Capella Julio Carlos

Julio Carlos Capella

Hijo de Carlos, histórico masajista de Boca Juniors, y hermano de Matías, utilero del Xeneize. Como jugador desarrolló una carrera intrascendente, sin demasiado para contar, pero con los pergaminos necesarios para integrar los anales de En Una Baldosa. Alejado del rectángulo de juego, aunque no de las canchas, desarrolló otra faceta, más nefasta y digna de repudio. Quisimos homenajearlo hace un tiempo, allá por 2007, pero nos faltaba algo fundamental: su foto. Y la encontramos, como quien no quiere la cosa, años después en la sección policiales.

Dirán los libros de fútbol que Julio Capella, como marcador de punta del Deportivo Español, disputó un encuentro de Primera División, correspondiente al torneo Clausura de 1998, ante Estudiantes LP, que terminó con triunfo del Pincha por 1 a 0. Con el descenso de equipo de Bajo Flores, Capella siguió en el plantel y sumó algunas presencias más en la B Nacional. En 2001 pasó a El Porvenir, que por aquel entonces jugaba en la B Metropolitana, y ahí se terminaron sus datos certeros. Algunos dicen que luego estuvo en el Atlético de Madrid B y que encerró sus días como futbolista con la camiseta del Puteolana, en el under italiano.

Desde su retiro forma parte de una facción de la barrabrava de Huracán y viajó al último mundial dentro del grupo Hinchadas Unidas Argentinas. Todo muy lindo, si no fuera porque saltó a la popularidad cuando a comienzos de diciembre pasado se lo vio, en cueros y con un pantalón del Globo, mostrando un interesante disparo (bueno, a decir verdad y a juzgar por los videos fueron unos cuantos) en las inmediaciones del Parque Indoamericano. Días más tarde intentó arreglarla diciendo que el arma era de juguete. Sin (?)

Scott Berny

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Berny Scott Wilson

Con apenas 20 años y el bolso cargado de formularios de Western Union ilusiones llegó el costarricense Berny Scott a estas pampas, allá por comienzos de 2003, con la idea de ganarse la vida en el fútbol argentino y poder ayudar a su familia. Pero las cosas no fueron sencillas.

Con un pasado en el Sport Herediano de su tierra, este muchacho se había formado con aquel concepto de que todo buen delantero debía jugar en las dos puntas. Y en su experiencia sudamericana, hay que aclarar, cumplió al pie de la letra, porque se hizo tiempo para entrenar ¡en dos equipos al mismo tiempo!

Primero apareció en Boca, donde rápidamente lo mandaron al Selectivo dirigido por José Malleo. En su debut en las prácticas anduvo muy bien, por eso le recomendaron que se quedara unos días para que lo viera Carlos Bianchi, que estaba de pretemporada con los profesionales. Pero Bernie (así fue escrito su nombre mientras estuvo en el país), ni lerdo ni perezoso, averiguó en qué otro club estaban evaluando jugadores y se mandó para el predio de Luis Guillón, lugar de entrenamiento de Banfield. Y allí el morocho también aprobó, bajo la mirada del técnico Luis Garisto.

En un partido contra los libres del CEFAR, por ejemplo, se mostró movedizo, encarador y hasta metió un centro de rabona. Pero cuando le preguntaban: «¿Venís mañana?«, contestaba: «No puedo, tengo un compromiso. En estos días me pego una vuelta» (?). Claro, tenía que ir de nuevo a La Boca.

Yendo y viniendo, el Tico fue enamorando a los entrenadores pero al mismo tiempo generando dudas por su poco compromiso. Un día tenía una pechera Nike, al otro día una pechera Nanque. Así no (?). «No se puede decir que estoy jugando a dos puntas, simplemente estoy tratando de quedar en algún lugar. Manejo ambas opciones, pero yo me dedico sólo a jugar«, decía Scott en una de sus pocas notas al diario Olé.

En su segundo partido con el Taladro, otra vez ante el CEFAR, fue figura e hizo un gol, generando los primeros comentarios vendehumo de los periodistas compatriotas. «A Scott se lo puede definir como el típico jugador negro y caribeño: Tiene un gran estado atlético, es oportunista en el área y muy pícaro. Si le dan espacios es capaz de sacar varios metros de ventaja, gracias a su velocidad. Además, cuenta con mucha técnico, que la aprovecha para entrar al área eludiendo adversarios. En las caracteristicas que tiene, mucho tiene que ver Carlos Watson, director técnico de las selecciones menores de los Ticos. Sin dudas que Bernie es una de las grandes promesas del fútbol de Costa Rica, junto con Winston Parks, quien está en el Ascoli de Italia», decía el reconocidísimo (?) Harold Leandro.

A los pocos días, lo previsible: Scott estaba jugando con el Selectivo de Boquita en un amistoso ante Brown de Arrecifes. Y no sólo convirtió el último tanto en la victoria 3 a 1, sino que compartió la cancha con Jonathan Fabbro y el húngaro Robert Waltner.

¿Qué pasó luego? Nada. No fichó para ningún conjunto argentino y se volvió a Costa Rica, donde jugó en Santos y Universidad CR, entre otros. Además, tuvo un paso por el Heredia de Guatemala. En 2010 se desempeñó como mediocampista en la Asociación Deportiva Barrio México, institución que mediante la compra de una plaza volvió a la Primera Division costarricense tras dos décadas largas de ausencia. Y allí, parece, Berny va a entrenar todos los días.

Ortiz Segura Anyenson

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Anyenson Ortiz Segura

Defensor, colombiano, negro, desconocido y vino a la Argentina para jugar en un equipo de Caruso Lombardi. Cualquier similitud con la historia de Juan Angulo Villegas es pura coin$iden$ia (?).

Nacido el 10 de febrero de 1986, arribó a nuestro país en el invierno de 2009 para sumarse a las multitudinarias pruebas que el entrenador de barba candado estaba haciendo en el equipo que dirigía en ese momento, ni más ni menos que Racing Club. El currículum del marcador central era, como mínimo, para desconfiar un poquito: supuestamente había pasado por Atlético Nacional de Medellín, América de Cali, Girardot FC y Huila (todos de Colombia); Estudiantes de Mérida y el Deportivo Italia (de Venezuela). Ah, en su tierra no lo junaba ni el loro. Pero los 189 mil pesos (?) centímetros de altura parecían suficientes para enamorar a Caruso. Sólo parecían.

Tras un partido de entrenamiento con la Primera, junto a otros paracaidistas como el brasileño Claudinho y el uruguayo Nicolás Raimondi, le bajaron el pulgar y tuvo que dejar la pechera fluo en la utilería. Una lástima, porque le hubiese servido para hacer dedo en la ruta (?). Tras un paso por el Cúcuta, hoy juega en el Centro Ítalo de Venezuela. Y aunque se quedó con las ganas de integrar un plantel en el fútbol argentino, al menos zafó de que un técnico le haga burla (?).

Impallari Emiliano

Emiliano Impallari

Dueño de un apellido que remonta irremediablemente al fútbol de los sábados al mediodía o en su defecto a los martes a la noche, ese que se disputa en canchas despojadas de todo lujo (y también de hinchas visitantes, claro), en alguno de los miles de puntos del Conurbano Bonaerense. Fue ahí que Emiliano Impallari se hizo fuerte, en medio de otros de su especie, antes de conocer las mieles del viejo continente.

Rosarino de nacimiento, surgido de las divisiones inferiores de Newell’s y Central, este delantero goleador mostró cosas interesantes en la categoría ’82 del Canalla que se quedó con el torneo Gobernador Molinas en 2003 al lado de Matías Escobar, Damián Ledesma y Matías Irace. Sin embargo, a los 21, cuando tenía que firmar el primer contrato, le dieron las gracias por los servicios prestados y no le quedó otra que partir.

En el verano de 2004, apareció en La Plata y se sumó a Gimnasia y Esgrima, porque ya lo conocía Carlos Timoteo Griguol de su paso por el conjunto rosarino. De la mano de Carlos Ischia tuvo su bautismo en Primera en la octava fecha del Apertura ante Vélez. Y también su despedida, en la novena jornada, casualmente contra Central, en su única presentación como titular. Antes había tenido una racha de seis goles en cinco partidos de Reserva que ilusionó al ex técnico de Boca y a los hinchas pero quedó todo ahí.

A comienzos de 2005 fue borrado por el ex presidente del Lobo, José José Muñoz, junto a Cristian Castillo, Enzo Noce, Gustavo Barros Schelotto, Andrés Yllana, Carlos Córdoba, Francisco Foronda, Martín Pautasso, Gonzalo Choy González, Hugo Gatti, Germán Castillo, Gustavo Bartelt, Federico Turienzo y Juan Di Bártolo.

A mediados de año armó el bolso de nuevo y retornó a Rosario. Descartados Central y la Lepra, tuvo que elegir entre Tiro Federal y Central Córdoba. El Charrúa fue el club que lo cobijó durante la temporada 2005/2006. Allí, según sus propios números, Impallari disputó 15 partidos y convirtió 4 goles.

En 2006 retornó a Buenos Aires para sumarse a Deportivo Morón. En el Gallito disputó 30 encuentros, marcó 7 tantos, y, como era de esperarse, se quedó en las puertas del ascenso. Al año siguiente se mudó de estación. Recaló en Temperley, donde convirtió 9 tantos en 26 cotejos, aunque su equipo deambuló por la mitad de la tabla.

A mediados de 2008 emigró a Europa para jugar en España. ¿Barcelona? ¿Real Madrid? ¿Rayo Vallecano? ¿Badajoz? No, más abajo. ¿Hay más abajo? Sí, hay. Fue así que Impallari firmó contrato con La Roda, donde marcó 10 goles en 23 fechas. De allí saltó al fútbol italiano. ¿Milan? ¿Inter? ¿Parma? ¿Bari? No, Sapri (2009) de la Serie D, en el que señaló 2 veces en 18 encuentros. Ahí se mantuvo hasta mediados de 2010, cuando se incorporó al Nissa, de la misma división, en donde lleva anotados 4 tantos en 8 jornadas. Nada mal para tratarse de un baldosero.

Charles Tomás

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Tomás Patricio Charles

Decir Charles, desde que el Mundo es Mundo 1992, es referirse a un baldosero. Y no es que nuestro homenajeado haya tenido mucho que ver con aquel delantero brasileño que hizo sapo en la Argentina de la mano de Maradona, pero indudablemente el apellido condicionó la visión de los hinchas de Independiente, que desde el momento del debut lo miraron con algo de cautela.

Nacido el 12 de Junio de 1985 en Villa Dominico, hizo inferiores en el Rojo de Avellaneda y tuvo su recompensa en el Clausura 2004, cuando fue titular en la última fecha, frente al ya descendido Nueva Chicago. Para que no se sienta tan sólo, claro, lo acompañaron sus colegas Fernando Lorefice, Yair Rodríguez y Roberto Carboni. Ufff.

Siguió en el plantel profesional de los Diablos hasta el 2006 y tras 15 partidos entró en el agujero negro de lo incierto. Recién asomó la cabeza en el 2008, cuando pasó a integrar las filas del Nyiregyhaza de Hungría. Todavía está aprendiendo a pronunciarlo.

Su experiencia europea duró nada. En la temporada 2008/09 se incorporó a Instituto de Córdoba para actuar en la B Nacional. Y ahí sí, no sólo tuvo los minutos suficientes para armar un video con sus highlights (?), sino que además aprovechó para dar una entrevista con su vecino Guillermo Farré en la previa de un clásico ante Belgrano. Mate va, mate viene, el hombre de La Gloria se fue soltando y contó cómo se hizo amigo del Pirata: «Nos fuimos conociendo abajo, en la puerta. Uno pasaba, saludaba. Después, empezamos a hablar. Ya le empezás a preguntar cosas y surge la relación«. Muchas dudas (?).

Tras otro parate en el que fue muy difícil ubicarlo, volvió a dar señales de vida en agosto de 2010, cuando Racing de Montevideo lo devolvió (por no decir que lo vomitó) a una Primera División, la uruguaya. Y bue, ahí sigue para agregarle alguna que otra jugadita a su video.

Valenti Sergio

Sergio Damián Valenti

Hubo una época en la que, créase o no, Atlético de Rafaela solía derrotar a Gimnasia y Esgrima La Plata. Corría la sexta fecha del Apertura 2003 cuando la Crema venció al Lobo como local. Pasaron otros 18 partidos y el conjunto de Santa Fe jamás volvió a quedarse con los 3 puntos. Alternó empates y derrotas hasta que, por la sexta jornada del Clausura 2004, volvió a cruzarse con Gimnasia.

Esta vez en El Bosque parecía que la historia se iba a repetir. Promediaba la segunda etapa y el Tripero, dirigido por Carlos Timeteo Griguol, le ganaba 3 a 2 al conjunto de Osvaldo Piazza con goles de Gonzalo Choy y Cristian Castillo -2-. Gonzalo Del Bono y Lucas Bovaglio habían marcado para los santafesinos y mantenían el suspenso del encuentro.

A los 74 minutos de juego, Griguol dispuso la salida de Castillo para la entrada del debutante Sergio Valenti, delantero de profesión, goleador histórico de las divisiones inferiores del Lobo (según dice en su blog) y baluarte de la categoría 85. No le vamos a echar la culpa al pibe, que no tuvo nada que ver, pero desde su ingreso le tocó ver de cerca los goles de Darío Gandín y Rubén Forestello. Sí, una rueda después, Rafaela volvió al triunfo, contra Gimnasia y en el Bosque. Por las dudas, Valenti no volvió a jugar en ese torneo.

Reapareció un año más tarde, con muchísima menos competencia (Enría, Impallari, Vargas, Savoia y Hugo Gatti), y con Pedro Troglio en el banco. En el Clausura 2005 disputó 10 partidos y marcó sus únicos 2 goles, uno a Vélez (derrota 4 a 2) y otro a Colón (triunfo 2 a 1), con los que obtuvo un poco de prensa.

En el Apertura 2005 el Lobo fue subcampeón con la dupla matadora (?) Delorte – Vargas. Así y todo, Valenti fue una especie de talismán y participó, siempre desde el banco, en 10 encuentros, sin marcar goles.

A comienzos de 2006 emigró al fútbol mexicano. Con la camiseta de Irapuato no hizo demasiado, porque a los seis meses estaba de vuelta en la Argentina, defendiendo los colores de Talleres de Córdoba en la B Nacional.

Algunos goles en el Tallarín le dieron el handicap suficiente para rapiñar unos minutos más en La Plata. De vuelta en el Tripero, tuvo que esperar bastante para tener un poco de actividad. Dirigido por el Pacho Maturana, recién apareció en la fecha 17 del Clausura 2007, ante Newell’s, en el Parque Independencia. Esa tarde reemplazó a Sergio Leal a cinco minutos del final del partido.

A mediados de 2007 fue a pasear su fútbol por Montevideo. En Defensor Sporting dejó su sello goleador ante River por la Copa Sudamericana y no hizo mucho más. Al año siguiente ya estaba en Rafaela, desparramando rivales enfundado en la divisa de Ben Hur. De allí pasó a Chile, donde mostró una guata interesante e hizo las delicias de nuestros amigos de La Rompieron cuando se fue al descenso con Curicó (2009).

Después de pasar seis meses inactivo, y de fracasar en una prueba veraniega para incorporarse al Jorge Wilstermann boliviano, a mediados de 2010 se sumó a Villa San Carlos, donde a su llegada vendió un poco de humo. «Yo tenía muchas ganas de jugar en este club. Todos me dicen que es un club con mucho sentimiento, con mucha pasión por la camiseta y gracias a mi acercamiento a Dios que es lo que me cambió el carácter, mi forma de ver la vida y la de mi familia, este tipo de posibilidades son una bendición para mí. Por eso estoy eternamente agradecido por esta posibilidad a San Carlos, a los dirigentes y al cuerpo técnico», comentó.

Todo muy lindo, sí, hasta que nos enteramos que en 19 fechas del campeonato todavía no le vio la cara a Dios.

Parada Esteban

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Esteban Gabriel Parada

Con semejante apellido lo único que tuvo asegurado, desde el vamos, fue una catarata de chistes fáciles y malos que comenzaron a tomar fuerza en el preescolar. A esa edad los pibes quizás no saben o no entienden que el pene se erecta, pero ya tienen una mínima noción de dónde frenan los colectivos. Entonces, llamarse Parada ya es un problema. Y ni hablar siendo más glande grande.

Ante esa dificultad, quedan dos alternativas. La primera: suicidarse ser actor porno. Sí, porno, porque ese apellido no se lo banca un actor de comedia. La segunda: ser arquero en España. Sí, ahí, donde le dicen «gran parada» a una «gran atajada«. Ahí donde usan la palabra «larguero» y no «travesaño«. Ahí donde dicen «vaselina» en lugar de «emboquillada«. Ahí.

Y Esteban Parada, obediente, fue arquero. Se formó en las inferiores de Platense, llegó al plantel profesional e incluso llegó a firmar planillas de partidos de Primera a mediados de los 90’s, como el día que estuvo sentado en el banco de los suplentes en la victoria del Calamar 3 a 1 sobre River, en el Monumental.

Estando detrás de Ragg seguramente se debe haber replanteado aquello de ser actor porno, pero agachó la cabeza y siguió con su carrera de futbolista. Dicen que pasó por San Miguel (1996/97), Defensores de Belgrano (1997/98), Comunicaciones (1998 a 2000) y Deportivo Armenio (2000/01). Ah, claro, no probó suerte en el fútbol español, por eso fracasó. Pero créanle. Es la primera vez que le pasa.

Ávalos Hugo

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Hugo Oscar Ávalos

A todos los pibes de las inferiores de Boca que llegaron a Primera desde el año 2000 para acá y amagaron con abrir la boca para quejarse de la realidad que les tocó vivir, habría que sentarlos, acomodarlos (?) un poco y mostrarles cómo eran las cosas un tiempo atrás. O cómo eran las cosas puntualmente en casos como el de Hugo Oscar Ávalos.

Marcador de punta derecho nacido en junio del 64 y que con 20 años fue sacado de apuro de La Candela y tirado a la hoguera que fue el Boca del 84. Huelga de profesionales de por medio, fue usado, entre otras cosas, para juntar once jugadores y poder salir a los campos de juego. Así fue como vio la luz de la fama en la segunda rueda del Metro pero, como no podía ser de otra manera, en forma accidentada.

Para arrancar hay que hablar de un debut trunco como el que fue en los 65 minutos jugados contra Chacarita en San Martín, partido que se suspendió por una batalla campal entre las hinchadas y terminaría días después sin que se abra el marcador. Tras el arranque fallido vendrían dos piñas en el mentón para jugadores, dirigentes, Marito Zanabria técnico interino e hinchas. Derrotas 1-4 con River en el Monumental y 1-5 con Argentinos haciendo de local en el Bosque platense.

Como si toda la malaria no fuera suficiente, es justo recordar que Ávalos ni siquiera pudo moverse en su puesto. Tuvo que jugar de primer marcador central. Lugar de la cancha donde se pagaban todos los platos rotos habidos y por haber.

Tras mucho freezer, desaparición y misterio absoluto, Ávalos reapareció un buen día allá por agosto de 1986, o sea casi dos años después, para jugar dos partidos más. No es que hubiera mucha manteca para tirar al techo pero es indudable que ya había condiciones mucho más favorables. Primero y principal, jugó esos dos partidos haciendo de local en la Bombonera. Y segundo, se movió en su puesto, o sea de cuatro.

Su vuelta a las canchas fue básicamente porque Boca se tiraba de lleno a la Libertadores 86 y Zanabria, técnico ya confirmado en el cargo para ese entonces, lo conocía bien. Así fue como formó mulettos que empataron 0-0 con el Pincha y le ganaron 1-0 a Deportivo Italiano por la primera rueda de la temporada 1986/87. Fueron actuaciones prometedoras y en las que ayudó a mantener el arco en cero pese a estar acompañado por Juan Amador Sánchez, Zacarías y el Oveja Bordet.

Pero así como volvió inesperadamente, desapareció de un día para el otro de la faz de la tierra dejando en las estadísticas 5 partidos oficiales. Y lo de desaparecer es literal. Nunca más jugó en Boca y nunca más se pudo rastrearlo en otro equipo.

(Publicado originalmente en Imborrable Boca)