Novarini Javier

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Javier Alejandro Novarini

Marcador de punta que hizo una carrera estilo Football Manager o directamente poco relacionada con lo que puede ser el camino de un futbolista común y corriente. Nacido en La Plata, transitó las inferiores de Gimnasia pero no llegó a debutar en la máxima categoría.

Lo raro es que siendo muy pibe, y en el más absoluto silencio, pasó al Espanyol de Barcelona (1983/84), cumpliendo el sueño de muchos, jugar en el fútbol español (también anduvo en el Levante). De regreso en Argentina, apenas pudo disputar un partido en la A con Belgrano de Córdoba (1985) y agregó 4 con la camiseta de Platense en la temporada 1986/87.

Con un poco más de rodaje (sólo un poco), volvió a Europa para actuar en Francia, donde defendió los intereses de Frejus (1987 a 1990) y Endoume-Catalans (1991). De nuevo por estos pagos, les hizo comer el amago a todos cuando, en lugar de firmar por un equipo del Nacional B, bajó hasta la liga venadense, donde permaneció algunos años.

¿Retirarse a esa altura? Ni a palos. Estados Unidos le abrió las puertas y él se sientió en su casa. Se sentó en el sillón, destapó una birra, agarró el mapa y marcó una cruz en la sede del Jacksonville Cyclones (1998/99), un equipo del estado de Florida. ¡Pero no fue su última peripecia! En la 2004/05 lo vieron por Puerto Rico, donde jugó algunos partidos para el Islanders.

Y después, claro, lo que era inevitable (?): la convocatoria a la Selección Argentina…en el World Master Cup, un Mundial de veteranos y desahuciados como Felipe Bellini, Hermes Desio, Yagui Fernández, Hernán Manrique y Nelson Agoglia.

Tanto rodó en el fútbol que al final tuvo su merecido reconocimiento. En el 2006 viajó a Alemania para ver a la Selección de verdad, y los medios extranjeros enseguida lo abordaron…¡por su parecido con Francesco Totti!

Campos Aquino Jesús

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Jesús Roberto Campos Aquino

Tanto civilizaciones antiguas como modernas creen firmemente en la existencia de poltergeists. Según Wikipedia, estos poltergeists son fenómenos parapsicológicos atribuidos a espíritus u otras causas no científicas. Básicamente son sombras, sonidos, latidos, pasos y hasta sacudidas de cama, sin un punto discernible de origen y que se manifiestan entre los seres vivos. Muchas historias detallan objetos que son lanzados sobre los cuartos, muebles que son movidos, y hasta levitación de personas. Incluso se comenta sobre algunos poltergeists que hablan. La mayoría de las historias clásicas del poltergeist se originaron en Inglaterra, aunque la palabra en sí misma es alemana.

A todo esto que detalla Wikipedia le falta sin dudas un poquito de actualización. Porque estos fenómenos fantasmales tuvieron su cuarto de hora en la primera mitad de la década del ochenta asolando a los clubes de fútbol más grandes de la Argentina a excepción de Independiente. Al Diablo Rojo se le animarían recién varios años después.

Uno de los casos más espeluznantes es el que se conoció bajo el nombre de Campos Aquino. ¿Qué sabemos concretamente? Muy poco. Y tal vez mejor que así sea. Con estas cosas no se jode.

Defensor bautizado con el nombre del hijo de Dios y nacido en las entrañas de La Academia, que emergió al fútbol de élite en circunstancias bastante traumáticas. Su primera y única aparición fue a tres días de la Navidad de 1983 cuando un Racing ya descendido fue a la Doble Visera a poner la cabeza en la guillotina y ver en vivo una vuelta olímpica de Independiente. El tema es que esa jornada, más allá de hacer de las suyas junto a seres vivos (?) como la Pantera Rodríguez, Solari, Castello, Veloso, Caldeiro, Urán, el Gaby De Andrade, Matuszyckz, Lozano y Larrachado, nuestro homenajeado fue expulsado a los once del segundo tiempo a manos del árbitro Espósito. El estadio a esa altura era un verdadero infierno y hay quienes aseguran que desapareció camino al túnel visitante susurrando que iba a ser necesario mucho más que una tarjeta roja para ser echado definitivamente.

Hasta donde sabemos, esos 56 minutos fueron toda su trayectoria vinculada al fútbol. Para confirmar si llegó a manifestarse con alguna otra camiseta, habría que ver si el adsense permite gastarse unos mangos en tratar de contactarlo personalmente.

Colombano Eloy

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Emmanuel Eloy Colombano (el Rayo)

El Caniggia de Pehuajó. Delantero nacido en la ciudad de la tortuga Manuelita que, contrariamente a lo que determinaría la característica autóctona (?), se destacó por su rapidez. Quizás haya tenido que ver el pronto exilio, ya que vivió mayormente en General Villegas y desde allí se tomó un micro hasta La Plata para jugar en Estudiantes.

Después de un par de años en las inferiores del Pincha, donde lo pasaron de enganche a puntero, brilló en esa posición y fue convocado a una preselección Sub 20. Como si fuera poco, logró el ansiado debut en Primera en la séptima fecha del Apertura 2001, cuando ingresó por el Luchuga Maggiolo para colaborar con la victoria 1 a 0 ante Rosario Central. En ese mismo torneo tuvo otras 4 presentaciones en las que el equipo generalmente se fue victorioso (sólo empató una vez). Colombano ya era más que una promesa. También era un amuleto.

Como en casi toda historia que desfila por este sitio, un hecho cambió su buena fortuna. Y él mismo lo contó: «Cuando en junio de 2002 retorné del Mundial de Corea-Japón (Bielsa lo llevó como sparring), Oscar Craviotto que en ese momento era el director técnico de Estudiantes, me aconsejó que pare una semana para recuperarme de la parte física, ya que venía de un mes y medio ininterrumpido trabajando con la Selección. Yo hice oídos sordos y por querer seguir al ritmo de mis compañeros, que ya estaban en plena pretemporada, a mediados de septiembre el cuerpo me dijo basta. Desde ahí comencé a decaer en forma marcada. Ese fue mi gran error y por querer demostrar que podía seguir dando cada vez más, llegó un momento que no podía ni con mi alma.«.

Ya con Cacho Malbernat en el banco, lo bajaron a las inferiores para que la remara de nuevo. Incluso le ofrecieron ir a Defensa y Justicia a cambio de Pablo Lugüercio, pero se negó. Esa decisión le costó un tiempo de inactividad bastante importante y cuando muchos imaginaban que no volvería a vestir la camiseta albirroja, en abril de 2004 reapareció nada más y nada menos que en un clásico ante Gimnasia que terminó 2 a 2 (ingresó por Maceratesi).

Sin embargo, Colombano ya no era el mismo. Y no hablamos de su velocidad ni de su destreza. Había perdido ese plus de talismán que lo había hecho un jugador clave. En su regreso al primer equipo, disputó 6 encuentros y no ganó ni uno. Se le dio vuelta la tortilla.

Sin lugar y luego de masticar bronca (llegó a decir que se iba de Estudiantes porque peleaban siempre el descenso y a los pibes no le daban cabida), pasó finalmente a Defensa y Justicia (2006/07) y de allí saltó al Kansas City Wizards (2007/2008) de los Estados Unidos, donde le costó tener continuidad. «El país es hermoso para vivir, muy lindo, pero no era rentable. Se ganaba poco dinero y es muy caro para vivir. De un contrato de 70 mil dólares anuales te quedan 45 mil, porque te sacan mucho por los impuestos. Después yo tenía que alquilarme la casa y el auto, que me lo dejaban a un precio accesible por un arreglo del club con una marca. Encima después llegó el Piojo López y las posibilidades de jugar ya no fueron tantas«. Y hablando de rivales, agregó: «a Beckham lo enfrenté y lo bajé en una jugada, de atrás. No arrugué por el nombre que tiene; típico argentino, no me achiqué«. Magia.

En la temporada 2008/09 le tocó el turno de vestir la camiseta de Atlanta en la Primera B. «Me llamó Rubén Agüero, que me conoce de Estudiantes. Un lindo club, grande, pero con los problemas económicos que tienen todos los clubes de Capital Federal«. Cansado quizás de tantas promesas de instituciones con cartel pero sin dinero, bajó hasta el Argentino B para actuar en Ferrocarril Sud de Olavarría (2009) y tirarle centros a Claudio Biaggio. Pero a comienzos del torneo el Pampa se lesionó y ahora el bueno de Eloy tendría que combinar los desbordes con su cuota goleadora. Va a estar difícil la cosa, en 8 años de carrera apenas le contamos 2 tantos. Un capo.

Taracido Carlos

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Carlos Hugo Taracido

Hay apellidos que desprenden un intenso olor a revista Sólo Fútbol. Taracido es uno de ellos. Huele a jugador que alguna vez prometió, a formación ochentosa, a papel áspero, a resultado moral.

Antes de convertirse en un apellido impregnado por el aroma de esa publicación, coqueteó con el tufo de otra: El Gráfico. En las coloridas y más pomposas páginas de la revista que salía todos los martes, dicen que alguna vez se emparentó a Taracido con la frase «pichón de Maradona». Aunque semejante comparación hacía referencia a Gustavo, el otro Taracido que brilló con Argentinos Juniors en el Torneo Proyección ’86.

Carlos también surgió como volante en el Bicho pero su debut en la máxima categoría se produjo con la camiseta de Huracán, con la que disputó 2 encuentros entre 1985 y 1986. Después, siguió en en el club de Parque Patricios pero en el Nacional B, sumando 59 partidos hasta 1990.

El último dato certero dice que vistió la camiseta de Defensa y Justicia en la temporada 1990/91. También se comenta que regaló sus últimos años de carrera a ligas fantasmas, casi clandestinas, sin prestigio e incluso fuera del área de cobertura de los cronistas de la vieja y querida Sólo Fútbol. ¿Será cierto?

Cabrera Sergio

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Sergio Javier Cabrera

Recordar jugadores que hayan tenido debut y despedida es una situación quizás bastante común. Si tenemos en cuenta que, al menos en Argentinos Juniors, uno de cada diez jugadores que debutan en Primera juega solamente un partido, el asunto toma mayor relevancia.

El hombre en cuestión seguramente será poco recordado por el común de la gente. Sergio Javier Cabrera, volante central de la categoría 1977, tuvo una única aparición en Primera, bajo un contexto particular. El Bicho había retornado recientemente a la máxima categoría tras un año en el Nacional B, y tan sólo cinco días antes del debut de Cabrera había quedado provisoriamente por unas horas como único puntero del Apertura ’97, al vencer a Vélez en el José Amalfitani con un gol de Héctor González, con colaboración de Chilavert y Federico Domínguez. Luego River le ganó a Racing y la punta fue del Millonario, finalmente el campeón del torneo.

Raro fue ver, aquel lunes 6 de octubre por la noche en la cancha de Ferro y cerrando la 8ª fecha en el recordado «Partido Final«, a un Deportivo Español con Sandro Guzmán con la 10 en la espalda y Silvio Carrario con la 1, entre otras particularidades.

Contra Vélez había debutado Cristian Ledesma, que había sido expulsado por Javier Castrilli, por lo que Chiche Sosa confió en Sergio Cabrera para suplirlo y acompañar a Líber Vespa en la mitad de la cancha. Argentinos, ante los Gallegos, alineó a Marcelo Pontiroli; Darío Marra, Rolando Schiavi, Diego Cocca y Fabián Garfagnoli; Héctor González (promediando el complemento ingresó Pablo Rodríguez), Sergio Cabrera (en el entretiempo entró Federico Arcamone), Líber Vespa y Sergio Bustos; Roberto Saavedra (en el segundo tiempo, Martín Tradito) y Eduardo Bennett. Cabrera tenía la camiseta Nº 29 y fue reemplazado en el descanso.

No fue feliz la estadía de nuestro homenajeado en el campo de juego. Argentinos, que venía dulce por varias victorias en línea, recibió tres goles en algo más de media hora de juego. Después, Español manejó el partido a su antojo y no se modificó el resultado. Para Cabrera fue debut y despedida, ya que no volvió ni siquiera a integrar el banco de los suplentes.

A mediados de 1998 bajó una divisional y fichó para Defensa y Justicia. Un año más tarde siguió en el ascenso, esta vez jugando para Ituzaingó. En el año 2000 fichó para Justo José de Urquiza, donde participó del equipo en dos temporadas. En todos los equipos del ascenso tuvo cierta regularidad, con un promedio aproximado de 18 partidos por año. En 2002 se pierde toda referencia futbolística en lo que a torneos de AFA se refiere.

A veces parece increíble que el desarrollo de un solo encuentro de fútbol condicione la vida deportiva de un jugador. Sin embargo, ese 0-3 lapidario del primer tiempo de Argentinos y Deportivo Español pareció signar claramente la carrera de Sergio Cabrera, al menos en el club que lo vio nacer.

(Publicado en simultáneo con «¿Te Acordás Bicho?«)

Nahra Daniel

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Daniel Omar Nahra

Rudo y temperamental zaguero central que tuvo la suerte de hacer su carrera durante los ochenta y noventa. ¿Por qué decimos que tuvo esa suerte? De haber salido a las canchas en esta época, es muy probable que los delanteros e hinchadas rivales hubieran manoseado de lo lindo su apellido. Y eso hubiera sido lapidario para un defensor que sí o sí tenía que, por lo menos, imponer imagen.

Formó parte del plantel de Nueva Chicago (1982/83) que hizo las primeras armas de los de Mataderos en la A. Allí, sin escalas, fue parte del equipo sensación del Nacional ’82, del equipo que zafó con lo justo en el Metro ’82 y del equipo que empujado por el promedio rodó escaleras abajo hacia la B en 1983.

Pese al triste final, la película de nuestro homenajeado en la máxima categoría tiene una noche de gloria. Porque el 1 de noviembre de 1983 junto con Jorge Traverso, Lucca, Claudio Larramendi, Roberto Pereyra, Pedro Hermosilla Flores, Callipo, Roberto Vega, Luis Armani, Otermín y Acuña fue uno de los protagonistas de la paliza histórica 5-0 a Boca en Liniers. Partido con el que seguramente podrá chapear mucho más que con los otros 21 que jugó para el Torito.

Con sus quince minutos de fama ya casi consumidos, recorrió el ascenso con la camiseta de Almirante Brown (1985) para dejar la estadística de 36 partidos jugados, 2 goles convertidos y mucha charla de vestuario con íconos como Reggiardo, Rufini, Johansen y Giantomassi.

En 1987 aportó presencia, hacha y tiza en la zaga de Argentino Oeste. Allí se reencontró con Ricardo Bina, un viejo conocido de sus épocas en Chicago y formó parte del equipo que causó furor en el Torneo del Interior. Furor que se cortó de cuajo (?) tras la derrota por penales en las semifinales contra  Villa Dálmine. Por lo menos nadie le puede negar haber dejado una imagen aceptable y de paso haber hecho escuela en el arte de raspar piernas rivales para que la joven promesa recién surgida, un tal Nelson David Vivas, siga su ejemplo.

Tras la experiencia enriquecedora, volvió a su mundo y siguió desfilando por el ascenso. Vistió la camiseta de Temperley (1987/88) y pudimos descubrirlo años más tarde descendiendo nuevamente con los colores verdinegros. Aunque esta vez la víctima fue San Martín de San Juan (1991/92).

Repasando: apenas una veintena de partidos en la A, un par de descensos sobre el lomo, rodaje en la B, presencia en ligas del interior, pocos flashes en general, una noche histórica y, para qué negarlo, un apellido que es pura fantasía. ¿Le faltó un tour por el exterior? Hasta donde sabemos sí, pero ciertos baches en su trayectoria nos mantienen viva la esperanza de que alguien diga lo contrario.

Para el final se impone una pregunta que tranquilamente podría ser duda existencial. ¿Tiene algo que ver con Wanda? Nahra que ver.

Valente Saverio

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Saverio Valente

Otro espécimen de esa inagotable fuente de baldoseridad que fue Boca Juniors en la primera mitad de los 80’s. Los que nutren la memoria con recuerdos innecesarios dicen que Valente fue un mediocampista que vistió de mala manera la camiseta azul y oro entre 1983 y 1984. Las estadísticas afirman que sólo disputó 6 encuentros. Y el sentido común aclara que, en esa época, cualquiera hacía sapo en el Xeneize.

Arribó luego a Temperley, con el que obtuvo más rodaje y llegó a jugar 31 partidos entre 1985 y 1987. Ah, en el Gasolero, marcó el único tanto en la máxima categoría. Después hizo algunos más con el club sureño en el ascenso.

También jugó el Torneo Regional 1987/88 para Ferrocarril Sud de Tandil y hasta tuvo tiempo para actuar en el fútbol canadiense, donde comprobó que el chivito es un invento uruguayo.

Y está clarísimo que nunca llegó a indentificarse con Boca. De hecho trabaja desde hace algunos años como entrenador de las inferiores de River.

Pereyra Cristian

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Cristian Alberto Pereyra

El Beckham marplatense. Un delantero con aceptable paso por el fútbol del interior que intentó, sin suerte, afianzarse en equipos de Primera División, donde sólo cosechó los segundos de fama necesarios para ser baldosero. Y después, como si fuera poco, añadió una veta modelística (?) para escribir su nombre en este sitio con tinta indeleble.

Integraba las inferiores de Gimnasia y Esgrima La Plata cuando el gran Timoteo Griguol lo subió al plantel superior y lo llevó por primera vez al banco de suplentes en un partido ante Lanús, en abril de 2001. Hacerse un lugar, por supuesto, no era nada sencillo. En aquel torneo Clausura, la dupla Enría-Sava había arrancado como fija en la ofensiva, pero luego fueron apareciendo otros delanteros como Hernán «Micosis» Ocampos, Fernando Gatti, Sebastián Ferrero y Gonzalo Choy González.

Pereyra no pudo hacer su estreno en esa temporada y tampoco en las dos siguientes. A mediados de 2003 pasó a reforzar las filas de Racing y se convirtió en habitué de la Reserva. Tenía 21 años cuando el Pato Fillol lo hizo debutar en la máxima categoría, haciéndolo ingresar por el Negro Ramos en la derrota 1 a 0 de La Academia ante Arsenal de Sarandí.

Fueron un poco más de 7 minutos los que estuvo en la cancha y, obviamente, no pudo hacer mucho. Pero unas semanas antes había debutado otro pibe, Luis Benítez, que en casi la misma cantidad de tiempo le había dado a Racing una victoria agónica ante Chacarita. La cruel comparación, entonces, terminó de matar a nuestro homenajeado.

Eligió volver a su ciudad y se convirtió en un jugador importante para Alvarado (2004 a 2006) en el Torneo Argentino B. Una categoría más arriba, vistió las camisetas de Deportivo Santamarina de Tandil (2007) y Rivadavia de Lincoln (2007). Y volvió a tener una chance en el fútbol de AFA cuando Nueva Chicago (2008/09) lo convocó para formar parte de su staff (?) en la Primera B.

La onda era ascender y todo eso (?) que buscan los jugadores del under metropolitano, pero tampoco hay que ser tan cerrado (?), por eso Cristian, fuera de los partidos y los entrenamientos, le dio bola a una amiga que le veía pasta de modelo y decidió hacer unas fotos profesionales para enviar a distintas agencias.

Y aunque parezca mentira, al toque lo contactaron y empezó a hacer campañas para Brasil y México. ¿El fútbol? Bien, gracias. A esa altura casi no jugaba en el Torito y laburar posando para un fotógrafo no estaba nada mal: «al comienzo es jodido, porque en un casting se presentan actores. Y me costó porque no tenía ni idea. Era todo raro. Había paredes blancas y me tenía que parar ahí como un gil delante de las cámaras. Te tenés que presentar, decir tu nombre, la edad, más que nada para ver cómo te desenvolvés. Yo veía otros que decían que eran actores y hacían caras, chistes. Después de presentarte, tenés que hacer como un acting. Ellos te dan consignas y vos tenés que representarlas. Lo más gracioso es que te decían que por ejemplo hicieras que estas con un grupo de amigos (que no había), observar que tu vaso (que no tenías) se había acabado, ir a la barra (que tampoco estaba) apoyarte y mirar hacia una cruz (que supuestamente era una chica) y pedir dos tragos para invitar a la supuesta mujer. Me daba mucha vergüenza, pero igual yo me presentaba como actor para no ser menos que el resto«, declaró al diario El Atlántico.

A mediados de este año retornó a Alvarado de Mar del Plata, donde planea seguir haciendo goles para mantener vivo al futbolista, aunque hacer un book sea una tentación: «vas, te maquillan, te sacan fotos, estas un par de horas, te vas y listo. Por ir un día, me pagan lo que gano en un mes jugando al fútbol. Con uno o dos trabajos por mes, vivís bien«. Para pensar.