Gelatini Alejo Noé

 Alejo Noé Gelatini

Cuando un jugador de fútbol toma la decisión de armar sus bolsos, dejar atrás la familia, los asados y el dulce de leche para irse del país tiene que estar muy convencido. Y no es difícil suponer que en la gran mayoría de los casos, el futbolista lo que busca es morder algo de guita y de paso crecer profesionalmente. O viceversa. Pero es muy posible que en otros casos lo que se esté buscando, consciente o inconscientemente, es morder algo de guita y de paso recibirse de baldosero con todos los honores. Hacer una especie de Harvard acelerado en alguna liga de segundo, tercer o cuarto orden para despejar cualquier tipo de duda al respecto.

Tal vez aquí esté la punta del ovillo para empezar a entender un poco por qué Alejo Noé Gelatini, nacido el 7 de agosto de 1983 en Soldini, provincia de Santa Fe dejó a mediados de 2008 a su querido Tiro Federal para mandarse a jugar 5 partidos al FC Gandzasar de Armenia. Una liga de las menos competitivas del mundo y que entre los ocho clubes que la componen vemos a este equipo fundado en 2004 (cuya traducción significa Tesoro de la Montaña) representativo de la provincia de Kapan.

Instalado en ese lejano y frío país, ex provincia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el zurdo mediocampista tuvo el tiempo suficiente para recordar sus comienzos en Tiro Federal en la temporada 2002/03 y su toco y me voy en 9 de Julio de Rafaela (2004/05) en donde conoció a colegas como Víctor Rena y Conrado Besel.

En ese repaso mental de su carrera seguro clavó los frenos en la temporada 2005/06. Nuevamente en Tiro Federal, debutó en Primera División el 9 de noviembre de 2005 cuando reemplazó a Hernán Buján antes de los 20 minutos del primer tiempo en un partido frente a Instituto. En la máxima categoría del fútbol argentino pudo jugar 14 partidos de los cuales fue titular sólo en la mitad. Tuvo como técnicos a Jorge Solari, luego a Oscar Del Solar y finalmente a la dupla Abratti-Della Riva y se dio el gusto de enfrentar a equipos como San Lorenzo, Racing y Boca. Nuestro homenajeado tal vez haya pegado flor de trompada en la mesa al recordar que en ese partido con los de Basile, cerca del final, Abbondanzieri le impidió su minuto de fama al taparle lo que hubiera sido probablemente una bisagra en su carrera. Al finalizar ese campeonato tuvo que digerir el mal trago del descenso junto a Fernando Cafasso, Ariel Carreño y Silvio Iuvalé, pero sacó pecho en la temporada 2006/07 para hacer lo posible por devolver a Primera al equipo del barrio Ludueña.

Aunque no logró el ansiado ascenso allí estuvo hasta 2008 en donde se la jugó yéndose a Armenia. Semejante aventura llama la atención por donde se la mire. Por lo exótica y mucho más por lo fugaz. A su regreso formó filas junto a Luciano Palos del Central Córdoba de Rosario de Tweety Carrario. Pero el 2009 no empezó de la mejor manera. Al reconocer una deuda de 6 meses pidió junto a otros compañeros la inhibición del club y la libertad de acción.

Su futuro futbolístico es una verdadera incógnita. Pero de lo que podemos estar seguros es de su pasado. Y de que cuando les cuente a sus nietos que jugó al fútbol en Europa, técnicamente va a estar diciendo la verdad.

Gatti Hugo

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Hugo Victor Gatti

Encontrar un Gatti que haya jugado en Primera División y no sea baldosero (con la excepción de Hugo Orlando, claro) no es una tarea sencilla, a esta altura ya es casi una misión imposible.

Delantero de raza nacido el 15 de enero de 1983, Hugo Gatti realizó todos las divisiones inferiores en Gimnasia y Esgrima La Plata. Opacado por la presencia del Caio Enría, Gonzalo Vargas, Pablo Valenti y el «Batigol da Macaca» Gustavo Savoia (actualmente en el Ponte Preta brasileño) aguardó con paciencia la chance para demostrar sus condiciones en la máxima categoria.

La oportunidad le llegaría recién para la última fecha del Clausura 2005, ante Quilmes. Esa tarde en el Sur, Troglio lo mandó a la cancha a los 84 minutos en reemplazo del Turbo. Así, se dio gusto de jugar contra Pablo Bastianini, Agustín Lastagaray Toledano y Gabriel L*b*s.

Sin saberlo, de esta manera, Gatti hacía debut y despedida. En el Apertura 2005 tuvo que conformarse con jugar en Reserva, hecho que no le impidió compartir entrenamientos con el arquero de Tacuarembó.

A principios de 2006 comenzó a alejarse de la ciudad de las diagonales. Estuvo a prueba en Atlanta a la par del mentalista Bellini y Lucas Moreta, pero ninguno convenció. En julio pasó a Huracán de Tres Arroyos, donde conoció a Daniel Islas, Lucas Nardi, el Novillo García, Pablo Islas, Hector Larroque y Jonathan Vannieuwenhoven. En sus nueve presentaciones con la casaca del Globo poco pudo hacer para evitar el descenso del Nacional B al Argentino A.

Al parecer, nunca pudo asimilar la caída porque hasta el día de hoy, no volvió a dar señales de vida.

Tessone Néstor

Néstor Horacio Tessone (Pimpinela)

Pergamino es una ciudad del norte de la provincia de Buenos Aires. Queda a 222 km de la Capital Federal y según cuenta la leyenda, debe su nombre a unos misteriosos manuscritos encontrados en el arroyo que la atraviesa. Por su importante actividad agrícola, en 1997 fue declarada Capital Nacional de la Semilla. Pero mucho tiempo antes, exactamente el 16 de noviembre de 1964 ya daba sus más jugosos frutos a nuestro fútbol. Porque ese día vino al mundo Néstor Horacio Tessone.

Volante ofensivo y de una interesante zurda, inició su carrera en el club Sport de su ciudad natal. Pero de golpe y porrazo la vida lo puso ante la impensada oportunidad de pasar a las inferiores de Boca. Y empezó a transitar su sueño con cierta normalidad. Hasta que el 8 de julio de 1984, ante una huelga de los jugadores profesionales, le llegó el ansiado momento de debutar en Primera. Entonces, junto a otras jóvenes promesas de esa cuarta división como Fabián Peruchena, Roberto Fornés y Denny Ramírez, tuvo que poner la caripela en el ya célebre día del fibronazo ante Atlanta.

Pero lo sucedido esa histórica tarde fue debut, derrota y despedida. Porque en los años siguientes no terminó de pegar el salto necesario para ganarse un lugar. Así fue como a comienzos de 1986 se fue y recaló en Estudiantes de Río IV para jugar un clasificatorio para el Torneo Provincial. Allí tuvo como técnicos a Luis Héctor Papandrea y José Manuel Pistola Vázquez y compartió muchos momentos inolvidables con René Beltramo y nuevamente Gabriel Vales.

Si bien es cierto que al principio no conformó a los dirigentes, a base de calidad y algunos goles, se fue convirtiendo lentamente en ídolo. Y lo más importante, en una pieza clave del equipo. La presencia de Tessone era valorada no sólo por los suyos sino también por sus rivales, que buscaban sacarlo de los partidos de cualquier forma. Y así fue como un tal Reyna de 9 de Julio, no se anduvo con vueltas y le pasó una crema llamada Foniargon por los ojos durante un partido. Recuperado, volvió con todo pero lamentablemente para la primera final de ese torneo el que se sacó de la cancha fue él solito, tras meterle una descomunal piña a Bianchotti de Sportivo Belgrano en la semifinal con el partido ya definido. Con la suspensión cumplida, pudo estar presente en el partido de vuelta en donde marcó incluso el tercer gol del 3-0 y sellar la consagración del Celeste de Río Cuarto.

De regreso al club de la Ribera, Tessone ya no era el mismo. A pedido de su novia, llevaba una frondosa y tupida barba oscura que lo hizo ganarse el apodo de Pimpinela. Para ser sinceros, lo jodido no es que lo apodaran Pimpinela. Lo jodido es que posta era un doble de Joaquín Galán. Sin embargo se las arregló para que su regreso sea casi perfecto.

En lo que nuestro homenajeado considera su verdadero debut en Primera, el 31 de mayo de 1987, Menotti lo tiró a la cancha por Claudio Dykstra faltando 15 minutos en una semifinal frente a Newell’s por la Liguilla. Y sobre la hora, en un contrataque, paró la pelota poco después de cruzar mitad de cancha y le pegó de emboquillada. El disparo sorprendió al arquero y tras un largo recorrido se clavó en el ángulo para cerrar un 5-2 final. Luego del partido, un Pimpinela todavía con lágrimas en los ojos declaró que «…desde el banco había visto que Scoponi jugaba adelantado. El tiro salió alto y no caía, no caía, pero no sé quién sopló, quizás un ángel y se metió ahí, debajo del travesaño».

Lo del regreso casi perfecto es porque tras esa mágica tarde, no pudo hacer pie nunca más y jugó sólo algunos minutos durante ocho partidos en los cuales casi siempre Boca se fue derrotado. Cansado, aceptó una oferta para ir a Los Andes (1988/89). Con la transferencia hecha, lo consultaron si no creía que su destino podría haber sido otro. Y Tessone dejó entrever cierta dosis de mala suerte en su carrera: «…con Newells podría haber hecho cuatro goles. Con Independiente me perdí el empate a los 45. Y con Racing, en ese famosos 0-6, pegué un tiro en el palo cuando íbamos perdiendo 2 a 0. Son cosas que podrían haberme cambiado la vida. Tal vez hubiéramos clasificado a la Copa, tal vez no se hubiera ido Menotti y tal vez me hubiera seguido teniendo en cuenta y tal vez… y tal vez…».

En el Milrayitas la cosa se puso fulera en serio. Le fue muy mal futbolísticamente hablando y fue una especie de trampolín para sumergirse en aguas más profundas y turbias. Luego vinieron experiencias que le fueron mostrando que el fútbol evidentemente no era lo suyo. El Ironi Ashdod de la segunda división de Israel, de donde salió arando ni bien comenzó la Guerra del Golfo y más tarde Huracán (San Luis), Argentinos del Sud (Gaiman), Racing de Colón y Sport de Salto.

Ya a un mundo de distancia de los flashes y la fama, colgó definitivamente los botines en 1995 y se lo pudo ver laburando en un restaurante y después en una pizzería. Hasta que le salió la chance de atender el kiosco de un lavadero de seis de la tarde a seis de la mañana. No es lo mismo que triunfar en el fútbol, pero no está nada mal para alguien tan digno de esta sección.

José Domingo Paniagua

José Domingo Paniagua

Mucho después de haber sido la cuna futbolística de Arsenio Erico y mucho antes de ser robado por un árbitro en la Argentina, el Club Nacional de Paraguay intervino en un par de ediciones de la Copa Libertadores, donde dio a conocer a algunas de sus figuras.

De su primera participación, en 1983, se destaca el nombre de Félix Torres, aquel delantero grandote y pesado que vistió las camisetas de Mandiyú, Estudiantes de La Plata, Racing y Platense.

Tres años después, en su vuelta al máximo torneo continental, el club paraguayo mostró ante el mundo a valores como Fermín El Abuelo Balbuena, Francisco Pateca Alcaraz y José Domingo Paniagua, el homenajeado del día.

Volante ofensivo nacido nacido el 24 de agosto de 1965 en Asunción, concurrrió con su Selección al Mundial Sub 20 organizado por la Unión Soviética en 1985. La presencia de Eumelio Palacios y Jorge Cartamán le marcó el camino de la baldoseridad. Y lo siguió al pie de la letra.

Al año siguiente disputó con su club la Copa Libertadores, pero la mala suerte le redujo la experiencia. Estudiantes de Mérida y Táchira, los equivos venezolanos que integraban el mismo grupo, no pudieron participar porque la federación de su país estaba suspendida por la FIFA. Por esa razón Nacional jugó y perdió sus dos partidos ante Olimpia y quedó eliminado.

En la Argentina lo conocimos recién en la temporada 1988/89, cuando aterrizó en Córdoba y se sumó a préstamo al Instituto del Coco Reinoso, Ricardo Kuzemka, Dalcio Giovagnoli, Armando Dely Valdez y Ariel Cozzoni, entre otros. Sólo salió a la cancha en 6 oportunidades y convirtió un gol. Suficiente para marchar preso.
A pan y agua, obvio.

Prado Roberto

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Roberto Rubén Rosario Prado

Eran otras épocas, tiempos de crisis. Boca Juniors no ganaba Copas Libertadores, ni Intercontinentales, no existían ni el Clausura ni el Apertura y el club de la Ribera sólo acumulaba deudas y quemaba juveniles con una velocidad sorprendente. Poco tiempo atrás había brillado Maradona, pero para el Metropolitano de 1983, la cosa había cambiado, y para peor.

El 22 de diciembre, por la última fecha del mencionado campeonato, el Xeneize enfrentaba en Córdoba a Instituto. La huelga de los profesionales obligó al técnico de turno a apelar al piberío de las inferiores, que por más entusiasmo que demostraran todavía estaban muy verdes para jugar en Primera.

«Una mañana estábamos practicando cuando apareció Grillo y preguntó quién tenía el documento en la mano para viajar a Córdoba. Como yo estaba en la colimba y ahí te retenían el DNI, sólo andaba con un permiso provisorio. Le dije que tenía ese papel, si podía jugar así, y me llevó«, comentó Roberto Prado alguna vez al diario Olé.

Había llegado a la Ribera en 1980 desde su Villa Constitución natal, con la ilusión a cuestas, pero todo se derrumbó rápidamente. La noche del debut (el partido estaba pactado para las 17 pero arrancó a las 21 porque el avión que trasladaba al plantel se demoró) Boca se comió un baile ante La Gloria, cayendo 5 a 1. Ese día, dirigidos por Alberto Mario González, salieron a la cancha Walter Marcelo Medina, César Claudio Lahorca, Nelson Fabián Iturrieta, Rubén Eduardo Manfredi, Alberto Rafael Benítez, Ramón Ignacio Fernández, Fabián Carrizo, Galarza, Franco, Roberto Prado y Daniel Ruben Panatieri. Luego ingresaron Denny Ramírez por Panatieri y Miguel Barragán por Lahorca. Las ganas de los pibes no pudieron contra la experiencia de los cordobeses que los pasaron por encima sin demasiada contemplación. Al menos, Prado se llevó el recuerdo de haber convertido el único gol de su equipo.

Luego del estreno, tendría tres chances más, ante Atlanta (el día del fibronazo), Newell’s y Temperley. En 1985 pasó a préstamo a Juventud Antoniana de Salta, volvió y al año siguiente quedó libre. Pasó por Ituzaingó (1987), San Luis de Chile (1988), despuntó el vicio por la liga de su pueblo y se retiró joven.

«Laburaba y jugaba, en una compañía de Acindar. Barría, pintaba, hacía de todo. Pero cerró la fábrica y me quedé sin laburo«. Fue así que gracias a la intervención del doctor Eduardo Andreacchio, Roberto Prado retornó a Boca en 1991. Ya no para jugar en Primera, tampoco con los veteranos, sino para ser el utilero de las divisiones inferiores. Estuvo sólo dos meses y subió a las ligas mayores, donde se mantiene hasta estos días.

Infantino Julián

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Julián Esteban Infantino

Creemos que a mucha gente de Argentinos Juniors se le piantará un lagrimón cuando lea esto. Es que Julián Esteban Infantino pudo llegar muchísimo más lejos de lo que realmente el fútbol le permitió.

Este volante ofensivo, nacido en Villa Ballester en 1966, hizo sus primeras armas en la máxima categoría en 1982. Si, leyó bien. Con tan sólo 16 años apareció en un equipo que merodeaba por los últimos lugares de la tabla de posiciones. Eran tiempos de Ricardo Trigili en la conducción técnica, aunque el conjunto de La Paternal no lograba hacer pie faltando poco para finalizar el Torneo de Primera División y corría serios riesgos de perder la categoría.

Tres partidos en aquel campeonato no fueron la mejor prueba de su calidad, la cual mostraría en plenitud en aquel torneo de juveniles llamado «Proyección ’86«, donde Argentinos llegó hasta semifinales exhibiendo un fútbol de alto nivel, sólo superado por un Racing Club que no pudo ante Newell’s Old Boys. Ese campeonato se jugó durante 1983, cuando Infantino había vuelto a entrenar con las divisiones menores del club.

Sin oportunidades en el primer equipo durante 1983 y 1984 (Argentinos campeón en un plantel en el que ni siquiera Borghi tuvo espacio para mostrarse), al año siguiente surgió la posibilidad de probar suerte en Argentino de Firmat, que jugaría el torneo Nacional.

Jugó 5 encuentros y anotó un gol, volviendo al Bicho para el segundo semestre de 1985. Con el primer equipo en la Copa Libertadores, surgieron algunas posibilidades de jugar. Lamentablemente fueron tan solo 8 partidos durante esa segunda mitad del año, con actuaciones aceptables, pero sin destacarse.

Sin participación a principios del ’86, se mostró más activo durante el torneo 1986/87, cuando Argentinos se jugaba todo para intentar lograr la segunda Copa Libertadores en la que participaba. Registró 12 encuentros y un gol, de penal, a Estudiantes en La Plata, en un equipo que era integrado mayormente por suplentes.

A fines de ese año se dio el gusto de jugar el segundo tiempo del partido que le dio a Argentinos su segundo título internacional. Reemplazó a Borghi en el entretiempo del triunfo 1-0 sobre el Defence Force de Trinidad & Tobago, obteniendo la Copa Interamericana.

Otros 8 partidos en 1987 y nula participación en 1988, donde tampoco jugó demasiado en la Reserva campeona 1987/88, mostraban claramente que su salida del Bicho estaba al caer. Es así que entró en la negociación por el pase de Oscar Dertycia a Argentinos. Junto a Infantino se fueron a Instituto de Córdoba Renato Corsi y Armando Dely Valdés.

Buena tarea desempeñó en la Gloria cordobesa, donde actuó en 35 partidos y marcó 4 goles durante la temporada 88/89. Para mediados de 1989 decidió bajar una categoría y fichó para Tigre. Pasó dos temporadas en el Matador de Victoria, donde perdió la categoría en 1991, siendo el goleador del equipo. Luego repartió sus últimos años en el ascenso entre Deportivo Morón y Villa Dálmine.

Fue uno de esos jugadores que tuvo la mala fortuna de surgir en la época de gloria de Argentinos Juniors. Y decimos que no fue afortunado simplemente porque estaba tapado por monstruos futbolísticos en todo el sentido de la palabra. Sin temor a equivocarnos, si Infantino estuviera hoy en el Bicho sería titular indiscutido. Tenía con qué serlo.

(Publicado en simultáneo con «Te Acordas Bicho?»)

Pasceri Adrián

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Adrián Marcelo Pasceri

Apareció en la Primera de River Plate allá por 1984, época de Olarticoechea, el barbudo Jorge García y el uruguayo Bica, entre otros. Era delantero aunque con poco gol. Y se encargó de demostrarlo en su breve paso por el fútbol de los domingos, donde casi no dejó registros.

En el Millonario sólo disputó 3 encuentros, ganándose la oportunidad de decir «yo soy Pasceri, el pibe de River«. Y así se le fueron abriendo algunas puertas, inesperadas en muchos casos, como la de la Selección Argentina Sub 20.

El mismo año de su debut en la máxima categoría, Pachamé lo convocó para el combinado juvenil que disputó la Copa Merlion. Pasceri fue titular ante Corea del Sur e incluso convirtió un gol en Singapur, junto a Ángel David Comizzo, Jorge Theiler, Carlos Mayor, Fabio Spotorno, el Flaco Lamadrid, Juan Sen y Carlos Candia, entre otros.

Luego no fue tenido en cuenta y empezó a deambular por el ascenso, con suerte dispar. Anduvo bien en Tigre (1986/87, 31 partidos y 9 goles) y lo llamaron de Platense (1987/88) para darle otra oportunidad en la «A». No jugó nunca en el cuadro de Vicente López y recién volvió a mostrar su melena rubia con San Martín de Tucumán (1987/88), aquel equipo que le hizo 6 goles a Boca en la Bombonera. Pasceri apenas sumó 4 encuentros y finalizó su estadía en la elite.

Ya metido de lleno en el under, permaneció dos temporadas en el Deportivo Morón (1989 a 1991), logrando el ascenso al Nacional B, actuando un año en esa categoría (40 partidos y 7 goles) y dándose el lujo de ensayar la pose Zaccanti. Retornó al Santo tucumano en la 1991/92 (1991/92, 15 partidos y 3 goles) y dio sus pasos finales en la Primera B, con la camiseta tricolor de Almagro (1992/93).

En los últimos años se lo vio trabajando en las inferiores de Tigre e incluso, como queriendo recuperar la poca fama que alguna vez tuvo, dio la nota cuando lo suspendieron por seis fechas por mala conducta y, por supuesto, su nombre apareció en el boletín de la AFA.

Argañaraz Marcelo

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Marcelo Eduardo Argañaraz

Le tocó integrar la formación más baldosera de Rosario Central en la última década: Manchado; Diema, Gerbaudo, Cetto y Talamonti; Argañaraz, Marcelo Quinteros, Javier Becerra, Javier García, Cámpora y Pierucci. Esos once muchachitos, más Fabián Pérez, Pablo Vacaría y Lucas Correa, salieron a la cancha en junio de 2001 para enfrentar al comprometido Racing Club de Mostaza Merlo.

Esa noche La Academia de Avellaneda ganó 4 a 1 y zafó de la promoción cuando todavía quedaba una fecha por disputarse. Los santafesinos, a pesar de la holgada derrota, sacaron conclusiones de la calidad de jugadores que tenían en Reserva. O eso parece, porque muchos jamás volvieron a vestir la casaca canalla después del abrumante debut.

El defensor Marcelo Argañaraz fue uno de los tantos que tuvo estreno y despedida el mismo día. Es más, ni siquiera jugó los 90 minutos porque cuando faltaban 10′ el DT Daniel Teglia lo sacó para que ingrese Correa.

Con la llegada de Jota Jota López a Central, vio reducidas sus chances de jugar y se fue al Nacional B para lucir los colores de Brown de Arrecifes (2001/02), donde llegó a disputar un puñado de encuentros e incluso marcó un gol.

En los últimos años, su nombre estuvo involucrado en las páginas policiales, pero no por su responsabilidad, sino por su homónimo, ex mánager de una banda especialista en pirotecnia. Pero como nosotros sabemos bien quién es (?), lo encontramos haciendo lo que mejor sabe en la Liga Departamental de San Martín (Santa Fe), con la camiseta del Nuevo Club Atlético y Deportivo Piamonte.

No será el destino ideal para un tipo que supo pisar una cancha de Primera División, pero juega en el mismo campeonato que Juan Manuel Suligoy. ¿Qué más le puede pedir a la vida?