Menéndez Damián

Damián Gonzalo Menéndez
Luego haberse consagrado Campeón en el Clausura de 1992, sorprendió la actuación de Newell’s en el torneo siguiente, ya que terminó último, con 3 partidos ganados y 12 derrotas en su haber. La decepcionante labor del elenco rosarino en ese campeonato se vio beneficiada por la gran cantidad de jóvenes promesas que alternaron la titularidad en varios partidos. Algunos de ellos sobresalieron con el pasar de los años y se convirtieron en jugadores muy bien conceptuados, como el caso de Claudio Enría. Sin embargo, otros como el homenajeado en cuestión, no corrieron con la misma suerte y desaparecieron del mapa como si nada hubiese ocurrido.
Damián Menéndez debutó ese año y se sostuvo como pudo hasta 1993 en la Primera de La Lepra. Sólo completó 6 partidos oficiales, sin goles (era marcador de punta), y nunca más se supo de él.
A ciencia cierta, sólo se conoce que no volvió a Primera División. Pero saber que hizo el resto de sus días es casi imposible. Al parecer, hizo escala en Central Córdoba de Rosario y luego gastó sus últimos cartuchos en Ferrocarril Urquiza de Concordia. Una incognita más del amplio mundo baldosero.

Juan Pordiosero

Bahl Vladimiro

Vladimiro Hernán Bahl
Se trata de uno de esos jugadores que sólo trascendió por el nombre y no por sus cualidades. No hizo demasiado en el fútbol de élite, pero gracias a la decisión de sus padres y a la curiosa aceptación del registro civil en épocas de dictadura, lograron llamarlo así.
Realizó las divisiones inferiores de Gimnasia y Esgrima de La Plata, en las que llegó a ser el goleador del equipo campeón en 4ta división. Para ese entonces, este delantero potente y de buena altura, ya tenía todos los cañones apuntados a irrumpir con fuerza en primera, sin embargo, el destino y los años, marcaron otro camino.
En 1996 fue promovido al plantel profesional por Carlos Timoteo Griguol, junto a Aurelio, Darino, Rodríguez Correa, Tarabini, Cavallo, Gatti y Pascual pero al igual que ellos, debió buscar nuevos horizontes.
Para 1998 pasó a San Martín de Tucumán y con sus goles ilusionó a toda Ciudadela con el ascenso, algo que finalmente se truncó. Es que junto a Leonardo Garaycochea, Gustavo Tempone, el «Tigre» Amaya y Carlos Chacana se quedaron en las instancias finales. Finalizado ese proceso, y habiéndose fogueado, retornó al Lobo en 1999 con la llegada de Gregorio Pérez, pero no tuvos grandes chances y ya en el primer día de entrenamiento, fue dejado libre junto a Rubén Ferrer, Germán Noce y Juan Matías Sagorak. Previo a ello, realizó una prueba en la filial del Hamburgo alemán, pero obviamente no quedó. Sonó también por Rafaela, aunque de ello no hay estadísticas ni registros.
Luego de habérsele perdido el rastro y habiendo coqueteado con Quilmes, apareció jugando en Guillermo Brown de Puerto Madryn (2001-2003) con Marcos Samso, en dónde llegó a marcar 14 tantos en el Argentino B. En ese tiempo sonó con insistencia en Cambaceres, sin embargo optó por las bondade$ del campo y en forma bastante curiosa, se incorporó a Peñarol de Pigué (2003) de la ignota Liga de Coronel Suárez, saliendo campeón después de trece años.
En el 2005 estuvo cerca de volver al sur, ya que casi cruza de vereda para incorporarse a Deportivo Madryn, pero la transacción no se concretó.
En fin, este post tiene menos definición…que él.

UPDATE

Hasta fines del 2006 seguía jugando, y metiendo goles, en Peñarol de Pigue haciendo dupla ofensiva con Lautaro Fuhr.

Cucu

Larrea Alejandro

Alejandro Javier Larrea (Bruye)
Mediocampista o delantero uruguayo con apellido de prócer que pasó sin mucho ruido por el fútbol argentino.
Nacido en Montevideo, se inició en el club Progreso (1989-90) y luego paseó sus condiciones por otras instituciones como Sud América (1990-91) y Central Español (1992). Después quiso probar suerte en el extranjero y enfiló hacia la Argentina. Estudiantes de La Plata lo recibió con los brazos abiertos en 1992 y allí estuvo hasta 1994 (compartió el plantel con el Rulo París, Fontana, Yorno, Ruben Capria, Marcelo Maidana y Calderón, entre otros). Con el Pincha disputó 35 encuentros y convirtió 4 tantos. Lo curioso es que después de haber jugado en una liga tan respetada como la de nuestro país no haya chapeado en un club de similares características en Sudamérica. Eligió bastante mal y se incorporó al Marte de El Salvador (1995-97).
Condenado a jugar en campeonatos de menor prestigio, se fue a Costa Rica y con el Saprissa la rompió. Hizo 20 tantos y salió goleador del torneo. Después se dio cuenta de que estaba gastando polvora en chimangos, y se fue a hacer la diferencia económina a China, con la camiseta del Puddong (1999). Al año siguiente regresó a Uruguay, repleto de historias vividas en todo el planeta. Y tuvo todo el año 2000 para contárselas a sus compañeros del Montevideo Wanderers, donde se consagró campeón. Ni lerdo ni perezoso, aprovechó que estaba dulce y retornó a la tierra que lo habaía tratado tan bien. Fue así como jugó en 2001 para Alianza de El Salvador. A mitad de ese año volvió al paisito y se puso de nuevo los colores de Wanderers.
Terminó sus días como futbolista en Costa Rica, donde había dejado un buen recuerdo (sin embargo, no le fue tan bien en el Ramonense). Por eso cuando se retiró lo llamaron de Saprissa para que se forme como entrenador. Actualmente integra el cuerpo técnico de Hernán Medford y fue el encargado de recibir las órdenes a través de un handy cuando el ex jugador de la selección tica fue sancionado por 4 partidos, en 2005. Eso si, las indicaciones a los jugadores las da el otro técnico alterno, Óscar Ramírez. El viejo y querido teléfono descompuesto.

Juan Pordiosero

Cerino Roberto

Roberto Jorge Cerino (El Potro)
Puntero derecho nacido en San Nicolás, que rompió las barreras del fútbol de su ciudad y regaló goles y situaciones divertidas a lo largo y a lo ancho del continente. Se formó en el Belgrano nicoleño y también jugó en la selección juvenil local. Luego pasó a Newell’s, pero no supo hallar un lugar definitivo en el equipo titular que se consagró campeón a principios de los 90’s. Debutó en 1989 (a los 18 años), ante Boca, y permaneció hasta 1991, con 9 partidos y 1 tanto en su haber (a San Lorenzo). Pese a ese pequeño detalle, pudo edificar una carrera por toda América sin temor a equivocarse a la hora de elegir equipos. No se privó de nada y eso lo hizo grande.
Fracasó en Ecuador, con la Liga Deportiva Universitaria de Quito (1995), en un conjunto de medio pelo que tenía a la Vieja Reinoso como artista invitado. Pero encontró revancha en Chile, donde vistió las camisetas de Coquimbo Unido, La Serena, Santiago Morning y Unión Española. En todos dejó algunos recuerdos. De los buenos (por ejemplo, con la Unión Española consiguió el ascenso a la máxima división) y de los malos.
En Santiago Morning, en 2002, los hinchas, enfurecidos por el mal rendimiento del equipo sumergido en zona de descenso, lo acusaron de ser uno de los principales culpables de la situación (incluso dijeron que había ido a menos en un partido). Y Cerino, tratando de defenderse, tiró una frase que quedó para la posteridad: «no pueden echarme la culpa y menos tratarme de huevón«.
Pero lo más ridículo lo vivió en Coquimbo, cuando surgió una controversia a raíz de una nota concedida por el entrenador José Sulantay, en la que se trataba el exceso de peso por parte de algunos futbolístas. Cerino, siempre guapo a la hora de luchar por lo suyo, se sintió tocado y declaró «Obvio que nos molestó, es una falta de respeto hacia los profesionales. No es que siempre uno esté gordo, a veces la ropa te engorda un poco«.
Luego tuvo un paso fugaz por el Cienciano de Perú (7 partidos en el primer semestre de 2003), donde compartió plantel con Marcelo Vega, y después se radicó en Canadá, donde militó en Les Verts de Sherbrooke. Allí tuvo la oportunidad de dirigir a un equipo de juveniles.
A fines del 2004, cansado de recorrer el Mundo, volvió a su San Nicolás natal. Pero ni bien llegó, le salió una chance de jugar en Indonesia y se olvidó por un momento del agotamiento que implican los viajes. Voló, se probó y pegó la vuelta para jugar nuevamente en el ascenso (lo había hecho para Atlético Tucuman), defendiendo los colores de La Emilia. Actualmente disputa el Torneo Argentino B y continúa haciendo goles.

Juan Pordiosero

Vivas Lucas

Lucas Ezequiel Vivas
Oriundo de Bolívar, provincia de Buenos Aires, nació el 4 de enero de 1980 y comenzó su carrera como arquero en Empleados de Comercio de su ciudad natal, cuándo con 15 años recién cumplidos pasó la prueba y fue fichado por Lanús.
«El primer año fue muy duro, dejar el pueblo y vivir en una pensión. Me trataron muy bien pero igual estaba lejos de mis afectos, me costó. Pero ya está, ahora me adapté».
Jugando en las inferiores del Granate tuvo un paso importante por las selecciones juveniles de Pekerman. De hecho, casi todos los datos que se hallaron sobre él tienen que ver precisamente con el Sudamericano sub 17 de Paraguay y el Mundial de esa misma categoría en Egipto, ambos en 1997.
Durante el torneo en el vecino país, primera experiencia de Lucas en la albiceleste, declaró que «hace un año y medio que vengo trabajando y deseando esto. Cualquier futbolista de nuestra edad quiere estar en un sudamericano y es un orgullo haber sido elegido entre los dieciocho convocados después que doscientos chicos hayan sido observados«.
En ese campeonato se dio el gusto de pelear la titularidad con Franco Costanzo y al parecer entabló una buena amistad con el ex River. No hace falta aclarar que éste último ocupó el arco y Vivas vio los partidos desde el banco, una costumbre que se repetiría a lo largo de su corta y baldosera carrera.
Vale destacar por otra parte, que en ese equipo hicieron su debut Guille Pereyra, «El Sapo» Marchant, Rubén Darío Gigena, Grabinski, Moreno y el mellizo José María Belforti, al tiempo que por lesión, no pudo estar el goleador Enrique Mallea.
Clasificación mediante, nuestro hombre en cuestión viajó a Egipto a disputar el mundial con un mix bastante interesante. Además de los ya nombrados, también defendieron al fútbol argentino valores como Roberto Chaparro, Juan Fernández, Gabriel Milito, Maximiliano Cejas, Luciano Galletti, Livio Prieto, Guillermo Santo, Ernesto Farías, el retirado Luis Zubeldía, Javier Almirón, Ezequiel González, Mauro Marchano y Marcelo Márquez.
Años después y a pesar de su pasado, ocupó repetidamente un lugar en reserva o entre los suplentes de su club, hasta que en la temporada 2002/2003 pasó al Platense de los legendarios Goberville y Grelak en la Primera B Metropolitana, sin embargo esperando ganar experiencia volvió a ser postergado y desapareció. ¿Alguien sabe algo de él?

Pastor

Armoa Adrián

Adrián Fernando Armoa
Delantero oriundo de Avellaneda que hizo las inferiores en Lanús y debutó en la Primera del Granate en la temporada 1998-99. Allí fue utilizado como suplente en varios juegos pero sólo pudo disputar dos encuentros de manera oficial. Se notaba que tenía pasta (en reserva había hecho varios goles) pero nunca le dieron la suficiente confianza. En la 1999-2000 lo prestaron a Los Andes junto a Fabio Pieters, Sebastián Salomón y Andrés Bressán. Y la apuesta salió bien para todos, porque el Milrayitas subió a Primera y los jugadores cedidos por el Grana tuvieron más minutos en cancha. Aunque, a decir verdad, Armoa no se colocó en la vidriera del fútbol grande como algunos imaginaban y tuvo que seguir jugando en el ascenso. Primero lo hizo en Deportivo Morón (2000-01) y luego pasó por El Porvenir (2001), 9 de Julio de Rafaela (2002) y San Telmo (2002-2004). En el Candombero se reencontró con los hermanos Ciglic, viejos amigos de Lanús.
A comienzos de 2004 se probó en Alvarado de Mar del Plata y quedó. Fue así como disputó el Torneo Argentino B al lado de otros grossos como Omar Gauna, Christian Daguerre y Stranges. Aún continúa en la Ciudad Feliz, y hasta baja a «volantear» cuando no tiene lugar entre los delanteros.

Juan Pordiosero

Correa Lucas


Lucas Alberto Correa
Por esas cosas insólitas del fútbol, este muchacho estuvo cerca de convertirse en el último futbolista en utilizar la camiseta número 10 de las selecciones nacionales. Por esos actos de justicia que regala la vida cada tanto, eso no ocurrió.
Promesa desde sus épocas de inferiores, debutó en la Primera de Rosario Central en la derrota 4 a 1 ante Racing del Clausura 2001. Aquél día sólo jugó 8 minutos (reemplazó a Argañaraz) y compartió la cancha con otros debutantes en el Canalla como Manchado, Cetto, Vacaría y Talamonti, aprovechando que los grandes estaban disputando la Copa Libertadores.
Su habilidad lo llevó a integrar la Selección sub 17 que participó en el Mundial de Trinidad y Tobago, en 2001. Correa jugó bastante bien (hizo un gol en el debut, ante Burkina Faso) junto a Carlos Tévez y quedó en las puertas del título luego de caer en la semifinal ante Francia. Con Argentina eliminada, surgió la decisión de la AFA de no volver a utilizar el número que Maradona había llevado durante años con la casaca albiceleste. Correa, indagado por los medios por tratarse del último representante de la mítica 10, declaró «Para mí esto es un verdadero honor«. Luego la FIFA no aceptaría la propuesta y Lucas se quedaría con las ganas.
Sus sueños de grandeza («quiero ser campeón con Central y después ir a Boca o River«), lo colocaron entre los preferidos de los simpatizantes rosarinos que aguardaban por un crack de proyeccción internacional. Todos hablaban de sus condiciones y de su futuro, pero a medida que pasaban los meses la desilusión iba en aumento. A pesar de haber disputado algunos partidos en Primera, no tenía los suficientes minutos en cancha como para creer en su definitiva explosión.
Por ese motivo, llamó la atención que en septiembre de 2002, llegara un fax desde España con la clara intención del Barcelona de contar con los servicios de Correa. La posibilidad esperanzó a alguos dirigentes canallas y abrió un abanico de sospechas en otros. Sobre todo por las cifras: El Barsa ofrecía 50.000 dólares por el préstamo, y en caso de que el volante jugara cinco partidos los rosarinos iban a cobrar 200.000 de la moneda estadounidense. Y el dato más escalofriante: si Correa llegaba a jugar 20 encuentros en el Barsa, los auriazules iban a recaudar 6.000.000 de dólares.
Las versiones fueron muchas y todos dieron su parecer. «Lo de Lucas Correa al Barcelona es una farsa absurda. El fax que recibió Néstor Mascó (secretario) lo podría haber mandado yo desde mi casa«, declaró el protesorero Eduardo Liberati. Al mismo tiempo, César Luis Menotti, que aconsejaba al Barcelona en las compras y era técnico de Central al mismo tiempo comentó «No sé de qué se trata esto de Correa«.
Lo cierto es que en octubre de ese año, el pibe armó las valijas de forma silenciosa y se fue a España. Los dirigentes estallaron de la bronca. El vicepresidente Campagna tuvo que salir a aclarar algunas cosas y dijo «De lo que estoy seguro es que nosotros no pagamos ningún pasaje de avión. Al menos tenemos la tranquilidad de que la semana pasada firmó contrato con nosotros, por lo que estamos seguros de que no perderemos al jugador«. Luego se enterarían de que el volante se había ido a probar al Barcelona B. Regresó al tiempo sin demasiadas novedades y trató de volver a jugar en Central. Y pese a que integró el plantel, no tuvo las mismas chances que en sus inicios.
A mediados de 2004 se fue a Italia y firmó para el AS Penne Calcio, para jugar junto a otros argentinos, como Pablo Landeiro, José Parmiggiani, Alejandro Lalli, Gerardo Massini y Francisco Fassone. Allí actuó en 32 partidos e hizo 9 goles.
En la última temporada se incorporó al Lanciano, de la serie C1. Y al parecer, lo de su pase al Barcelona habría sido una cortina de humo.

Juan Pordiosero

Nicola Carlos

Carlos Daniel Nicola (Manteca)
Arquero uruguayo de efímero paso por el fútbol argentino. Llegó a principios de 1998 gracias a la rotura de ligamentos cruzados sufrida por Gilberto Angelucci y firmó contrato hasta diciembre de ese mismo año. Pero las cosas no se le dieron como esperaba y jugó muy poco (apenas disputó un encuentro).
Cuando se abrió el libro de pases, en julio, el Coco Basile, que por entonces dirigía al Ciclón, lo declaró prescindible y pidió a otro portero para que sea suplente de Passet. La rabia de Nicola no se hizo esperar y se descargó en una nota en el Diario Olé: «La verdad, estoy muy caliente. Porque si me decís que jugué y fui un desastre, todavía…Pero apenas entré en un partido y anduve bastante bien. Por eso no entiendo nada. Lo único que puedo decir es que acá no me respetó nadie«. Se quedó en la institución pero sólo entrenó con la Reserva.
Su buena reputación (en aquel momento era arquero de la selección charrúa y se había destacado en un partido de Elimnatorias ante Argentina) la había conseguido a base de buenos rendimientos en Nacional de Montevideo, donde hizo inferiores y jugó en Primera desde 1995 a 1997. Allí regresó en 1999, luego de su desafortunado paso por el Ciclón, pero duró poco. En 2000 se fue a Brasil y defendió el arco de Atlético Paranaense. Si bien no estuvo mucho tiempo pudo consagrarse campeón. Al año siguiente recaló en Colombia y jugó para Independiente Medellín, pero su suerte ya estaba echada. Su carrera tenía un destino irremediable: tendría que volver, tarde o temprano al fútbol de su tierra. Fue así como fichó para Deportivo Maldonado en 2002 y permaneció hasta 2004, cuando le volvió a picar el bichito del exterior y viajó a…¡Guatemala! (Sí, Guatemala). No le tembló el pulso para firmar con el Municipal Bancafé de ese país. Y allí estuvo hasta 2005, cuando volvió a Uruguay y se puso el buzo de Bella Vista, equipo con el cual ganó el ascenso a Primera. Nicola fue figura toda la temporada y mantuvo el arco invicto durante varios partidos. Hoy disfruta de lo realizado, jugando en la máxima división del fútbol uruguayo.

Juan Pordiosero