Pereyra Cristian

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Cristian Alberto Pereyra

El Beckham marplatense. Un delantero con aceptable paso por el fútbol del interior que intentó, sin suerte, afianzarse en equipos de Primera División, donde sólo cosechó los segundos de fama necesarios para ser baldosero. Y después, como si fuera poco, añadió una veta modelística (?) para escribir su nombre en este sitio con tinta indeleble.

Integraba las inferiores de Gimnasia y Esgrima La Plata cuando el gran Timoteo Griguol lo subió al plantel superior y lo llevó por primera vez al banco de suplentes en un partido ante Lanús, en abril de 2001. Hacerse un lugar, por supuesto, no era nada sencillo. En aquel torneo Clausura, la dupla Enría-Sava había arrancado como fija en la ofensiva, pero luego fueron apareciendo otros delanteros como Hernán «Micosis» Ocampos, Fernando Gatti, Sebastián Ferrero y Gonzalo Choy González.

Pereyra no pudo hacer su estreno en esa temporada y tampoco en las dos siguientes. A mediados de 2003 pasó a reforzar las filas de Racing y se convirtió en habitué de la Reserva. Tenía 21 años cuando el Pato Fillol lo hizo debutar en la máxima categoría, haciéndolo ingresar por el Negro Ramos en la derrota 1 a 0 de La Academia ante Arsenal de Sarandí.

Fueron un poco más de 7 minutos los que estuvo en la cancha y, obviamente, no pudo hacer mucho. Pero unas semanas antes había debutado otro pibe, Luis Benítez, que en casi la misma cantidad de tiempo le había dado a Racing una victoria agónica ante Chacarita. La cruel comparación, entonces, terminó de matar a nuestro homenajeado.

Eligió volver a su ciudad y se convirtió en un jugador importante para Alvarado (2004 a 2006) en el Torneo Argentino B. Una categoría más arriba, vistió las camisetas de Deportivo Santamarina de Tandil (2007) y Rivadavia de Lincoln (2007). Y volvió a tener una chance en el fútbol de AFA cuando Nueva Chicago (2008/09) lo convocó para formar parte de su staff (?) en la Primera B.

La onda era ascender y todo eso (?) que buscan los jugadores del under metropolitano, pero tampoco hay que ser tan cerrado (?), por eso Cristian, fuera de los partidos y los entrenamientos, le dio bola a una amiga que le veía pasta de modelo y decidió hacer unas fotos profesionales para enviar a distintas agencias.

Y aunque parezca mentira, al toque lo contactaron y empezó a hacer campañas para Brasil y México. ¿El fútbol? Bien, gracias. A esa altura casi no jugaba en el Torito y laburar posando para un fotógrafo no estaba nada mal: «al comienzo es jodido, porque en un casting se presentan actores. Y me costó porque no tenía ni idea. Era todo raro. Había paredes blancas y me tenía que parar ahí como un gil delante de las cámaras. Te tenés que presentar, decir tu nombre, la edad, más que nada para ver cómo te desenvolvés. Yo veía otros que decían que eran actores y hacían caras, chistes. Después de presentarte, tenés que hacer como un acting. Ellos te dan consignas y vos tenés que representarlas. Lo más gracioso es que te decían que por ejemplo hicieras que estas con un grupo de amigos (que no había), observar que tu vaso (que no tenías) se había acabado, ir a la barra (que tampoco estaba) apoyarte y mirar hacia una cruz (que supuestamente era una chica) y pedir dos tragos para invitar a la supuesta mujer. Me daba mucha vergüenza, pero igual yo me presentaba como actor para no ser menos que el resto«, declaró al diario El Atlántico.

A mediados de este año retornó a Alvarado de Mar del Plata, donde planea seguir haciendo goles para mantener vivo al futbolista, aunque hacer un book sea una tentación: «vas, te maquillan, te sacan fotos, estas un par de horas, te vas y listo. Por ir un día, me pagan lo que gano en un mes jugando al fútbol. Con uno o dos trabajos por mes, vivís bien«. Para pensar.

Presa Alejandro

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Alejandro Fabián Presa (El Búho)

Siempre le costó decir que no. Era muy chico cuando lo anotaron en las inferiores de Estudiantes de La Plata y entonces se tomó todo como un juego. Ya más grandecito, le tiraron la goma onda de ir a la Selección Sub 16 y como el técnico era Carlos Pachamé, gloria Pincha, le copó la idea y se puso la ropa albiceleste.

Así fue como formó parte del aquel histórico conjunto que obtuvo el Sudamericano de 1985 con nombres como Fernando Redondo, Hugo Maradona, Fernando Kuyumchoglu, Lorenzo Frutos, Juan Cibulsky, Gabriel Marino, Facundo Rocca, Pedro Sallaberry, Alberto Denis y Néstor Valenzuela, entre otros.

Con una medalla sobre el pecho, retornó con una sonrisa dibujada a las divisiones menores del León y pese a que lo hicieron esperar bastante para subir al plantel profesional, jamás cuestionó nada. Tampoco abrió la boca cuando Solari lo hizo debutar en Primera, en una victoria ante San Martín de Tucumán en la que también hizo su estreno el Ruso Prátola.

Con pocas chances de ser titular, estuvo hasta 1990 entre los grandes y apenas disputó 11 encuentros en los que no se pudo adueñar del mediocampo. ¿Se puso triste? ¿Se bajoneó? No, siguió feliz de la vida.

Desaparecido por un tiempo, asomó de nuevo la cabeza y le preguntaron: ¿Querés jugar en la C? Y aunque cualquiera hubiese esperado una mejor oportunidad, él agarró viaje. Desde 1993 a 1996 defendió los colores de Tristán Suárez, incluso en Primera B.

Ya retirado, fue DT en la Liga Platense y volvió a decir que sí en 2001, cuando se juntó con el Pepo Soto y entre los dos crearon CACFA, (Centro de Alta Competencia Fútbol Argentino), institución dedicada a reunir y preparar jugadores libres y juveniles de la ciudad de las diagonales. Por sus manos pasaron nombres como Diego y Rubén Capria, Juan Lezica, Gonzalo Gaitán, Lucas Wilchez, Fernando Gatti, Agustín González Tapia, Félix Benito, Darío Pranich y Sebastián Barclay. Nuestro homenajeado, fiel a su costumbre, jamás le negó la entrada a alguien e incluso se animó a admitir a F*lipe Des*g*stizábal, con todo lo que eso significa. Presa fácil.

Crnko Gustavo

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Gustavo Darío Crnko

Mucho antes de que la inseguridad fuera permanente tópico de los medios de comunicación, nuestro homenajeado fue víctima de un robo difícil de clasificar, agravado por la impunidad, ya que jamás se pudo identificar al autor. La cuestión es que el tipo un día se levantó de la siesta y le habían afanado dos vocales del apellido. Y así, como pudo, destruido moralmente, tuvo que ponerle el pecho a la vida.

Crnko fue un puntero derecho que apareció en Independiente a principios de los 80’s y que no supo consolidarse. En 1983 fue cedido a Dock Sud, que ese año descendería a Primera D y luego retornaría al Rojo para disputar 12 partidos durante 1984, año de la obtención de la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental. A pesar de haber convertido 3 goles por torneos locales, el pibe partió hacia San Martín en busca de mejor suerte, pero no la encontraría con la camiseta de Chacarita (1985/86), donde apenas alcanzó a jugar 7 encuentros.

Sin más chances en la máxima categoría, amplió su carrera con pasos por el ascenso y el exterior. En el under, vistió los colores de Arsenal (1986/87), Temperley y Atlético Tucumán. Afuera, vivió un tiempo en Manizales mientras jugó en Cristal Caldas (1986) y también estuvo algunos años en Israel, defendiendo la divisa de Hapoel Jerusalem, y aparentemente también las de Shimshon y Maccabi Kfar Kana.

Ya retirado, estuvo toda una tarde pensando qué tarea podría desempeñar sin la necesidad de utilizar demasiado su apellido. Y así fue cómo entró en el apasionante mundo de los representantes, donde siempre fue más importante un VHS y la habilidad de vendedor que los nombres de la gente que negocia. Jugadores como Cristian Álvarez, Luis Rueda, Yossi Benayoun, Alessandro Pierini, Gal Alberman, Juan Fernández pasaron y pasan por sus manos, otorgándole la experiencia necesaria para, hoy en día, manejar todo a través de mensajes de texto: «hla.t vndo 1 dfnsor ex FCO, 1.86m. no ta EUB. llmame. Abrz! Crnko«.

Támer Walter

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Walter Omar Támer

El comienzo de la década del ochenta no fue el mejor escenario para la aparición de promisorios (y no tanto) juveniles en Boca. En esos años, el xeneize era una picadora de carne y realmente fueron muy pocos los que pateando la pelota pudieron salvarse. Pero parece, que algunos sí pudieron salvarse, aunque con la salvedad de que lo hicieron con los botines ya colgados.

Y un ejemplo es el caso de Walter Omar Támer. Puntero derecho, veloz y encarador que irrumpió en Boca en los primeros meses de 1982. Debutó oficialmente el 28 de febrero en la victoria 2-0 a Central Norte de Salta en la Bombonera por los viejos y desaparecidos campeonatos Nacionales.

Alternó algunos minutos más en ese Boca del Polaco Cap y ya en el Metropolitano de ese año, tuvo su cuarto de hora bajo las órdenes de Carmelo Faraone. Es que en las fechas finales y cuando Boca peleaba el título con Estudiantes e Independiente, Támer convirtió dos goles clave en el Chateau Carreras frente a Talleres y dos goles frente al Globo en Parque Patricios. Hoy día tal vez no parezca gran cosa, pero en esos años no era para despreciar semejante aparición.

El xeneize no ganaría el título pero Támer quedaba bastante bien parado de cara al 1983 que ya empezaba. Pero ese año no sólo fue opaco para Boca. Támer no colmó las expectativas, jugó algunos pocos partidos más hasta completar 27 presentaciones, hizo un gol (a Vélez en Liniers -foto-) y chau. Se fue a Atlanta en 1984, para jugar 19 encuentros, mover las redes rivales una sola vez y poco más que desaparecer de la faz de la tierra.

Averiguando e investigando día y noche (?) pudimos encontrar que en los últimos años, el Burrito Rivero y Javier Mascherano tuvieron un representante llamado Walter Támer. ¿Le habrá dado revancha el fútbol ya con los botines colgados?

Cataldo Néstor

Néstor Enrique Cataldo

Delantero nacido el 23 de agosto de 1960 en Buenos Aires, se inició en Vélez Sarsfield, donde debutó apenas cumplidos 17 años, en una derrota frente a Platense.  Había muchas expectativas depositadas en Cataldo, tantas que hasta llegó a integrar la Selección Argentina Sub-20, pero una fractura en el tobillo lo dejó fuera del equipo campeón mundial en Japón, en 1979.

Continuó en el club de Liniers hasta 1982, cuando fue transferido a Unión de Santa Fe. Allí no le fue del todo bien, y de golpe apareció en Estudiantes de Río IV para jugar la Liga Regional. Parecía un paso atrás en su carrera, pero la clasificación que el equipo obtuvo para el Nacional 1984 lo catapultó a los planos internacionales: FAS, de El Salvador, fue su nuevo destino. Y mal no le fue: su aporte (6 goles en un año) sirvió para que uno de los clubes más populares de ese país alcance el título.

Muy probablemente, si su carrera hubiese continuado allí, hoy no existiría este post. Cataldo podría haberse convertido en ídolo en el país del Mágico González, sacarle el jugo a un mejor contrato, disfrutar del clima centroamericano. Pero se la jugó por la familia: “Jugué solo una temporada porque mi mujer estaba embarazada y vino a tener nuestro hijo acá”, explicó. Y así, su siguiente destino fue Defensores de Belgrano, para disputar la vieja Primera B. Un año le bastó para demostrar que no era un jugador de ascenso, y Argentinos Juniors posó sus ojos en él.

En 1986 llegó al Bicho. Significaba una oportunidad única para lucirse al lado de Borghi, Videla, Castro, Olguín, Batista, Ereros, Dely Valdez, Irala Sarabia y Hugo Maradona. Incluso hasta jugó un par de partidos en la Copa Libertadores de ese año. Pero su opaco rendimiento lo confinó a la reserva, y no tuvo mayores oportunidades. En tres años en el club de La Paternal sumó 29 partidos y ningún tanto. No son números muy buenos para un delantero.

Llegó a Nueva Chicago en 1988 para terminar su carrera como futbolista. Compartió vestuarios con Fabio Almirón, Víctor Rogelio Ramos, Dalcio Víctor Giovagnoli, Gustavo Chacoma, Mario Marcelo y Nelson Rosané hasta 1990, cuando decidió colgar los botines.

Una vez abandonada la práctica activa del fútbol siguió despuntando el vicio en torneos intercountries, y este año su equipo, Banco Provincia Blanco, dio la vuelta olímpica en el certamen de la Asociación de Fútbol Intercountry Zona Norte. Pero su lugar en el mundo lo encontró en el ámbito de los peines y las tijeras: Cataldo posee una importante peluquería en la ciudad de Buenos Aires. Así que si pasan por Emilio Castro al 7000 mándele nuestros saludos. Seguramente será bien recibido todo aquel amante del fútbol. Bah, cualquiera no.

Ludueña Diego

Diego Gastón Ludueña

Tan fugaz fue el paso de Diego Ludueña por la primera de Independiente que unos pocos memoriosos lo recuerdan. Nacido en Quilmes el 22 de marzo de 1984, el pibe, padre desde los 16 años, fue haciendo el recorrido a las ligas mayores al mismo tiempo que laburaba como albañil para llevar el mango a su casa.

Su debut se dio en el marco del torneo de verano de 2005. En ese contexto de bostezo generalizado comandado por César Luis Menotti hacían sus primeras armas un grupo de pibes que prometían, y otros que no tanto. Entremezclados entre los grandes como el gerenciador de Boston River, Jorge «te desbordan todos» Martínez, Lucas Pusineri, la eterna promesa Maximiliano Vallejo y el Turu José Flores, sumaron minutos en cancha los por aquel entonces juveniles Carlos Lothar Matheu, Martín Fabro, Leandro Pereyra, Leandro Mussin, Rubén Salina, Mariano Viola, Martín Morello, Ismael Matate Sosa, Lucas Cariati y el homenajeado del día, que había debutado en Reserva con 15 años y que ya contaba con una participación en la selección sub 17 a comienzos de la década.

El estreno oficial no tardó en llegar, y Ludueña salió desde el arranque como lateral por la izquierda en la primera fecha del Clausura, el 13 de febrero, ante Quilmes, en un verdadero dolor de ojos. Reapareció en la victoria por 2 a 0 ante Gimnasia LP de la séptima fecha y dijo adiós en la novena jornada, en la derrota 3 a 1 ante Vélez.

A mediados de año dejó el Rojo junto con Franco Cángele, Cariati, el Turu Flores, Hernán Losada, Fernando Lorefice, el Negro Martínez, Muñoz Mustafá, el Mono, Renato Riggio, Esteban Rivas, Yair Rodríguez, Cristian Zurita y el colombiano Robinson Zapata. Lo que se dice una buena limpieza.

De inmediato se sumó a Independiente Rivadavia (2005/2006). En su llegada a Mendoza no se olvidó de su pasado en el Rojo: «Pepé Santoro realmente me defraudó, porque cuando yo estaba en reserva él decía que yo era un fenómeno y que no entendía por qué no había debutado en Primera«, comentaba el pibe, hincha fanático de Quilmes.

En la Lepra mendocina no duró mucho y un año más tarde apareció en Estudiantes de Buenos Aires en la Primera B Metropolitana. En el Pincha de Caseros tuvo continuidad y pegó onda con Cubito Cáceres, Walter Fonseca y Cristian Lillo. Si bien se consagró campeón del Apertura 2006, perdió la final por el ascenso ante Almirante Brown (en un recordado partido) y la Promoción ante Ferro.

En 2008, apareció en Los Andes pedido por Rodolfo Della Pica. La salida de Fito y la posterior llegada de Quique Hrabina hundieron a Ludueña en la intrascendencia y a fines de año, después de un puñado de malas actuaciones y bastante excedido de peso, rescindió el contrato.

A comienzos de 2009, según un boletín de AFA, retornó a Estudiantes de Buenos Aires, pero nunca más lo vimos en una cancha.

Rubiola Matías

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Matías Rubiola

Nacido bajo el signo de cáncer, este fanático de Virus, Flema, Mal de Parkinson y Totus Toss, se probó como delantero pero debido a su anemia ofensiva (no vacunaba nunca) sufrió un retraso en el campo de juego y terminó de lateral derecho en el Pincha, que por entonces andaba con las defensas bajas.

Su debut en el primer equipo de Estudiantes de La Plata se produjo en la Copa Provincia de Neuquén, en febrero de 2000. Esa noche fue titular en la derrota 2 a 0 del team de Pancho Ferraro ante Lanús y al otro día un diario platense calificó a Rubiola con un 5 y publicó: «Cumplió media función. Inteligente para proyectarse, pero dejó huecos a su espalda«. Síntoma inequívoco.

No le dieron muchas expectativas de vida en el León y a mediados de 2001 el técnico Néstor Craviotto le dijo que se buscara en la lista negra, que también incluía a Pininito Más, Fabricio Simone, Manuel Santos Aguilar, el Tatita Brown, Patrulla Jiménez, Sebastián Baratteri, el prócer Juan José Lezica, Adrián Avallay, Roberto Lanfranchi, Ricardo Pérez, Pablo Bezombe y Mauricio Hanuch. Le costó recuperarse, pero le puso huevos para pelearla y se abrió a cualquier tipo de ayuda. Dicen que le preguntaron si quería jugar con el Bicho y respondió «Sí, da». Pero no jugó ahí y tampoco en el Cruz Azul. Mucho menos en la Cruz Roja. Su sueño era vestir los colores de la Lepra.

Ya con un poco de rabia, el tipo necesitaba una operación (o varias), así que cortó con lo sano y con todo el dolor volvió a su ciudad para actuar en clubes locales como Fútbol San Nicolás, La Emilia y General Rojo, tratando de mantenerse estable y engrosar su historia clínica. Algunos comentan que siempre le faltó sangre y que no hizo goles ni en la agonía de un partido. Pero se dedicó a laburar, nunca fue un parásito.

La leyenda cuenta, además, que jugó en Estudiantes porque amaba salir a la cancha y ser recibido con glóbulos blancos y rojos. Pero existen quienes afirman que estando en La Plata eligió al Pincha porque jamás hubiese soportado jugar con los Mens Sana. Un enfermo del fútbol.

Gil Gabriel

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Gabriel Aníbal Gil

De los muchos jugadores que se forman en las divisiones menores, un escaso porcentaje llega a jugar en la máxima categoría. Y si a eso le agregamos que los que se afirman son contados con los dedos de las manos, recordar a aquellos que al menos tuvieron unos minutos oficialmente hablando se transforma casi en una obligación para quienes trabajamos con la historia del fútbol.

Este es el caso de Gabriel Aníbal Gil, que con 19 años recién cumplidos debutó en Primera División de Argentinos Juniors, en la derrota 3 a 1 ante Rosario Central en el Gigante de Arroyito, el 8 de julio de 2000. Ese encuentro pertenecía a la penúltima fecha del Clausura 2000 y el Director Técnico, Carlos Javier Mac Allister, probó a varios juveniles que recién iniciaban sus caminos en Primera. Tal es así que ese encuentro lo jugaron, entre otros, Facundo Pérez Castro, debutante tres meses atrás, Javier Molina, que lo había hecho en mayo de ese año y Santiago Kuhl, que también jugó su primer encuentro aquella tarde en Arroyito y, además, marcó su primer gol con la camiseta de Argentinos.

Gil ingresó a los 43 minutos del complemento en reemplazo de Diego Cogliandro para intentar revertir la historia de una derrota que terminó de consumarse en los 60 segundos posteriores a su ingreso.
También integró el banco de los suplentes -sin ingresar- en la fatídica noche del 25 de febrero de ese año, cuando el Bicho cayó goleado 8 a 1 por Independiente. El DT era Osvaldo ‘Chiche’ Sosa, que no realizó sustituciones durante el partido.

Lo poco que se sabe de nuestro homenajeado es que, tras quedar libre de Argentinos en 2002, pasó por Colegiales en Primera C, donde jugó 8 encuentros y marcó 2 goles. No hubo más referencias sobre su actividad futbolística en lo que a torneos de AFA se refiere, tras su paso por el Tricolor de Munro. Lo que sí pudimos averiguar es que se dedica a entrenar a chicos que juegan en fútbol de salón, ya que es Profesor de Educación Física.

(Publicado en simultáneo con «¿Te Acordás Bicho?«)