no morir en el intento» lo dice bien clarito: «Mandarlo a la cancha en un clásico en un puesto que no es el suyo». Claro que a veces la necesidad tiene cara de hereje (?) y no queda otra opción.
El 29 de octubre de 2006, Rosario Central recibía a su eterno rival, Newell’s Old Boys, en el Gigante de Arroyito por la fecha 13 del torneo Apertura. La Lepra, dirigida por Nery Pumpido -que por ese entonces comenzaba esa racha nefasta en el fútbol argentino que se prolonga hasta hoy- y necesitada de puntos, improvisó un mediocampo armado con el paraguayo Diego Gavilán, Hernán Bernardello, Adrián Peralta y Germán Rivera, un defensor central, ocasionalmente lateral izquierdo, que esa tarde tuvo que actuar como volante porque simplemente no tuvo otra.
El experimento, como era de esperarse, no salió muy bien. Después de un inicio parejo, Central se adueñó de la mitad de la cancha y despacito, despacito les rompimos el culito inclinó las acciones al arco que defendía el paraguayo Justo Villar. Los cuatro fantásticos no pararon a nadie y Newell’s se fue al descanso tres grados bajo cero 3 a 0 abajo con tantos de Eduardo Coudet, la Cobra Wanchope y Marco Ruben.
Como si eso no fuese semejante humillación, en medio de ese desconcierto generalizado que era el vestuario leproso, el que pagó los platos rotos fue el pobre Cogote, que se había equivocado feo en el gol de Marco Ruben, que dejó su lugar para que entrara Sebastián Arrieta. Ojo, peor fue lo que le hizo Pumpido a Bernardello, que salió a los ¡tres minutos! de la segunda etapa para que ingresara Hugo Colace… que encima se fue echado media hora después. Así y todo, la Lepra, que terminó con nueve jugadores por la expulsión de Tacuara Cardozo (también rajaron a Adrián Lucero, que estaba en el banco de suplentes) mejoró su rendimiento, pero el clásico terminó 4-1 a favor del Canalla. Ah, como siempre, hubo tángana en la tribuna.
Esa tarde olvidable marcó un punto de inflexión para el pibe nacido en Villa María (Córdoba) en 1985, que había debutado en Primera poco más de un año atrás, el 26 de agosto de 2005, ante Gimnasia en Jujuy. En el medio alternó algunas buenas actuaciones con malas y otras peores. En total, hasta su despedida a mediados de 2007, con la camiseta rojinegra disputó 17 partidos (2 por Copa Libertadores) y convirtió un solo tanto, ante Arsenal de Sarandí, en un encuentro que terminó 2 a 2. Ese gol sirvió para rescatar un punto, pero fue más que nada un desahogo para Rivera, que unos días antes había sufrido el fallecimiento de su madre.
Sin espacio en Newell’s, pasó a préstamo a Talleres de Córdoba (2007) para disputar la B Nacional. Esa temporada, el conjunto de La Docta salvó el pellejo con lo justo en la Promoción ante Racing de Córdoba. Un año más tarde, ya sin Rivera, La T se iría al Argentino A sin escalas.
De nuevo en la Lepra, estuvo seis meses colgado. En 2009 juntó sus bártulos y, perdido por perdido, partió al FC Cisnadie de la tercera división de Rumania para su primera experiencia europea. Como si la C rumana no fuese un destino demasiado exótico, al año siguiente (tras quedar libre de Newell’s) se fue a Italia para seguir descendiendo escalones. De un saque, bajó cuatro. El Misano FC de la séptima categoría del Calcio le dio asilo durante el primer semestre de 2010 y en la segunda parte pasó al A.S.D. Città di Marino de la sexta división.
Guillermo Rivarola (curiosamente ambos eran representados por la misma empresa –Calcio 21-) lo devolvió al mágico mundo de la Primera en 2011 en Sporting Cristal de Perú. «Mi meta aquí es ser campeón con Cristal y jugar la Libertadores en 2012», tiró apenas llegó (entre otras tantas declaraciones candentes). De más está aclarar que los representantes peruanos en la Copa del año siguiente fueron Juan Aurich, Alianza Lima y Sport Huancayo. Ah, sí, tampoco salió campeón. Al menos, se dio el gusto de reencontrarse con viejos conocidos, como Germán Alemanno, Pablo Vitti y el paraguayo Walter Fretes.
En lo deportivo las cosas salieron más o menos, a veces mejor, a veces peor, pero fuera de la cancha la rompió. Cogote, ni lerdo ni perezoso, conquistó a Giannina Luján, la ganadora del concurso Miss Reef de Perú en 2011. Pulgar arriba.
Costó seguirle el rastro tras su salida del Cristal. En un tobogán sin precedentes, regresó al under italiano para vestir otra vez por unos meses la camiseta del A.S.D. Città di Marino (2012). Después de probar suerte sin éxito en el fútbol chipriota, a comienzos de 2013 volvió a Italia para sumarse al Porto Corallo de la liga Eccellenza, la sexta categoría del fútbol tano. Y su debut, hace pocos días, no podría haber sido mejor: se fue expulsado.
Nosotros, por las dudas ya somos fans de él en Facebook. Dale, si te gusta, Cogote.
El puntapié inicial del histórico primer ciclo triunfal de Carlos Bianchi en Boca se dio en el barrio porteño de Caballito cuando, por la primera fecha del Apertura, el Xeneize enfrentó y venció por 4 a 2 al Ferro del querido Gerónimo Cacho Saccardi. El calendario indicaba: 9 de Agosto de 1998.
Esa tarde, el equipo del Oeste se dio el gusto de presentar en sociedad a algunos de sus refuerzos y hasta una publicidad láctea de dudosa reputación en su camiseta, gestionada por el inefable Gustavo Mascardi.
Con tanta mala leche a cuestas, Ferro alineó a: Carlitos Moya, El Gordo Cordon, Nicolás Sartori, Hernán Oviedo, Martens y Ariel El Bebé Rocha (Arriba). Martín Mandra, Mario Grana, Vitali, Ariel Giaccone y El Colorado McAllister (Abajo).
En ese Apertura ´98, Ferro finalizó en el 17° lugar tras 5 victorias, 5 empates y 9 derrotas y, por supuesto, comenzó a pulverizar el buen promedio que había conseguido en temporadas anteriores y que lo llevaría a jugar, hasta el fin de los tiempos (?), en categorías del ascenso.
Cuarenta meses después de ese partido, Carlos Bianchi se alejaba de la dirección técnica de Boca tras perder la Intercontinental ante el Bayern Munich con gol del ghanés Sammy Kouffour. Esa tarde, en Caballito, otro negro, en este caso Luis Sosa, le daba a Ferro el triunfo por 1 a 0 sobre Flandria por la jornada 14 del torneo de Primera B Metropolitana. Al final, el que ríe último ríe mejor. ¿No?