Marchano Mauro

Mauro Marchano
Delantero nacido el 15 de enero 1980 en Rosario e iniciado futbolísticamente en las divisiones inferiores de Rosario Central. En 1997 formó parte de la Selección Sub 17 que disputó el Mundial en Egipto junto a Franco Costanzo, Juan Fernández, Gabriel Milito, Julio Marchant, Livio Prieto, Luciano Galletti, Guillermo Santo, Ernesto Farías, Ezequiel González y Lucas Vivas, entre otros. En 1999, por una gestión de (sí señor, tóquese el izquierdo antes de seguir leyendo) Carlos Saúl Menem estuvo 15 días a prueba en el Manchester United de Inglaterra junto al ex Argentinos Santiago Kuhl y Claudio Ortiz, ex River. Lo curioso, además, fue el protocolo que los pibes tuvo que cumplir en Buenos Aires, cuando se juntaron con José Pekerman, Hugo Porta y el ex presidente, para obsequiarle al príncipe de Gales un banderín de la AFA y dos camisetas del seleccionado argentino, dedicadas a sus hijos William y Harry.
Todo formaba parte de un convenio que hasta el mismísimo Alex Ferguson veía con buenos ojos: «Esto es sólo el comienzo. A este proyecto le veo un gran futuro. Quince años atrás jamás habríamos pensado en intercambiar nada con la Argentina. Pero desde hace unos años estamos tratando de conseguir algún tipo de alianza con ellos, al igual que lo hicimos con Bélgica«.
De nuevo en el país, en 2000, fue goleador del equipo de Cuarta División con 10 tantos junto a Luciano Figueroa. Sin embargo, todo se le desvaneció a comienzos de 2001 cuando se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla derecha. Integró el plantel de Primera en la temporada 2001/02 pero nunca se afianzó y terminó jugando en Reserva al lado de Leandro Diema, Germán Leonforte, Javier García, Emiliano Buttanzzoni y Mauro Poy.
En 2002 estuvo cerca de ser prestado al Junior de Barranquilla colombiano pero pasó a Central Córdoba, donde convirtió 6 goles en 15 jornadas. Para la 2003/04 cambió de aire y se fue a probar suerte a Europa, primero al Libourne Saint?Seurin de Francia, donde jugó 25 partidos y anotó 11 goles. En la temporada 2004/05 disputó 26 encuentros con 3 tantos, en el Cavese de Italia. A mediados de 2005 fichó para Mineros de Guayana de Venezuela para disputar la Copa Sudamericana pero en septiembre de ese año, fue echado del club junto a un preparador físico por un acto de indisciplina. A comienzos de 2006 fichó con Puerto Montt de Chile, pero los dirigentes optaron por rescindir el contrato cuando aún no había debutado. A mitad de año fichó con el Andria, equipo de la Serie C2 del ascenso italiano, donde está haciendo goles en un equipo que deambula por la mitad de la tabla.

KeyserSoze

More Víctor

Víctor Martín More
Volante surgido en las divisiones inferiores de Huracán, que debutó en Primera en 1994, de la mano de Héctor Cuper. Con un solo partido en el lomo, continuó en el plantel sin tener chances hasta 1998, cuando se fue del club.
Tras abandonar la institución en una depuración importante que se llevó a Mari Gauto, Gino Padula, Diego Germano, Alejandro Maltagliati, Matías Biscay, Maximiliano Castano, Lucas Nohra, Dario Fabbro, Rolando Cristante, Eduardo Magnín, Roger Morales, Pedro Barrios, Claudio García, Hugo Romeo Guerra y Emiliano Romay, entre otros, pidió una inhibición para cobrar $784 que le eran adeudados.
Pasaron varios años para verlo nuevamente con los cortos en una cancha y desde entonces siempre en la Primera C. En 2001, Barracas Central lo contrató para jugar 47 partidos hasta 2003. Ese año fichó con Excursionistas, pero apenas disputó dos encuentros. En 2004, Justo José de Urquiza le abrió las puertas y le permitió participar de 12 cotejos en 6 meses.
Desde mediados de 2004 forma parte del plantel de General Lamadrid, donde comparte vivencias con jugadores de la talla del ex defensor de San Lorenzo Juan Patrone, «Barney» Barbas y «Gomita» Vidal.
Se desconoce si de chiquito la chapeaba diciendo que era sobrino de «Pinino», se sabe que de grande, desmiente cualquier tipo de parentesco con «Pininito», no sea cosa de quedar pegado.

KeyserSoze

Cardozo Domingo

Domingo Orlando Cardozo (El Huracán)
Con este nombre se podría aseverar que se trata de una burda copia de Saturnino, pero sin tanto gol, con menos categoría y un día después.
Sin embargo, vale rescatar que al menos llegó antes a San Lorenzo, aunque terminó siendo tan intrascendente como el delantero paraguayo.
Su historia es extraña, porque a pesar del nombre, pasó sus días jugando los sábados, debido a que transitó por todas las categorías del fútbol argentino y apenas rozó la primera división.
Nacido en Orán (Salta) llegó a actuar en clubes importantes de su provincia como Central Norte y Gimnasia y Tiro, pero encontró su lugar en el mundo en las humildes canchas de Buenos Aires.
Fue jugador de Colegiales en 1997, el mismo año en el que pasó a un Ciclón lleno de delanteros como Coria, Silvano Maciel, Biaggio y Abreu. Por eso jugó poco y se pasó la mayor parte del tiempo entrenando contra defensores de la talla del brasileño Luis Fernando y el uruguayo Alejandro Meloño.
No se supo bien por donde anduvo en 1998, sólo que fue sondeando por Colón de Santa Fé. Lo cierto es que al Mundial no concurrió, ya que Batistuta, Crespo y compañía postergaron su ilusión.
Fue así que en 1999 partió hacia un gran desafío: jugar en Independiente de Medellín de Colombia, aunque jugar fue una forma de decir. Tras unos pocos meses bajó nuevamente de nivel y pasó a El Porvenir donde permaneció hasta el 2001, dándose el envidiado gusto de compartir ricos mates con Silvio Rudman, Carlos Olarán, Fernando Cinto, Checchia, Diego Monarriz, Bahamonde, Aróstegui, Colliard, Ércoli, Alsina, Akselman, Lezcano, Garrone y Krikorián en los diferentes planteles de la B Nacional y Primera B Metropolitana. La historia cuenta que alguna vez no se le arrugó a «Patota» Morquio y luego de mutuas agresiones, ambos fueron expulsados.
Dejó esta institución y jugó poco tiempo para Tristán Suárez (2002) junto a Adrián Czornomaz, pero una oferta del fútbol boliviano lo hizo cambiar de rumbo. Pasó primero por San José (2003) y luego firmó erróneamente con el Unión Central, porque el incumplimiento de pago aceleró su salida y apareció en Tigre (2003). Meses después cayó para dirigir al equipo Ricardo Caruso Lombardi, que fiel a su estilo vendehumo, señaló que una de las prioridades era recuperar a Cardozo, «que es un delantero fantástico».
No hace falta aclarar que en febrero de 2004 ya estaba defendiendo los colores de Argentino de Merlo.
Ni lerdo ni perezoso, continuó con su paseo por el fútbol y buscó revancha en Bolivia. Pasó sin pena ni gloria por el Real Potosí (2004-2005) y como era previsible, retornó al país y más precisamente al norte, para dejar la vida en Talleres de Perico (2005) junto a Rubén Mencia. Pero los problemas entre jugadores al punto de tomarse a golpes de puño, lo hizo abandonar el club y retornar al vecino país.
Claro que su carrera no termina allí, ya que este trotamundo también tuvo pasos por Unicosta y Chiporote de Río Negro.
En la actualidad juega nuevamente en su tierra, en Central Norte (2006), repitiendo una constante de los jugadores de esa zona: terminar jugando allí creyendo que con la experiencia alcanza. Puede ser cierto. Pero a decir verdad, no tenemos ni idea.

Cucu

Sala Darío

Darío Alberto Sala

Este hombre tenía un sueño: Ser soldado y servir al país. Así fue que de chico hizo la escuela militar, se graduó en el Liceo General Paz, alcanzó el rango de Teniente en el ejercito, estudió abogacía y vendió churros en la cancha. ¿Como llegó al fútbol entonces? Es una historia interesante, con muchas vueltas.
Sin haber hecho deportes en su infancia, lo mas cercano que estuvo de la redonda fue vendiendo churros en partidos de la liga cordobesa y según él mismo cuenta, cuando jugaba era porque llevaba la pelota.
En la adolescencia empezó a practicar deportes, pero lo atrapó el handball, con el que incluso participó de seleccionados juveniles. Cuando tenía 18 años se cruzó con el fútbol y para conseguir tragos gratis le apostaba a jugadores profesionales que les podía atajar tiros desde afuera del área. Alguien le vio condiciones y lo llevó a San Lorenzo, su primera parada en el ambiente.
Allí fue entrenado por Chocolate Baley, que le enseñó los trucos del puesto relacionándolos con problemas de física. Al tiempo quiso volverse a su Córdoba natal y pasó por Talleres y Racing antes de caer en Belgrano, en 1996. Tres años comiendo banco detrás de Ragg, con un ascenso incluido, le dejaron al menos la satisfacción de jugar dos partidos en la máxima categoría, en 1998. Un año más tarde volvió a Buenos Aires para actuar en Los Andes, donde formó parte de una histórica campaña que terminó con el pasaje a Primera División. En el Milrayitas logró notoriedad al estar 8 partidos con la valla invicta. Eso sumado a buenas actuaciones (la rompió en el tramo final) hicieron que River lo incorpore a mediados de 2000, algo que él mismo dice que fue «como pasar de manejar un auto viejo a que te den las llaves del Ferrari de Schumacher«. Doce partidos entre Copa Mercosur, Libertadores y amistosos no fueron suficientes para él (era suplente de Bonano), que quería continuidad y así fue como lo prestaron a Independiente, donde estuvo entre 2001 y 2002. En esa época conoció a su futura esposa, que sería importante en el desarrollo de su carrera.
Dos temporadas en el Rojo y la imposibilidad de renovar por tercera vez su préstamo lo hicieron dejar por primera vez el país y unirse en condición de cedido al Deportivo Cali de Colombia. En esa tierra tampoco le fue mal: fue elegido el mejor arquero de la liga y el mejor extranjero de la competencia. Como si fuera poco, también fue el portero con menos goles en contra en la Libertadores 2003. En esa misma temporada vivió algo terrible: en una práctica un rayo cayó en medio del campo matando a 2 compañeros de equipo.
A pesar del mal momento, sus buenas actuaciones hicieron que el club quisiese comprar su pase definitivamente pero el bueno de Darío pensó en su mujer estadounidense y no quiso que ella viviese en un país tan peligroso.
Para poder elegir su destino y dejar de depender de terceros, ambos decidieron comprar el pase con sus ahorros. Así fue como firmó con Newell’s (2003) y arrancó con todas las ganas para recuperar el brillo perdido, aunque no se pudo consolidar por la sorpresiva aparición del controvertido Luciano Palos. Todo terminó en diciembre de ese año cuando su entrenador, el Bambino Veira, le aclaró el panorama y después declaró «Sala habló conmigo y le expliqué que hoy no tenía lugar en el equipo porque Palos estaba pasando por un buen momento y él no está para seguir esperando. Es un arquero que hace mucho tiempo que está en primera división y necesita atajar en otro equipo. Por eso le dije que me parecía bien que se buscara club«.
Fue así como recaló en México para defender a Jaguares, en 2004, siendo el único jugador de ese club que integró el equipo All-Star de la temporada.
Ese mismo año estuvo probándose en New York Metrostars, y cuando parecía que la promesa a su esposa de ir a vivir a Estados Unidos se cumplía, lo tentaron nuevamente de Newell’s y estuvo allí en la primera parte de 2005. Con Justo Villar por delante, las posibilidades de jugar fueron nulas y en el Apertura eligió irse a Arsenal de Sarandi para reemplazar a Limia, el histórico arquero del Viaducto.
La gente no lo aguantó y después de un par de partidos rescindió su contrato y apareció finalmente una oportunidad para probarse en FC Dallas de la liga yanqui.
En su nuevo destino firmó el contrato más bajo y aceptó ser tratado como juvenil, en lo que él señala como «el momento mas humillante en mi carrera«. Finalmente quedó como parte del equipo y tras una primera temporada con poca participación, este 2006 lo tuvo como una pieza importante disputando todos los partidos con el numero 48 en la espalda y vendiendo humo diciendo cosas como «Vengo a traer gloria a FC Dallas, ese es mi objetivo principal y el de cada uno en el vestuario. Queremos traer un campeonato a este club. Es todo lo que nos importa»
Esta es la extraña carrera de Darío, un arquero regular que supo hacer publicidades de Taller Elías, ComCell y Uhlsport, y cuyo sueño de ser soldado quedó como recuerdo en alguna vieja Sala de la casa de su madre.

Pastor

Favaro Eduardo

Eduardo Jorge Favaro
Delantero uruguayo nacido en 1963 que tuvo un paso por Argentina que sólo los estadistas del fútbol y su familia deben recordar.
Si bien realizó buena parte de su carrera en los 80’s y no encajaría en los parámetros de este sitio, el punta recaló por acá en los primeros años de la década del ’90 y tuvo una breve participación.
Pero previo a ello, pasó por Nacional (1985) donde compartió plantel con figuras charrúas como Aguirregaray, Pintos Saldaña, Tony Gómez y Pedro Barrios, entre otros.
Posteriormente jugó en Bella Vista y luego pasó por el Liverpool (1989-1990). Allí cerró un capítulo a nivel local y decidió salir al exterior.
Así fue que apareció en Argentinos Juniors para disputar el Clausura de 1991 junto a Osvaldo Coloccini, Mac Allister, Mogrovejo, Vidal González, Trapasso, Cagna y Patricio Hernández. Pero prácticamete no jugó (sólo 2 partidos) y sus apariciones fueron a cuentagotas, no obstante un gol a Platense en la cuarta fecha le alcanzó para aparecer en la foto.
El Bicho quedó en el antepenúltimo puesto, pero la buena producción del Apertura le fue suficiente para entrar en la liguilla Pre Libertadores, donde caería en primera ronda ante Boca Juniors.
Cabizbajo retornó a su país y finalizó su trayectoria pasando por Defensor Sporting (1992) y retornando al Liverpool, junto a Barbat, Barilko y Correa.

Cucu

Loscri Diego

Diego Adrián Loscri (El Cebolla)
La imagen es elocuente. Casi como atracción de circo, encerrado y maniatado en los confines de un destino opaco y apartado de la gente que lo idolatra, Diego Loscri cosechó admiradores en Racing pero por esas cosas de la profesión tuvo que salir a mostrar su talento fuera de los límites de Avellaneda.
Chiquito, escurridizo y habilidoso, nació en Barracas el 22 de abril de 1977 y cinco años más tarde llegó al baby fútbol de La Academia. Allí se formó y se consolidó como un enganche a tener en cuenta. Su debut en Primera División se produjo en 1999, cuando apresurar a los pibes de las inferiores parecía la solución del mal momento futbolístico. Igual, al Cebolla lo apuraba el calendario. Con casi 22 años necesitaba despegar. Tuvo en contra dos lesiones que lo postergaron: una fractura en el peroné de su pierna derecha y la rotura de los ligamentos de un tobillo. Se las arregló como pudo y con la confianza del Pampa Jorge logró sumar varios partidos (en su puesto tuvo a otros por delante, como Sixto Peralta, Vicente Principiano y Maxi Zanello).
Fanático del ciclo «Todo por $2» y de Racing, se dio un gusto por partida doble cuando integró el plantel campeón del Apertura 2001 que hizo festejar a Diego Capusotto. Con pocas chances de ser titular, permaneció en el club (51 partidos, 1 gol) hasta marzo de 2003, cuando fue cedido al The Strongest de Bolivia, con la mínima esperanza de que allí pudiera jugar la Copa Libertadores (los Tigres tenían que pasar a la segunda ronda). No se dio esa oportunidad y tuvo que conformarse con disputar la liga local. Y parece que anduvo bien, porque los dirigentes bolivianos quisieron renovarle el préstamo por 6 meses más. Eso si, no tuvieron en cuenta que Racing pedía 200 mil dólares y el bueno de Cebolla quedó varado hasta diciembre de 2003, cuando apareció el Guaraní de Brasil y se lo llevó para que haga buenas migas con otro argentino, Leonel Liberman.
Aunque no le fue para nada bien (se fue al descenso, tuvo inconvenientes para cobrar y vio pasar 8 entrenadores), medio año en el fútbol brasileño le dio el handicap suficiente para saltar a Europa. Asi que no tuvo problemas para firmar con el Castellón, de la Segunda División B de España (2004/05). Allí ilusionó a sus hinchas a su llegada porque desde los medios se había dicho que era un jugador de notable calidad. Sin embargo, su hábitat fue el banco de suplentes hasta que, casi a final de temporada, llegó un nuevo entrenador y le dio más protagonismo. Él, agradecido, le devolvió la gentileza marcando un gol que clasificó al equipo a los play-off de la competición. Todo cerró de la mejor manera cuando el equipo albinegro ascendió a la Segunda A.
¿Y Loscri? Fue ninguneado como pocos, no se le renovó el contrato y al día de hoy sigue con paradero desconocido, quizás con el pase en su poder y esperando que aparezca un club que le de buenas condiciones de laburo.

Juan Pordiosero

Beraldi Gastón

Gastón Esteban Beraldi
Volante nacido en Capital Federal el 9 de septiembre de 1982. Gracias a su intrascendente paso por la primera división del fútbol argentino sería un baldosero más. El hecho de ser el hijo de José Beraldi, ex corredor de TC y TN, y dirigente muy cercano a Mauricio Macri en Boca Juniors, le da un plus de ventaja que pocos logran.
Surgió en San Telmo, donde jugó en la Primera B Metropolitana entre 1999 y 2002. En aquel año mundialista pegó el salto a la Primera División cuando Nueva Chicago se interesó en sus servicios. Debutó el 5 de julio de 2003 ante Banfield, en la derrota por 3 a 0. Contabilizó 6 encuentros en el Torito, pero dos los jugó nada más y nada menos que ante el Boca multicampeón de Carlos Bianchi. En uno reemplazó a Juan Huerta a los 10 minutos y en el otro a Germán Basualdo a los 82′. A mediados de 2004, cuando el equipo de Mataderos descendió, Beraldi, lejos de dar un paso hacia atrás, se quedó en Primera para pelearla en Quilmes. Muchos criticaron su llegada al equipo, cervecero alegando que era por obra de su padre. Rápidamente lo mandaron a la Reserva, donde jugó bien algunos partidos pero a los 6 meses estaba en los planes de All Boys.
Finalmente, a mediados de 2006, tras varios meses de inactividad, donde trabajó para la empresa de transportes familiar, fichó para Barracas Central, en la Primera C y ahí juega de lo que le toque, ya sea de defensor, de volante o hasta de enganche.
Hace unos meses se despachó con esta frase: «El fútbol me gusta, me da alegría. Yo no juego por plata, lo hago por amor«.

KeyserSoze

Pizarro Limberg

Limberg Percy Pizarro
No hace falta aclarar que se trata de un defensor volante boliviano que tras una larga carrera en su país, con selección nacional incluída, se aprovechó de las necesidades de un equipo que debía pelear el descenso y logró su fichaje en el fútbol argentino.
Previo a ello, había jugado durante diez años en el Bolívar (1995-2005) con los tradicionales nombres de José Fernández, Gatty Ribeiro, Percy Colque, Oscar Sánchez, Martín Lígori, Marco Sandy, Rubén Tufiño, Pedro Guiberguis, Joaquín Botero y Miguel Mercado.
Luego pasó por equipos menores al celeste como Oriente Petrolero (2006) y San José de Oruro (2006), reflejando ya una merma en su rendimiento.
En el país jugó para Tiro Federal de Rosario (2005-2006), una banda que nada pudo hacer para evitar el descenso y que contó con otras figuras exóticas como Carlos Savio, Silbonei y demás.
Jugó unos pocos partidos y el mejor recuerdo de él lo tiene Luciano De Bruno, con quien compartía habitación. El ex jugador de Central dijo que «nadie quiere dormir conmigo porque soy un mufa bárbaro. Con todos los que dormí, en la fecha siguiente se lesionaron». Esa era entonces la importancia de Limberg en el plantel.

Cucu