Sciucatti Carlos

Carlos Raúl Sciucatti

Surgido de las divisiones inferiores de Independiente, Carlos Sciucatti tuvo que armarse de paciencia para tener una chance en la Primera del Rojo de Avellaneda. Recién a los 20 años, en la última fecha del Clausura 2006, ante Rosario Central, pudo sacarse las ganas de debutar entre los grandes, de la mano de Julio César Falcioni.

Delantero de profesión, poco le importó actuar como volante con tal de hacer su estreno en la máxima categoría. Ese día reemplazó al boliviano Lorgio Álvarez y jugó poco menos de media hora. No pudo hacer mucho para evitar la derrota de su equipo ante el Canalla, gracias a los goles de Marco Ruben.

Antes de fin de año, a modo de despedida, jugó su segundo y último partido. En la fecha 18 del Apertura, ante Quilmes, Jorge Luis Burruchaga lo mandó a la cancha a los 33 minutos del segundo tiempo en lugar de Hernán Fredes.

En 2007 fue a la pretemporada con los mayores, pero las ilusiones de consagrarse bajaron de un hondazo cuando a mitad de año quedó libre. Cual amante despechada, agarró sus cosas y se fue a Academia. ¿A Racing? No, a Academia, un modesto club del ascenso colombiano, donde alternó buenas y no tan buenas.

Después de varios meses en los que estuvo libre y otros de búsqueda frenética (?), lo encontramos en el poco convencional fútbol indonesio. Allí parece que no le va tan mal, ya que en los últimos tiempos defendió los colores del Persijap Jepara (2008), Persela Lamongan (2009) y Persidafon Dafonsoro (desde 2009).

Cardozo Gonzalo

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Gonzalo Cardozo Martínez (La Fiera)

Quizás la mentira más grande que haya llegado a estas tierras desde Paraguay. Todavía se duda de que haya jugado al fútbol oficialmente. Para muchos, es un tipo con buen manejo de internet y mucho tiempo libre para hacer jodas.

Su mayor embuste lo creó en agosto de 2008, cuando recaló en el Racing que, recién salvado del descenso y sin el Colorado Sava, buscaba un número 9 para encarar la temporada. «Yo soy centrodelantero«, le dijo al técnico Llop, que por esos días había rechazado a un jugador de fútbol playa y a un hincha que le había suplicado una oportunidad a través de una carta. «Y bue…dale que te pruebo«, le respondió el Chocho. «Es que no traje ropa deportiva, ¿Me pueden prestar?«, retrucó el guaraní en jeans.

Ya vestido con la indumentaria de La Academia (quizás sólo pretendía quedarse con esa pilcha Nike), lo miró al DT y le dijo: «estoy para jugar sólo unos 15 minutos porque no estoy al cien por ciento en la parte física. Pasa que estuve de vacaciones en mi país«. ¡Plop!

Con la paciencia que lo caracteriza, Llop lo probó durante un cuarto de hora y al darse cuenta de que no se trataba de un futbolista serio le bajó el pulgar. Cardozo, tal vez contento por haber entrenado un ratito en Avelleneda pero al mismo tiempo simulando estar ofendido, se fue tirando su currículum mientras devolvía la pechera: «Soy un nueve que hace goles y un amigo me dijo que viniera acá. También jugué en Estudiantes de Venezuela, eh«. Dicen, los que lo vieron, que prometió volver al día siguiente.

Su currículum por entonces decía (y sigue diciendo, porque no hizo más nada) que efectivamente había pasado por el fútbol venezolano y que además había hecho 1 gol en el fútbol húngaro, con la camiseta del Diósgyőri VTK. ¡Mamita!

Hoy debe estar de vacaciones, panza arriba y en su casa. Así que si lo quieren llamar para algún picado, tengan en cuenta que debe estar para 9 ó 10 minutos. No más.

Gómez Adrián

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Ángel Sebastián Adrián Gómez (Pupi)

Lateral izquierdo oriundo de Salta que conoció la fama en noviembre de 1998, cuando lo sancionaron con dos años a raíz de un control antidoping que dio positivo al detectarse rastros de cocaína. Amparándose en la costumbre regional, argumentó que sólo había mascado hojas de coca, pero a la AFA poco le importó su declaración.

Había debutado con la camiseta de Gimnasia y Tiro en 1996, de la mano del Pipa Higuaín. Un año más tarde, ya con el Albo en Primera A, tuvo su estreno a lo grande cuando Ricardo Rezza lo mandó a la cancha en reemplazo de Zanatta en un partido ante Newell’s.

En el Clausura ’98 fue titular en 3 encuentros (ante Lanús, Español y Platense) pero poco pudo hacer para evitar el descenso. Lo que menos se imaginaba, seguramente, es que a fines de ese año se toparía con la maldita suspensión. Luego de un partido ante San Martín de Tucumán, su nombre ingresó en la lista negra de los sancionados por dóping. Y borrar su nombre de allí, claro, se le haría imposible.

Declaró en los tribunales de la AFA, explicó que no se drogaba, que sólo coqueaba como cualquier salteño y hasta se ofreció a hacerse una rinoscopía. La ley, en ese caso, miró para otro lado, a pesar que un año antes le había creído a Claudio Arzeno aquello del «té de coca«.

El pobre de Gómez pasó luego las mil y una. Sin recibir el sueldo de su club, tuvo que salir a buscar laburo. «Antes iba a entrenar en auto en el que me compré cuando ascendimos, pero después empecé a viajar en colectivo y ahora no me queda otra que andar en bicicleta. Me cuesta mucho practicar sin cobrar, pero le sigo dando para adelante«, declaró en julio de 1999 a la revista Mística.

Recién supimos de él en la temporada 2001/02, cuando integró el plantel de Juventud Antoniana de Salta en la B Nacional. Después, en la misma categoría, actuó para Gimnasia y Esgrima de Jujuy (2002 a 2005). Su trayectoria, bien alejada de los grandes acontecimientos deportivos, continuó en el under con Atlético Ledesma, Huracán de Comodoro Rivadavia (2006), Juventud Unida Universitario de San Luis (2006) y Talleres de Perico (2007). Desconocemos a qué se dedica en la actualidad.

Maggia Diego

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Diego Norberto Maggia

Volante ofensivo nacido en diciembre de 1970 en San Justo (Provincia de Buenos Aires), arribó a La Candela porque era hincha de Boca o porque La Candela quedaba muy cerca de su casa. O tal vez por las dos cosas. Lo importante es que arribó a La Candela y transitó el camino de las inferiores en la complicada década del ’80. Así que tuvo, como mínimo, un escenario difícil.

Sin embargo todas sus ilusiones y sueños deben haber tocado techo el 16 de julio de 1989, en ocasión de un partido amistoso contra un Combinado de General Sarmiento. Esa fría jornada, en la cancha de Juventud Unida y bajo el arbitraje de Carozo Mastrángelo, el Cai Aimar puso en la cancha a Merlo; Ivar Stafuzza, Juan Simón y Erbín; Berti, Fabián Carrizo, dos que todavía eran amigos como Marangoni y Villarreal; Latorre, Graciani y Walter Pico. Pero en el segundo tiempo entraron una banda de pibes formada, entre otros, por nuestro homenajeado, Giraldi, el Nachi «seis dedos» Medina y Tilger, a los que se sumó el plus (?) de dos relegados como el Coya Gutiérrez y la Porota Barberón. La cosa es que en el medio de tanto cambio hecho por el técnico, Maggia se dio el gusto y pisó por primera y última vez un campo de juego con la camiseta de Boca puesta. Y hasta tuvo el honor de retirarse victorioso si tenemos en cuenta que el partido terminó con un triunfo 2 a 0.

No habría nunca más una mísera oportunidad para que saque conejos de la galera. No volvió a tener chance alguna de frotar la varita y hacer el gol que tanto habrá soñado. Un rato en un amistoso y desaparición absoluta. Pero ojo. Según cuentan algunos entendidos en el tema, pudo vérselo años más tarde defendiendo la camiseta de San Telmo.

(Publicado casi (?) en simultáneo con Imborrable Boca)

Simone Fabricio

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Fabricio Antonio Simone

Delantero flaco, alto, errático, frío, sin carisma y con mala suerte para las lesiones. ¿Algo más? Sí, insinuó en Primera División, robó en el exterior y terminó tempranamente en el ascenso. Una delicia de baldosero.

Debutó con la camiseta de Estudiantes de La Plata en el Apertura ’98. Y no en cualquier partido: empate 2 a 2 en el clásico ante Gimnasia. Casi siempre alternativa para el segundo tiempo, recién empezó a ser titular en algunos encuentros del Clausura ’99. Y casualmente en ese torneo vivió su primer momento de gloria, cuando le convirtió 2 goles a Unión de Santa Fe.

Su explosión, sin embargo, nunca llegaría. Se quedó en el Pincha hasta fines de 2001 y pese a que tuvo oportunidades con Patricio Hernández, Eduardo Solari y Néstor Craviotto, no pudo hacer más que 3 tantos en 37 encuentros.

Su carrera quiso tomar vuelo internacional cuando pasó a Universitario de Perú (2001). Es más, muchos pensaron que en La Plata habían dejado escapar a un crack cuando se marchó a Europa y firmó con el Ciudad de Murcia (2001). Pero la aventura española junto Rodrigo Bilbao, Rodrigo Stalteri, Martín Bernachia y Roly Zárate, sólo le duró 3 meses. Resulta que la gente le bajó el pulgar rápidamente, pese a sus 3 goles en 8 encuentros, y entonces el empresario que financiaba al club le ofreció amablemente (?) bajarle el contrato al mínimo legal para un jugador de Segunda B. Simone, en todo su derecho, se negó y regresó a la ciudad de las diagonales.

Entrenó con el plantel de Estudiantes a fines de 2001 y mientras escuchaba el ruido a cacerolas planeó volver a Perú. Allí se puso la camiseta de Universitario (2002) otra vez pero no hizo gran cosa. Entonces pegó la vuelta al país y bajó al Nacional B para actuar en Instituto de Córdoba (2002/03), con el que llegó a hacer 3 goles en una goleada 6 a 0 ante Juventud Antoniana. Ojo, también mojaron Boyero, Barreto y Trullet. Debía ser el día del baldosero o algo por el estilo.

Tras una nueva experiencia en el exterior con el Ionikos de Grecia (2003/04), retornó al ascenso argento con Nueva Chicago (2004/05) y le fue medianamente bien, logrando 10 goles con aquel equipo que tenía a Islas, Nico Sánchez, Leone, Ortigoza, Benito, Pogonza, Cavallo, Carranza y Guevara, entre otros.

Envalentonado, pasó a Aldosivi de Mar del Plata (2005/06) para buscar el ansiado ascenso. Pero las cosas le irían mal. Convertido en el hombre de punta que arruinaba una y otra vez las jugadas colectivas del Tiburón, se fue ganando el odio de la hinchada y apenas pudo arrancarle algun que otro «Simooooo Simoooone» a la tribuna en el verano de 2006, cuando los resultados eran favorables. Después, siguió recolectando insultos.

Sin confianza, en la 2006/07 pasó a préstamo a Ferro Carril Oeste con el objetivo de encontrar mejor suerte. Pero le ocurriría todo lo contrario. A las pocas semanas de haber llegado a Caballito se rompió los ligamentos de la rodilla izquierda. El comienzo del fin.

Luego de 9 meses de recuperación, volvió a las canchas y en su primer partido como titular para el team dirigido por el Tata Brown, le hizo dos goles a Almagro, quebrando una racha de 817 minutos sin convertir que tenía el Verdolaga. Eso provocó que se ganara una fugaz idolatría y que los dirigentes pidieran una extensión del préstamo para que pudiera disputar la Promoción ante Estudiantes de Buenos Aires. Finalmente la jugó y Ferro se quedó en el Nacional B.

De nuevo en Aldosivi (2007/08), volvió a lesionarse en una de las primeras prácticas. «Era un fútbol reducido, nada exigente. Me lesioné solito. La pierna me hizo como patito (sic) y sentí dos ruidos. Pensé que eran las adherencias que suelen quedarte de las operaciones. Pero en los movimientos siguientes, la pierna se me iba para cualquier lado. Lamentablemente, me rompí los meniscos y casi seguro que los cruzados de nuevo. Estoy destrozado«, dijo al Diario Olé. Garrón.

Obstinado, inició una nueva recuperación y después de largos meses, cuando ya se había reintegrado a los entrenamientos, en junio de 2008 se rompió otra vez los ligamentos cruzados y decidió retirarse con apenas 30 años. A comienzos de 2010, en su rol de intermediario, acercó al volante Darío Stefanatto a Estudiantes de La Plata.

Lozano Carlos

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Carlos Luis Lozano

Cuando vemos casos como el del homenajeado de turno es difícil no pensar que hay tipos que están predestinados a algo en esta vida. Para bien o para mal. Pero ya que hablamos del tema, ¿qué es exactamente el destino?

Para Wikipedia es el poder sobrenatural que, según se cree, guía las vidas de cualquier ser de forma necesaria y a menudo es inevitable o ineludible. En la cultura occidental la mayoría de las religiones han creído en formas de destino, especialmente relacionada con la predestinación.

También podríamos agregar que el Destino es una pizzería de puta madre que está a metros del monumento al Cid Campeador en Buenos Aires. Pero ese es otro tema. Acá la cosa pasa por ver cómo el destino fue arriando a Carlos Luis Lozano hasta meterse de lleno en su vida. Y ya veremos por qué.

Delantero que debutó en el fútbol grande con la nueve de Racing y ya con 25 años en el DNI. Concretamente su estreno fue el 3 de abril de 1983 por el campeonato Nacional y con derrota 1-0 ante Huracán en Parque Patricios. Pero tras el partido no llamó tanto la atención sus andanzas de cuarto volante como sí lo fue su avanzada edad, cosa que provocó unas cuantas preguntas. Ante la insistencia sobre el tema, en los mismísimos vestuarios del Tomás Ducó tuvo que pelar la verdad y no sólo hablar de su edad sino de cómo hizo para aterrizar en Racing sin pisar las divisiones inferiores: “…es verdad, jamás jugué profesionalmente al fútbol. Estaba interviniendo en los campeonatos internos de GEBA, me vieron y me llevaron para que me probase Rogelio Domínguez. Le gusté y me hicieron el primer contrato. Antes trabajaba en una compañía financiera, ganaba más o menos lo mismo que ahora en Racing, pero el fútbol tira. Lo único que me falta es ponerme a punto físicamente, después todo es lo mismo, el juego no cambia…”.

Durante ese fatídico año para La Academia, formó parte de distintas formaciones que lucharon pero no pudieron torcerle el brazo a ese mismo destino que lo catapultó a la fama. Y el cierre, cruel e innecesario, fue a todo trapo. Descenso consumado, derrota 2-0 en la Doble Visera y vuelta olímpica de Independiente. Motivos de sobra para desaparecer de la faz de la tierra luego de una trayectoria de 8 partidos oficiales y mucho vestuario con gente como Campos Aquino, Matuszyck, Sarulyte y Urán.

En resumen, parece muy jodido escaparle al destino. Pero no por eso es cuestión de pedirle milagros o usarlo de excusa descaradamente o incluso andar escuchando a cualquiera sobre el tema.

Loeschbor Emanuel

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Emanuel Sebastián Loeschbor

Hay casos y casos. Algunos ganan la baldoseridad con el correr de los años, surcando terrenos áridos, gastando tapones, intentando sin poder, prometiendo sin concretar; y también están aquellos que son baldoseros desde que empiezan y, hagan lo que hagan, jamás podrán modificar su destino.

En este último grupo se encuentra la historia de Emanuel, un pibe que en lugar de dedicarse a otra actividad con menor exposición, tuvo la caradurez de asomar la cabeza en el mundo del fútbol siendo hermano de ¡Loeschbor! Huevos, hay que reconocer, tiene.

Todavía era un adolescente cuando vio a Gabriel haciendo el gol que consagró campeón a Racing en 2001. Y entonces se dijo «¡eso es lo que quiero!». Lo más parecido que encontró fue Racing de Córdoba (2003 a 2006) y ahí estuvo esperando varios años a que llegaran Chatruc, el Chanchi Estévez y Milito. Pero nada.

En 2006, alguien le dijo que para estar en la verdadera Academia tenía que irse a Avellaneda, entonces agarró el bolso y rumbeó para Buenos Aires, aunque antes de divisar el Cilindro cayó en la cancha de Quilmes. Y se quedó.

Marcador central aunque también lateral, estuvo jugando en Reserva durante la temporada 2006/07 y, con el equipo mayor ya descendido, tuvo la oportunidad de estrenarse en Primera División. Su debut y despedida se produjo en la decimoctava fecha del Clausura 2007, con derrota 4 a 1 ante Independiente.

Ese día, el Cervecero formó con Palos; Musto, Bordón, Manzanares y Álvaro Pereira; Kalinski, Jorge Medina, Esteban García y Pablo Batalla; Diego Torres y Carlos Luna. Nuestro homenajeado, ingresó a los 37 minutos del primer tiempo por Kalinski y al toque tuvo que ver como hacía un gol, de penal, ¡Oscar Ustari! Ahí nomás se dio cuenta de que no tendría la suerte de su hermano.

Siguió con Quilmes en el Nacional B pero en 2008 se marchó a Sol de América de Formosa para participar del Argentino B. De ahí, no sabemos cómo, pegó el salto al fútbol europeo…aunque de menor orden.

Arregló y hasta se sacó foto con la camiseta del Gavà, del under español. Pero antes de lo previsto abandonó el club para probarse al Lorca Deportiva FC, donde finalmente quedó y terminó jugando en el primer equipo y alternando con la filial que al poco tiempo desapareció.

¿Qué pasó con el Loeschbor trucho? Volvió a la Argentina y se sumó a Juventud Antoniana de Salta, donde vio despedirse del fútbol al gran José Luis Campi.

Cortina Durá Vicente

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Vicente José Cortina Durá

Dicen los libros de historia futbolera que a fines de la década del ’20 y a comienzos de la década del ’30, un hombre fue sinónimo de invulnerabilidad. Su nombre era Juan Botasso y su apodo «Cortina metálica». El mote se lo había ganado en un partido en el que brilló con su Argentino de Quilmes ante Racing Club de Avellaneda. Y a partir de ahí, obtuvo el prestigio que lo llevó a ocupar el arco de seleccionado argentino en el Mundial de 1930. No sólo eso, también le dedicaron un tango:

Cortina Metálica. Tango. H. Zamora y M. Padula

¡Arquero lindo!… ni el viento pasa;
Toda la hinchada tiene en su puño;
Vengan “balazos” que es de buen cuño,
Sólo los brujos lo vencerán;

Ferreyra estrila; Del Prete sueña…
Para él no hat “tigres” ni “torpederos”
Muchacho criollo, molde de arquero…
Con la cortina… “hum”, le harían gol.

La tribuna entera te saluda…
“Botasito”,
Porque sos el mago de la “hinchada”
Los Domingos sos cortina de negocio
Que al balazo desafió
Y tenés el alma dura
Frente al ojo del cañón.

Como bolita salta en la cancha
La “gata negra” de doce gajos,
Y están las fieras que dan trabajo…
Los dos arqueros mirando están.
Botasso ríe, de goal no hay miedo;
No hay Masantonio ni Petronilo…
Naón y Ortega muerden su estrilo
Pues la cortina bajada está.

La tribuna entera, etc, etc…

 

Más acá en el tiempo, un delantero nos trajo el recuerdo de aquel arquero, aunque sólo por el apellido, porque no fue un jugador de Selección. Apareció en el despertar de los 80’s con Los Andes en la B y tuvo su oportunidad en Primera División con Vélez, para el que sólo disputó 5 encuentros y anotó 1 gol en 1985. Empecinado, siguió probando en la máxima categoría con Racing de Córdoba (1986) pero se frustró al no poder convertir en 8 presentaciones.

Volvió a Los Andes para la temporada 1986/87 y completó, entre los dos cliclos, 55 partidos con 13 goles. Con esos números se las arregló para volver a España (ya había estado en la 1982/83 con el Castilla) y actuó un año para el Castellón (1987/88).

De ahí, lo previsible: una vuelta al sur…aunque con otra camiseta. Temperley le dio trabajo entre 1988 y 1990, pero no le fue bien y terminó en Arsenal, transitando las canchas del ascenso hasta 1992. ¿Y también le dedicaron un tango? No, ni a palos. No le alcanzó ni para un reggaetón.