Andreani Sandro

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Sandro Elmo Andreani

Portador de uno de los nombres más fantásticos de la historia del fútbol argentino, supo acompañar ese título con una trayectoria muy rara a la que prácticamente no le faltó nada, sólo triunfar en Primera División.

Volante ofensivo aunque también delantero, se destacaba por su juego atildado y eso debe haber sido clave para pasar por 4 de los 5 equipos grandes en un breve lapso. Nacido en 1966, hizo las inferiores en Racing Club hasta 1983, cuando pasó a River Plate, la institución que le daría la oportunidad de disputar sus únicos 2 encuentros oficiales en la máxima categoría.

Claro que el escenario para debutar no fue el mejor, ni siquiera estuvo dentro de los cánones normales. A Andreani le tocó formar parte de un equipo repleto de pibes que salió a afrontar un tramo del Metropolitano 1983 ante un conflicto de los jugadores profesionales.

Junto a Gorosito, Karabín, Nicosia, Dacko, Dalla Líbera, De Vicente y Nigro, entre otros, Sandro sufrió la vergüenza de salir penúltimo en la tabla de posiciones, trauma que tardaría 25 años en cicatrizar.

Si bien los datos sobre su carrera no son del todo certeros, dicen que en 1984 quedó libre y volvió a Avellaneda…para jugar en Independiente. Lo de jugar, claro, es una manera de decir. No sumó minutos a su, por entonces, promisoria carrera y algunos años después se incorporó al plantel de San Lorenzo de Almagro. Sí señor, ya parecía que le faltaba nada para cantar línea con una transferencia a Boca, pero el destino quiso que pasara a otro conjunto con camiseta franjeada: Platense. Allí estuvo a préstamo en la temporada 1988/89 y fiel a su costumbre, no jugó.

A esa altura, ya no era un pibe y había prometido mucho más de lo que había concretado. Pero había un motivo, por supuesto. Reiteradas lesiones frenaron el andar de este fino volante. Y eso tiró abajo su horizonte, aunque no su talento.

Bajó al Nacional B y en esa categoría vistió las camisetas de Cipolletti (1989/90, 35 partidos, 3 goles), Quilmes (1992/93, 1 partido), y Laferrere (1992 a 1994, 48 partidos, 1 gol). Sin embargo, no lograría identificarse con esos colores como sí lo hizo con los de Talleres de Remedios de Escalada (1990 a 1992 y 1994/95, 90 partidos, 8 goles).

Dicen que en la temporada 1995/96 defendió los intereses del Olimpia de Honduras y que un año más tarde amagó con retirarse en la tierra de Junior, pero se ve que el Deportivo Patagones no era un club tan copado para colgar los botines. De hecho lo encontramos en 1999, integrando el plantel de Villa Mitre de Bahía Blanca que ascendió al Nacional B.

¿Qué hizo en los últimos tiempos? Increíblemente, siguió jugando al fútbol. En 2007, por ejemplo, fue compañero de Daniel García (el hijo de Claudio) en Juventud Pueyrredón de Venado Tuerto, equipo que participó del Torneo del Interior. ¿Y el grosso del Turco qué dijo ante semejante robo de su pibe acompañado por un veterano? Nada, qué iba a decir, si él era el entrenador. Además está acostumbrado a los robos (?).

Hace poco, Andreani armó el bolso y se fue a La Carlota (Córdoba) para jugar sus ¿últimas? cartas como jugador y entrenador en Independiente de Pueblo Italiano. Y ya que iba para allá le encajaron tres Oro 24, y siete Postal Simple. Gajes del oficio (?).

Medina Ignacio

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Ignacio Medina (Nachi)

Como jamón del sandwich entre Walter Medina, arquerito incendiado a mediados de los ochenta, y Hernán Tota Medina, defensor incendiable a comienzos de 2000, jugó en Boca el defensor Ignacio Medina.

Seguramente decidido a poner toda la carne en el asador, abandonó su Formosa natal y llegó a Buenos Aires para formar parte de las inferiores xeneizes en ese antro que era a mediados de los ochenta La Candela. Y allí empezó este pibe, clase 1967, a dar sus primeros pasos como marcador de punta derecho. No es que los hinchas apuraran los ravioles del domingo para ir a verlo al preliminar, pero ya se hablaba de un cuatro de aceptable técnica y un importante recorrido por la banda.

Tras prometedores rendimientos y casi a punto caramelo para dar el salto, debutó con la camiseta de Boca Juniors el 28 de julio de 1987 en un amistoso derrota 0-2 frente a Vélez en Liniers. Esa tarde, recibió la orden de Roberto Marcos Saporiti para entrar en el entretiempo y reemplazar al Ruso Abramovich.

La expectativa del Nachi debe haber pasado de la ilusión a la incertidumbre en cuestión de días. Es que dada vuelta como una tortilla, la dirigencia xeneize empujó al Sapo por los malos resultados y trajo al mítico Juan Carlos Lorenzo. Y ésta fue la gestión que vio nacer y morir la carrera oficial del Nachi en Boca. Porque sus únicos cinco partidos por los porotos, todos entre noviembre y diciembre de 1987, fueron bajo la dirección técnica del Toto. Empates en cero con el Lobo y Deportivo Armenio, empate en tres con el Rojo y derrotas 0-2 con Vélez y Central. Su rendimiento, para ser sinceros, fue el lógico en una defensa que era un verdadero flan. Encima, en algunos de esos partidos se tuvo que comer la galletita de jugarlos como lateral izquierdo.

Con la llegada de Pastoriza poco menos que desapareció de laz de la tierra. Ojalá haya podido participar de los épicos asados del Pato, pero la verdad es que jugar no lo vio nadie. Y no se extrañó mucho que digamos. El tema es que a la ya encarnizada lucha con Stafuzza y Abramovich se sumó como frutilla del postre la rutilante aparición de Diego Soñora. Y si bien Chiche arrancó volanteando, no dejaba de ser una opción más en el menú a elegir por el técnico. Mucho para nuestro héroe.

Pero ese Boca versión 1988/89 perdió el campeonato a manos del Independiente de Solari y el ciclo Pastoriza entró en el horno. El aterrizaje de Cai Aimar sacó del freezer al Nachi quien pudo volver a ponerse los cortos y correr un poco aunque sea en algunos amistosos. Nada muy serio que digamos, porque esa pretemporada se cocinó de la noche a la mañana y rivales como el All Japan (foto) o el Combinado de Los Angeles, fueron la forma de ganarse el pan en esos días. Su despedida con la casaca azul y oro fue en uno de esos repartidos. El 23 de enero de 1990 frente al Tirol de Austria en Mar del Plata. A partir de allí, y hasta donde sabemos, la carrera de Ignacio Medina se evaporó.

Saber que fue de él a partir de ese momento, desde ya, no es una papa ni mucho menos. Y para terminar a toda orquesta y podrido de las sutilezas agarramos la sartén por el mango y vamos con el cuchillo a fondo. ¿Ponia huevos? Sí. ¿Era lenteja en el pique a fondo? Bastante. ¿Se puede decir que jugó por el pancho y la coca? Creemos que no. ¿Mandaba fruta en los medios? Ni a palos. ¿Se expone este post a una naranja arrojada desde la popular? Es probable.

Denis Alberto

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Alberto Oscar Denis

Delantero de apellido Denis, aunque con mucha menos suerte que Germán, el hincha de Racing que se identificó con los colores de Independiente.

Hizo las inferiores en Vélez Sársfield y antes de debutar en Primera integró el plantel argentino que participó del Mundial Sub 17 de China en 1985. Aquel conjunto que tenía ilustres futbolistas como Fernando Cáceres, Juan Cybulski, Fabio Almirón, Lorenzo Frutos, Fernando Kuyumchoglu, Pedro Salaberry, el Turco Hugo Maradona y Néstor Valenzuela, entre otros, se volvió rápido después de perder ante Australia, empatar con Alemania y ganarle 4 a 2 al seleccionado del Congo.

En el Fortín, Denis fue habitué de la Reserva, pero en la máxima categoría le costó ganar terreno, ya que apenas disputó 8 encuentros oficiales entre 1986 y 1990. Después entró en la máquina del tiempo de la baldoseridad, esa que da la oportunidad de presionar un botón y aparecer, por ejemplo, en Union Magdalena de Colombia.

Aunque nuestro homenajeado tuvo tanta mala leche que el túnel imaginario lo escupió en tierras cafeteras para 1991, justo cuando el conjunto de Santa Marta se había mudado a Cartagena y había pasado a llamarse, sólo por unos meses, Unión La Cartagenera, gracias a la lotería que lo patrocinaba.

Según los amigos de Bestiario del Balón, Denis no anduvo mal pero paseó por aquellos lares su apariencia de «fanático pobre de Iron Maiden«. Y eso, lo convirtió en rareza. Dicen, también, que Chile y Japón fueron algunas de las paradas dentro de su viaje en el tiempo, el mismo que lo hizo dar vueltas hasta desintegrarse y pasar a ser un espacio vacío en la mayoría de las revistas, libros y sitios de internet dedicados al fútbol.

Di Natale Claudio

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Claudio Di Natale

Producto de la cantera de Boca Juniors, prometió en sus épocas de juvenil pero luego desapareció misteriosamente. En las inferiores conoció a Oscar Ruggeri, que alguna vez lo definió: «Di Natale apenas llegó era introvertido, pero cuando se metió en el grupo empezó a mostrar que era líder. Hicimos una buena dupla. Fue el primero en subir a Primera«.

Y llegó a la máxima categoría en el Metropolitano de 1983, al debutar oficialmente en la primera fecha contra San Lorenzo en una victoria 2-1 en cancha de Vélez. Esa tarde entró faltando dos minutos para reemplazar a Carlos Alberto Mendoza y tratar de aguantar el resultado.

Era marcador de punta derecho. Zafaba. Correcto con la pelota pero no le podían pedir que cabecee. A su favor, hay que reconcer que le tocó una época tremenda del Xeneize, ya que formar parte de la defensa a mediados de los ochenta era poco menos que incinerarse en público casi todos los domingos.

En total jugó 66 partidos y no pudo hacer nunca un gol. Su carrera futbolística no incluyó a ningún otro equipo. Se retiró muy joven y muchos años después se dijo que se había recibido de contador público (aunque también se dice que labura de despachante de aduana) y que además, es familiar del periodista Juan Di Natale. ¿Será cierto algo de todo eso?

(Publicado originalmente en Imborrable Boca)

Tomás Ciklic

Tomás Federico Ciklic

Más de una vez lo habrán confundido con Dante o Mariano, los baldoserísimos hermanos Ciglic. Lo cierto es que Tomás Ciklic, un delantero nacido el 29 de febrero de 1980, logró lo que pocos hicieron. Integrar dos planteles profesionales de primera división sin jugar ni un solo segundo de forma oficial.

Arrancó jugando en las divisiones inferiores de Boca Juniors, pero quedó libre y tuvo que ir a ganarse la vida a otro lado. Se fue a probar a Gimnasia y Esgrima La Plata y Carlos Timoteo Griguol le dio el visto bueno. En la cuarta división del Lobo supo pegar buena onda con Diego Deering, Hernán Micosis Ocampos, Cinalli, Fernando Zaniratto y Federico Molinari, entre otros. Lamentablemente, en el conjunto platense no tuvo oportunidades y se fue con su fútbol a otra parte. Según sus propias palabras recaló en Mexico, donde habría estado en el Pachuca.

El 2002 lo encontraría defendiendo los colores de Racing de Córdoba en el Torneo Argentino A. La segunda oportunidad en el fútbol grande llegaría en el mercado invernal de 2003. Talleres de Córdoba iniciaba su camino al descenso y a la vez sumaba a Maximiliano Velázquez, Emiliano Díaz, el organizador Marcelo Sarmiento y al propio Ciklic, que le puso la mejor onda e intentó pelear un lugar en la delantera de la T con Aldo Osorio, Huesito Glaría, Eduardo Escobar, Emanuel Perrone, Gustavo Fuentes, Pablo Cuba y Víctor Piriz Alves. De más está aclarar que Ciklic nunca llegó a formar parte del banco de suplentes.

Entre 2004 y 2006 despuntó el vicio en General Paz Juniors en el Argentino A. Cuando todos creíamos que había abandonado el fútbol (o que el fútbol lo había abandonado a él), en 2008 apareció jugando para el Bell de la Liga Bellvillense y en 2009 se sumó al Firpo de la misma liga.

Fuera del ámbito deportivo, tuvimos noticias suyas en 2008, cuando fue nombrado gerente de Crecer S.R.L., una empresa constructora que él mismo fundó.

Domínguez Eduardo

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Eduardo Esteban Domínguez (El Pato)

Si esto fuera un programa de Julián Weich y no una página de internet, hubiésemos tapado los ojos de nuestros lectores para que adivinaran el homenajeado del día. ¿Es argentino? Sí ¿se dedicó al fútbol? Sí ¿Eligió ser arquero? Sí ¿Tiene apodo? Sí ¿ese apodo tiene que ver con el mundo animal? Sí ¿Ese animal hace cuack? Sí ¿Salió campeón del Mundo en 1978? No ¿Se hizo nana en la pierna y abandonó en el Mundial 2006? No. Y ahí nos hubiese gustado ver qué contestaban.

La respuesta correcta, aunque no la más predecible, es Eduardo Pato Domínguez, arquero cordobés que atajó con el buzo de Talleres a principios de los 90’s. En total, disputó 24 partidos con los albiazules en la máxima categoría, aunque sumó más encuentros si se tiene en cuenta las veces que fue al banco de suplentes, detrás de Gustavo Irusta, el uruguayo Zeoli y hasta Christian Bove.

Con pasos por Racing de Nueva Italia (en Primera), Sportivo Belgrano de San Francisco y Huracán de Córdoba, logró mayor repercusión en el fútbol peruano.

Desembarcó en Aurich Cañaña (1995) y continuó su carrera en Deportivo Municipal (1996 y 1999, donde se le dio por patear penales), Sport Boys (1997) y Lawn Tennis (1998). En 2000 se lo mencionó como refuerzo del Atlético Bucaramanga de Colombia, pero ese dato, como muchos otros relacionados a su carrera, son difíciles de comprobar. Se dice, también, que tiene un boliche en nuestro país y que alguna vez se lamentó ante las cámaras de TV, cuando lo dejó su novia, una reconocida modelo de Perú.

En definitiva, si esto fuera un programa de Julián Weich y no una página de internet, estaríamos tratando de caerle simpáticos a la novia de Forlán, y no escribiendo boludeces para la inmensa masa de gordos peludos que nos visitan.

Fernández Eber

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Eber Fernández (El Pájaro)

Futbolista de la misma raza que Hilario Navarro. ¿Pesetero y traidor? No precisamente. Mas bien es el típico argentino que realiza su carrera en la tierra de la chipa con cocido, a tal punto que para muchos es considerado paragua.

Eber Fernández nació el 10 de febrero de 1976 en Formosa. Y ya de pequeño pintaba para crack…o al menos para hacer ruido. Hizo las inferiores en Boca Juniors pero cuando tuvo edad de debutar se dio cuenta de que jamás iba a tener una chance y se marchó al fútbol paraguayo.

En 1997 llamó la atención por primera vez cuando, jugando para Cerro Porteño en un partido amistoso ante el club de sus inicios, dirigido por el Bambino Veira, le dio una patada a Claudio Caniggia que derivó en una escaramuza de la que participó Diego Maradona. El árbitro Ángel Sánchez no quiso ganarse enemigos pesados y lo echó a Eber.

Ya para 1998, Fernández era conocido como «El Pájaro«, favorecido por su pelo largo, aunque morocho. Y volvió a enfrentar al Xeneize, pero oficialmente, en un match correspondiente a la Copa Mercosur. Eber, vengándose de aquella expulsión, marcó un gol en la victoria 3 a 2 de Cerro, en Asunción.

Pero no todo lo que pasó en la carrera de Fernández tuvo que ver con Boquita. En Paraguay también jugó con los colores de Libertad (2001), Sport Colombia (2003) y Sportivo Luqueño (2004), aunque allí no regalaría tanta magia como lo hizo en la Primera División de nuestro país.

En 2002 lo repatrió Talleres de Córdoba con la intención de engordar el plantel que afrontaría el torneo local (jugó 9 partidos y no marcó) y la Copa Libertadores (1 gol en 2 encuentros). La lucha por un lugar no era taaaan jodida, sólo tenía que ganarle la pulseada a Federico Astudillo o Perico Ojeda. Pero una serie de infortunios lo postergaron durante algunas semanas. Primero, una distensión de ligamentos en su rodilla derecha le negó la posibilidad de debutar oficialmente. Y después, se abriría uno de los capítulos más gloriosos de mundo baldoseril.

En la noche previa a su estreno, ante Unión de Santa Fe, unos ladrones ingresaron al hotel Riviera de Villa Carlos Paz, donde concentraban los Tallarines, y se llevaron: bolsos, ropa, elementos personales y…el DNI más el pasaporte de Eber Fernández, quien tuvo que estampar su impresión dígito pulgar para poder jugar.

Luego del partido, el técnico Mario Ballarino y los dirigentes cordobeses, salieron desesperadamente a pedir la devolución de los documentos. El delantero tenía que actuar en la Copa Libertadores ante el América de México y dudaban de la obtención de un permiso.

Esa misma semana, el formoseño faltó a las prácticas para tramitar un duplicado que consiguió pronto…pero no todo terminaría ahí. Dos personas que decían haber «encontrado» el DNI del futbolista, fueron hasta la casa de Horacio Humoller (a quien también le habían robado) y se lo entregaron…¡a cambio de 30 pesos!

Pero faltaba lo mejor. No contentos con los 30 mangos de la extorsión, los chorros revisaron bien el bolso de Fernández y encontraron la llave de su departamento. A partir de ahí, planearon el robo del siglo: se vistieron con la ropa del jugador para no levantar sospechas y se mandaron al domicilio del pobre Eber.

Pero, como en las mejores historias, siempre aparece el héroe. El encargado del edificio se dio cuenta de la treta y los detuvo en el hall. Y sí. Eber Fernández, por primera vez en su vida, se alegró por la buena labor de un portero ajeno al club.

Castillo Rubén

Rubén Aníbal Castillo

Hace 10 años, Rubén Castillo era el zaguero central del futuro de San Lorenzo de Almagro. Se destacaba en la reserva dirigida por Ángel Bernuncio y el Gallego González y se daba el lujo de marcar a Enzo Francescoli. Atrás habían quedado las épocas en que se fue a probar a Vélez y pese a ser del agrado de los entrenadores no pudo fichar porque no había plata para el viaje en colectivo desde su Moreno natal hasta Liniers. Hoy, y desde hace varios años, su paradero es un misterio al igual que el de muchos otros jugadores que integran En Una Baldosa.

Cuando dijimos que marcó a Francescoli no mentimos, claro que no fue en un partido oficial (el uruguayo se retiró en 1997) sino en un amistoso para festejar los 108 años de Peñarol de Montevideo que se disputó en septiembre de 1999 en el mítico estadio Centenario y al que el conjunto del Bajo Flores viajó con un rejunte de pibes y suplentes.

En el segundo tiempo de un encuentro en el que lo que menos importaba era el resultado (terminó 0-0), el técnico azulgrana Oscar Ruggeri mandó a la cancha a varios juveniles, entre ellos Castillo. «Yo estaba más pendiente de Francescoli que de jugar. él iba a recibir una pelota y antes de que la parara, lo enganché abajo y cayó. Caímos los dos, el puso el cuerpo y lo barrí. Me miró feo, como diciendo qué hacés, pibe. No me lo voy a olvidar nunca«. comentó alguna vez ante la prensa. Sin embargo, su mayor complicación fue el 9 del Manya: «Habían sorteado un número para que un plateísta jugara para Peñarol. Le tocó a un pibe que se paró de nueve, y lo tenía que marcar yo. En una se me iba solo y ya estaba encarando al arquero. Lo bajé de atrás, no me quedaba otra. El Centenario se venía abajo. Me querían matar«.

Pavada de debut para el pibe que aún después del partido no caía del sueño. «Estábamos en el hotel cuando me dijeron que íbamos a cobrar 1.300 pesos por haber jugado. Yo no podía creerlo. Vinieron Borrelli y Zapata y empezaron a repartir dólares. Y no creí hasta que le cambié los dólares por pesos a Félix Benito; recién ahí me di cuenta de que no era joda«.

Luego siguió jugando en Reserva y en 2000, Ruggeri lo incluyó en la lista de buena fe para la Copa Mercosur con el número 25. En esa competición, fue suplente ante el Atlético Mineiro en el estadio Mineirão de Belo Horizonte. Desde el banco, vio el triunfo brasileño por 3 a 2.

En 2001, fue a la pretemporada y vio un poco de acción ante Racing en Mar del Plata. Desde entonces quedó relegado hasta mediados de 2002, cuando pasó a El Porvenir, para desaparecer por completo, sin dejar rastros.