Peirone Hernán


Hernán Gastón Peirone (El Látigo)

Tras el retiro del Beto Alberto Federico Acosta, la hinchada de San Lorenzo vio desfilar una enorme cantidad de delanteros que intentaron, generalmente con muchísima más pena que gloria, hacerse un lugar en la ofensiva del club del Bajo Flores. Así pasaron, entre tantos otros, Ariel Carreño, el Lobo Cordone, Damián Luna, Matías Urbano, Alfredo Guevara, el Toto Cornejo, Rodrigo Astudillo, Román Díaz, Germán Herrera, Juan Manuel Olivera, Ezequiel Lavezzi y Hernán Peirone. Sí, sí, Deportivo En Una Baldosa.

Un hat-trick ante Boca Juniors en el Clausura 2005 elevó justamente a Peirone al status de estrella. Eran épocas complicadas y la irrupción del Látigo, de tan solo 19 años, aparentaba ser la solución a buena parte de los problemas de ataque del Ciclón. «Tiene el gol en el alma», aseguró el violín técnico Héctor Rodolfo Veira tras aquella tarde de gloria en el Nuevo Gasómetro.

Apenas unos meses antes, en la despedida del Apertura 2004, ante Racing, el delantero había convertido su primer triplete. Casualmente ante La Academia, en marzo de ese año, le había tocado debutar oficialmente en una parada brava. Ese día, los de Avellaneda sacaron a pasear a San Lorenzo y lo golearon 4 a 0. Desde entonces y hasta comienzos de 2007, el Látigo disputó 51 partidos con la camiseta del Cuervo y marcó 12 tantos. En el medio, sufrió bastante con las lesiones.

La bomba estalló en marzo de 2007, cuando Peirone fue separado del plantel profesional que dirigía Ramón Díaz por negarse a firmar la renovación de su contrato si antes no le pagaban una deuda originada entre 2005 y 2006. Luego de mandarlo a practicar con el Selectivo, la decisión de la dirigencia azulgrana fue la de marginarlo por completo.

«El tema me tomó por sorpresa, por eso estaba mal anímicamente. Pero no queda otra que enfrentar la situación. Me dolió, pero confió en que todo se va a arreglar», decía por aquel entonces. «No me quiero ir. Nunca voy a querer irme, porque nací en este club y lo quiero mucho. Además tengo contrato hasta 2008».

Tras entrenar cuatro meses por su cuenta en su Córdoba natal, cuando arregló los números, en noviembre, se reintegró al grupo, aunque muy lejos de su mejor forma física.

Luego de una buena pretemporada a inicios de 2008, comenzó a ganar minutos en Reserva. Pero Ramón Díaz no lo tenía en cuenta y buscó cambiar de aire. Lo quiso Tigre para reemplazar a Leandro Lázzaro, pero no llegó. A mediados de año, estuvo muy cerquita de pasar a Racing, aunque el pase se cayó por aquella vieja deuda. Las cosas empezaron a cambiar, muy lentamente, con la llegada de Miguel Ángel Russo.

En marzo de 2009, más de dos años después de su último partido, reapareció por la Copa Libertadores, ante Libertad de Paraguay. Luego, rapiñó algunos minutos más ante Racing por el campeonato local y se despidió para siempre del Ciclón por la Copa, ante Universitario de Perú. En total, en el Bajo Flores fueron 54 encuentros y 12 goles. Poco, teniendo en cuenta que seis tantos los marcó en dos juegos.

Lejos de la Argentina, no sin antes inhibir al Cuervo, emprendió un viaje latinoamericano para ver si afinaba la puntería. Arrancó en el Emelec de Ecuador (2009/10), pero apenas convirtió tres veces -una en el clásico ante Barcelona- en 17 presentaciones y le rescindieron el contrato antes de tiempo. Recaló en el San Luis de Quillota chileno (2010), donde tuvo algo de efectividad, aunque no pudo hacer demasiado para evitar la pérdida de categoría. Una de cal y una de arena.

Con la moral renovada, a comienzos de 2011 se unió al Alianza Lima peruano. De entrada, vendió cantidades industriales de humo. “Alianza Lima será mi trampolín para volver a selección argentina”, dijo. Y es que en el Sudamericano Sub 20 de 2005, un tal Lionel Messi era suplente suyo.

¡Quince partidos! tuvieron que pasar para que el Látigo Peirone convirtiera sus primeros goles en tierras incaicas. Fueron dos (los únicos que hizo en todo el año, claro) ante Sport Boys en una goleada 5 a 0. Esa tarde, el delantero repartió besos a los que lo bancaron y palos para los detractores. “Acá fueron muy duros, nunca viví una prensa igual, yo sabía que tarde o temprano iba a marcar, pues hasta Palermo pasó una mala racha”, sentenció. Ojo, algo de razón tenía. “El desempeño del atacante de Alianza Lima es pobre en todo: no agarra aún ritmo futbolístico y las veces que queda de cara al gol, la pelota la manda a cualquier lado, menos adentro del arco. Tiene el apodo de “Látigo”, pero necesita un latigazo para que despierte”, había escrito sobre él el diario Líbero. Durísimo.

Las actuaciones deslucidas se repitieron en Unión Temuco de Chile (2012/13) y Brasil de Farroupilha (2013). Durante su breve paso por Estudiantes de Río Cuarto (2013), en el Argentino B, enderezó un poco el rumbo. Marcó 6 goles y se convirtió en una de las figuras del equipo. Suficiente como para volver a probar suerte en otro lado.

Así fue que en enero de este año cruzó, nuevamente, la Cordillera de Los Andes para sumarse al Unión San Felipe de la segunda división de Chile. Por estos días, y para no quedar afuera de la moda, nos cuenta un poquito de su vida a través de su cuenta de Twitter.

Chalar Edwin

Edwin Mauricio Chalar (La Pantera)

Futbolista colombiano de carrera errante, alcanzó a disputar un puñado de partidos en la Primera División de nuestro país, asegurándose un lugar en este sitio a base de intrascendencia pura.

Nacido en la ciudad de Tuluá en 1987, asomó su cabeza en la delantera del Atlético Huila allá por el 2004. Era muy pibe y prometía, situación que entusiasmó a los dirigentes del vecino fútbol ecuatoriano, que quizás vieron en él al sucesor de Kleber Chalá, al menos por una cuestión fonética (?). Lo cierto es que ya en 2005 lo contrató el Deportivo Quevedo. ¿Y ahí se quedó? No, ni a palos. Ya para 2006 formaba parte de otro equipo ecuatoriano, el Manta.

De nuevo en su país, actuó para el Envigado (2006) y al año siguiente encontraría la gran posibilidad de su trayectoria, con tan sólo 19 años. Integrando su Selección en el Sudamericano sub 20, enfrentó a la Argentina y le hizo un gol a Paraguay. Eso mínimamente lo puso en vidriera y así fue cómo despertó el interés de Eduardo López, el Presidente de Newell’s, que buscaba desesperadamente la manera de cagar a alguien un atacante que acompañara al paraguayo Cardozo.

Fue así que el colombiano se transformó en uno de los dos refuerzos de La Lepra en el Clausura 2007 (el otro fue Claudio Husaín), aún cuando no se sabía si llegaba en condiciones, ya que tenía una leve lesión en la rodilla. De hecho, el acompañante de Cardozo en el ataque terminó siendo Mauro Cejas. ¿Y Chalar? Apenas disputó pocos minutos diseminados en 4 encuentros (ante Colón, Belgrano, Banfield e Independiente). El resto del torneo se quedó en el banco, o ni siquiera eso. Lo más destacable es que, en la previa del clásico ante Central, se agarró a trompadas con su compañero Pablo Pérez en un entrenamiento.

Sin más que hacer en Argentina, Atlético Bucaramanga lo repatrió en 2007 y también estuvo en el Cúcuta (2008/09), con un paso intermedio por el Macará, porque siempre que puede se pega una vuelta por Ecuador.

¿Y hay más? Sí, obvio. Venezuela lo recibió con los brazos abiertos y los bolsillos cosidos, ya que allí robó en Deportivo Lara (2009/2010), Yaracuyanos (2011/12)…y El Vigía (2012/13), un club nacido en 1987, apenas unos meses más tarde que Chalar.

Desde mediados del año pasado, cuando lo dieron de baja, que no sabemos nada sobre el paradero de Edwin, aunque esperamos que esté bien. Como dice el escudo de El Vigía, en Dios confiamos.

Gómez Derlis

Derlis Venancio Gómez López

Arquero paraguayo que en 2006 arribó a la Argentina, junto a su compatriota Pablo Junior Giménez, para tratar de reforzar a un Quilmes plagado de baldoseros que se terminó yendo al descenso un año más tarde.

En su país había construido una extensa trayectoria que arrancó en Sol de América (1991 a 1996) y continuó en Guaraní (1997 a 2000), Libertad (2001), Sportivo Luqueño (2002 y 2004 a 2006), Olimpia (2003) y 12 de Octubre (2003), donde fue suspendido por 6 meses a raiz de un doping positivo.

Con su Selección, además, jugó algunos pocos encuentros, pero además fue suplente en la Copa América de Ecuador 1993 y en la Copa del Mundo de Alemania 2006. Esa chapa mundialista fue la que le permitió caer en el Cervecero de Mario Gómez para el torneo Apertura de ese año.

Apenas 7 partidos jugó en Quilmes. En su debut, ingresó por el lesionado Negro Ramírez ante Godoy Cruz de Mendoza. Luego añadió otros 6 encuentros como titular, pero poco pudo hacer ante el peloteo constante. Recibió 13 goles, se fue derrotado en 5 encuentros y apenas pudo disfrutar de 2 empates. Pobre.

Luego volvió a Paraguay para seguir sumando experiencia en Nacional (2007 a 2009), 12 de Octubre (2010), Independiente de Campo Grande (2011), 3 de Febrero (2012), y nuevamente 12 de Octubre, desde 2013.

A sabiendas de que en su tierra es respetado, en los últimos años se ha permitido algunos lujos, como aplaudir goles del rival. No llego, maestro, ¿qué querés que le haga?

Especiales: Nicolás, el Higuaín que no llegó


Nicolás Jorge Higuaín

Cuando todos creíamos que el Higuaín baldosero malo era Federico, En Una Baldosa, una vez más, desempolva sus archivos secretos y trae la historia de Nicolás, el mayor de los hijos del Pipa.

Sin la destreza futbolística de Gonzalo ni el carisma (?) de Fede, y sin chances de escaparle a la tradición futbolera familiar, al igual que su padre eligió el puesto de defensor para desempeñarse en la cancha.

Arrancó su carrera en las divisiones inferiores de River Plate y luego pasó por Atlanta y Almagro, cuando actuaban en la B Nacional, en los noventa. Lejos de los flashes, debutó oficialmente en San Telmo, en la B Metropolitana, a fines de 1999, y tras un brevísimo paso por Defensores Unidos de Zárate, en 2002, colgó los botines.

Años después, se convirtió en ayudante de Norberto Cacho Recasens, el representante de sus hermanos, hasta que en el Mundial de Sudáfrica 2010 se reencontró con Marcelo Achile, el presidente de Defensores de Belgrano, que le ofreció volver al fútbol en el Dragón y Nicolás ni lo dudó. Es más, hasta se perdió el partido ante Alemania por regresar a Buenos Aires.

La ilusión duró apenas seis meses. Si bien fue al banco de suplentes en varios partidos de la B Metropolitana, nunca llegó a debutar y, a comienzos de 2011, rescindió su contrato para convertirse en el representante de su hermano Gonzalo.

Son decisiones.

Quintana Matías


Andrés Matías Quintana

Andrés Matías Quintana tenía apenas 16 años cuando Chiche Sosa lo largó a la cancha a ver qué onda en un partido que su club, Quilmes, perdía 3 a 0 frente a Racing por el Clausura 2006. Con un cagazo evidente (y entendible, propio de su juventud), el pibe, que jugaba como delantero y había reemplazado al Tweety Carrario a quince del final, fue el blanco perfecto para las puteadas de los impacientes plateístas, enojados por el desempeño de un plantel que rumbeaba derechito al descenso y del que se salvó solamente porque estaban Instituto de Córdoba y Tiro Federal de Rosario.

Quintanita, oriundo de Neuquén, arribó al Cervecero en 2004, a los 14 años. Atrás habían quedado sus inicios en las ligas comunitarias y conjuntos como Ruca Hueney e Independiente. En solo un par de temporadas se había convertido en uno de los proyectos más interesantes de las divisiones inferiores del club de la zona sur y Miguel Ángel Tojo lo convocaba con frecuencia a la Sub 17.

Justamente durante su paso por las juveniles de la selección se hizo conocido, aunque no por su juego. Ante Brasil, en el Sudamericano de Ecuador 2007, sufrió un fuerte golpe en la cabeza, que le produjo una amnesia parcial. Estuvo internado en Ibarra y Quito y recién luego de varios días pudo retornar a Buenos Aires, todavía con evidentes secuelas de aquel porrazo. A partir de ahí, todo se le hizo cuesta arriba.

Un grupo empresario (hay quienes dicen que estaba vinculado con dirigentes del propio Quilmes) compró su pase a mediados de 2007 y lo ubicó en Boca Juniors, el club de sus amores, que ya había intentado llevárselo dos años atrás.

En el Xeneize entrenó con las inferiores y hasta llegó a realizar la pretemporada con la Reserva, pero no tenía espacio y, en marzo de 2008, regresó a Quilmes… para jugar en quinta división.

“Fue un error muy grande haberme ido a Boca, ya que mi lugar estaba en Quilmes. Creo que tenía que haber crecido mucho más y después haberme ido, pero todo esto me sirvió para aprender”, reconoció a la vuelta. “Lo charlé con el psicólogo y también con mi representante porque quería estar en Quilmes debido a que no la estaba pasando bien en Boca y por eso bajé mucho el rendimiento. Por suerte, todo se arregló y volví para empezar de cero y tratar de ganarme un lugar en mi división».

Sin mayores chances de progresar en el Cervecero, donde no volvió a actuar tras el debut, en 2009 viajó a España para formar parte de un scouting del Espanyol de Barcelona. Algunas versiones (incomprobables, desde ya) aseguran que no le fue para nada mal, pero una oferta de Tigre le hizo pegar la vuelta. Según publicaron medios españoles, el equipo de Diego Cagna estaba dispuesto a abonar 100 mil dólares por Quintana.

Semanas después, algunos problemas personales lo obligaron a volver a su tierra natal y estuvo a punto de cerrar contrato con Independiente de Neuquén. “La idea es estar seis meses acá y después volver a Buenos Aires, donde el grupo inversor va a decidir dónde juego. Tengo que arreglar con Independiente e informarle a mi representante dónde voy a jugar así autorizan el préstamo sin cargo”, comentaba Quintanita por aquel entonces. Pero apareció un interés del Durazno (2009/10), de la segunda división de Uruguay, y los problemas personales se solucionaron mágicamente.

Obvio que el hijo pródigo (?) volvió al barrio. En 2011 se incorporó al Club Atlético Maronese, donde disputó el Torneo Argentino B hasta abril de 2013, cuando descendieron al Torneo del Interior. Allí sigue hasta hoy, engalanando el campeonato de la Liga de Fútbol del Neuquén.

Dul Nicolás


Nicolás Alejandro Dul del Río

“Nene, ¿vos jugás de ocho?”. El vozarrón, esa mezcla perfecta entre pucho y whisky, lo agarró desprevenido. Corría marzo de 2007 y Alfio Basile comenzaba a delinear la selección del medio local de cara a la Copa América de ese año, pero por diversos motivos (algunas lesiones y otros debieron volver a sus clubes para disputar la Libertadores) se quedó corto de jugadores y tuvo que apelar al grupo de sparrings que también entrenaban en el predio que la AFA posee en Ezeiza.

Justo ahí estaba Nicolás Dul, mediocampista de la categoría ‘88, que al ratito apareció en el equipo titular de Argentina, parado al lado de Juan Sebastián Verón y Agustín Pelletieri.

Pero en River Plate, su club desde las infantiles, no pasaba por su mejor momento. Era suplente en Reserva y con frecuencia lo bajaban a la Cuarta. «Estoy un poco bajoneado porque las cosas no se me están dando como quiero. Sabía que no sería fácil llegar a la Primera. El tema es que siempre fui titular, y quedar un poco relegado a esta altura me angustia», confesaba por aquel entonces.

Algún tiempo atrás, había sido una de las figuritas repetidas de las convocatorias de la Sub 17, aquella que fracasó -terminó 7° entre 10 equipos- en el Sudamericano de Venezuela en 2005 y no llegó al Mundial, era tenido en cuenta para la Sub 20 y hasta había practicado con la Primera del Millonario, donde le auguraban un gran futuro.

Pero en Núñez no tenía espacio y tuvo que salir a buscar oportunidades bien lejos de casa. Las encontró en el Pontevedra español (2008/09) donde, tras una grave lesión, actuó con cierta regularidad, aunque en un nivel que dejó bastante que desear. Según algunos medios europeos, su lentitud en la creación del juego ofensivo fue uno de los factores por los cuales tuvo dificultades para ganarse un puesto entre los titulares. En España disputó 16 partidos, ninguno completo, y cuando se terminó el préstamo lo devolvieron con moño.

De nuevo en la Argentina, rescindió su contrato con River y se fue a un club más acorde a su status baldosero. Sarmiento de Junín (2009/10), en la Primera B Metropolitana, le abrió las puertas de par en par y le dio varias chances de demostrar su categoría en la mejor liga del mundo.

¿Y? Si bien el Verde se quedó al borde del ascenso (perdió la Promoción contra Deportivo Merlo), el rendimiento de Dul en lo personal fue bastante flojo y no permaneció mucho tiempo más en el plantel.

Recién volvimos a tener noticias suyas a mediados de 2012, cuando lo encontramos jugando para no perder el ritmo (con grandes actuaciones, hay que reconocerlo) al fútbol amateur en un equipo bautizado mágicamente como Deportivo Tanganeta.

Fue en ese momento que nos enteramos que en 2011, y de nuevo desde agosto de 2013, hace las delicias de los hinchas del under italiano con los colores del San Basilio Palestrina de la Serie D.

Baldosa de exportación.

Menghi Diego


Diego Sebastián Menghi

Testigo privilegiado de la hora y media más brava de Racing en la última década, Diego Menghi, cordobés oriundo de Justiniano Posse, vio durante años cómo se convertía en la opción por descarte de una defensa que hacía agua por todos los frentes. Generalmente actuando como zaguero central o lateral por derecha, en poco más de dos temporadas alternó un puñado de buenas participaciones iniciales con otras que dejaron bastante que desear.

Cuando en 2004, con edad de cuarta división, Jorge Gaspari y Alberto Fanesi lo dejaron libre de Vélez Sarsfield, jamás imaginó que un año más tarde serían los propios Fanesi y Gaspari quienes lo llevarían a Racing. Como para seguirle agregando condimentos a esa novela de sensaciones encontradas, fue Fanesi el que le dio sus primeros minutos oficiales en la máxima categoría con la camiseta de La Academia, más precisamente ante El Fortín, en febrero de 2006, a los 20 años.

En aquel torneo Clausura, en el debut de Diego Simeone como entrenador, la rompió ante Independiente. Anuló por completo al Kun Agüero en el primer tiempo, aunque una lesión lo obligó a salir de la cancha en el arranque de la segunda mitad. Lo reemplazó Julio Barroso y en un puñado de minutos, el novio de la princesita Karina convirtió los dos goles para la victoria del Rojo. Varias fechas después, ante San Lorenzo, un tanto suyo (bah, se llevó la pelota por delante tras una floja respuesta de Sebastián Saja) sirvió para cortar una racha de ocho derrotas y apenas tres empates. En uno de los peores arranques de su historia, Racing terminó 18°, apenas por encima de Instituto y Tiro Federal, que se fueron al descenso. En lo personal, Menghi redondeó 12 encuentros en un nivel aceptable.

Pero perdió continuidad con la llegada de Mostaza Merlo, a mediados de 2006, y eso sumado a una fractura del quinto metatarsiano del pie izquierdo lo desmoronó. La situación recién comenzó a revertirse en los últimos partidos del ciclo de Gustavo Costas, en el segundo semestre de 2007. En la última fecha del Apertura, ante Colón, durante el interinato de Miguel Ángel Micó (quien luego continuaría fijo en el cargo), marcó su segundo gol en Primera. Micó le devolvió la confianza y ya en 2008, Juan Manuel Llop, sin demasiadas alternativas, tuvo que mandarlo seguido a la cancha.

Otra vez ante Colón en la despedida del campeonato, volvió a ser noticia. Los de Avellaneda todavía tenían chances de escaparle a la Promoción, pero necesitaban sí o sí ganar y Menghi se fue expulsado en el transcurso de la segunda etapa, dejando un hueco en la defensa que compartía con Marcos Cáceres, Franco Sosa y José Shaffer. Ya sobre la hora, Pirulo Rivarola le dio el triunfo a los santafesinos y condenó a La Academia a disputar 180 minutos para mantener la categoría frente a Belgrano.

El 1 a 1 en la ida dejó los nervios a flor de piel y ni siquiera el gol tempranero de Maxi Moralez en la vuelta puso algo de calma. La jugada increíble que desperdició Claudio Bustos a 20 del final le sumó aún más dramatismo a un partido que fue tenso hasta el último segundo. Ya en tiempo cumplido, y solo para aguantar el resultado, Llop sacó a Moralez y lo puso al cordobés. Esa fue su última vez con la camiseta de Racing.

A mediados de año no le pudo hacer frente a la profunda limpieza del Chocho y pasó a préstamo a Atlético de Rafaela (2008/2009), donde tampoco tuvo muchas chances (para colmo, a fin de año, se fracturó el antebrazo derecho en un encuentro a beneficio), aunque lo pusieron desde el arranque en ambos duelos de la Promoción ante Gimnasia y Esgrima La Plata. En la ida, La Crema ganó 3 a 0 y Menghi tuvo una digna labor. En la vuelta, el resultado fue el mismo, pero a favor del bolsillo de Capogrosso tripero. El empate favoreció al Lobo y al defensor lo desbordaron durante toda la tarde.

El pibe regresó a Avellaneda, aunque ni Ricardo Caruso Lombardi ni Claudio Vivas lo tuvieron en cuenta. Después de rescindir su contrato, pasó un semestre pobre en el San Luis Quillota de Chile (2010) y volvió a nuestro país para vestir los colores de Independiente Rivadavia (2010/11) en la B Nacional. En el conjunto mendocino mostró su mejor versión. Fue una pieza clave de la defensa y un gol suyo en la Promoción (si, por tercera temporada seguida) ante Defensores de Belgrano en el choque de vuelta ayudó a que La Lepra se quedara en segunda.

Su buen desempeño durante aquel año convenció a los dirigentes del Correcaminos de la UAT mexicano (2011/12) y Menghi partió al país de Speedy González y el Chavo del Ocho, donde otra vez se topó con la falta de oportunidades jugó bastante y se consagró campeón del Apertura 2011, aunque su equipo luego cayó ante el León en la final de ascenso.

A mediados de 2012, pasó al Atlético Venezuela, donde permanece hasta hoy, gracias a su buen rendimiento. Sí, aunque parezca increíble.

Penta Marcelo

Marcelo Alejandro Penta

Es uno de los jugadores de Newell’s más recordados de aquella campaña que terminó con la obtención del Torneo Apertura 2004. Y no es que haya sido figura, ni mucho menos. Pero las coincidencias determinaron que, teniendo en cuenta el historial Leproso, a Marcelito le terminara calzando perfecto el rótulo de Penta Campeón (?).

Cuando Ñuls se quedó con el Metropolitano de 1974 en la cancha de Rosario Central, Penta ni siquiera había nacido. Sí pudo ser testigo, aunque siendo un niño, del campeonato de Primera División de la temporada 1987/88, el segundo logro rojinegro. Un poco más grande, con casi 6 años, el Chelito se emocionó con la vuelta olímpica en La Bombonera, en la final de la temporada 1990/91. Ni hablar al año siguiente, cuando el equipo de Bielsa ganó el Clausura ’92.

En definitiva, los cuatro títulos significaron una señal para Marcelo Penta. Sabía que para poder trascender tenía que desbloquear (?) la quinta estrella. Una manera era creerse el tocuén del Apertura ’90 y pintarla en el escudo, como hicieron varios hinchas. La otra forma, más complicada pero también más gratificante, era conseguirla en la cancha…y como futbolista.

Su debut como profesional se produjo en la primera fecha del Apertura 2004, en la derrota 1 a 0 ante Vélez. El equipo del Tolo comenzó perdiendo, pero la falta de adversarios serios le terminaría allanando el camino hacia el título.

Detrás de Guillermo Marino entre las prioridades del entrenador, nuestro homenajeado disputó minutos en 9 partidos de aquel torneo e incluso en uno de ellos le tocó ser titular: ante Lanús, siendo reemplazado por Hugo Iriarte en el entretiempo.

Aunque su momento de gloria, sin dudas, lo vivió en su segundo encuentro, cuando ingresó por Iván Borghello y tres minutos más tarde le convirtió un gol a River, en el Monumental. Su gran aporte al Pentacampeonato.

Continuó en La Lepra un par de años más, agregando apenas 16 partidos locales y algunas presencias internacionales. Convencido de que no se iba a convertir en un referente de la noche a la mañana, eligió el camino de muchos: seguir jugando en Rosario, pero en otro club. Fue así como recaló en Tiro Federal.

En los Tigres de Ludueña (2006/07) se encontró con Martín Perezlindo y Santiago Bianchi. La baldoseridad estaba asegurada. Tanto es así que Tiro terminó 15º en la temporada. ¿Penta? Algo más de participación que en Newell’s y un par de goles, pero no mucho más.

Luego fue rescatado por Chacarita (2007/08), que necesitaba volantes ofensivos para tratar de ascender. El objetivo no se cumplió y Penta terminó regresando a Newell’s (2008/09), donde no le dieron cabida.

Desalentado tal vez por el panorama, en 2009 se fue a Grecia para estar bien alejado de los flashes y la popularidad. Tres años en el Pierikos le sirvieron para afianzarse…en el ascenso. Sí, jugó en la segunda división.

En la temporada 2012/13 el pobre de Penta se ganó el mango en la Primera…de Chipre, con los colores del Ethnikos Achna. Y desde mediados del año pasado curte nuevamente las canchas del ascenso griego con el Aiginiakos. A ver, dirigentes leprosos. Martino, Maxi Rodríguez, Heinze. Todos los ídolos volvieron. ¿Qué están esperando?