Martín Ezequiel Uranga
A pesar de poseer un apellido relacionado al básquet, este joven optó por jugar al fútbol y lo hizo bien, ya que como delantero llegó a la primera división de Newell’s Old Boys de Rosario.
Con ansias de repetir las gloriosas carreras de jugadores que salieron de la Lepra, trabajó duro para llegar, pero al no ser tenido en cuenta por el entrenador Llop, terminó cambiando de club y realizando una carrera muy similar a la mayoría de los puntas que últimamente salieron del Parque Independencia.
Por ello, salió a buscar club y encontró cerca, ya que Central Córdoba (2001), que agarra los descartes, se interesó en él.
No existen registros importantes sobre su rendimiento allí, pero el dato fundamental es haber conocido a un histórico como Fabián Cancelarich.
En el 2002 decidió salir del país a cumplir una aventura, jugar en Chile. Se unió a Palestino, club en el que se desempeñaban Esteban Valencia y Leonardo Cauteruchi.
Pero tampoco duró demasiado ahí y el 2004 lo encontró en un curioso lugar, el fútbol de Salvador, más precisamente en el Arcense, en el que no permaneció mucho tiempo y volvió a la Argentina.
Viajó a Tucumán y junto a otros valores surgidos del rojinegro rosarino se unió al Atlético. Allí cumplió una buena campaña en el Argentino A, donde marcó muchos goles pero quedaron en la puerta del ascenso. Dirigido por Víctor Riggio, hizo buenas migas con Caffaso, Misetich, Lígori y Desagastizábal.
Al no cumplir el objetivo, dejó el interior y recaló en Platense (2005), con el que ascendería al Nacional B. Junto a Groothuis, Acosta, Banegas y Arnaudo la pasaron bien y alcanzaron la gloria.
No obstante, no se quedó en el Calamar y volvió a armar las valijas. Su inmediato destino fue la Comisión de Actividades Infantiles (2006) de Comodoro Rivadavia, en donde es dirigido por Julio Zamora y tiene, entre sus compañeros, al reconocido Homero Sartori.
Cucu


