René Rafael Bravo
Hay jugadores que se olvidan rápidamente, ya sea por su paso sin pena ni gloria por un club o porque han jugado poco y nada. Pero hay otros a los que la tragedia se los llevó sin que pudieran al menos demostrar sus cualidades futbolísticas.
Es el caso de René Bravo, un joven volante ofensivo que llegó a Argentinos Juniors a mediados de 1990 como una apuesta futbolística a futuro. Provenía de la provincia de Santiago del Estero, donde jugaba en el Club Atlético Mitre. Todo le pasó de repente. Con tan sólo 20 años, de jugar en una liga regional, a la Primera División y encima, debutar en la cancha de Boca Juniors y como titular. Fue reemplazado a 15 minutos del final por Carlos Netto en la derrota 3-2 ante los dueños de casa, en la fecha inicial del Apertura ’90. Fue muy tenido en cuenta durante la primera mitad de ese torneo -jugó en siete de nueve encuentros-, donde aceptables desempeños le dieron la titularidad en varios partidos, pero una lesión sufrida ante Chaco For Ever lo dejó afuera por el resto del año.
En 1991 lo que podría haber sido una revancha futbolística, se transmormó en tragedia. El inicio del Clausura no empezó de la mejor manera para el Bicho -tres derrotas en tres presentaciones-. René Bravo no fue convocado ante Boca, ingresó en el complemento contra Newell’s, cambiándole la cara al equipo y convenciendo al DT Fernando Areán para ser titular en la jornada siguiente frente a San Lorenzo. Pero Bravo fue reemplazado en esa nueva caída del equipo y días más tarde, al estar lesionado -se había desgarrado- pidió permiso al cuerpo técnico para visitar a su familia en Añatuya, Santiago del Estero. El pedido fue concedido, pero lamentablemente su vida se apagó tras un accidente automovilístico camino a su provincia.
La noticia caló hondo en el plantel y cuerpo técnico. Fernando Areán le comunicó lo ocurrido al plantel en la charla previa al encuentro que en Vicente López Argentinos igualó 1 a 1 con Platense. Al borde del llanto, el DT dejó en claro además que abandonaría su puesto al finalizar el partido, sin importar el resultado.
Al equipo le costó mucho recuperarse de semejante golpe anímico. La llegada de José Yudica -volvía al club algo más de cinco años después de haber sido campeón del Nacional y la Copa Libertadores en 1985- no fue la solución al corto plazo para levantar a un grupo humano muy golpeado por lo ocurrido.
Desde este espacio, consideramos que un jugador puede ser bueno, regular o malo. Pero lo más importante, es que se rescate su paso por el fútbol, por más efímero que haya sido y más aún si la forma abrupta en que terminó su carrera fue por una situación como la que relatamos.
(Publicado en simultáneo con «¿Te Acordás Bicho?«)







