Montes Alberto

Eduardo Alberto Montes

Este planeta esta lleno de hechos incoherentes o absurdos: la hija de Shakespeare era analfabeta, Thomas Edison, inventor de la bombilla eléctrica, le tenía miedo a la oscuridad y el ferrocarril Roca, muy de vez en cuando, funciona con una demora menor a 15 minutos. El fútbol no es ajeno a estos acontecimientos que carecen de toda lógica, sino no se explica como Néstor Lorenzo jugó una final de un Mundial, el Ogro Fabbiani cobró un sueldo como futbolista profesional o un hombre que no sabía hablar inglés fue durante años vicepresidente de una gigantesca multinacional. A todos estos sucesos carentes de lógica y, por qué no, de justicia, se le puede agregar el Caso Montes (?), otra muestra de la mezcla de generosidad e incoherencia del noble deporte del balompìé.

Este arquero hizo su debut en Primera División el 28 de febrero de 1982, cuando River Plate visitó a Gimnasia de Jujuy. Montes tuvo una correcta actuación, respondiendo a la confianza otorgada por Alfredo Di Stéfano. Sin embargo, sólo se mantuvo en el arco Millonario por 3 partidos: el 7 de marzo, en el clásico, Boca le propinó cinco goles y ese fue el prematuro final para el guardameta en el club de Nuñez Belgrano, perdiendo el puesto a manos de Jorge Ferrero (el Pato Fillol estaba con el seleccionado que jugaría el Mundial’ 82).

En 1983 se marchó a Vélez Sarsfield, donde Pumpido era titular indiscutido. Las oportunidades fueron tan pocos que apenas disputó un partido y, en busca de continuidad, se marchó a Bolivia (estuvo en Universitario de Sucre). Cuando pegó la vuelta, lo hizo para jugar en San Telmo, Atlanta (ascendió al Nacional B en 1990, pero luego terminaría perdiendo el puesto a manos de Bernardo Ragg y descendiendo a la Primera B) y Defensa y Justicia. En 1998 su nombre volvió a aparecer en los diarios, cuando se lo mencionó como una conexión entre River y un club barrial para efectuar la transferecia de un pibe de ¡9 años!

A partir de 2005 se sumó a las divisiones inferiores del Millonario. Llegó 2012, Almeyda dejó la dirección técnica del equipo de Primera División y asumió Ramón Diaz. ¿Y qué tiene que ver esto? Que entre la gente que traía el Pelado no había ningún entrenador de arqueros. ¿Y quien ocupó ese lugar? Alberto Montes. El mismo sitio en el que alguna vez estuvieron mundialistas como Fillol y Roa, pero también ex porteros como Alejandro Saccone o Javier Sodero, lo ocupó entonces un tipo con un puñado de partidos (o menos que eso) en ese arco gigante. Un nuevo ejemplo de lo loco e irracional de este mundo.

Peralta Yonny

Yonny Michel Peralta Godoy

Uruguayísimo, empezando por el nombre. Limitado, para confirmar su nacionalidad (?). Y raro, por sobre todas las cosas, porque un marcador de punta alto y de pelo largo es una rareza, más allá de su país de origen.

Nacido el 4 de abril de 1988, arrancó en Paysandú FC, pasó por algunas selecciones juveniles y llegó de pibe a España, para probarse en el Sevilla B. Allá dicen que ni jugó, pero de todas formas aparece en su currículum. Ese antecedente ibérico, le permitió asegurarse un futuro en otros equipos de Sudamérica. No sabemos si es bueno, pero conoce Europa, bo.

Desembarcó en Newell’s para el Apertura 2007, en un equipo que tenía jugadores de la talla de Villar, Schiavi, Husaín y Santiago Salcedo. Al charrúa, ni bien cayó le dieron la camiseta número 3, aunque sólo simbólicamente, porque en su lugar solía jugar Ansaldi o hasta el Negro Lucero.

Su único partido en La Lepra fue ante Boca, en la undécima fecha, cuando Caruso Lombardi lo metió por el propio Lucero a los 64 minutos. Fue victoria 1 a 0 del rojinegro en el Parque Independencia y significó la despedida oficial del uruguayo, que antes había ido al banco en un match ante Tigre.

Sin chances, permaneció en la ciudad, pero bajó al Nacional B para vestir los colores de Tiro Federal, a préstamo por 6 meses. Su DT, el Chaucha Bianco, lo quiso elogiar de entrada, pero lo terminó matando: «Peralta es un buen jugador, con proyección, y tendrá sus chances. Llegó en buena forma porque estaba haciendo la pretemporada en Newell’s, aunque tiene un ritmo algo distinto al nuestro, que empezamos antes» (?).

De más está decir que jugó nada en ese semestre, pero al menos conoció a Pillud, Bordicio, Charles Pérez y Armani, entre otros.

En la temporada 2008/09 pasó a San Martín de San Juan, recién descendido al Nacional, a pedido de Pablo Marini, que lo conocía de Newell’s. Y la apuesta pareció salirle bien al DT, porque en su debut Yonny marcó un gol de cabeza que significó el triunfo 1 a 0 ante Atlético Tucumán.

Sin embargo, las sonrisas se terminarían rápidamente, ya que Peralta sufrió una fractura que lo dejó afuera varias semanas y entonces la dirigencia salió a buscar a otro lateral por izquierda. «Si viene un jugador, tiene que ser de jerarquía», dijo Pomelo. Y cayó…Cristian Tavio.

De vuelta en sus pagos, actuó en Durazno FC (2009), Miramar Misiones (2010), Peñarol (2011) y Liverpool (2012), sin destacarse. Es más, en el Manya prácticamente no jugó. Primero, porque estaba por delante el gran Darío Rodríguez. Y segundo, porque preferían inventar a Emiliano Albín en esa posición. Se ve que mucha confianza no lo tenían al Yonny.

Desde hace un par de años, su paradero es una incógnita.

Hurtado Jefferson

Jefferson Javier Hurtado Orovio (La Sombrita)

Tan solo uno de los miles de futbolistas de apellido Hurtado que ha dado Ecuador. Vino a la Argentina a mediados de 2011 y casi no tuvo tiempo para dejar su huella. Zaguero, negro, alto. Generaba respeto el simple hecho de verlo parado dentro de la cancha. Claro que todo se venía abajo cuando el tipo se empezaba a mover.

Nacido en Guayaquil en 1987, se formó en las inferiores del Barcelona (2008 a 2011) y asomó la cabeza bajo una era llamada La Renovación, en la que el club invirtió mucho dinero en jugadores e infraestructura, pero sin conseguir logros deportivos.

En junio de 2009, cuando era todavía una promesa, a la Sombrita le detectaron un problema en la rodilla izquierda, así que tuvo que ir a cuchillo. El tema es que en agosto del mismo año, cuando se estaba recuperando, los problemas volvieron y otra vez tuvo que ser intervenido quirúrgicamente. ¿Alguien dijo roto?

El 2010, sin embargo, fue el gran año de Jefferson, que pudo compilar las jugadas suficientes como para armar un buen DVD y mandarlo a nuestro país, donde lo vieron los dirigentes de Argentinos Juniors. Así fue como, en el segundo semestre de 2011, el marcador central llegó a La Paternal y se puso a las órdenes del entrenador Pedro Troglio.

Debutó en la primera fecha del Torneo Apertura, siendo titular en el empate 1 a 1 ante Unión, en Santa Fe. Después lo mandaron al banco y volvió a jugar un puñados de partidos más, aunque no con mucha fortuna. En un match ante Tigre, por la octava fecha, sufrió un golpe y se resintió su famosa rodilla. ¿Resultado? Le diagnosticaron un síndrome meniscal y nunca más volvió a actuar en el Bicho.

Entre el campeonato y la Sudamericana, el ecuatoriano disputó 8 partidos para Argentinos. ¿El dato? Su equipo no ganó ni una vez.

Tras finalizar su contrato, a mediados de 2012 se incorporó al Deportivo Quito de Ecuador, pero apenas jugó 12 encuentros. Lo curioso es que, a esa altura, los clubes de su tierra seguían confiando en su potencial.

Fue al año siguiente que pasó a El Nacional, donde no tardó en tener problemas con el DT Carlos Sevilla, quien lo acusó de fingir lesiones y lo borró del equipo. “Tuve un dolor en el abductor y por ello no pude jugar un partido. Él me dijo que me hago el lesionado por el tema económico. Eso me molestó ya que no es verdad y le reclamé”, contó Hurtadito.

En ese 2013 también tuvo que entrar nuevamente a quirófano, aunque no por su rodilla, ya que se resistió al robo de su celular y fue herido de bala en un brazo. Toda la suerte, toda.

Con su carrera cada vez más en bajada, intentó tirar el ancla en el Deportivo Cuenca (2014), pero apenas si se puso la camiseta en 10 ocasiones y encima no cobró durante varios meses. Una vez más, le mostraban la puerta de salida.

En este 2015, la Sombrita firmó para el Deportivo Azogues, de la Serie B. Es probable que se vuelva a repetir la historia, con alguna lesión, falta de pago o alguna situación desgraciada que alimente su desdicha. Lo mismo que vimos en Argentina.

Porque casi todos los ecuatorianos que pasaron por nuestro país, por no decir todos, han hurtado.

Omisolo Ariel

Ariel Rubén Omisolo

Ser juvenil en los años 90 era un poquito más complicado que ahora. En general, los planteles estaban conformados por futbolistas entrados en años y otros de mediana edad que preferían seguir jugando en la Argentina porque no había demasiada diferencia económica con las ligas mediopelo del extranjero. En ese contexto, los pibes que recién arrancaban debían conformarse con algún que otro partido amistoso, no era nada sencillo ganarse un lugar.

Había excepciones, claro, y Newell’s era una de ellas. El cuadro rosarino, acostumbrado a sacar jugadores de su cantera durante la era de Jorge Griffa (1972 a 1995), intentó continuar la línea cuando el DT formador se fue a Boca (1996 a 2004). Para principios de 1998, La Lepra era dirigida por el croata Mirko Jozić y tenía algunos jugadores foráneos como Ricardo Rocha y Josemir Lujambio, pero a su vez contaba con hombres made in casa como Sebastián Cejas, Fernando Crosa, Daniel Fagiani y Damián Manso.

En aquel entonces, la estación ideal para mostrarse era el verano. Existía el tradicional torneo de Mar del Plata, también el de Mendoza, pero además estaba la poco prestigiosa Copa de Necochea, a la que siempre eran convidados los equipos excluídos de las grandes fiestas estivales. Lanús, Huracán, Gimnasia, Estudiantes, Central y Newell’s, entre otros, fueron protagonistas de pretemporadas en las playas del suave declive.

Fue en la edición del 98 que Newell’s derrotó a Central por 1 a 0, con gol de Carucha Müller, ganando su zona y accediendo a la final del Hexagonal de Necochea, donde se enfrentaría a Gimnasia. Ese duelo, aunque nos parezca extraño a la distancia, había generado algo de expectativa en la ciudad costera, pero el rojinegro decidió abandonar no presentar a los titulares, que se quedaron en Rosario para jugar un amistoso con Argentino que servía de excusa para inaugurar una bandeja de su remodelado estadio.

Fue de esa manera que se les abrieron las puertas a varios suplentes y juveniles que venían pidiendo pista, como Ariel Omisolo, un volante que apenas llegó a disputar 9 encuentros en Reserva y sólo asomó el cuello en la Primera en aquella olvidada final de la que también participaron baldoseros como Martín Pisonero, Pablo Villar, Sebastián Bodnar y Ariel Ruggeri.

La Lepra se puso 2 a 0 arriba, con goles de Quintanita y Liendo, pero en el segundo tiempo empató el Lobo, gracias a los tantos de San Esteban y Guglielminpietro. Para definir al ganador del hexagonal, entonces, hubo que recurrir a la definición desde el punto del penal, un espectáculo aparte si tenemos en cuenta que se hizo sobre la despoblada popular de Gimnasia (la de Newell’s estaba igual), favoreciendo el papel del micrófono de ambiente, que tomaba con claridad todo tipo de improperio, como «Terremoto, chupame el choto» (?).

Por esas cosas del fútbol, todos fueron convirtiendo hasta que le tocó el turno al Pampa Sosa…que la mandó al Parque Miguel Lillo (?). Oportunidad única para el pibe Omisolo (que había entrado por el uruguayo Alsina) para meter el último penal de la serie y darle una copa al club en su primer partido. Sin dudas, estaba tocado por la vara.

Pero claro, por algo estamos contando esta historia en este sitio (?), así que Omisolo hizo lo que tenía que hacer: patearlo a las manos de Enzo Noce. La definición se extendió y terminó ganando Newell’s 7 a 6 en los penales, gracias al gol de Pisonero, que se cruzó toda la cancha para festejar y ocupar el lugar de héroe que no había conseguido su compañero. De todos modos, tampoco zafó de aparecer en la Baldosa.

¿Qué fue de la vida de Omisolo? Al año siguiente se marchó a Argentino de Rosario (1999/2000), para jugar el Nacional B con toda una banda de Newell’s: Álvarez, Fretes, Damiani, Pablo Pooli, Ardanza, Bartolucci, Pavlovich, Mauro Gerk, Ariel Ruggeri, Sebastián Bodnar, Matías Gigli, Víctor Toledo, Pablo Villar, Andrés Malvestitti, Damián Teres y Romano.

¿Después? Poco y nada se supo, pero es evidente que no pudo hacer pie en el fútbol argentino. Ser juvenil en los años 90 era un poquito más complicado que ahora.

Cometto Walter

Walter Daniel Cometto

Se ofrecía a jugar, siempre. Se mostraba disponible, con ganas. Y, por si quedaban dudas de sus intenciones, hasta llegaba a guiñar un ojo. Pero nada. No lo entendieron. Por una letra en el apellido, no lo entendieron. Fueron limpios, decentes, se movieron dentro de las leyes. Y no le dieron lugar. Entonces, tuvo pocas oportunidades.

Delantero oriundo de Santo Tomé, provincia de Santa Fe, hizo sus inicios en Unión, donde llegó a jugar 18 partidos en Primera División en la temporada 1991/92, convirtiendo una sola vez (fue en la 9ª fecha del Clausura 91, en un empate frente a Estudiantes).

Siguió en el Tatengue para jugar en el Nacional B, pero las chances de mostrarse escaseaban. Y probó más abajo. En el mapa futbolero, y en el geográfico también. Apareció jugando el Torneo Argentino A para Deportivo Patagones (1996/97), y más tarde en Junin, con los colores de Mariano Moreno (1998), en ese caso disputando el Torneo Argentino B.

Y no hay mucho más. Ahí se le perdió el rastro. Mala suerte. Si su apellido terminaba en otra vocal, y se cruzaba con algún DT de barba candado (?), su historia podría haber terminado de una manera diferente. No hubo caso. El fútbol, en este caso, fue honesssssto.

Charif Omar

Omar Charif

Nombre artístico, vida de actor. Pero no de esos que protagonizan películas y ganan premios, sino más bien de aquellos que sobreviven a base de bolos en programas de TV que no tienen éxito y son levantados del aire mucho antes de lo esperado. Con ustedes, la carrera de Omar Charif.

Nació en 1961, justo un año antes de que se estrenara Lawrence de Arabia, el film que significó el debut del verdadero Omar Sharif en las grandes ligas. De hecho, gracias a su papel de Príncipe Alí, el egipcio sería nominado al Oscar y ganaría dos Globos de Oro.

Ya para 1975, el futbolista argentino ingresaría en las inferiores de Chacarita Junios, al mismo tiempo que Sharif filmaría un cameo para la película La Pantera Rosa ataca de nuevo, interpretando a un asesino que sólo tenía una línea de texto.

Sin haber jugado oficialmente en el Funebrero, en 1981 Omarcito se incorporaría a Estudiantes de La Plata, mientras Sharif hacía de Meno Argenti en la película Hielo Verde. Ninguno de los dos triunfó ese año, vale aclarar. De hecho, Charif volvió a quedarse con las ganas de debutar.

En 1982, recaló en el fútbol del interior, poniéndose la camiseta del Racing Club de Castex (1982) y sentando las bases de lo que sería su arribo a otro equipo pampeano: Atlético Santa Rosa. Pasar al equipo de la capital de la provincia le redituaría muchísimo, ya que tendría la posibilidad la disputar sus únicos 6 partidos posta en nuestro país. ¡Y nada menos que en Primera División!

Con el Albo, Charif participó del Torneo Nacional de 1983, compartiendo la zona con San Lorenzo, Rosario Central y Juventud Antoniana de Salta. Siendo parte de la defensa, mucho no pudo hacer para evitar los 24 goles que recibió el equipo, pero al menos eso le dio algo de chapa para salir a conquistar el mundo.

Sabiendo que quizás más adelante no le iban a creer que había jugado en Primera, en 1984 partió con rumbo desconocido, no sin antes pedir el certificado en AFA, que años más tarde colgaría en su sitio web: alexcharif.com.ar. Y ahí es donde nos damos cuenta de que Omar (así figura en las formaciones de la época), ¡se llama Alejandro Sergio!

¿Por qué un tipo que se llama Alejandro Sergio Charif juega al fútbol bajo el nombre artístico de Omar Charif? No es muy difícil darse cuenta de que trató de aprovechar la popularidad de Omar Sharif, que en aquel entonces interpretaría al Agente Cedric en Top Secret!, protagonizada por Val Kilmer.

Lo que vino después, por supuesto, fue agotar localidades. Alejandrito (?) siguió intentando con la pelota en los pies, pero ya no en nuestro país. Se marchó a los Estados Unidos, para cruzarse a las grandes estrellas del cine. Pasó por San Diego Sockers (1986), Municipal California (1987/88), Cosmos LA (1989), Valley Eagles (1990), South America Club (1991/92) y The Emperors (1993). Todos equipos californianos, cercanos a Hollywood. ¿Casualidad? Nada de eso.

Luego de formarse como entrenador y haber pasado pasado por varios equipos juveniles, en 2013 comenzó a dirigir el equipo sub 23 de Seattle Sounders, un equipo de la MLS que es alentado por la Sound Wave, una verdadera banda de sonido para la vida de película de Omar, Alejandro Sergio, o simplemente Alex Charif.

¿Querían ficción? Les dio ficción.

Solari David


David Eduardo Solari (El indiecito)

Sin la calidad técnica de Santiago ni la capacidad goleadora de Esteban, el menor de la dinastía Solari –hasta la aparición de su primo Augusto, actualmente en River- intentó llevar el apellido de la manera más digna posible, aunque, por lo visto, precisó de algún que otro ayudín familiar en el camino.

Por esas cosas del destino, a David le tocó nacer en Colombia en 1986, mientras su padre Eduardo daba sus primeros pasos como entrenador del Junior de Barranquilla, e iniciar su carrera profesional, aún en la adolescencia, bien lejos de casa. En el ascenso italiano, vistió las camisetas del Venezia –por aquel entonces minado de argentinos, tras la debacle económica de 2001- y el Chioggia Sottomarina.

En 2006, ya con 19 años en el lomo, y claro, por recomendación de su viejo, este delantero se tomó el primer vuelo con destino a Buenos Aires y arribó a Independiente. “Tengo un juego más parecido a Santiago, porque mi otro hermano –por Esteban- es 9, grandote y cabecea bien. Pero más me gusta jugar por afuera, aunque no hay drama si me piden hacerlo por el medio”, esgrimió ante la prensa local, que lo desconocía por completo. A decir verdad, su descripción personal era una síntesis perfecta, porque no era ni una cosa ni la otra.

Solari había llegado al Rojo para actuar en cuarta división, pero a las pocas semanas ascendió al plantel profesional, donde tendría la chance de debutar oficialmente en septiembre de 2006, ante Rosario Central, de la mano de Jorge Luis Burruchaga. En total, fueron 4 partidos durante aquel torneo Apertura, en el que su mejor anécdota fue una apurada que se comió de parte de Antonio Barijho. Una mañana, el Indiecito entró al vestuario y encontró pegado en la pared un poster de su hermana, Liz, bastante ligera de ropas. Cuando preguntó quién había sido el gracioso, el Chipi se hizo cargo y el pibe no tuvo otra opción que quedarse en el molde.

Con apenas un puñado de minutos en el verano y en la Reserva durante el primer semestre de 2007, lo devolvieron al Chioggia italiano, aunque la revancha vendría más temprano que tarde. A comienzos de 2008, Olimpo de Bahía Blanca anunció con bombos y platillos la contratación del delantero goleador Esteban Solari. Sí, leyeron bien. Sin embargo, el que arribó al conjunto bahiense fue David, que volvía más maduro, dispuesto a llevarse el mundo por delante.

¿Y? ¿La rompió? Ni cerca. En la primera fecha entró en tiempo de descuento para aguantar el empate ante Racing y reapareció siete días más tarde, contra Vélez, cuando los de Liniers ya estaban arriba en el marcador. A pesar de ponerle mucha voluntad (hizo expulsar al defensor Gastón Díaz), no convenció y tuvo que esperar varias semanas para volver a figurar. Su tercera y última participación con la casaca aurinegra sería ante Tigre, por la quinta jornada, pero tampoco la aprovechó. Roberto Saporiti, que prefería improvisar con otros atacantes, lo colgó y en abril, con Olimpo último en la tabla de posiciones y la del descenso, rescindió su contrato.

Pero no iba a pasar mucho tiempo libre. Eduardo Solari levantó el teléfono, llamó a su viejo amigo Salvador Ragusa y pocos días después, David estaba en el Espoli de Ecuador (2008). En 2009, el propio Ragusa se lo llevó al Deportivo Azogues, de la segunda división ecuatoriana, para hacer dupla con otro baldosero, la Bala Jorge Drovandi.

Al parecer, la sociedad funcionaba a la perfección dentro del verde césped y muchísimo mejor afuera. Entre Solari y Drovandi hicieron varios goles, en la cancha y en los boliches. Según Juan Cantos Ormaza, presidente del Azogues, los muchachos “preferían las discotecas en lugar de ir a los entrenamientos”, por lo que sufrieron una multa del cincuenta por ciento de sus salarios. Disconformes con la sanción, los argentinos forzaron su salida del club.

En el verano de 2010, tras un período de prueba, se unió al Deportivo Táchira de Venezuela, donde tampoco estuvo mucho. A mitad de año ya defendía los colores del AEP Paphos de Chipre (2010/11), donde una de las principales figuras de la liga era ¡sí, su hermano Esteban! En ese país europeo, también actuó en el Alki Larnaca (2011).

Desde 2012, juega con cierto éxito en Israel. Primero, fue parte del histórico campeonato del Hapoel Ironi Kiryat Shmona en la temporada 2011/12 (por primera vez en casi 30 años un equipo que no fuera de Tel Aviv, Jerusalén y Haifa se quedó con el título) y desde julio de 2013 defiende los colores del FC Ashdod, donde hace goles al mejor estilo Ronaldinho.

Crisanto Wilmer

Wilmer Crisanto Casildo (Congo)

No son muchos los jugadores centroamericanos que hicieron una carrera digna en nuestro país: el hondureño Eduardo Bennett y los hermanos panameños Dely Valdés rindieron inesperadamente bien en nuestras tierras. Pero hay otros, como Paulo Wanchope, que llegaron con un gran cartel y no estuvieron a la altura de lo imaginado, más allá de algún gol importante. Ni hablar de otro grupo, mucho más grande, conformado por jugadores de Centroamérica que pasaron inadvertidos por el fútbol argentino, como los casos del guatemalteco Rojas, el hondureño Arnold Cruz, el panameño Fernando Bolívar, el tico Berny Scott o el actual Ministro de Cultura y Deportes de Guatemala, Dwight Pezzarossi.

Mientras esperamos que Armando Cooper y Jerry Bengtson se decidan por alguna de estas vertientes, recordamos el caso de Wilmer Crisanto, el hijo de Bubba (?).

Nacido el 24 de junio de 1989 en La Ceiba, Honduras, el Congo Crisanto superó una infancia dura, en la que no le faltó una pelota para demostrar sus primeras habilidades, pero sí le faltó la presencia paterna, esa que a veces es tan necesaria para despertar el amor por el fútbol.

Wilmer tenía apenas 11 años cuando su papá, Don Mariano Crisanto, partió en un barco en busca del sueño americano. El Crisanto padre también había sido futbolista (es ídolo en el Xelajú de Guatemala, donde hizo el gol del campeonato en 1996). Pero en el Norte, allá en los Estados Unidos, no le quedó otra que remarla de abajo. ¿Su actividad? Los camarones Las langostas.

«Todos los días me levanto a las 2:30 am para estar ya listo a las 4:00 am en el trabajo. Me subo al bote, nos vamos, entramos al mar y regresamos a las 12:00, mi papel es hacer que las langostas entren a la trampa, a diario sacamos entre 2 mil y 3 mil libras y se venden bien, a veces 4 dólares o 5, depende del cliente», cuenta Don Mariano, que actualmente vive en Boston.

De más está decir que el viejo de Wilmer sabe hacer las langostas en barbacoa, hervirlas, asarlas, cocerlas o saltearlas. También prepara langostas empanizadas, fritas o a la parrilla, pinchos de langostas, langostas criollas, guiso de langostas, langostas con piña, con limón, con coco, con chile. Además le gusta la sopa de langostas, el caldo de langostas, estofado de langostas, la ensalada de langostas, papas y langostas, la hamburguesa de langostas, y el sándwich de langostas…

«Yo sé que algunos me dirán que fui mal padre, pero esa decisión la tomé porque tenía que velar por el bienestar de ellos, ahora todos tienen su educación y han salido adelante», explica el ex jugador, mientras agrega: «Los dejé pequeños, Wilmer era el hijo mayor, le dije que me iba de viaje, aunque no revelé para dónde. No les quise decir que me venía mojado».

«Pese a la distancia, Dios me premió con un hijo obediente, educado y disciplinado. Cuando él tenía 14 años regresé a mi país, y me di cuenta que estaba en la Selección Sub-15 de Honduras en Bolivia, quedé sorprendido. Es un orgullo para mí, aunque en la selección lo he visto jugar, solo por televisión».

En efecto, su hijo tuvo buenos rendimientos en sus épocas como juvenil y eso le permitió debutar en la Primera División de su país, con la camiseta del Victoria (2007/08). Con muy pocos partidos en el lomo, el destino quiso que este lateral derecho llegara a la Argentina, gracias a la recomendación del arquero mendocino Diego Vázquez, que puso en contacto a su representante, Cristian Vargas (ex hombre de Godoy Cruz), con el Gato Oldrá, técnico del Tomba en aquel entonces.

Las cosas, sim embargo, no fueron sencillas. Su vuelo hizo escalas en El Salvador, Perú y Chile, para finalmente arribar a la Argentina y darse cuenta de que le habían perdido el equipaje. Bastante cansado a esa altura, se sumó al plantel de Godoy Cruz (2008), pero no lo llevaron a la pretemporada. De todos modos, no se hizo mucho drama.

–¿Has comenzado a adaptarte a la provincia?

–De a poquito, ya que nunca había venido. Lo más rico que he probado es un asadito. Las chicas son muy lindas. En Honduras también hay chicas bonitas, pero acá tienen lo suyo.

–¿Cómo podrías definirte como jugador?

–Soy un 4 que subo, bajo y soy muy atrevido. Espero que la gente pueda ser feliz con lo que hago.

Como si se hubiera tratado de un simple negociado (?), Wilmer Crisanto sólo fue utilizado en algunos partidos de Reserva y al año siguiente ya estaba de nuevo en Honduras, donde volvió a ponerse la camiseta del Victoria (2009 a 2013).

A mediados del año pasado, denunció que sus compañeros pasaban hambre y a los pocos meses se incorporó al Motagua, a pedido de un entrenador argentino. Adivinen quién. Sí, Diego Vázquez, el mismo que lo había colocado en Mendoza.

Ya más tranquilo desde lo económico, Wilmer ahora dice que su nuevo equipo también tiene hambre, pero de gloria. Porque el hambre en serio, ya sabemos, se combate con langostas.