Darío Rubén Marra (El Pingüino)
La inagotable cantera de Argentinos Juniors se ha cansado de promover valores de gran nivel y otros de no tanto. En éste último grupo ubicamos a Darío Rubén Marra, un lateral derecho de mediocre vuelo, poca proyección y escaso gol, que apareció en la Primera División integrando una camada de poca relevancia en el Bicho Colorado. Solamente destacamos a Schiavi y Placente en un plantel donde sobresalían nombres de la talla de Pininito Más, Garfagnoli, Zermattén, Samso, Tradito, Levi y Markic.
El Clausura 98 fue su torneo de gloria, ya que marcó dos goles y acaparó la atención de varios clubes de Primera División. Finalmente el que ganó la pulseada fue Rosario Central, que se quedó con el pase de Marra luego de abonar la para nada despreciable suma de 600 mil dólares. En la primera nota que le realizó el Diario La Capital de Rosario, Darío hizo un presagio de lo que sería su carrera en el club. El matutino le dedicó la página central en su suplemento deportivo a una entrevista titulada: «No me pidan que me proyecte, lo mío es la marca y el trabajo».
De la mano de Edgardo Bauza se dio el lujo de disputar la Copa Mercosur 2000 y la Libertadores 2001, en la cual su equipo alcanzó las semifinales. En Rosario se lo recuerda por haber cometido un ingenuo penal el Estadio Azteca, que le permitió al Cruz Azul convertir el segundo gol que sería clave para eliminar al equipo rosarino. En esa misma competición, sucedió algo insólito y sin precedentes. En un partido ante Cerro Porteño, según relatan ex compañeros del Pingüino, el árbitro del cotejo se acercó al banco de suplentes a suplicarle al entrenador auriazul que sustituya a Marra ya que se veía obligado a expulsarlo por sus constantes y descomedidas infracciones.
Casi tres años después de haberlo adquirido, Central decidió dejar en libertad de acción a un lateral que dejó un magro recuerdo en la institución. A esta altura no hace falta aclarar que jamás estuvo ni cerca de convertir un gol. Pero no le costó mucho encontrar nuevos horizontes, ya que Chacarita se interesó rápidamente en sus servicios. Pero en San Martín tampoco tuvo un buen paso y luego de empezar como titular, fue perdiendo terreno hasta quedar casi marginado del plantel. Sin embargo aquí tampoco se dio por vencido e increíblemente conservó un lugar en la Primera División.
En julio del 2002 River Plate buscaba desesperadamente algún lateral barato para reforzar un sector en el que solo tenía a Ariel Garcé. No lograron contratar Juan José Serrizuela y así el ex Funebrero fue ofrecido. Contó con el visto bueno de Manuel Pellegrini pero al pase se cayó. Llegó Jersson González y Marra terminó en el ascendido Olimpo de Bahía Blanca (2002-2003), club en el cual, como no podía ser de otra manera, tampoco triunfó.
En el Aurinegro comenzó jugando, pero por su intrascendencia ofensiva, Falcioni optó por inventar al joven Gastón Aguirre como lateral y le robó el puesto. Terminada la temporada Darío se intentó desvincular, pero le confirmaron que le renovarían el contrato. Así esperó el inicio de la pretemporada y cuando se disponía a viajar y luego de rechazar ofertas, en Olimpo le cerraron las puertas porque en su lugar habían optado por Cristan Manfredi!!
Bajó al Nacional B y pasó a formar parte de Huracán de Parque Patricios. El último encuentro en Olimpo había sido como suplente sin ingresarm de visitante ante el Globito, cotejo que se suspendió por incidentes en la tribuna. Lo curioso e insólito fue que cuando se reanudó ese partido, Marra ya formaba parte del plantel quemero y de no ser porque Quiroz puso a los juveniles, hubiese disputado el mismo encuentro para dos equipos diferentes.
Actualmente integra el plantel de Huracán pero no es tenido en cuenta por el Turco Mohamed. Lo más probable es que su carrera llegue prontamente a su fin. Además de ser uno de los jugadores con menor promedio de gol en la historia del fútbol grande, se llevará a su tumba la opinión calificada de Eber Ludueña, quien para una de las famosas guías del Olé lo encontró como el lateral que más se asimilaba a su juego, de esos que meten mucho, pegan más, pero le tienen espanto al arco de enfrente. Y que cuando patea…Marra.
Eso sí, el tipo en la cancha no es igual que afuera. De civil, es más bueno que Lassie atado.
Guille (Postero Invitado)



