
Lucas David Sánchez (Tungui)
Un halo de misterio cubre por completo la trayectoria de Lucas David Sánchez, aquel defensor (categoría ’86) que prometía en la Sub 17 que disputó el Mundial de Finlandia en 2003, pero que, de la noche a la mañana, llegó a la Capital Federal para hundirse en el más profundo de los anonimatos.
Todavía no había cumplido ocho años cuando, en 1994, se puso por primera vez la camiseta del club de sus amores, Talleres de Córdoba. Con el tiempo, Sánchez se fue convirtiendo en uno de los proyectos más interesantes (en su época, claro) de las divisiones inferiores del club de La Docta, a la par de Emanuel Perrone. Las citaciones a las juveniles de la selección argentina no tardaron en llegar y todos le auguraban un futuro enorme.
En el verano de 2003, el Tungui había sido pieza clave del equipo nacional que se impuso en el Sudamericano Sub 17 de Bolivia. “Jugar en la selección y salir campeón es lo mejor que le puede pasar a un jugador”, se despachaba ante cualquier micrófono que le pusieran delante de las narices.
Unos meses más tarde, integró la lista de futbolistas que fueron al Mundial de la categoría, al igual que Oscar Ustari, Ezequiel Garay, Lucas Biglia, Matías Cahais, Fernando Gago, Nahuel Guzmán, Neri Cardozo, Lautaro Formica, Pablo Alvarado, Diego Lagos, Walter Acevedo, Leandro Díaz, entre otros. Ojo, también había estrellas del cosmos baldosero como Ariel Cólzera, Hernán Peirone, Gonzalo Ludueña e ignotos que no llegaron a Primera como Mariano Arnulfo, Lucas D’Alegre o Mariano Hassel.
Por aquel entonces, el entrenador Hugo Tocalli no ahorraba en elogios: “Sánchez crece día a día». Al pibe solo le faltaba cumplir su sueño: «Jugar de titular en la Primera de Talleres», decía.
Luego del tercer puesto en Finlandia (el campeón fue Brasil y el segundo España, donde la rompió un tal Cesc Fabregas), en el que no jugó tanto como esperaba, Sánchez fue promovido al plantel profesional de la T.
Pero el contexto no era el más favorable. Los cordobeses necesitaban un campañón para salvarse del descenso y las finanzas estaban bastante mal. En el Apertura, Talleres terminó en mitad de tabla con 24 puntos. En el Clausura se reforzó bien, hizo un gran torneo y finalizó tercero, a cinco unidades del campeón, River. Ese buen desempeño le hizo esquivar el descenso directo, pero no pudo hacerle frente a la Promoción. Luego de perder ante Argentinos Juniors, el Matador se fue a la B Nacional para nunca más volver.
¿Y Sánchez? En el Apertura 2003, con José Omar Pastoriza en el banco, formó parte del plantel, pero nunca fue convocado. Más tarde, con la llegada de Jonca Jonca Juan José López, fue relegado y volvió a las inferiores. Ya en segunda división, Luquitas se quedó en la T esperando su chance. ¿Y? Nada. A fines de 2004, tras la quiebra, juntó sus cosas y dijo adiós.
Ya en Capital Federal, Luis Grillo, representante y dueño de un porcentaje de su pase, le consiguió una prueba en River Plate. Al Millonario llegó como una apuesta a futuro y comenzó jugando en las inferiores. Tenía 18 años y todavía podía explotar. Había que llevarlo de a poco.
A mediados de 2005, Leonardo Astrada convocó a la pretemporada a un grupito de juveniles que se venían destacando. En esa lista estaban Nicolás Domingo, Augusto Fernández, Ricardo Villalba, el Pipita Higuaín y, sí, Lucas Sánchez.
Pocos meses después, ya con Mostaza Merlo como DT, el Tungui sumó algunos minutos en cancha en el centenario de Independiente. Esa noche, en la Doble Visera, reemplazó a Villalba en el segundo tiempo. Luego, con cierta frecuencia, alternó en Reserva donde, dicen, no andaba mal. Su (escasa) altura le jugaba un contra para el puesto, pero -cuentan- se las rebuscaba bastante bien.
En el Clausura 2006, con Daniel Passarella como técnico, fue al banco de suplentes en un partido oficial, aunque no ingresó. Justamente ese año fue actor de reparto en uno de los negocios más turbios del club de Núñez en la última década. Un empresario, de nombre Ricardo Martin Hardoy, pretendía comprar porcentajes de pases de 16 jugadores (Gonzalo Higuaín, Augusto Fernández, Diego Buonanotte, Juan Pablo Carrizo, entre los más renombrados) en apenas tres millones de dólares. El negocio estuvo muy cerca de concretarse, pero finalmente se pinchó. Ah, sí, el que acercó a Hardoy a Núñez fue el propio Daniel Passarella, que después ganaría las elecciones presidenciales.
Para mediados de 2007, cuando cumplió 21 años, su permanencia en el Millonario era inexplicable. Después de recuperarse de una lesión que lo tuvo fuera de competencia durante buena parte del año anterior, volvió a la Reserva y apenas concentró un puñado de veces (aquel mamarracho en el que un River plagado de juveniles perdió contra Huracán en cancha de Argentinos Juniors, por caso) y desde entonces se convirtió en una moneda de cambio constante que nadie se cansaba de rechazar. Algo así como los caramelos para los supermercados chinos.
En 2008 lo quisieron mandar al FC Dallas de Estados Unidos junto a Lucas Malacarne, otra promesa trunca de la cantera riverplatense, pero el pase se cayó. Ya en 2009, sin lugar ni siquiera en Reserva, donde estorbaba la proyección de pibes más jóvenes, los dirigentes buscaron la forma de sacárselo de encima a toda costa. Ya no importaba la elegancia.
A mediados de año, en República Dominicana se organizó un torneo que haría las veces de scouting para clubes de México y Estados Unidos y River, a través de su filial de Puerto Rico, fue invitado a participar. Allí, con los colores de River Plate Ponce, y junto a otros relegados descartables como Diego Bogado, Marcelo Burzac y el paraguayo Emmanuel Gamarra Fernández, Sánchez se consagró campeón. ¿Las ofertas de los equipos norteamericanos? Bien gracias.
Tres o cuatro hinchas del Millo (no muchos más) lo habrán recordado en 2010 cuando, junto a otros futbolistas (Mauro Rosales, Oscar Ahumada, Cristian Villagra, Diego Barrado, Gonzalo Ludueña, Juan Ojeda, Nicolás Navarro, Marcelo Gallardo, Diego Bogado, Lucas Gómez, Eugenio Klein, Gabriel Loeschbor y Andrés San Martín), reclamó la deuda que el club mantenía con él.
Así, tras cinco años de contrato, y sin haber jugado ni siquiera un minuto de manera oficial, el Tungui quedó libre. Un año más tarde, River descendió a la B Nacional.
Una síntesis de lo que fue la última década.
Bonus Track EUB (?)
Por suerte, alguien compiló sus mejores momentos (?) y subió un video a YouTube. En una de esas, 10 años después de esas imágenes, vuelve a ponerse los cortos y, por fin, debuta en Primera.






