Erregarena Martín

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Martín Gabriel Erregarena

Promesa de las inferiores de Banfield que, justo cuando estaba a punto de debutar en Primera División, sufrió una lesión que dejó a los hinchas con las ganas de saber si estaban en presencia del nuevo Gatito Leeb.

Delantero nacido el 16 de febrero de 1982 en la localidad cordobesa de Villa Nueva, fue sumando palotes hasta llegar a la Reserva, donde convenció al Gordo Garisto de que lo suba al plantel profesional. Y de hecho tuvo su chance, porque además de entrenar con los consagrados, el DT uruguayo lo llevó al banco de suplentes en un partido en el que el Taladro superó un bache de 4 derrotas consecutivas al ganarle 2 a 0 a Vélez, el 19 de abril de 2003.

El destino, sin embargo, no quiso que el sueño avanzara. Apenas cinco días más tarde, trabó con el Archu Sanguinetti en un entrenamiento y se fracturó el peroné. La lesión, que demandaría tres meses de recuperación, sería el pasaporte a una carrera lejos de las grandes luces.

Ese mismo año se puso al mando del nuevo entrenador, Julio Falcioni, pero el siempre sonriente (?), como era de esperar, lo incluyó en el grupo de jugadores que debían materias en la parte física, entre los que se encontraban Garrafa Sánchez, Fernando Ortiz, Adrián González, Juan Pablo Raponi, Daniel Chávez, Santiago Sandoval, Omar Pérez y Ariel Franco.

Cuando se avivó de que ya no sería tenido en cuenta, se volvió a Córdoba para actuar en Alumni de Villa María en el Torneo Argentino B (2004/2005), donde pasó buenos y malos momentos. Tras su primer torneo, por ejemplo, se fue a Paraguay para probarse en Tacuary y estuvo cerca de firmar contrato después de haber marcado 3 goles en dos partidos amistosos. Pero la suerte, una vez más, no estuvo de su lado. Las partes no se pusieron de acuerdo y tuvo que regresar a Alumni, donde volvió a sufrir una lesión que lo alejó de la titularidad. Entonces, para hacer algo se anotó (?) en Acción Juvenil de General Deheza, que terminó siendo un equipo de fútbol. ¿Y a que no saben qué pasó? Otra vez los problemas físicos le dificultaron la estadía.

Otra vez en Alumni, el técnico Héctor Arzubialde le aclaró que arrancaba detrás de otros delanteros. Ya casi que estaba pintando el bajón cuando, en un rapto de lucidez, miró al cielo en busca de una respuesta divina y…¡Sí! Apareció él, con dos alitas y su clásica barba candado: Ricardo Caruso Lombardi.

A comienzos de 2006, el Richard aceptó la recomendación de Leeb, que conocía al pibe de la Reserva de Banfield, y lo probó en un entrenamiento de Tigre. ¿Qué hizo Erregarena? La rompió. Metió 5 goles y generó la confianza del Rey de los canjes: «Pibe, andá a Córdoba, llenate el bolso de ropa y volvé, que te espero en Mar del Plata«.

No sabemos si tenía un bolso demasiado grande y no lo pudo llenar (?), pero lo extraño es que pese a la buena imagen que había dejado, no arregló su pase al Matador y en vez de jugar en la B Nacional, tuvo que bajar una categoría para ocupar un lugar en Atlanta. Lo triste es que lo llamaron por la lesión de Sebastián Penco, que es más o menos que te inviten a un programa de TV porque a último momento se les cayó una nota con Cae.

En el Bohemio algunos dicen que nunca existió. Y casi que les creemos. La cuestión es que estuvo un tiempo desaparecido hasta que a principios de 2009 asomó la cabeza en Chile, donde los medios lo presentaron como ¡¡¡¡Martín Arruabarrena!!!!.

Mientras él, en las prácticas, trataba de convencer al entrenador del Rangers de que se llamaba Erregarena y que hacía goles, en un foro de la institución trasandina alguien (tal vez su representante, amigo o pariente) metía fichas para que el pase llegara a buen puerto:

Mi nombre es Fernando Sosa , te comento que el el apellido es Erregarena… y no arruabarena como dicen en los medios chilenos..
Te comento esto ya que me es imposible entrar al foro a participar con ustedes ( ya pedi Usuario y contraseña, Ja !)
Como comentario de Martin Erregarena, te digo que hizo todas las inferiores en Banfield de Argentina y es un goleador nato, un gran 9, ojala pueda demostrarlo ya que a nuestro equipo les dio grandes satifacciones.
Desde Argentina , un saludo cordial a todos los hinchas de Rangers..
Muchas gracias

Fernando Sosa
Ruta 6 km 114 – Pasco – Pcia. Córdoba

La fina operación de prensa no dio resultado y Martincito no pasó la prueba. Ya en Córdoba, unos días más tarde se incorporó a Rivadavia de Arroyo Cabral y en una tarde mágica le hizo 4 goles al poderoso Matienzo de Monte Buey, rubricando un 5 a 4 histórico. Lo malo es que ese era el partido de vuelta y en la ida habían caído 3 a 0, entonces el equipo de Erregarena se quedó afuera del Torneo Provincial. ¡Pfffff!. Nosotros ya nos cansamos de relatar tantas frustraciones y también ustedes de leerlas. No queremos saber cómo estará el ánimo de nuestro homenajeado. Pero desde acá le mandamos un aguante por haberlo intentado de mil maneras diferentes.

Panaro Guillermo

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Guillermo Luis Panaro

Las frías estadísticas sólo dicen que fue un marcador de punta que jugó 2 partidos en la Primera de Ferro Carril Oeste entre 1987 y 1988. Observar el plantel verdolaga de esa época, nutrido de otros hombres en su puesto, nos podría dar una pista sobre el por qué de tan fugaz trayectoria. Sin embargo, esta nota de Clarín a un misterioso integrante de ese equipo nos agrega un dato revelador:

-¿Qué fue Griguol en tu carrera?

-Hizo muchísimo. Pero estoy de acuerdo con los dicen que no deja vivir al jugador de fútbol. Con él, un jugador de Ferro nunca ganó plata.

-¿No exagerás?

-¿Qué? Invadía nuestras vidas. Venía y nos decía: ¿Quién sos vos para pedir 20.000 dólares?. Obvio, ya había hablado con los dirigentes. Y él arreglaba contratos millonarios.

-¿Por qué llegaron a Primera tan pocos de tu camada de inferiores en Ferro, campeones repetidos en los torneos de reserva?

-Porque Griguol los arruinaba mentalmente. A Guillermo Panaro, que era un marcador de punta bárbaro, nunca lo puso porque según Griguol era muy petiso, pero tampoco lo dejaba ir. A Cancelarich, un día lo hizo afeitarse en el túnel, sin crema y sin jabón, porque si no no jugaba. A Mandrini lo hizo ir tres veces en el día a la peluquería. Y otro día nos hizo sacar las calzas a todos. En Ferro, con Griguol, perdías 10 años de tu vida. El Negrito González, un talento increíble, hoy está sin club.

Sin acreditar tamaña acusación (?), creemos que es probable que el gran Timoteo, tan amante de los matemáticos como Paenza lungos como Sava y Pobersnik, le haya bajado el pulgar a nuestro homenajeado por el simple hecho de tener poca estatura. Cosas del Viejo.

La cosa es que Panaro no hizo mucha carrera como futbolista y recién tuvimos noticias suyas cuando asumió como entrenador de Barracas Bolivar, en el marco del famoso proyecto de Enrique «te muestro los goles antes que nadie» Sacco. Fiel al gerenciador, Guille dejó su cargo cuando Quique se alejó. Eso sí, enseguida se hizo cargo de las inferiores, porque a diferencia de Griguol, a él no le molestan los bajitos.

Landa Garza Patricio

Patricio Rafael Landa Garza

Durante años esperamos este momento, sabíamos que iba a llegar, que el pibe no nos iba a fallar. Y el momento llegó. Patricio Rafael Landa Garza, volante de profesión, estuvo condenado a figurar en este sitio prácticamente desde que nació, el 3 de abril de 1982.

Cuando apenas empezaba a asomar la cabecita en las divisiones inferiores de Estudiantes de La Plata ya lo marcaban como una de las potenciales figuras del Pincha para esta década. Mucho tiempo estuvo ahí, al pie del cañón, alfileres en mano, fiel a la tradición Pincha, esperando la lesión de algún compañero para poder jugar un rato. Sin embargo, para el debut tuvo que esperar bastante.

Su bautismo entre los grandes fue el 10 de abril de 2004, ante Rosario Central, por la novena fecha del Clausura. Esa tarde reemplazó a Lenny Kravitz Cardozo a los 35 minutos y no pudo hacer mucho para evitar la derrota del León por 3 a 1.

La semana siguiente, el rival fue Vélez y el resultado fue el mismo. Después de ese partido, el doctor Bilardo, cabulero como pocos, lo mandó al freezer.

Reapareció en la fecha 17, ante Nueva Chicago. A los 7 minutos del segundo tiempo reemplazó al Principito (no el flogger Marco, sino José Ernesto Sosa) y por fin se sacó las ganas de festejar, al menos, un punto. Todo gracias al agónico gol de Diego Colotto en tiempo de descuento.

Cuando le dijeron que su tiempo en la ciudad de las diagonales había llegado a su fin, seguramente le ofrecieron las opciones típicas de cualquier jugador que abandona Estudiantes: Quilmes, Villa San Carlos, Defensores de Cambaceres o Defensa y Justicia. El pibe rumbeó para Florencio Varela, pero en el Halcón duró poco y nada.

El 2005 lo encontró defendiendo los colores de Juventud Unida Universitario de San Luis. La posibilidad de acumular algunos dólares en su cuenta bancaria, lo llevaron a abandonar la tierra de los Rodríguez Saá y emigrar al poderoso fútbol de Costa Rica. En el país de la Cobra Wanchope jugó para el Cartagines (2005/2006).

A la vuelta, tuvo un segundo (y un tercer) paso por Juventud Unida (2006/2007 y 2008/2009) y una escala en Mendoza, donde jugó en Independiente Rivadavia (2007/2008).

Desde mediados de este año, transpira la casaca de Deportivo Maipú de Mendoza al igual que el arquero Martín Ríos, Daniel Dobrik y el ex Tiro Federal Ricardo Bernay.

Páez Ricardo

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Ricardo David Páez Gómez (Richard)

«Mi aspiración es jugar en el Barcelona. Claro que antes debo aprovechar un lugar aquí en Primera. Me puse un plazo de seis meses a un año, y si me brindan un hueco lo sabré aprovechar«, decía el jóven Ricardo a la revista Mística allá por marzo de 1999, cuando integraba el plantel de Lanús. El tiempo quiso que el pibe alcanzara su objetivo, aunque medio tironeado de los pelos, claro.

Nacido en Acarigua, Venezuela, en el seno de una familia bien futbolera (su padre es ni más ni menos que ex técnico de la Vinotinto, Richard Páez), debutó a los 17 años con la camiseta de la ULA de Mérida (1996) y no tardó mucho en tener su primera experiencia en el extranjero…¿Barcelona? No. Recaló en el Standard Lieja de Bélgica (1997), donde estuvo poco tiempo, característica repetitiva a lo largo de su trayectoria.

En 1998 viajó a la Argentina y estuvo entrenándose en Boca Juniors. Aunque compartió prácticas con los profesionales, pasó gran parte del tiempo en la Cuarta División y apenas jugó 1 partido en a Reserva, ante el Deportivo Español. «Además de las dificultades de progreso que se presentan en un club tan importante y tan difícil en sus inferiores, existe cierto prejuicio hacia los que venimos de un fútbol menos desarrollado. Y me dieron muy pocas oportunidades«, decía el volante ofensivo.

En 1999 usó la camiseta número 10 de la Selección Sub 20 de Venezuela que participó del Sudamericano de Mar del Plata. Y parece que, a pesar de lo prejuiciosos que son los argentinos, el país lo seguía tentando, porque ese mismo año se quedó para intentar triunfar en Lanús.

Su sueño, sin embargo, no era estar en el Grana, sino más bien en el Blaugrana, motivo fundamental para…¿Irse a Europa? No, volver a Venezuela (?). Allí vistió las camisetas de Estudiantes de Mérida (2000 y 2002/03), Deportivo Táchira (2000/01) y Nacional de Táchira (2001), antes de pasar a México para incorporarse al América (2002) y ser prestado al San Luis (2002). ¿Están mareados? Esperen que falta muchísimo.

En 2003 retornó a su tierra para jugar en UA Maracaibo y allí creemos que craneó la manera más rápida de juntar mucha guita: mudarse a la liga de los Emiratos Árabes.

Seguramente muy interesado en conocer una nueva cultura y foguearse en una liga a la altura de sus posibilidades, en enero de 2004 firmó con el Beni Yas . ¿Cuánto duró? ¿Un año? ¿Media temporada? No, apenas unos días, porque los dueños del club tenían intenciones de cederlo. Pero ojo, los tipos tenían un justificativo: ¡Habían recibido una oferta del Barcelona!

A esa altura importaba poco y nada que el Barça fuera el de Ecuador. A grueso modo Richard debe haber sentido que su objetivo estaba cumplido, mucho más cuando se enteró que tendría de compañeros a Morigi, Trotta y Chatruc. Bah, tal vez por esa razón escapó rápido, para que no se perdiera la magia (?). Para junio de ese mismo año ya estaba en Colombia, para defender la camiseta de América de Cali (2004) y luego la de Deportivo Pereira (2005).

Un año en tierras cafeteras lo puso demasiado inquieto, entonces agarró su bolso, le agregó un par de sellos más al pasaporte y añadió a su currículum pasos por FCU Politehnica Timişoara de Rumania (2005), Pas Giannina (2006) y Veria FC (2007/08) de Grecia, Alianza Lima (2008) y Universidad César Vallejo (2009) de Perú. Todo esto, por supuesto, mechado con regresos a su país para jugar en Italmaracaibo (2006), Mineros de Guayana (2007) y en su segunda casa, Estudiantes de Mérida (2007).

¿Que tiene muchos partidos en su Selección? ¿Que no puede ser baldosero? ¡Ja!. Este año debutó sin tocar la pelota en el ascenso español con el Castellón y tiró altas declaraciones como «vengo de la liga peruana, que es muy importante en Sudamérica«, aunque nunca comparables con éstas que hizo en 2008: «Yo soy una de las personas que acepta las críticas, pero las destructivas no. Merezco respeto, pues contribuí a levantar el fútbol de mi país, fui el 10 que generó el mejor fútbol«. Ah, bueno, si lo dice él nos quedamos tranquilos.

Sosa Hernán

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Hernán Fernando Sosa

Mucho antes de que Ariel Alcami nos deslumbrara en Atlanta con sus famosos pero ineficientes laterales al segundo palo, otro marcador de punta se destacó por la potencia de sus brazos en la Primera División del fútbol argentino. He aquí el recuerdo para el Negro Sosa, uruguayo que vistió sin pena ni gloria la casaca de San Lorenzo de Almagro.

Jugaba en Bella Vista de su país, junto a Rubens Navarro y Heber Bueno, cuando el Bambino Veira los fue a ver y quedó maravillado con el nivel de los tres y se los llevó para el Cuervo en 1983. «Conmigo quedó encantado, porque me habían fracturado la nariz a los diez minutos e igual seguí todo el partido. Después me hablaron algunos dirigentes. Yo ya tenía todo arreglado con Luis Cubilla para irme a Olimpia de Paraguay y le tuve que explicar a él que quería ir a un equipo que me agradaba más«, dijo Sosa años más tarde.

La experiencia en el Ciclón, sin embargo, no fue del todo buena. Ni bien llegó tuvo una lesión en la rodilla derecha y ese primer año jugó muy poco. Ya para 1984 se había adueñado de la camiseta número 4 pero así y todo le costaba que le aplaudieran otra cosa que no fueran los saques de banda: «Desde chico, trataba de darle importancia a una jugada que en teoría no la tiene. El Bambino, recuerdo, me ordenaba sacar con la mano al punto de penal, para que la bajara algún delantero«.

Disputó 48 partidos oficiales en estas tierras y después se fue a triunfar a…Costa Rica. Usó los colores del Alajuelense (disputó la Interamericana de 1987 ante River) y antes de dedicarse de lleno a la dirección técnica, recomendó a algunos jugadores centroamericanos a otras ligas más importantes. «A Eduardo Bennett lo conocí mientras jugaba en el campeonato hondureño. Me sorprendió la potencia que tenía y la fuerza de su remate. Le pregunté si quería ir a la Argentina y me dijo que sí. Entonces hablé con Miele y le mandé un video. Cuando hizo sus primeros goles, me emocioné mucho. Eso llevó a que siguiera enviando cassettes«, contó.

Desde el año 2000, se ha ido convirtiendo en un Beto Pascutti del ascenso tico, dirigiendo equipos como La Fortuna, Brujas, Guanacasteca, Cartagena, Santacruceña, San Carlos, Grecia y Carmelita. Y en este último club, creemos, la gente lo debe haber recibido muy bien, sobre todo después de haber leído el diario local que tituló «Sosa llega a robar«.

Bove Cristian

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Cristian Guillermo Bove

Dicen que «un tropezón no es caída«, pero estamos seguros de que después de conocer la historia del ex arquero Cristian Bove muchos empezarán a sospechar de la veracidad de esa frase.

Desde 1988 a 1993 formó parte de los planteles de Talleres de Córdoba, teniendo su punto cumbre en el Apertura 1991, cuando disputó sus únicos 5 encuentros en la máxima categoría, de los cuales sólo un par disfrutó en la cancha de principio a fin.

Mantuvo la titularidad en las dos primeras jornadas de aquel torneo, ante Independiente y Chaco For Ever, pero luego perdió el puesto a manos de Víctor Hugo Civarelli, a quien luego reemplazaría en el entretiempo de un partido frente a Ferro, correspondiente a la sexta fecha.

Una semana más tarde, el 7 de abril de 1991, Bove integró la formación inicial del conjunto cordobés que visitó a Vélez, en Liniers. Y sin saberlo, estaría protagonizando la jugada más recordada de su vida.

La letra fría dice que al arquero lo rajaron luego de recibir un gol de Christian Bassedas. La leyenda, sin embargo, es más amplia y cuenta que Bove salió disparado a protestar por la nulidad del tanto, con tanta mala suerte que se tropezó y cayó sobre el juez de línea. Inmediatamente fue expulsado y a partir de ahí, perdió la posibilidad de triunfar en Primera. Baldosero deluxe.

Su puesto fue ocupado por el ya homenajeado Pato Domínguez, que agarró el arco y no lo largó hasta la última fecha, en un partido ante Unión de Santa Fe, cuando le mostraron la tarjeta roja y propició de esa manera la triste despedida de Bove, que volvió a vestir el buzo de la T sólo por 3 minutos y luego vegetó un tiempo largo en la Reserva.

Para entonces, al pibe ya le gustaba mucho la velocidad y recibía los consejos del entrenador: «En Talleres, Omar Pastoriza nos dijo que las motos y el fútbol no se combinan porque un accidente de cualquier jugador resiente al equipo. Y ese se me quedó grabado. Por eso, mientras jugué, nunca manejé una moto. Cuando me retiré, todo cambió«. Claro, antes de abandonar la pelota, Cristian probó suerte en el exterior con el Benidorm FC del ascenso español y San José de Bolivia; y regresó a la Argentina para pasar por Almagro, Andino de La Rioja, y clubes cuyanos como Alianza, Trinidad, San Martín y Unión, donde colgó los botines en 2003.

Radicado en San Juan, se empezó a dedicar tibiamente a las motos, pero rápidamente se dio cuenta de sus condiciones y se inscribió en la categoría Promocional. En el 2005 salió campeón en el campeonato sanjuanino y un año más tarde repitió el título pero en Juniors. En 2007, para no ser menos, obtuvo el campeonato de Seniors, llamando la atención de algunos medios (1,2) que destacaron su pasado ligado al fútbol, que también tuvo un breve capítulo como entrenador de arqueros, en 2005, cuando laburó en San Martín de San Juan junto al Viejo Sosa y el gran Cosme Zaccanti.

Arizaga Patricio

Patricio Alejandro Arizaga (Pachi)

La carrera futbolística de Patricio Alejandro Arizaga estuvo bastante alejada de los flashes y las primeras planas. Con la casaca de Estudiantes de La Plata apenas alcanzó a disputar 9 partidos como volante central entre 1983 y 1987. En busca de oportunidades dejó la ciudad de las diagonales y deambuló por Ferro Carril Oeste de General Pico (1987/1988) y Tigre (1988/1989).

En la temporada 1989/1990 retornó al Pincha, pero no tuvo minutos en cancha y, en consecuencia, paseó su fútbol por Nueva Chicago (1991/1992), Atlanta (1993/1994), Defensores de Cambaceres, Olimpo de Bahía Blanca y Minervén de Venezuela, hasta que dijo basta.

Retirado de la actividad, Arizaga tomó notoriedad cuando fue designado coordinador de Estudiantes en la etapa de Daniel Córdoba. ¿Los motivos? Sus fuertes vinculaciones con la barra brava. Se dijo que era el nexo entre los barrabravas, el técnico y el presidente, Daniel de la Fuente. Ah, también el canchero del club lo acusó de «quedarse con algunos vueltos». Una pinturita.

En noviembre de 1996 fue detenido acusado de ingresar material pirotécnico antes de un clásico contra Gimnasia. Nada en comparación a lo que ocurrió en mayo de 1997 cuando realmente la pasó mal. En una práctica del conjunto platense tuvo una fuerte discusión con Pablo Prado (amigo y barra fallecido en 2000) que sacó un arma de fuego y le apuntó al cuerpo aunque no disparó. El Profe Córdoba dio una versión libre de los hechos: «Ese señor, que conozco porque lo veo en las prácticas, llegó en un remise acompañado de otra persona. Vino a pedirle plata a Arizaga y también a que le dé su auto. Arizaga se negó y ese muchacho esgrimió un arma de fuego. Pudimos calmarlo. Que quede claro que esto no fue una apretada que tenga que ver con lo futbolístico. Fue un hecho aislado cuyo sentido desconozco.»

Días después Arizaga fue separado de su cargo y el barra lo liquidó en los medios: «Me dieron ganas de volarle todo porque fue un hipócrita al decir que no tenía vínculos conmigo, se hacía el distraído. Después me tranquilicé. El es hincha del dinero. Como De la Fuente y Córdoba, porque si perdía el clásico iba a tener que perdirme de nuevo que no gritáramos en contra del equipo.», contó Prado aquella vez. Todo quedó en la nada.

Tiempo después, Arizaga comenzó su carrera como representante de jugadores, y los escándalos siguieron a la orden del día. En 2002 fue detenido bajo los cargos de resistencia a la autoridad y lesiones luego de un partido entre Estudiantes y River Plate (0-6, torneo Apertura).

En 2003, Emanuel Ruiz iba a convertirse en jugador de Nueva Chicago y Roberto Vila, por aquel entonces secretario del Torito, le abonó la suma total del préstamo (30.000 pesos) al padre del jugador, Carlos Ruiz, y al representante (sí, adivinaron) Patricio Arizaga en 3 pagarés de 10.000 pesos cada uno. El papá del jugador, días después, le confesó a Daniel Blasco, vicepresidente 1º de Nueva Chicago, que le había entregado el dinero a Arizaga y Vila a cambio de la titularidad de Suchard en el equipo. También se había pactado que en caso de que Alberto Márcico, el DT del Torito, no lo incluyera a Ruiz entre los 11 titulares, el dinero se repartiría entre la barrabrava para que lo «apretaran» al ex Ferro, Boca y Gimnasia LP. Cuando todo salió a la luz, el pase se cayó.

En los últimos años, más tranquilo, Arizaga siguió trabajando como representante (manejó a Mariano Pavone, Pablo Lugüercio, Lucas Licht y Mariano Andújar, entre otros) e incluso como secretario técnico en Defensa y Justicia.

Da Silva Eduardo

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Eduardo Da Silva Díaz (Dito)

Volante uruguayo de ojos achinados que llegó a la Argentina cuando en su país ya era una ex promesa que había empezado a perder aceite. Lo que hizo acá no hizo más que ratificar esa condición y después de algunos años decidió abandonar el fútbol.

Oriundo de la localidad de Artigas, se formó en el Peñarol local y luego pasó a su homónimo de Montevideo, donde estuvo entre 1985 y 1991, dándose el lujo de ganar una Copa Libertadores y jugar 5 partidos para su Selección, incluido uno ante Argentina por la Copa América de 1987 y un amistoso frente a Argentinos Juniors.
Condiciones, según cuentan, tenía. Lo que conspiraba contra el Dito da Silva eran las lesiones, que no lo dejaban tranquilo.

Recaló silenciosamente en nuestro país para disputar el Apertura ’92 con Talleres de Córdoba. Quizás para sacarse de encima ese estado de mute, en la primera jornada se despachó con una expulsión ante Platense, en Vicente López, al minuto del segundo tiempo. Ese día, para colmo, también debutaba con dos goles el pibe de los botines Converse, Carlos Graff. La baldoseridad estaba asegurada.

Al charrúa se le complicó volver al primer equipo. En la octava fecha jugó por segunda vez, cuando ingresó por el Pastor Mario Bevilaqua en un match ante Estudiantes y recién en la decimoquinta volvió a la titularidad. Ojo, tampoco el Pato Pastoriza era un enamorado de su juego. Da Silva era el hombre que el DT siempre sacaba en el complemento.

En total, disputó 10 encuentros para los Tallarines y después regresó a su país, donde finalizó su trayectoria con la casaca del Basáñez (1994/95). En la actualidad es comentarista de un programa radial partidario de Peñarol.

(Gracias Jason y Diego)