Mazzoni Jorge

Jorge Adrián Mazzoni

Ni Carlos Alberto, ni su hijo el Patita. Tampoco la Chancha, el ídolo de Estudiantes. El apellido Mazzoni también le dio al fútbol argentino un baldosero de poco recorrido y nada de reconocimiento. He aquí el recuerdo de aquel pibe del que nunca se supo más nada.

Surgió en el Ferro Carril Oeste a finales de los dorados ochenta, cuando el club había dejado de ser protagonista de los torneos de Primera División y comenzaba a transformarse en el típico equipo con el que era muy probable empatar 0 a 0, o a lo sumo 1 a 1. De hecho la igualdad en un tanto fue el resultado final del choque ante el Deportivo Español, el día que debutó Mazzoni. Más precisamente el 11 de noviembre de 1987.

Jugaba de volante derecho y antes de su estreno en la máxima categoría se había ganado el rótulo de promesa, gracias a su convocatoria para la selección juvenil de Pachamé. Con la camiseta argentina actuó junto al Gato José Miguel, Fernando Cáceres, Néstor Fabbri, el Colo Mac Allister; Néstor Valenzuela, Fernando Redondo, Alberto Denis y Pedro Sallaberry, entre otros.

Su andar en el conjunto de Caballito, sin embargo, no fue extenso. Apenas disputó 6 partidos en la máxima categoría (el último en 1988) y de un día para otro desapareció. Como pista sólo nos queda esta foto al lado de un jopeado Mono Burgos, así que es muy probable que, a lo Giunta Style, haya querido morir en essse inssstante.

Palos Luciano

Luciano Ramón Palos (Lulú)

Baldosero desde la cuna misma, no pudo escaparle a la justicia poética e irremediablemente terminó debajo de un arco. Como si fuera poco, al juego de palabras con su apellido le agregó una carrera con nada de gloria y mucha termez. Con ustedes, el gran Luciano Palos.

Nacido el 8 de junio de 1976 en Rosario, se formó en las inferiores de Newell’s y en 1999 subió a Primera División. Para entonces ya usaba el número 22 en la espalda y entrenaba con las juveniles de Pekerman, con la que había sido campeón del Mundialito de Uruguay ’98. Como suplente, obvio.

Detrás de Sebastián Cejas, finalmente tuvo su oportunidad cuando Terremoto se lesionó en un partido ante Racing y tuvo que hacerse cargo del arco en el segundo tiempo.

Su debut como titular se produjo recién en el Clausura 2001, torneo en el que atajó sólo 4 encuentros, hasta que Cejas retomó su lugar. Igual, a Luciano le alcanzó ese lapso para vender humo, rosarino style:

¿De quién sacaste el look? (NdR: al tono rojizo de su pelo se le suman varios anillos y dos tatuajes, ambos promesas por las convocatorias al Sub 20 y Sub 23)

-(Risas) No, no lo saqué de nadie. Lo del pelo es por el cloro de la pileta. Siempre me tiño de negro y por la natación me queda el pelo hecho bolsa. Por eso aparezco un mes de un color y al siguiente parece que me hubiera hecho algo raro.

-En el club, ¿te dicen algo?

-No, pero en su momento habían hecho circular el rumor de que era stripper. En este ambiente se habla tanto que ya no sabés donde estás parado.

-Me imagino que en Central te lo van a hacer sentir cuando vayas para el clásico…

-Seguro, pero hay que ver si juego. Como Cejas no perdió nunca, a lo mejor lo negociamos con Ribolzi y me quedo en el banco.

El técnico no esperó tanto y lo volvió a mandar al banco un partido antes del duelo ante los Canallas. La chance de ser titular le llegaría al torneo siguiente, pero apenas pudo mantener el puesto 8 fechas. Entre 2002 y 2004 siguió alternando el arco con Diego Luque, Oscar Passet y Darío Sala. Hasta incluso, siendo titular, se dio el lujo de rechazar el número 1 porque la consideraba mufa.

Pero lo que parece eterno, es efímero. Cuando se pensaba que tenía la vaca atada, un día llegó el Tolo Gallego y le anotó en un papel uno de los motivos por el que debía buscarse otro club. Palos no entendió un carajo. Se lo mostró a unos compañeros y tampoco. Lógico, el papel decía Pocrnjic. Igual terminaría atajando Justo Villar.

Sin chances de jugar en el equipo de sus amores y un tanto aburrido de entrenarse sin un incentivo, salió en busca de diversión y la encontró. Lástima que todo terminó mal.

Resulta que un día conoció a unas jovencitas por internet y aparentemente las invitó a tomar algo fresco (?). Las crónicas de la época dicen que se encontraron en una estación de servicio y de ahí no sabemos cómo, pero terminó en un hotel de esos que tienen televisores con soporte, ceniceros pegados a la mesita de luz y conserjes que no dan la cara. ¿Raro, no? Bue, la cosa es que después de un rato donde el arquero seguramente les contó a las chicas lo duro que tenía el pito es ganarse la confianza del entrenador, se escuchó un ruido, se abrió la puerta y cayeron familiares y amigos de una de las chicas. Lulú al toque debe haber pensado la buena convocatoria que tenían las orgias por MSN (?), pero no. La gente no llegaba para sumarse a la fiesta, sino a cagarlo a palos. No cagarlo a él, lo que capaz le hubiese calentado, vaya uno a saber. Estamos hablando de fajarlo. Sí, le dieron una paliza y terminó internado en el Sanatorio Británico. De paso le hicieron mierda el auto. Tremendo.

Tras ese incidente comenzó su carrera errante. Bajó al Nacional B para sumarse a préstamo a Belgrano de Córdoba (2005) y antes de su primer clásico ante Talleres volvió a prender la máquina de demagogia: «Belgrano es como Newell»s, siempre lo dije… Por la gente, la pasión…» (?). Igual no le alcanzó para atajar mucho y tras finalizar el semestre se alejó.

Estuvo cerca de incorporarse a Tiro Federal pero finalmente arregló con Gimnasia de Jujuy (2005/06), donde fue titular por encima de otro grande de los arqueros ladris, José Luis Campi. Después perdería el puesto, ¿o qué se pensaban?.

Para terminar de confirmanos que sería un baldosero deluxe, se fue a ¡la liga rumana! ¿El equipo? Lo de menos: el FC Vaslui (2006), un club que se había fundado en 2002 y que en apenas 3 años llegó a la máxima categoría. Sin embargo Lulú ahí no pudo actuar y se terminó volviendo a la Argentina, donde firmó para Quilmes (2007) tras la partida de José Ramírez.

Ni bien llegó al Cervecero se puso en cuero y mostró uno a uno sus 25 tatuajes. Entre ellos, uno de la mujer de sus sueños. ¿Su novia? No, una que le aparecía mientras dormía (?).

En lo futbolístico no le fue fantástico ni mucho menos. Fue suplente de Damián Gr*ss*, con todo lo que eso significa. Y cuando agarró el arco, por lesión del portero descendente, la experiencia en Primera estaba terminando. Atajó sólo en los últimos 5 encuentros, con el destino de la B marcado.

Su vuelta al ruedo fue en la tercera división, defendiendo los intereses de un Central Córdoba de Rosario (2008) que buscaba llamar la atención con un reality show que nunca salió a la luz. Para ese invento contrataron al Silvio Carrario como DT y sumaron nombres de la talla de Julián Maidana, Gastón Liendo, Jorge Priotti, Javier Cappeletti, el Mariano González trucho y el gran Alejo Gelatini, entre otros. El equipo no iba ni para atrás y entonces a Palos se le ocurrió salir a decir: «Si no ponemos huevos nos van a seguir ganando. Hasta una mujer se da cuenta de que faltó voluntad. Adentro de la cancha nos putean a todos por igual. Si no ganamos nos tenemos que ir a la mierda». El primero que se fue a la mierda fue el Tweety. Y atrás todas las figuras venidas a menos.

Los últimos años encontraron a nuestro ídolo en Chile. Allí atajó para San Luis de Quillota (2009 a 2010), donde descendió junto al Látigo Peirone; y Cobreloa (desde 2011), donde recibió la noticia de que el telo en el que había estado en 2004 debía indemnizarlo por haber dejado pasar a los familiares de las chicas. Tienen razón (?).

Con ese simple ejemplo nos damos cuenta de que la justicia a veces tarda en llegar, pero finalmente llega. Como este post, que tanto tiempo esperamos, y que ahora está acá, con una hermosa foto que, sin proponérselo, nos anticipa su oscuro final.

Muñiz José María

José María Muñiz

La década del ’80, esa que le tendría preparado un descenso a la vuelta de la esquina, tuvo un primer capítulo agridulce para Racing Club, que en ese 1981 incorporó jugadores de la talla de Berta y Van Tuyne para tratar de quedarse con un título local después de 15 años.

Otro que llegó a La Academia por ese entonces fue José María Muñiz, un delantero uruguayo que había actuado en Nacional y brevemente en la selección celeste. Con eso ya le alcanzaba para jugar en ese Racing. Mal, pero jugar al fin.

Junto a nombres como Vivalda, Olarticoechea, Calderón, Carrasco y Barbas, el conjunto de Avellaneda terminó en un digno 5º puesto en el Metropolitano que se terminó llevando el Boca de Maradona. Distinto fue lo que pasó en el Nacional, donde terminó último en su zona, después de haber ganado sólo 2 de los 14 partidos. En ese momento el fantasma del descenso empezó a coser la sábana.

Muñiz, por su parte, apenas disputó 17 encuentros y no convirtió goles. Armó el bolso y se fue a tocar puertas. Él dice que además de haber vestido las camisetas de Rentistas y Rampla de su país, lo recibieron en Jorge Wilstermann de Bolivia, y Vasco Da Gama de Brasil, antes de radicarse en Ecuador, donde actuó para Universidad Católica. Aparentemente se retiró ahí en 1986, para poner una parrilla que con el tiempo se transformó en un clásico del ambiente futbolero. Todo esto en teoría, porque en rigor de la verdad, no le creemos nada.

Miren esta entrevista que le hicieron hace algunos años en El Aguante, donde el propio Muñiz miente descaradamente al decir que salió campeón de América con Uruguay en 1975 (ese año el que levantó la Copa fue Perú). Pero eso no es nada. Sólo basta llegar hasta el final para comprobar que es un autentico simulador. ¡Tiene una foto trucha junto a Pelé y Maradona! ¿Especialidad del parrillero? ¡Chorizo!

Fusco Emiliano

Emiliano Adrián Fusco

Nacido en Caseros en 1986, Emiliano Fusco comenzó a aparecer en los medios cuando, formando parte de las selecciones juveniles, disputó el Mundialito de Salerno en 2001, bajo la dirección técnica de Hugo Tocalli.

Su debut en la máxima división del fútbol argentino se produjo en 2005, con la camiseta de Boca Juniors, más precisamente en la última fecha del Torneo Clausura, con Abel Alves como entrenador.

Aquel encuentro ante Almagro terminó con derrota por 3 a 2 y el Xeneize formó con: Gustavo Eberto, Sergio Coronel, Matías Silvestre, Matías Cahais y Emiliano Fusco; Matías Donnet (como capitán), Pablo Ledesma y Enzo Gutiérrez; Oscar Trejo, Marcos Mondaini y Mariano Trípodi.

Sin más oportunidades, vio pasar la vida hasta la temporada 2006/07, cuando comenzó a ocupar el lateral izquierdo del Manchego , de la tercera división española, donde fue presentado con bombos y platillos como un refuerzo de gran categoría. Para no ser menos, nuestro homenajeado disparó con un «Vengo a triunfar en España», pero al parecer no cumplió con las expectativas porque al año siguiente se fue al Mallorca B donde al menos jugó.

De nuevo en el Manchego (2009), tuvo que ver como su equipo, no pudiendo afrontar económicamente unas deudas que tenía con la federación, abandonó la competición para luego convertirse en el CD Ciudad Real. Derrotado moralmente (?), el ex Boca enfiló para ultra competitiva liga chipriota.

ASIL Lysi (2009/2010), de la segunda división, fue su primer club, mientras que hoy lo encontramos defendiendo los colores de Alki Larnaca (desde 2010). Tan grosso es Emiliano Fusco que tiene su propio canal de Youtube, donde uno puede ver sus mejores jugadas y deleitarse con goles de todos los colores… de camisetas.

Hasta acá, nada de otro mundo en la típica carrera de un baldosero que no encuentra grandes oportunidades en su país y debe salir a pelearla al extranjero. Pero acá es cuando entra en escena la entrañable amiga de Niembro, Wikipedia. Los datos mágicos que los parientes de futbolistas agregan a la enciclopedia libre son dignos de enmarcar. En este caso, alguien (un cuñado garca, probablemente) nos cuenta lo siguiente:

Actualidad

Llego al matrimonio para que, en ese entonces su novia, Cecilia Di Pito se pueda quedar con él en España.

Buchón de migraciones el cuñado (?).

Diéguez Roberto

Roberto Diéguez

Marcador central que salió a la luz en Primera División con aquel piberío que se puso la camiseta de River Plate en 1983. Su carrera no tuvo el mismo brillo que la de Gorosito, Dalla Líbera y De Vicente, está claro; pero al menos integra este sitio, poniéndose a la altura de próceres como Fabio Nigro, Mauricio Trillo y Sandro Andreani.

Su participación, no está mal aclarar, fue insignificante comparada con la de muchos baldoseros de su camada. Apenas si jugó 2 encuentros, ante Unión y Platense, en aquel difícil momento del Millonario. Para colmo, en el match ante el Calamar chocó accidentalmente con Daniel Vélez, causándole a su compañero un grave problema renal.

Robertito no volvió a aparecer en los primeros planos y, lo que es peor, en el Museo de River hoy se lo recuerda como Ricardo Diéguez. Ah, ¿de qué jugaba? De marcador central. Hasta en eso le pifió, si tenía apellido para calzarse la 10 y esperar a que la coincidencia se convirtiese en milagro.

Brunet Sebastián

Sebastián Brunet

Cuando Argentinos Juniors volvió a Primera en 2004, entre Mariano Mignini y Ariel Seltzer se disputaban el puesto de marcador lateral izquierdo. En Reserva, mientras tanto, asomaba un pibe que buscaba su lugar en el plantel profesional. Sebastián Brunet es categoría ’84 y de la misma camada que una gran cantidad de pibes que llegaron a Primera: Hugo Colace, Leonardo Pisculichi, Walter García, Lucas Barrios, Leonel Núñez, Christian Biglia, Néstor Ortigoza, Nicolás Pareja, Sebastián Setti, Matias Córdoba, Matías Caruzzo y Lionel Coudannes.

Fue tenido en cuenta por Gregorio Pérez, quien tomó el mando del equipo a pocos días del comienzo del Apertura 2005. Seltzer seguía siendo el titular y cuando el santafesino se ausentó, por lesión primero y por expulsión después, ubicó inicialmente a Diego Cocca por izquierda. Las cosas no salieron y le dio la oportunidad a Brunet.

Debutó en el triunfo por 4 a 1 de Argentinos sobre Tiro Federal de Rosario, partido disputado en Arroyo Seco y que le posibilitó a Argentinos romper una mala racha de cuatro derrotas consecutivas. Como equipo que gana no se toca, la lesión de Cocca -nunca más volvió a jugar- posibilitó la vuelta de Machín y Brunet siguió como titular. Un nuevo triunfo, esta vez ante River en La Paternal, hacía pensar que se había recuperado el rumbo, pero una nueva derrota ante Newell’s en Rosario devolvía al equipo a la realidad. Brunet también jugó en el empate en uno ante Banfield y fue al banco en la caída frente a Colón, en Santa Fe.

En el Clausura 2006 sus posibilidades fueron menores. Una nueva expulsión de Seltzer le posibilitó jugar contra Boca y sumar minutos desde el banco ante Central en Rosario. Su último partido en Argentinos fue contra Colón -ya con Domenech como técnico-, por la última fecha del certamen y con el equipo condenado una fecha antes a jugar la Promoción ante Huracán.

En la temporada 2006/07 no tuvo chances. Seltzer seguía alternando, a veces jugaba Barzola, quien había regresado tras su paso por River Plate y Quilmes y ya en 2007 con Caruso Lombardi como DT hasta Desábato jugó como lateral por la izquierda.

Para el Apertura 2007 llegaron Sergio Escudero y el uruguayo Álvaro Pereira, quien en Quilmes se había desempeñado como marcador de punta izquierdo pero en Argentinos lo haría como volante. Ante la clara imposibilidad de ser tenido en cuenta, Brunet recaló en Ferro Carril Oeste para jugar en la Primera B Nacional. Solamente un semestre en el equipo de Caballito y la vuelta a Argentinos. A mediados de 2008 surgió la posibilidad de ir nuevamente a préstamo, esta vez a Comunicaciones. Las cosas finalmente no se dieron y quedó en libertad de acción.

Tras un año, en 2009 apareció la chance de probar suerte en el ascenso español. El Loja lo recibió y estuvo allí durante una temporada. En 2010 subió un par de divisionales y fichó para el Puertollano. Ya en 2011 y con pocas posibilidades de seguir progresando, retornó a Buenos Aires y dejó el fútbol profesional con tan sólo 27 años.

(Publicado originalmente en «¿Te Acordás Bicho?«)

Manicero Diego

Diego Ariel Manicero

Fugaz promesa del fútbol argentino que debió, desde sus inicios, aprender a convivir con las fuertes miradas examinadoras, ¿de los entrenadores? ¿de los preparadores físicos? ¿de los dirigentes? ¿de los hinchas? No, las de sus propios compañeros, que en la intimidad del vestuario siempre quisieron comprobar, aunque sea de reojo, si el apellido de nuestro protagonista era un acto de justicia o una burla del destino.

Al margen de los comentarios surgidos en el vapor de las duchas, el cordobés Dieguito Manicero prometió, y mucho, en sus comienzos. Luego de romperla en su pueblo, Villa del Rosario, haciendo dupla con el Látigo Peirone, viajó a Buenos Aires con 13 años y se incorporó a las divisiones menores de Lanús. Allí trepó escalones hasta que en 2004, de la mano de Carlos Ramacciotti, debutó en Primera como un wing ochentoso, con pique y desborde permanente. Su estilo enamoró a varios de entrada. Y no tardó en ganarse la titularidad, esa misma que perdería por su intermitencia.

Al año siguiente Pancho Ferraro lo convocó para la selección sub 20. Hizo una gira y jugó algunos partidos, pero no logró destaparse con la camiseta celeste y blanca. De regreso a su club, tuvo su momento de gloria cuando Pipo Gorosito lo metió en el segundo tiempo de un partido ante Boca y terminó convirtiendo el gol de la igualdad sobre el final. «Es un sueño para mi hacerle este gol a Boca, porque nos dio el empate pero también porque soy de River«, dijo ese día.

Sin embargo, ese tanto no significaría su despegue, sino el punto de inflexión de una trayectoria que no levantó, pese a tener otras oportunidades. Siguió en el Granate alternando entre Primera, banco de suplentes y Reserva durante varios años e incluso obtuvo el Apertura 2007 como ñoqui. En el medio se lo quisieron llevar Universitario de Perú, Huracán, Chacarita y Rosario Central, pero Lanús nunca quería cederlo.

Finalmente, a comienzos de 2008 cortó el cordón umbilical yéndose al comprometido Racing, por pedido exclusivo del técnico Miguel Micó, quien ya lo conocía del Grana. Y el jugador respondió con humo, claro: «Racing tiene una hinchada buenísima que te alienta los 90 minutos. Y si bien no está pasando un buen momento, creo que la idea de todos debe ser salir campeón«. Bueno, después se notó que la idea no era esa, sino zafar del descenso, cosa que recién lograrían en la Promoción. Para entonces, Manicero ya ni concentraba, pese a que Llop le había dado una segunda oportunidad durante el campeonato, luego de que el mismo Micó lo colgara.

De regreso en el Sur, Mani se dio cuenta de que no iba a jugar ni a gancho y esperó una posibilidad acorde a su nivel. Belgrano de Córdoba (2008/09), que había estado a un paso de ascender, confió en sus condiciones y lo incorporó a préstamo, pero la apuesta no salió bien. El delantero apenas jugó 6 partidos y antes de que finalizara la temporada el DT Omar Labuna lo limpió.

Para mediados de 2009 Manicero seguía en Lanús y la situación era insostenible. El técnico Luis Zubeldía ya no sabía qué juego inventar para integrarlo a los entrenamientos. Lo mandaba a comprar puchos, a ver si estaba lloviendo, a plancharle la camisa, pero Dieguito no se daba por aludido (?). Hasta que a mediados de 2010, luego de 4 meses sin tocar una pelota, le tiraron un salvavidas desde Alumni de Villa María. Y apenas dos años después de aquellas declaraciones con las que intentó ganarse a la hinchada de La Academia, tiró: «Si existe la posibilidad de jugar, no tengo ningún problema de quedarme. Sería muy lindo jugar en este club; ojalá que pueda ser«. Lo que se conoce como bajar las pretensiones.

Hoy continúa en ese equipo del Torneo Argentino A, tratando de recuperar la titularidad, después de una lesión que lo tuvo alejado de las canchas el año pasado.

Sánchez Martín

Martín Norberto Sánchez (El Pacha)

Si a un nombre común se le suma un apellido normal, las chances de perdurar en la memoria colectiva no son muy buenas. Si a ésto se le agregan sólo 3 partidos en Primera División, la cosa se complica aún más. Y ni hablar cuando no se encuentra algún hecho fuera de lo habitual que lo destaque. Ni nosotros nos acordamos cómo jugaba este tal Sánchez.

Comenzó su carrera en Unión, donde debutó el 14 de abril de 1998, en un empate frente a Rosario Central. En ese Torneo Clausura jugó un par de veces más y desapareció por un tiempo. Mejor dicho, siguió en el plantel pero sin chances de mostrarse nuevamente. De golpe bajó un par de escalones y cruzó el Paraná, para ponerse la camiseta de Patronato (2001/02), jugando el Torneo Argentino A. Volvió esfumarse y en 2004 apareció una categoría más abajo, primero en La Perla del Oeste y luego en Libertad de Sunchales. En 2007 retornó al Argentino A, esta vez en Mendoza, con los colores de Gimnasia y Esgrima. La siguiente temporada la disputó en el Deportivo Morón, y luego se fue a Gimnasia de Concepción del Uruguay.

Imaginamos la expectativa que habrá creado este cristiano en cada uno de los clubes donde jugó: un tipo que pasó por Primera siempre genera ilusiones en los clubes de ascenso, así haya sido un suplente con pocos minutos.

Pero, como en los diferentes órdenes de la vida, la verdad no tarda en aparecer. Martín Sánchez, en todos lados, fue uno del montón. Como este post.