Marcos Barlatay
Nuncó tuvo un nivel superlativo y menos aún, brilló por su regularidad. En el fútbol argentino fue un modesto volante izquierdo que sirvió muchas veces de comodín a varios técnicos de los equipos por los cuales pasó.
Debutó en el Nacional B, con los colores de
Arsenal (1995/96, 22 partidos, 1 gol). Un año más tarde pasó a
Godoy Cruz de Mendoza (39 partidos, 5 goles).
Su carrera en Primera se inició en
Gimnasia y Tiro de Salta, conjunto donde disputó 27 partidos y convirtió dos goles, durante la temporada 97/98. Tras el descenso del club salteño, pasó a
Huracán y allí también estuvo un año.
La campaña de aquel equipo de Parque Patricios fue muy mala y el fantasma que acecha a los clubes que se portan mal, no perdonó. El Globo perdió la categoría pero antes de despedirse tuvo una alegría, que contó con el hombre de Baradero como protagonista. En la fecha 16 de aquel torneo Clausura ’99, los de la Quema jugaban el último clásico ante San Lorenzo. El partido fue una fiesta casi completa para los de Boedo porque festejaban a más no poder la desgracia de su rival. Pero sobre la hora y de cabeza, Marcos Barlatay marcó el empate. Fue y seguirá siendo un gol muy recordado para la parcialidad quemera.
El volante no pudo sumarse a ningún conjunto de Primera, pero lo sedujo la propuesta de
Quilmes, que pretendía quebrar la racha de ascensos no logrados. Luego de un año, pasó a
Nueva Chicago (ganó el ascenso en la temporada 00/01) y de allí , su carrera pegó un salto en cuanto a lo económico. En la temporada 2001/02 se sumó al
Spezia, un equipo de la Serie C1 de Italia, donde todavía permanece, aunque no siempre es titular.
UPDATE
Terminada su aventura italiana se retiro. Primero fue representante de jugadores y después director técnico. Su primera experiencia como DT fue en el equipo que lo vio nacer, Sportivo Baradero; y fue por demás exitosa: el equipo clasificó para jugar el Torneo Argentino C luego de obtener la plaza que otorgaba la Alianza San Pedro – Baradero en la llamada final del siglo, frente a Atlético Baradero.
Juan Pordiosero