Aris Salónica 0 – Boca Juniors 1 (2009)

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El 5 de agosto de 2009, Tesalónica, la segunda ciudad más importante de Grecia, se prendió fuego para recibir a Boca Juniors. En un Kleanthis Vikelidis Stadium repleto, Aris Salónica enfrentaba al Xeneize en uno de los últimos encuentros de la gira del conjunto argentino por Europa, en la que ya había enfrentado al Manchester United, Milan, Lask Linz de Austria y que culminaría algunos días más tarde contra el AEK Atenas.

Aquellos duelos contra los equipos helénicos fueron la excusa perfecta para que Alfio Basile, que regresaba después de tres años, hiciera algo a lo que nunca fue muy adepto: probar juveniles. Por eso, en la calurosa noche de Tesalónica salieron a la cancha Roberto Abbondanzieri; Hugo Ibarra, Gastón Sauro, Juan Forlín, Luciano Monzón; Cristian Chávez, Leandro Díaz, Nicolás Gaitán, Guillermo Marino; Ricardo Noir y Jonatan Philippe. En el segundo tiempo, los pibes les dejaron el lugar a las incorporaciones y a los consagrados. Así, fueron apareciendo Juan Krupoviesa, Gary Medel, Sebastián Battaglia, Federico Insúa, Juan Román Riquelme, Pablo Mouche y Martín Palermo.

Más allá del resultado anecdótico (triunfo de los argentinos por 1 a 0 con gol de Sebastián Battaglia a los 75 minutos), lo más destacado fue el pirotécnico recibimiento de los griegos a Boca. Con La 12 como fuente de admiración y el amor expresado en banderasalgunas insólitas-, los hinchas del Aris sorprendieron con miles de serpentinas, fuegos artificiales y bengalas a mansalva en un espectáculo pocas veces visto.

Voy al Arco: Juan Carlos Rojas (2010)

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Fecha 12 del torneo Apertura 2010 del futból mexicano. En el estadio Hidalgo, los Tuzos de Pachuca empataban 1 a 1 con los Monarcas de Morelia. Faltaban seis minutos para el final del partido cuando el histórico arquero de los Tuzos, el colombiano Miguel Calero, tumbó a su compatriota Luis Gabriel Rey dentro del área y se tuvo que ir derechito a las duchas.

Con los cambios agotados, fue el lateral derecho Juan Carlos Rojas, más conocido como Romita, el que se puso los guantes y le rindió tributo a Calero, adelantándose un poquito (?) y tapando el penal del azteca Miguel Sabah.

Voy al Arco: Flávio Guilherme (1999)

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Torneo falopa por excelencia, durante su corta existencia la Copa Conmebol nos regaló momentos que hasta entonces parecían impensados, como ver a Rosario Central, Lanús y Talleres de Córdoba campeones de un certamen internacional antes que San Lorenzo de Almagro, por ejemplo.

El 19 de octubre de 1999, en Ciudad del Este, otro San Lorenzo, el de Paraguay, y Paraná Clube definían al rival de Talleres u Oriente Petrolero en los cuartos de final. En la ida, el conjunto brasileño había ganado 1 a 0 con gol de Juliano sobre la hora, dejando la serie con final abierto.

El tanto de Evandro, que años más tarde probaría suerte con la camiseta del Ciclón de Boedo, puso a los paranaenses al borde de la clasificación, pero los paraguas reaccionaron gracias a las anotaciones de Alcidio Fleitas y Emilio Ávalos y obligaron a la definición desde los 12 pasos. Ah, minutos antes del final, el uno de Paraná, Marcos, se fue expulsado. Sin cambios, a los brasucas no les quedó otra que improvisar con un jugador de campo.

El que vio la oportunidad y agarró el fierro caliente fue el juvenil Flávio Guilherme, que daba sus primeros pasos como delantero. Y el pibe no se achicó, eh. Agarró la pelota, pateó el primero de la serie y lo metió. Como arquero, tapó tres remates consecutivos: los de Víctor Paniagua, Pablo Fretes y Hugo Cabral.

Paraná Clube se impuso por 3 a 1 (además de Flávio convirtieron Evandro y Emerson) y se clasificó para los cuartos de final, donde cayó, también por penales, ante Talleres de Córdoba, que luego sería campeón.

Trecarichi Lucas

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Lucas Ezequiel Trecarichi Loiácono

La historia de Lucas Trecarichi es la representación cabal de la Argentina post derrumbe. Una historia que tiene nombre y apellido, pero que bien podría ser la de cualquiera de esos tantos chicos que, en medio de un país en ruinas, apenas entrados en la adolescencia y a los apurones, tuvieron que armar las valijas para subirse a un avión en busca de un futuro mejor y hacerse hombres a miles de kilómetros de casa.

Si hasta 2004 o 2005 cada aparición rutilante del fútbol argentino tuvo que convivir con el pesado mote de ser el “nuevo Maradona”, un pibito rosarino que por aquel entonces aparecía en la Primera del Barcelona había llegado para ser la salvación. Trecarichi gambeteó el karma de ser comparado con Diego Armando Maradona, pero no pudo hacer nada para evitar ser el primer “nuevo Messi”.

Nacido en la localidad bonaerense de Beccar el 12 de febrero de 1991, Lucas, bostero desde la cuna, jugaba desde los 6 años en las infantiles de… River Plate. «¿Sabés que siempre he jugado en River pero de toda la vida he sido hincha de Boca? Lo curioso es que la mayoría de las veces que jugaba contra Boca metía un gol. Un día por poco me equivoco y casi beso la camiseta de River», bromeaba.

Al igual que Lionel, casi cuatro años mayor, era zurdo y no llegaba al metro y medio, pero con la pelota en los pies era imparable. A los 13, este mediapunta (eventualmente volante por los costados) diminuto, admirador de Maradona y Riquelme, fue elegido el mejor jugador del Mundialito Sub 15 en Francia.

Sin embargo, a fines de 2004, el Millonario lo dejó libre. Lo querían Boca Juniors y dos clubes españoles: Barcelona y Leganés. Este último lo probó en enero de 2005 y dos meses más tarde le hizo un contrato por nueve temporadas.

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«¿Por qué elegimos el Leganés? Porque nos garantizaban que el niño iba a estar cerca de su familia y nos han dado, además, un piso, boletos para viajar a Argentina y a mí un trabajo en mantenimiento de piscinas», comentaba su padre, Fabián Trecarichi. Cualquier similitud con la llegada de Messi al Barcelona no es pura coincidencia.

A los 14 años, el argentino era el pibe mimado del Leganés. Tenía una cláusula de rescisión de tres millones de euros, que pasaría a seis cuando cumpliera los 17, cada tanto entrenaba con la Primera y a veces hasta iba al banco de suplentes. «Hasta los 16, tendrá un contrato de jugador aficionado; luego pasará a ser profesional», explicaba Rubén Fernández, presidente del club pepinero.

«Que me comparen con Messi es mucho. Ojalá llegue a ser como él, pero yo quiero ser Lucas, porque el juego de Messi no lo va a igualar nadie», decía el pibito, que también hacía oídos sordos a los sondeos del Real Madrid, Barcelona, Villarreal, Inter y de la propia selección juvenil española, que quería tenerlo en sus filas: “Les agradecí mucho por la propuesta, pero no voy ni loco: yo soy argentino y sólo quiero jugar para la selección de mi país. Es mi sueño”.

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En 2007, al mismo tiempo que despuntaba en la selección argentina Sub 17, el Arsenal inglés y el Inter italiano fueron a la carga por su pase. Incluso, pasó una semana a prueba en el neroazzurro: “Estuve tomando mate con Hernán Crespo, Javier Zanetti, Luis Figo y Adriano”, expresaba orgulloso. Sin embargo, terminó en la filial del Sevilla (2007 a 2009), donde comenzó el espiral descendente, convirtiéndose lentamente en el nuevo Cristian Colusso.

En su primera temporada en el equipo que también integraban Diego Perotti y Emiliano Armenteros, apenas disputó 58 minutos diseminados en 3 partidos. El balance, claramente, fue negativo: “Espero que este año sea muy diferente. Me merezco jugar más. Tanto tiempo de trabajo debe dar sus frutos. Espero recibir lo que me merezco: jugar”. Cuando le preguntaron si lo había perjudicado la comparación prematura con la figura del Barcelona respondió: “En un sentido sí. Yo no juego como él y, además, Messi sólo hay uno. Los aficionados se formaron una imagen de mí que nada tenía que ver con la realidad. Quiero crear mi propia imagen. Me perjudicó. El tiempo, afortunadamente, borró esa comparación y me quité un peso pesado de encima”.

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La situación no cambiaría en su segundo año, cuando sumó algo más de 100 minutos en 6 encuentros. “En su día se me comparó con los futbolistas más grandes. Fue como un boom, hacía entrevistas, me llamaban de todos lados y parecía que ya lo tenía todo hecho”, relataba decepcionado. “Me comentaron que este año iba a jugar más. Se me hace difícil…”. Para colmo, la campaña del Sevilla Atlético fue tan mala que descendió a tercera división.

En 2009, Sergio Batista lo convocó para disputar el torneo juvenil Esperanzas de Toulon con la selección Sub 21. Allí compartió plantel con otras promesas del fútbol mundial como su compañero Diego Perotti, Germán Pacheco (Atlético de Madrid), Gerardo Bruna (Liverpool), Diego Buonanotte (River) y Ever Banega (Atlético de Madrid), entre otros. Argentina finalizó en el tercer lugar y Trecarichi se anotó con un golazo clave ante Emiratos Árabes en la primera fase.

Con pocas oportunidades de actuar en el conjunto español, Lucas no dudó demasiado cuando Ángel Cappa lo fue a buscar (al igual que a Germán Pacheco) y lo engatusó con su propuesta del tiki-tiki de Huracán (2009), que venía de ser subcampeón en el Clausura. Así, Trecarichi se convirtió en el sexto refuerzo del Globo, que ya había sumado a Federico Laurito, Nicolás Trecco, Rodrigo Malbernat, Nicolás De Bruno y al uruguayo Diego Rodríguez Da Luz. Un container de estrellas.

«Los chicos que estuvieron el campeonato pasado hicieron una gran campaña. Pero la gente tiene que entender que ya no están y apoyarnos a nosotros, que vamos a hacer lo mejor posible para que lo olviden rápidamente a Javier Pastore y a Matías Defederico», pedía Luquitas, que había llegado para reemplazar a Pastore. «Pienso que con el correr del campeonato vamos a ir jugando como pretende el técnico y todos nosotros. Y de a poco se va a ver el equipo que quiere. Tenemos todo un torneo para aprender y crecer».

Debutó oficialmente en la tercera fecha del Apertura, el 3 de septiembre, en el estadio Tomás Adolfo Ducó, en la derrota por 2 a 0 ante Atlético Tucumán, cuando ingresó por el Rengo Rodrigo Díaz a los 30 minutos de la segunda mitad. En total, sumó 11 presentaciones, despidiéndose en el clásico ante San Lorenzo por la fecha 15 (derrota por 2 a0 ). En apenas 5 encuentros fue titular y se fue reemplazado en todos. Como era de esperarse, el andar del equipo de Parque Patricios no volvería a ser el mismo del semestre anterior: el Quemero acumuló malos resultados y acabó penúltimo, tres puntos por encima de Tigre.

Fue casualmente ante el Matador de Victoria, por la octava fecha, que Trecarichi marcó su único gol en el Globito (el 1 a 0 de un match que terminó 2 a 2). “Huracán me hizo sumar mucha experiencia que en ese momento necesitaba, ya que sólo tenía 18 años. Me sirvió mucho. Lo único que lamento es no haberme podido quedar más”, declaró tiempo después.

De nuevo en España, el derrotero continuó por la Sociedad Deportiva Ponferradina (2010), donde llegó recomendado por Cappa y jugó nada más que 6 partidos. Al menos, se dio el gusto de ascender a la segunda categoría. Desvinculado del Sevilla, armó nuevamente las valijas y partió a Bulgaria para sumarse al CSKA Sofia (2010/11), uno de los más grandes de ese país, con el que disputó la Europa League, pero del que se fue por falta de pago.

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Sobre el cierre del libro de pases del verano de 2012, tras varios meses de inactividad, se incorporó a la filial del siempre turbio Unión San Felipe de la segunda división de Chile. “Chile es un país con un torneo competitivo, se parece a Argentina. Estoy cómodo, no me puedo quejar. Todo ha sido muy bueno hasta ahora, me han cumplido todo. Estoy contento”, expresaba a su llegada.

El debut en el conjunto trasandino no podría haber sido mejor: marcó dos goles en la victoria por 4 a 2 ante Deportes Copiapó. Pese al arranque prometedor, después se pinchó y en julio quedó libre.

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A fines de 2012 tenía todo arreglado para sumarse al Guaraní de Juazeiro, de la primera división cearense, en el nordeste de Brasil. Incluso, en enero de 2013, llegó a descender de un helicóptero para ser presentado como una estrella en pleno estadio Romeirão, en la previa del clásico ante Icasa. Sin embargo, la documentación nunca apareció, los brasileños se cansaron de esperar y Trecarichi se marchó sin jugar. Baldosero 100%. Terminó defendiendo los colores del Kallithea FC (2013), de la segunda división griega.

“Los griegos son muy de ellos, y a veces no saben que hay otras cosas más allá de su cultura. Fue por eso que los tuve que contagiar de cumbia, milanesas y bromas bien al estilo de casa”, contaba al diario Olé. Desconocemos si fue la cumbia en el vestuario, las milangas o las bromas de mal gusto, pero unos meses más tarde, otra vez, lo dejaron libre.

Recién volvimos a tener noticias suyas a comienzos de 2014, cuando lo encontramos deambulando por la cancha con la camiseta del FC Jūrmala de la primera división de ¡Letonia!, rodeado de otros argentinos como el ex Gimnasia LP Daniel Romero, Nicolás Abot, Benito Montalvo, Nahuel Guerrero, Kevin Gissi y Orlando Bordón.

En 2015, cansado de dar vueltas alrededor del mundo, comenzó a preparar el retorno a casa. Un semestre en el Deportivo Petapa de Guatemala, con el que apenas disputó 10 partidos y marcó un gol, fue la escala para su regreso ¿triunfal? al fútbol local.

Hace algunas semanas, en busca de continuidad y felicidad, se convirtió en uno de los principales refuerzos de San Martín de Burzaco, de la Primera C, donde se reencontrará con el ex Boca y Huracán Pablo Jerez y donde también, probablemente, escuchará una de las canciones más bonitas del amplio inventario de nuestro ascenso hecha remera.

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Voy al Arco: Mladen Petrić (2006)

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En St. Jakob Park, el local, Basilea de Suiza, y el Nancy francés jugaban por la fase de grupos de la Copa UEFA 2006/07. En su tercer partido, los helvéticos buscaban su primera victoria, luego del empate ante el Feyenoord holandés y la dura derrota ante el Blackburn Rovers inglés. Con mejor hándicap, los galos, que ya le habían ganado al Wisla Cracovia polaco, iban por otro triunfo que les permitiera asegurarse buena parte de la clasificación a la próxima instancia.

A los 30 minutos, Kim puso en ventaja al Nancy. Enseguida, Scott Chipperfield lo empató para el Basilea. En la jugada siguiente, Pascal Berenguer adelantó nuevamente a los franceses. Sí, tres goles en tres minutos. Y todavía faltaba más. A los diez del segundo tiempo, Mile Sterjovski convirtió el 2 a 2 para los dueños de casa.

Cuando parecía que el encuentro se moría en empate, Nancy desperdició una chance inmejorable. En un contragolpe, André Luiz dejó a Issiar Dia mano a mano con el arquero argentino Franco Costanzo. El ex River salió desesperado a achicar, cometió penal y tuvo que irse derechito a las duchas.

Sin más cambios disponibles, fue el goleador croata Mladen Petrić quien se hizo cargo del arco del conjunto suizo. Cara a cara con Michaël Chrétien, Petrić terminaría siendo el gran héroe de la noche luego de tapar, en dos tiempos, el remate muy anunciado del defensor franco-marroquí.

De esta forma, el Basilea ganaría una vida extra, que se encargaría de dilapidar una semana más tarde en Polonia, cuando cayera derrotado 3 a 1 ante el Wisla Cracovia.

Son decisiones: la trompada de Zandoná a Edmundo (1995)

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Capaz de ser amado y odiado por la misma gente en cuestión de poco tiempo, O Animal Edmundo nunca pudo pasar desapercibido. Supo ser ídolo de Vasco da Gama y Palmeiras, pero también, en mayor o menor medida, hizo ilusionar a los torcedores de Flamengo, Fluminense, Corinthians, Santos y Cruzeiro, entre otros. Se fue a Italia, pero no se adaptó y volvió rápido. Una vez, dos veces. Le dio cerveza a un chimpancé y nunca se perdió una fiesta de Carnaval. Llegó a la selección, ganó algún título, jugó un Mundial. Fue compinche de Romário, con el que se peleó a muerte y se reconcilió una y mil veces. Hizo goles. Unos cuantos. Y hasta alguna vez fue al arco.

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Pero principalmente, Edmundo, dentro de la cancha, era insoportable. Basta con preguntarle al Chino Flavio Zandoná, que cumplió el sueño de muchos, incluso de varios compañeros, y le metió un roscazo bien puesto al brasileño.

Fue en el duelo de vuelta de los octavos de final de la Supercopa de 1995, cuando Vélez visitó al Flamengo en el Parque do Sabiá, en Uberlândia (Minas Gerais), con la dura misión de revertir el 3-2 de la derrota en el José Amalfitani. Esa noche, el ataque de los sueños, como se conocía al trío que conformaban el Chapulín Romário, Sávio y Edmundo, salió inspirado y marcaron un gol cada uno (el de Sávio, en honor a la verdad, con ayuda de Mauricio Pellegrino).

Con el resultado cerrado, Edmundo empezó a gozar a los rivales y el que sacó todos los números fue Zandoná, que bailó con la más fea todo el partido (el punto máximo fue cuando besó el césped en la gran jugada de Rodrigo que terminó en el 3 a 0 de Romário). O Animal canchereó con la pelota (minuto 1:17 del video de arriba) y el argentino le tiró un manotazo, desatando la locura de un jovencito Mariano Closs, que quedó al borde del orgasmo: “Bien, Chino. Un cross de derecha o de zurda nunca le viene mal a nadie”. Puteada va, puteada viene, con el clima muy caldeado, el encuentro siguió.

Segundos más tarde, volvieron a cruzarse. Edmundo le mostró tres dedos (uno por cada gol del Mengão) y le pegó una sutil cachetada al Chino que, ni lerdo ni perezoso, se la devolvió. Luego, con el brasileño ya de espaldas, llegó el golpe de knock out, directo a la sien. Enseguida, la patada voladora de Romário al defensor de Vélez marcó el inicio de una memorable batalla campal con mucho hit & run, la especialidad local.

El árbitro uruguayo Ernesto Filippi (aquel que en 1993, en el 0-5 ante Colombia en el Monumental, les pidió a los morochos que les hicieran otro gol a “estos hijos de puta”), que hasta entonces había tenido una actuación bastante permisiva, no tuvo otra alternativa que suspender el partido. La transmisión original en portugués nos regaló una serie de perlitas adicionales, como las declaraciones de Romário (minuto 8:15) diciendo que jugando contra los argentinos había que estar preparado para cualquier cosa o las del entrenador del Fla, el periodista Washington Rodrigues, que metió cien palabras en cinco segundos y aseguró algo así como “si quieren cobrar, van a cobrar hasta mañana”.

Años después, entrevistado por el diario Olé y al borde del retiro, Zandoná declaró: «No me arrepiento y le volvería a pegar”. Y agregó: “Con lo de Edmundo tengo una a favor y una en contra. A favor es que le pegué en Brasil, y en contra es que le pegué de atrás. Me hubiese gustado pegarle de frente”.

Nada de «mais amor, por favor«.

River Plate (Verano 2010)

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Faltaba todavía un año y medio para el descenso, pero en el torneo de verano de 2010 River Plate ya empezaba a dar muestras de que todo se le haría cuesta arriba. El flojo desempeño en el Apertura 2009 (terminó 14°), a decir verdad, tampoco invitaba a soñar demasiado.

Tras la derrota en el debut ante Racing, y de cara a la segunda presentación ante Independiente, el técnico Leonardo Rubén Astrada cambiaría algunas piezas, cumpliéndoles a varias promesas de las divisiones inferiores, y unos cuantos baldoseros, el sueño de compartir un rato de cancha con el Burrito Ortega.

De esta manera, el Millonario saltó al césped del estadio Padre Martearena de Salta con un equipo alternativo conformado por Juan Ojeda, Cristian Villagra, Germán Pezzella, Maximiliano Coronel, Lucas Orban, Rodrigo Rojas, Fabio Giménez, Erik Lamela, Mauro Díaz, Ariel Ortega y Andrés Ríos. Luego, en el transcurso del partido, ingresaron los juveniles Gustavo Bou, Gastón Villarreal y Diego Ortega, que nada tenía que ver con el jujeño.

En un encuentro de cinco goles, Walter Acevedo adelantó al Rojo, pero enseguida Gustavo Bou, tras una floja respuesta del Ruso Rodríguez, lo empató para River. Sobre el final del primer tiempo, Ariel Ortega, luego de una buena jugada de Bou, puso en ventaja al Millo, pero, en la segunda mitad, un doblete de Ignacio Piatti sería el encargado de darle la victoria (y el título de aquel triangular estival) al Independiente del Tolo Gallego por 3 a 2.