Sánchez Lucas


Lucas David Sánchez (Tungui)

Un halo de misterio cubre por completo la trayectoria de Lucas David Sánchez, aquel defensor (categoría ’86) que prometía en la Sub 17 que disputó el Mundial de Finlandia en 2003, pero que, de la noche a la mañana, llegó a la Capital Federal para hundirse en el más profundo de los anonimatos.

Todavía no había cumplido ocho años cuando, en 1994, se puso por primera vez la camiseta del club de sus amores, Talleres de Córdoba. Con el tiempo, Sánchez se fue convirtiendo en uno de los proyectos más interesantes (en su época, claro) de las divisiones inferiores del club de La Docta, a la par de Emanuel Perrone. Las citaciones a las juveniles de la selección argentina no tardaron en llegar y todos le auguraban un futuro enorme.

En el verano de 2003, el Tungui había sido pieza clave del equipo nacional que se impuso en el Sudamericano Sub 17 de Bolivia. “Jugar en la selección y salir campeón es lo mejor que le puede pasar a un jugador”, se despachaba ante cualquier micrófono que le pusieran delante de las narices.

Unos meses más tarde, integró la lista de futbolistas que fueron al Mundial de la categoría, al igual que Oscar Ustari, Ezequiel Garay, Lucas Biglia, Matías Cahais, Fernando Gago, Nahuel Guzmán, Neri Cardozo, Lautaro Formica, Pablo Alvarado, Diego Lagos, Walter Acevedo, Leandro Díaz, entre otros. Ojo, también había estrellas del cosmos baldosero como Ariel Cólzera, Hernán Peirone, Gonzalo Ludueña e ignotos que no llegaron a Primera como Mariano Arnulfo, Lucas D’Alegre o Mariano Hassel.

Por aquel entonces, el entrenador Hugo Tocalli no ahorraba en elogios: “Sánchez crece día a día». Al pibe solo le faltaba cumplir su sueño: «Jugar de titular en la Primera de Talleres», decía.

Luego del tercer puesto en Finlandia (el campeón fue Brasil y el segundo España, donde la rompió un tal Cesc Fabregas), en el que no jugó tanto como esperaba, Sánchez fue promovido al plantel profesional de la T.

Pero el contexto no era el más favorable. Los cordobeses necesitaban un campañón para salvarse del descenso y las finanzas estaban bastante mal. En el Apertura, Talleres terminó en mitad de tabla con 24 puntos. En el Clausura se reforzó bien, hizo un gran torneo y finalizó tercero, a cinco unidades del campeón, River. Ese buen desempeño le hizo esquivar el descenso directo, pero no pudo hacerle frente a la Promoción. Luego de perder ante Argentinos Juniors, el Matador se fue a la B Nacional para nunca más volver.

¿Y Sánchez? En el Apertura 2003, con José Omar Pastoriza en el banco, formó parte del plantel, pero nunca fue convocado. Más tarde, con la llegada de Jonca Jonca Juan José López, fue relegado y volvió a las inferiores. Ya en segunda división, Luquitas se quedó en la T esperando su chance. ¿Y? Nada. A fines de 2004, tras la quiebra, juntó sus cosas y dijo adiós.

Ya en Capital Federal, Luis Grillo, representante y dueño de un porcentaje de su pase, le consiguió una prueba en River Plate. Al Millonario llegó como una apuesta a futuro y comenzó jugando en las inferiores. Tenía 18 años y todavía podía explotar. Había que llevarlo de a poco.

A mediados de 2005, Leonardo Astrada convocó a la pretemporada a un grupito de juveniles que se venían destacando. En esa lista estaban Nicolás Domingo, Augusto Fernández, Ricardo Villalba, el Pipita Higuaín y, sí, Lucas Sánchez.

Pocos meses después, ya con Mostaza Merlo como DT, el Tungui sumó algunos minutos en cancha en el centenario de Independiente. Esa noche, en la Doble Visera, reemplazó a Villalba en el segundo tiempo. Luego, con cierta frecuencia, alternó en Reserva donde, dicen, no andaba mal. Su (escasa) altura le jugaba un contra para el puesto, pero -cuentan- se las rebuscaba bastante bien.

En el Clausura 2006, con Daniel Passarella como técnico, fue al banco de suplentes en un partido oficial, aunque no ingresó. Justamente ese año fue actor de reparto en uno de los negocios más turbios del club de Núñez en la última década. Un empresario, de nombre Ricardo Martin Hardoy, pretendía comprar porcentajes de pases de 16 jugadores (Gonzalo Higuaín, Augusto Fernández, Diego Buonanotte, Juan Pablo Carrizo, entre los más renombrados) en apenas tres millones de dólares. El negocio estuvo muy cerca de concretarse, pero finalmente se pinchó. Ah, sí, el que acercó a Hardoy a Núñez fue el propio Daniel Passarella, que después ganaría las elecciones presidenciales.

Para mediados de 2007, cuando cumplió 21 años, su permanencia en el Millonario era inexplicable. Después de recuperarse de una lesión que lo tuvo fuera de competencia durante buena parte del año anterior, volvió a la Reserva y apenas concentró un puñado de veces (aquel mamarracho en el que un River plagado de juveniles perdió contra Huracán en cancha de Argentinos Juniors, por caso) y desde entonces se convirtió en una moneda de cambio constante que nadie se cansaba de rechazar. Algo así como los caramelos para los supermercados chinos.

En 2008 lo quisieron mandar al FC Dallas de Estados Unidos junto a Lucas Malacarne, otra promesa trunca de la cantera riverplatense, pero el pase se cayó. Ya en 2009, sin lugar ni siquiera en Reserva, donde estorbaba la proyección de pibes más jóvenes, los dirigentes buscaron la forma de sacárselo de encima a toda costa. Ya no importaba la elegancia.

A mediados de año, en República Dominicana se organizó un torneo que haría las veces de scouting para clubes de México y Estados Unidos y River, a través de su filial de Puerto Rico, fue invitado a participar. Allí, con los colores de River Plate Ponce, y junto a otros relegados descartables como Diego Bogado, Marcelo Burzac y el paraguayo Emmanuel Gamarra Fernández, Sánchez se consagró campeón. ¿Las ofertas de los equipos norteamericanos? Bien gracias.

Tres o cuatro hinchas del Millo (no muchos más) lo habrán recordado en 2010 cuando, junto a otros futbolistas (Mauro Rosales, Oscar Ahumada, Cristian Villagra, Diego Barrado, Gonzalo Ludueña, Juan Ojeda, Nicolás Navarro, Marcelo Gallardo, Diego Bogado, Lucas Gómez, Eugenio Klein, Gabriel Loeschbor y Andrés San Martín), reclamó la deuda que el club mantenía con él.

Así, tras cinco años de contrato, y sin haber jugado ni siquiera un minuto de manera oficial, el Tungui quedó libre. Un año más tarde, River descendió a la B Nacional.

Una síntesis de lo que fue la última década.

Bonus Track EUB (?)

Por suerte, alguien compiló sus mejores momentos (?) y subió un video a YouTube. En una de esas, 10 años después de esas imágenes, vuelve a ponerse los cortos y, por fin, debuta en Primera.

Reano David


David Alejandro Reano

El teléfono sonó y el pibe no entendía nada. Una voz le dijo que se tenía que presentar de urgencia para viajar a la pretemporada con la Primera de Boca Juniors (2004). Se pellizcó, se tiró agua en la cara. Todo para descartar que fuera un sueño. No estaba dormido. El tema iba en serio. Después de ver subir y debutar a buena parte de sus compañeros de inferiores (Carlos Tevez, Matías Silvestre, Franco Cángele, Pablo Álvarez, Rubén Osella, Gastón Sangoy, Juan Pablo Caffa, por caso), David Reano, un defensor cordobés nacido en 1984, que parecía más cercano a quedar libre que otra cosa, tendría la oportunidad de demostrar sus condiciones durante unas semanas con el plantel profesional. Sí, mucho culo (?)

Con 20 años en el lomo y sin rodaje en Primera, su aparición llamó la atención hasta a los propios hinchas de Boca. Miguel Brindisi acababa de llegar a la dirección técnica del Xeneize tras la sorpresiva renuncia de Carlos Bianchi luego de perder la final de la Libertadores ante Once Caldas y, mientras Cristian Traverso y Aníbal Matellán se ponían a punto (cosa que no lograrían ni a lo largo del campeonato), parecía dispuesto a darle cabida a varios jóvenes que llevaban bastante tiempo esperando su chance.

El equipo de la Ribera debía afrontar una gira, de esas inexplicables a las que se acostumbró durante la gestión de Mauricio Macri, que lo llevó a viajar por México, Japón e Inglaterra para enfrentarse a equipos tan disímiles como Chivas, América de México, Albirex Nigata, Urawa Red Diamonds o el PSV Eindhoven, entre otros, y Reano se subió al avión a último momento.

Después de haber viajado 17 horas, y casi sin dormir, debutó informalmente (?) el 21 de julio, ante Chivas de Guadalajara, en Denver, Estados Unidos. Esa noche fue titular al lado de Pablo Jeréz, César González y el Pampa Calvo y fue uno de los mejores del Xeneize. Reapareció dos días más tarde, ante América, en San Francisco. Esa vez reemplazó a Calvo en el entretiempo y fue una especie de carrilero. En fin, ni una cosa ni la otra.

Volvió a vestir la camiseta xeneize en Japón, ante el poderosísimo Albirex Nigata (en la vuelta de Martín Palermo tras su excursión europea) y se despidió –sin saberlo- para siempre en el triunfo 1 a 0, nada menos que en Old Trafford, ante el PSV Eindhoven holandés.

El nivel aceptable que mostró el pibe sorprendió a Brindisi y el técnico lo incluyó en el plantel profesional que afrontaría el Torneo Apertura 2004. Pero el papá de Cristian Castro Miguel en Boca duró apenas un poco más que Vivaldo y Reano corrió su misma suerte.

Ni con el Chino Benítez ni con Alfio Basile tuvo posibilidades de mostrarse y a comienzos de 2006, sabiendo que no iba a ser tenido en cuenta (y cansado de jugar en Reserva), intentó rescindir su contrato. Incluso tuvo la chance de irse a Nacional de Montevideo en un paquete que incluiría a Matías Donnet (colgado por el DT) y Gustavo Eberto (sin lugar). El pase no se hizo y Reano siguió entrenando con la Reserva y la Cuarta, al igual que Donnet, aunque ya sin jugar.

En junio de 2006, finalmente, quedó libre junto a Joel Barbosa y días después arregló con Aldosivi para disputar el torneo de la B Nacional en la temporada 2006/2007. Llegó con cierta chapa, pero pasó dos años cagándose de frío en Mar del Plata y luego emigró a Isidro Casanova para sumarse a Almirante Brown (2008/09). Allí se dio el gusto de vivir de cerca el clásico. ¿Contra Deportivo Morón? No, no, la entretenida interna de la barra del Mirasol entre la Banda Monstruo y Los de Siempre. Eso sí, nunca se afianzó y lo fletaron.

Alumni de Vila María (2009), en el Torneo Argentino A, fue la escala previa a Deportivo Morón -sí, total los de Almirante ni lo recordaban- (2010/11), donde levantó el nivel y llamó la atención del fútbol europeo.

En Rumania, la tierra del conde Drácula, desde mediados de 2011 hasta fines de 2012 vistió los colores del Gloria Bistrița, al lado de otro argento, como Fernando Cafasso. Desde entonces, forma parte del plantel del Veria, en la primera división de Grecia.

Se desconoce si en las concentraciones les habla a sus compañeros sobre las bondades de las mellizas griegas.

Especiales: Pablo Podio


Pablo Joaquín Podio

Tiempo después de que el Real Madrid encontrara en Aimar Centeno a su próxima estrella, fue otro equipo europeo, esta vez el Internazionale de Milan, el que vino a buscar talento a Sudamérica a través de un reality show. Todo esto enmascarado, claro está, en el desembarco del club italiano en nuestro país, de la mano del bon vivant Ricardo Willmott hijo, ex capo de la agencia de modelos Ford y fuertemente ligado a Boca Juniors.

A diferencia de «Camino a la gloria«, «El Inter te busca«, así se llamó ese experimento que se emitió por Canal 9 y del que participaron más de ocho mil pibes de entre 13 y 17 años en el segundo semestre de 2006, no era un reality hecho y derecho. Acá las cámaras no mostraban el día a día del grupo de futbolistas que soñaban ser el próximo Hernán Crespo, Javier Zanetti, Esteban Cambiasso o Julio Cruz; sino que apenas acompañaban los tibios comentarios de los ex futbolistas Diego Latorre y Roberto Sensini, los cazadores de talentos Jorge Griffa y Mario Cesarín y los representantes del club tano Massimo Moretti (no confundir con Massimo Moratti, el dueño), Pierluigi Casiraghi y Ricardo Willmott. Todo con la voz en off del espiritualista Ari Paluch. El producto televisivo en sí, quizás la parte menos importante pero la más visible, era una mierda bastante aburrido y pasó casi desapercibido por la pantalla chica.

La elección de los cuarenta finalistas se llevó a cabo en dos etapas: primero el 16 de octubre en el Parque Sarmiento y luego el 13 de noviembre en Rosario. Entre el 27 de noviembre y el 1 de diciembre, en la Ciudad Universitaria de la UBA, se realizó la última ronda.

El vencedor fue Pablo Joaquín Podio, un volante por izquierda cordobés de 17 años, que se ganó el derecho de firmar un contrato por tres temporadas con el conjunto tano.

Podio dio sus primeros pasos futbolísticos en el baby de Playosa Sportivo Club y luego pasó por Alem y Asociación Española, todos de su tierra natal. Ya un poco más grande, decidió probar suerte en Buenos Aires. «En Racing estuve dos semanas y no me confirmaron, después en Lanús ocurrió lo mismo», contó en una entrevista. Meses más tarde, sus representantes, el empresario cordobés Carlos Brunengo y el polémico expresidente de Racing Osvaldo Osvaldo, se enteraron del reality y lo anotaron.

Como el pibe (categoría ’89) no había cumplido todavía 18 años, viajó a Italia en febrero de 2007, regresó a Argentina para entrenar junto a su preparador físico en Villa María y participó de la pretemporada con el plantel de Acassuso. Recién a mitad de año se sumó a las inferiores del neroazzurro.

«Siempre me gustó la proyección ofensiva y el juego no conservador, me siento bien en la posición de enganche y no me agrada la marca; ahora que el enganche tiende a desaparecer prefiero mantener posición de volante siempre transitando por el andarivel izquierdo y en búsqueda ofensiva», comentó antes de irse a la tierra del Catenaccio. Y claro, la iba a pasar mal.

No aguantó un año en Italia que se le perdió el rastro. Gracias al incansable laburo de los amigos de «Futbolistas argentinos por el mundo» lo ubicamos a mediados de 2008 en el ŽP Šport Podbrezová de la segunda división de Eslovaquia, donde –con cada vez menos protagonismo– continúa hasta hoy.

Rodrigo Archubi a Juventude (2011)

El ciclo de Rodrigo Archubi en River Plate se terminó el 27 de septiembre de 2009, cuando tras un empate 2 a 2 ante Gimnasia LP el doping le dio positivo por falopero consumo de marihuana. La sanción de tres meses que le puso la AFA se pasó rápido, pero a Archubi lo colgaron y nunca más volvió a jugar en el club de Núñez.

Ni Leonardo Astrada, ni Ángel Cappa ni Juan José López lo tuvieron en cuenta y durante 2010 se la pasó marginado, yendo y viniendo para entrenarse con un preparador físico exclusivo para él, sin verle la jeta a ninguno de sus compañeros. Y se la tuvo que fumar.

A comienzos de 2011 viajó a Brasil para sumarse al Juventude, que en apenas cuatro años había pasado de la A a la D. Como el contrato estipulaba la rescisión en caso de una buena oferta, y como durante el primer semestre jugaría en la primera división del campeonato gaúcho, Rodri (?) se fue con la ilusión de pegar un buen pase (?) en el interín.

Cuando lo presentaron oficialmente, a mediados de febrero, solo faltaban detalles. Archubi, que con el aval del equipo argentino había firmado un precontrato con los brasileños, debía negociar una deuda importante con River para que le dieran la libertad de acción, pero eso no aparentaba ser un obstáculo. Sin embargo, las cosas se complicaron, no hubo acuerdo (Passarella no quería pagarle un peso), y tras varios días entrenándose en Juventude, el jugador volvió al Millonario, donde siguió colgado.

A mediados de ese año, ya con el pase en su poder, terminó en el competitivo fútbol de Kuwait.

Quinteros Lucas


Lucas Nahuel Quinteros

En la penúltima fecha del Apertura 2005, Miguel Ángel Russo, técnico por aquel entonces de Vélez Sarsfield, mandó a la cancha a un mix de suplentes, juveniles y algunos titulares. El Fortín venía de quedar eliminado de la Copa Sudamericana, pero todavía tenía chances (remotas, pero chances al fin) en el torneo local y debía enfrentar a Lanús. En ese contexto apareció en Primera Lucas Quinteros, un defensor surgido de las divisiones inferiores del equipo de ¿Liniers? ¿Villa Luro? que ese día actuó como mediocampista.

El gol tempranero de Lucas Valdemarín hizo pensar que se venía la goleada. Y así fue. Ariel Broggi, Ramón Ocampo y Emmanuel Fernandes Francou completaron el 4 a 0 final para la alegría de los 14 hinchas de Vélez todos.

La fecha siguiente, ante Instituto en Liniers, Quinteros volvió a ser titular. Esta vez en su puesto, compartió defensa con Carlos Soto, Walter Alcaraz y Sergio Sena. Pero el error garrafal del Gato Sessa en la última jugada del partido decretó el 2 a 2 final y así terminaron las chances que tenía Vélez de salir campeón.

Para Quinteros parecía que se le abrían de par en par las puertas de la Primera División, pero no fue así. Tuvo que esperar ¡un año! para volver a actuar. En la primera fecha del Apertura 2006, reemplazó a Mariano Uglesich en la goleada por 3 a 0 que Newell’s le propinó al Fortín y nunca más volvió a jugar en Vélez.

No tuvimos noticias suyas durante un tiempo prolongado y empezábamos a temer lo peor (?) hasta que en 2008 apareció en Flandria, en la B Metropolitana. El 29 de enero de 2009, ante Deportivo Morón se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla derecha, por lo que se perdió el resto de la temporada y recién volvió en marzo de 2010, ante Nueva Chicago. Antes, había disputado un puñado de partido en buen nivel. Una nueva lesión poco después de su reestreno lo marginó durante varios meses y a comienzos de 2011, con apenas 25 años, decidió retirarse del fútbol.

Como Sebastián Battaglia, pero sin títulos (?)

Cipollone Maximiliano


Maximiliano Cipollone (Cebolla)

Buena parte de sus quince minutos de fama (o menos) le llegaron de pendejo, cuando jugaba en sexta división. No fue porque la rompió en un partido de inferiores, ni porque fue un desastre. No lo vino a buscar un club de afuera, tampoco lo citaron para la selección juvenil: simplemente lo apretó la barrabrava.

En aquel verano de 2002 lleno de incertidumbre generalizada, San Lorenzo venía de ganar la Copa Mercosur, pero estaba todo mal. Algunos integrantes de La Butteler fueron a la práctica para insultar al plantel (principalmente a Leo Rodríguez y el Pipa Estévez) y en el buffet se toparon con el juvenil Maximiliano Cipollone, de 15 años, que estaba festejando el triunfo de Deportivo Morón ante All Boys en un partido de la B Metropolitana y comenzaron a increparlo.

Al escuchar los gritos, los grandes pararon el entrenamiento y Sebastián Saja tuvo que intervenir para salvar al pibe. Luego, los efectivos de seguridad del club echaron a los violentos. «Como no son nada buenas las relaciones entre las barras de San Lorenzo y Morón lo corrieron al chico y al alcanzarlo le arrojaron algunas trompadas. El muchacho, que estaba cerca de la pensión, pudo llegar a donde se estaba entrenando la primera división y ahí se terminó el susto», comentó un testigo al diario La Nación.

Luego de ese episodio, Cipollone, nacido justamente en Morón en diciembre de 1986 y mediocampista por derecha de profesión, siguió escalando posiciones en las inferiores del Cuervo, al lado de Darío Bottinelli, Walter Acevedo y Hernán Peirone, entre otros, hasta que le llegó la hora de vestir la camiseta azulgrana por los puntos.

Con la mente puesta en el partido ante Toluca por la Copa Sudamericana, San Lorenzo recibió a Vélez por el Apertura 2006 con un combinado de suplentes y varios juveniles. Para los más grandes, relegados, era la posibilidad de mostrarse y sumar porotos en la carrera por un puesto entre los 11 que salían desde el arranque. Para los pibes, era la chance de debutar (al menos futbolísticamente) de manera oficial.

Aquel 28 de octubre, las nubes pintaban bien negras para el Cuervo. Sobre el final de la primera etapa, Mauro Zárate abrió el marcador para el Fortín. Un minuto después, otra vez Zárate, esta vez en posición adelantada, estiró la ventaja. Para la segunda mitad, el técnico del Ciclón, Oscar Alfredo Ruggeri, dispuso el ingreso de Claudio Acosta por Germán Voboril y un ratito más tarde mandó a la cancha al boliviano Joaquín Botero en lugar de Leandro Ulloa. El último cambio lo realizó a los 26 minutos, cuando el Cebolla entró por Darío Bottinelli.

A esa altura, el partido estaba de más. Se jugaba lejos de los arcos y el 2 a 0 parecía definitivo. Peeeeeero… a los 89, Cipollone le puso un buen centro al Malevo Ferreyra, que convirtió el descuento. En tiempo recuperado, el peruano Malingas Jiménez, tras una flojísima salida del Gato Sessa, metió el 2 a 2 final.

Maxi (?) reapareció en la penúltima fecha, ante Arsenal en el Viaducto, y el resultado fue el mismo: 2 a 2. Lucas Valdemarín marcó para los de Sarandí. Pablo Quatrocchi y Andrés Silvera lo hicieron para el Ciclón, que se fue silbado por los hinchas por la campaña discreta. Esa tarde, el Cebolla reemplazó a Adrián González.

En el verano de 2007, ya con Ramón Díaz como director técnico, fue a la pretemporada y disputó algunos partidos amistosos, aunque casi no tuvo chances durante el año.

Con el riojano solo jugó una vez por el torneo local. Fue en el encuentro postergado ante Racing, correspondiente al Apertura 2006, que se disputó cuando ya había arrancado el Clausura 2007. Ese día, San Loré le ganó 1 a 0 a la Academia y Cipollone ingresó en el segundo tiempo por Pablo Alvarado.

A mediados de año le hicieron firmar el primer contrato, pero inmediatamente bajó a Reserva y terminó en el selectivo. En 2008 pasó a préstamo a Platense, que todavía estaba en la B Nacional, pero nunca pudo debutar por la inhibición que tenía el conjunto de Saavedra.

De nuevo en el Bajo Flores, lo dejaron libre. «La verdad es que me quedé con las ganas de jugar más. Creo que si conseguía continuidad podría haber tenido más chances de quedarme en el plantel. Si Oscar (Ruggeri) se mantenía como técnico, tal vez se hubiera dado, pero tomó la decisión de irse. Yo tenía una buena relación con él, me subió a Primera y me aconsejó. Me daba señales de que me tenía en cuenta. Pero no pudo ser», se lamentó tiempo más tarde.

Luego de entrenar algunos meses en el CEFAR de Coqui Raffo, se sumó a Deportivo Santamarina de Tandil en el Argentino A (2009). «La de Tandil fue una buena experiencia. Es una ciudad tranquila, linda para vivir. Y hay muchas cosas diferentes a lo que pasé en San Lorenzo. El club es un grande de allá, y la gente nos seguía. De local siempre había unas 2.000, 2.500 personas. Y te acompañaban cuando jugabas afuera, sobre todo en las localidades más cercanas, como Bahía Blanca, Tres Arroyos, o Mar Del Plata, cuando nos enfrentamos con Alvarado… Peleamos los primeros puestos», contó.

En el segundo semestre de 2009 parecía que tenía todo arreglado para firmar en Deportivo Morón, donde estaba haciendo la pretemporada, pero lo llamó Luciano Nakis, el hijo de Noray, y terminó en Deportivo Armenio (2009/10), aunque tras la salida del técnico Horacio Cirrincione le soltaron la mano y nunca más lo vimos en una cancha.

Escudero Leandro


Leandro Escudero (Pichi)

El sopapo, digno del nocaut, que le había dado Estudiantes de La Plata siete días antes (0-5), por la 12° fecha del Apertura 2004, fue la excusa perfecta para que Carlos Ramacciotti, DT de Lanús, moviera varias piezas del tablero y le diera sus primeros minutos en cancha a algunos pibes que venían destacándose en inferiores y Reserva.

Así, el domingo siguiente ante un muletto de Arsenal de Sarandí –que se preparaba para jugar por la Copa Sudamericana- debutaron Diego Valeri, el veterano Maximiliano Cuberas –uno de los refuerzos- y Leandro Escudero, un mediocampista de la categoría 83 que llevaba un buen rato buscando un hueco entre los grandes y que pocos meses antes había firmado su primer contrato profesional. Y el Granate pegó rápido. Claudio Graf abrió el marcador a los 15’ del primer tiempo y estiró la ventaja un poco después. En la segunda parte, Iribarren puso el 3 a 0 y cerca del final, Cuberas, en contra, descontó para la Ferretería Arsenal. Sí, señor, Lanús hizo todos los goles. Propios y ajenos (?)

Escudero jugó 58 minutos y, por un golpe, tuvo que dejarle su lugar al autor del tercer tanto, Gabriel Iribarren. Al día siguiente, las crónicas de los diarios destacaron el rendimiento colectivo del Grana y, en particular, los estrenos positivos de Valeri y Escudero. Para el primero fue el inicio de una larga trayectoria en el club.

Pero el Pichi (ni de casualidad le iba a escapar al típico apodo) recién volvió a jugar oficialmente una rueda más tarde. Otra vez ante Arsenal, ahora en el Viaducto y bajo la dirección técnica de Néstor Gorosito. Esta tarde actuó como defensor improvisado y no la pasó muy bien. El conjunto de Sarandí se fue al descanso 2 a 0 arriba y el pibe se quedó en el vestuario. En la segunda mitad, Lanús consiguió el empate, pero Escudero jamás regresaría al primer equipo. Un puntito inteligente con sabor amargo.

A mediados de 2005, acompañado por el técnico de la cuarta división, Ramón Cabrero, y dos compañeros, Alejandro Frezzotti y Juan Carlos Mariño, viajó a Albania para disputar la Copa Intertoto con el Dínamo de Tirana. Si el nivel convencía a los albaneses, los juveniles tenían chances de seguir en el club. Al aparecer, al Pichi mucho no le copó la experiencia. «Albania es un país que hasta hace poco tuvo uno de los comunismos más fuertes de Europa, la gente es muy irrespetuosa, no respetan horarios. En la pensión muy lujosa donde iba a comer, la señora quería obligarme a almorzar ¡con yogur! Era un poco raro. Es más, me ofrecieron volver a Albania y les dije que ni loco», comentó a la vuelta.

Regresó a Lanús, pero Gorosito no lo llevó a la pretemporada, y luego coqueteó varias semanas con Godoy Cruz de Mendoza (2005). Que sí, que no, que sí, que no, hasta que finalmente se incorporó al plantel del Tomba. Entrenó algunos días bajo las órdenes del Chocho Llop, pero terminó siendo desafectado antes del inicio de la temporada.

Otra vez en el Grana, siguió colgado, aún con el arribo de Cabrero a la Primera, tras la salida de Gorosito. Finalmente, quedó libre en el verano de 2006. Ese año se sumó a Tiro Federal de Rosario, en el Nacional B. Si bien no le sirvió de trampolín para volver a la A, al menos, se dio el gusto de convertirle un gol a Defensa y Justicia.

En 2007 decidió hacer su segunda experiencia europea, esta vez, en un nivel inferior. Dentro del profundísimo ascenso alemán, vistió los colores del Sportfreunde Siegen (2007/08). Ahí estuvo acompañado por otro argento baldosero, como Juan Ignacio Piombo, pero los limpiaron rápido.

De nuevo en Sudamérica, a principios de 2009 estuvo a prueba en Guaraní de Paraguay, pero no convenció.

¿En qué anda ahora? Una profunda (?) investigación de En Una Baldosa (que incluyó fumarse los videos de su canal de YouTube) lo ubicó en la poderosísima liga vascogermana, la más pulenta de la zona sur del Gran Buenos Aires, donde juega con sus amigos, enfundado en la camiseta de Boehringer, equipo apodado «el gordo parrillero».

Correa Agustín


Agustín José Correa (Pato)

Ganarse un lugar en el mediocampo de Vélez Sarsfield no era una tarea sencilla a mediados de 2005. Leandro Somoza, Fabián Cubero, Maximiliano Bustos, Leandro Gracián, Sergio Sena, Emanuel Centurión y Lucas Castromán, algunos titulares, otros suplentes, fueron figuritas habituales durante aquel torneo Apertura. Para los más pibes, las oportunidades de mostrarse eran pocas. Entonces, claro está, había que lucirse en el momento justo. El margen de error era mínimo.

Al volante chascomunense Agustín Correa la chance le llegó contra Rosario Central, por la fecha 17. El Fortín, que también peleaba la Copa Sudamericana, todavía podía acercarse a Gimnasia LP y Boca, que se disputaban el campeonato en un intenso cabeza a cabeza que recién terminaría en la última fecha, cuando los de Basile pudieron festejar en Bahía Blanca.

Para el duelo ante el Canalla, el enfermo del $exo Miguel Ángel Russo, DT de Vélez, decidió apostar todas las fichas al certamen internacional (quedaría eliminado en semis ante Pumas de México, que luego perdió contra Boca) y dejar de lado el torneo local. Como venía de tres derrotas -Estudiantes, Independiente y Boca- en los últimos cuatro partidos (apenas le había ganado a Olimpo), el Fortín preservó a sus figuras para la Copa y jugó su última carta con un mix entre titulares, suplentes y algunos juveniles.

Así, Russo mandó al muere a la cancha a Gastón Sessa; Alejandro Verón, Mariano Uglessich, Walter Alcaraz, Ariel Broggi; Maximiliano Bustos (luego ingresó Sergio Sena), Leandro Somoza, Agustín Correa; Darío Ocampo; Claudio Enría y Rolando Zárate. De los once iniciales, apenas Sessa, Somoza, Enría y Zárate eran titulares habitualmente.

El 2 a 0 de Central, con goles de Marco Ruben en el primer tiempo, terminó de enterrar las chances de campeonar de Vélez y las oportunidades para Correa, que jugó apenas 45 minutos, se fue reemplazado por Leandro Gracián y jamás volvería a vestir la camiseta de la banda del labial V azulada.

Marginado en Liniers, el pibe, que contaba con un paso por las inferiores de Boca Juniors, debió salir a buscar oportunidades en el under. Pasó a Talleres de Córdoba (2006/07), que se estaba armando para pelear por el ascenso a Primera, pero terminó dando lástima en el fondo de la tabla (último en la general, tras un Apertura flojito y un Clausura espantoso). Un año después apareció en Almirante Brown (2007/08), también en la B Nacional, pero tampoco dio pie con bola.

Fue entonces que decidió regresar a su tierra natal para vestir los colores de Atlético Chascomús (2009) en la liga regional. A mediados de año surgió la posibilidad de probar suerte en el fútbol colombiano. Primero pasó sin éxito por el Deportes Quindío y luego por el América de Cali, donde el técnico Diego Umaña quedó conforme con su rendimiento, aunque no lo pudieron fichar porque ya tenían completo el cupo de extranjeros. Finalmente, terminó en la filial del América, Centauros Villavicencio de la segunda división cafetera.

En 2010, de nuevo en Argentina, regresó a Atlético Chascomús y más tarde pasó al Complejo Deportivo de Justiniano Posse (2010/11) en el Argentino B. Otra vez en Atlético Chascomús (2011/12), donde ya es toda una celebridad, alternó partidos por la liga local con presentaciones alrededor del mundo representando al Centro de Alto Rendimiento CN Sports de La Plata, encargado de ubicar futbolistas en destinos exóticos y otros no tanto (?)

En el último semestre de 2012 se sumó a Textil Mandiyú de Corrientes, del Argentino B, con el objetivo de lograr el ascenso. Sin embargo, hace algunos días, en plena competición, le rescindieron el contrato.

Y sí, le dirán Pato, pero es un perro.