Sosa Mario

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Mario Luis Alberto Sosa

Arrancaba el 2004 en el mundo Boca y a la par comenzaba la ilusión de varios pibes a los que Carlos Bianchi les había echado el ojo durante buena parte de 2003. De esta manera se hizo frecuente ver entrenar con los mayores a jugadores con escaso rodaje en Primera como Miguel Caneo, Pablo Álvarez, Hector Carballo, Juan Forchetti, Federico León, Raúl Osella, y a prometedores juveniles como Ariel Cólzera, Leandro Díaz, Manuel Baigorria, Adelquis Ruffini, el belga Mikael Yourassowsky, Neri Cardozo, y el homenajeado del día, Mario Luis Alberto Sosa.

Santiagueño de nacimiento, marplatense por adopción, con 17 años a cuestas y un pasado por Cadetes y Alvarado, Sosita asomaba como una de las proyectos más firmes de la cantera xeneize, y en 2002, con edad de séptima división ya era representado por su coterráneo Juan Esnaider y habitualmente formaba parte de la Sub 17, dirigida por Hugo Tocalli.

En 2003 Bianchi lo hizo participar de varias prácticas con la Primera, asistiendo a Carlitos Tévez y Pedro Iarley. Por aquel entonces Jorge Griffa decía: «Carlos lo está observando y viendo condiciones naturales para poder plasmar en Primera. Tiene mucho instinto para jugar y talento, es rápido y muy hábil. Se encuentra en un escalón superior a los demás en cuanto al concepto de la habilidad y el desequilibrio contra el rival«.

El 2004 parecía que iba a ser el año de su explosión. Pero no. Se fue Bianchi, pasaron Miguel Ángel Brindisi, Jorge Benítez, Abel Alves y Alfio Basile, y el pibe no vio acción. Sin posibilidades de afianzarse en Primera o Reserva, continuó jugando en cuarta división, esperando una chance que nunca llegó.

A mediados de 2006, Esnaider se lo llevó a Rosario, tocó la puerta en Kosovo y el pibe se sumó a prueba a Newell’s Old Boys. Luego de un par de entrenamientos, convenció a Pumpido y hasta tuvo su rato de gloria. Fue el 10 de septiembre, cuando a los 86 minutos, reemplazó a Mauro Cejas en el empate 2 a 2 frente a Arsenal de Sarandi en el Coloso del Parque.

Después, el pibe quedó en el ostracismo. Reapareció, o al menos lo intentó, con la llegada de Pomelo Marini a la dirección técnica del Leproso, sin embargo, no volvió a jugar oficialmente.

En agosto de 2007 viajó a Estados Unidos para intentar suerte en el New England Revolution de la Major League Soccer, sin demasiado suceso. A la vuelta retornó a Mar del Plata, para defender los colores de Alvarado. Las lesiones lo tuvieron a mal traer y solo disputó un puñado de minutos diseminados en unos pocos encuentros en un nivel paupérrimo.

A comienzos de 2008, fichó con Grupo Universitario de Tandil. Tampoco cumplió con las expectativas por tratarse de un jugador con pasado en Primera división y después de un encuentro con Alvarado, la pasó bastante mal. «En el partido me habían echado por responder mal al tirar un cartel sobre la tribuna, pero jamás pensé en esto que pasó en mi casa. El domingo, después del partido, volví y por la noche recibí la agresión en mi domicilio. Había escritos insultos hacia mi persona, pero también encontré las ventanas destrozadas, la puerta rota y las paredes pintadas. Por suerte a mi familia no le pasó nada, pero tenía miedo por ellos.» dijo el pibe.

«Hice la denuncia, pero a mi me afecta todo esto porque me crié en Alvarado y que me hagan eso no lo acepto. No me llamó nadie de Alvarado y eso me duele porque tengo amigos en el club«, agregó Sosita.

Desde octubre de este año, juega (siempre y cuando las lesiones se lo permiten) en Deportivo Madryn, donde la rompe otro baldosero, el Cholga Galeano.

Senger Dante

Dante Adrián Senger (El Bomba)

Chaqueño como Maxi Ayala, temió ser apodado Chaco y correr la misma suerte de Germán Herrera. Zafó del mote, pero no de las características borgeanas frente al arco en la máxima categoría.

Los goles los hizo casi todos de pibe, en su Castelli natal, también en Corrientes y en las inferiores de Estudiantes de La Plata, donde llegó en 2003 por recomendación del Bocha Flores y Andrés Padrón, aunque su referente siempre fue la Pradón (?). De hecho se tiró imaginariamente de un balcón y como un gato cayó parado en la Primera División, donde le dieron Whiskas los primeros días y después de 15 partidos en los que no convirtió, le terminaron sirviendo en bandeja carne picada con vidrio molido.

Siendo sinceros, el pobre Dante sólo fue titular en 5 oportunidades entre 2005 y 2006. Poco pudo hacer ante la exigente competencia propuesta por Pavone, Maggiolo, Calderón y especialmente el Rafa Maceratesi (?). Al menos, le quedó la experiencia de haber sido entrenado por Bilardo en plena madrugada.

Comparado con Martín Palermo por su contextura física y su capacidad en el juego aéreo, se puso contento y mucho más aún cuando le dijeron «vas a ir a un equipo del exterior donde siempre van figuras de la Argentina«. ¿Inter? ¿Real Madrid? No, el Locarno de Suiza (2006/07). Con el tiempo se fue dando cuenta de que algo raro estaba pasando porque en la plantilla figuraban Gonzalo Higuaín, Fernando Belluschi, Gustavo Cabral, Claudio López, Nicolás Cabrera, pero él nunca los veía en los entrenamientos. Resignado, compartió tardes junto a Mariano Hassell y Mauro Fanari.

Se destapó en la segunda división suiza y tras marcar en varias oportunidades los dirigentes del Pincha lo hicieron volver ¿Para qué? Para prestarlo de nuevo, obvio. Y como sucede casi siempre con los jugadores del León, le dieron 2 posibilidades: ir a quemarse a Olimpo o ir a quemarse a Quilmes. Eligió el Cervecero porque le quedaba más cerca y además le habían comentado que ahí se conseguían los alfajores Capitán del Espacio.

Así fue como este fanático de Silvio Soldán tuvo que luchar por un lugar junto a Diego Ceballos, Sergio Marclay, Germán Alemanno y Luciano Rodríguez, atacantes quilmeños en la temporada 2007/08. Sus 3 goles en 17 partidos no le sirvieron para afianzarse y no tuvo problemas en hablar en tercera persona para buscar responsables:

¿Qué le faltó a Dante Senger para tener continuidad como titular?

Faltó que el técnico (Alberto Fanesi) se decida por Senger. Ahora en la pretemporada tengo que seguir trabajando para ganarme un lugar y esperar una oportunidad ya que cuando me tocó entrar creo que no desaproveché esa opción, hoy por hoy otro compañero terminó jugando como titular y no queda otra que esperar…

De esa manera regresó al único lugar donde la pudo meter seguido, el Locarno. Otra vez en el ascenso del fútbol suizo, trata de reconstruir la historia del nuevo Palermo junto las grandes estrellas de nuestro país. Es decir, Santiago Kuhl, Juan Sara, Ariel Griseldo Reyes y Raúl Osella.

Vannieuwenhoven Jonathan

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Jonathan Vannieuwenhoven

Y después dicen que estos apellidos representan un problema para los relatores. ¡Mentiras! Los profesionales del micrófono, entrenados en esto de desimular errores, zafan incluso comiéndose una o dos letras. Si suena parecido, pasa. Nadie se da cuenta. Salvo que el relator sea Mauro Viale y ese día juegue «Jarabina«.

Predestinado a que la gente se equivoque al escribir su nombre, este delantero nacido en la localidad bonaerense de San Francisco debe haber leído todas las variantes posibles de puños ajenos: Jhonatan, Jonathan, Jonatan, Vanieuwenhoven, Vannieuwenhoven y hasta Vannierwenhover.

Así y todo llegó a Primera División, donde lógicamente fue rareza en sus comienzos y en muy poco tiempo se transformó un futbolista olvidado. Estuvo en el plantel superior de Huracán de Tres Arroyos desde las épocas del Nacional B, cuando el Novillo García, el Gorila Galván y Jorge Izquierdo peleaban por un lugar en la máxima categoría. A pesar de no haber debutado en el under, formó parte del histórico ascenso y recién tuvo su estreno en la séptima fecha del Clausura ’05, cuando fue titular y marcó un gol en el empate 2 a 2 ante San Lorenzo de Almagro. ¿Algo más? Sí, se trepó al alambrado y metió tapa de Olé.

En total disputó 11 encuentros en Primera y señaló 3 goles, cifra para nada despreciable siendo juvenil en un equipo que sólo cosechó 5 puntos sobre 57, gracias a la labor de Martín Mandra, Julio César Renteria, Francisco López Rojas y otras estrellas invitadas.

Todo lo que vino después fue innecesario. Faltó quizás un representante vivo que lo ubicase en una liga de medio pelo o incluso en un equipo con aspiraciones en el Nacional B. Vannieuwenhoven se quedó en Huracán, que luego de una temporada en la segunda categoría terminó bajando al Argentino A. Ya estaba demasiado lejos de los primeros planos.

En la 2007/08 fue prestado al Deportivo Santamarina de Tandil, donde compartió momentos con viejos conocidos como Néstor Lo Tártaro, Nahuel Santos, Javier Elizondo y Marcos Dragojevich. ¿Cómo le fue? Mal. A comienzos de 2008 se alejó del aurinegro pero al menos se pudo dar el lujo de no enfrentar a los tresarroyenses por la famosa cláusula del ex.

Las útimas noticias que hacen referencia a su trayectoria, cuentan que a mediados de este año estuvo a prueba en All Boys…y no quedó. Al final tienen razón los que dicen que es difícil relatarlo. ¡Si no juega nunca!

Garófalo Damián

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Damián Andrés Garófalo

«¿Garófalo? ¿El arquero? ¡Sí, lo conozco!«, podría decir cualquier desprevenido, convencido de que nos referimos al periodista de TyC Sports, también identificable por sus actuaciones en el arco de Hay Equipo, ese programa donde 10 o más personas se ponen pantalones cortos para gastar a Quique Felman.

Pero no, no nos ocuparemos del conductor de Sportia, sino más bien de Damián Garófalo, ex portero de Estudiantes de La Plata que tuvo un inicio bastante prometedor y terminó desarrollando su carrera en el exterior, bien lejos del reconocimiento popular que sí obtuvieron otros jugadores de su camada.

En las inferiores del Pincha formó parte de una generación que contaba con nombres como Carlos Andersen, Néstor Soria, Martín Palermo, el Pepi Zapata, Darío Silenzi, Gastón Córdoba, Martín Mazzuco, Cristian La Grottería y Juan Sebastián Verón.

Su buen rendimiento le permitió, en 1991, llegar a una pre-Selección Sub 17 de Argentina, donde luchó por un lugar con Martín Tocalli, Raúl Sanzotti y el ex Jugate Conmigo, Luciano Castro. De hecho el actor recuerda cada tanto que Mostaza Merlo lo borró para poner a Garófalo.

También en ese compilado de púberes habitaban baldoseros como Silvio Rivero, Christian Brondino, Diego Comelles, Leonardo Luppino, Pablo Guede, el Betito Alonso, César Venier, Luciano Oliveri, Ricardo Castellani, Cristian Akselmann y otros que zafaron como Matute Morales, Marcelo Gallardo, Rodolfo Arruabarrena, Claudio Husaín, el Lobo Cordone y muchos más.

Luego de haber superado varios filtros, ese mismo año viajó con la delegación nacional al Sudamericano de la categoría en Paraguay y pese a ser suplente le tocó actuar frente al combinado local, en el último partido del grupo A que Argentina afrontó con mayoría de pibes que habitualmente no salían entre los once.

Tras el certamen continental, le tocó la oportunidad de viajar a Italia para disputar el Mundial ’91. Y aunque nuevamente tuvo que sentarse en el banco, rescató con el equipo una medalla de bronce y el premio Fair Play. Ah, además vio como se consagraba con Ghana el gran Nii Lamptey.

Pero no sólo de ser juvenil vive el hombre. Garófalo también tuvo experiencias en planteles del ascenso, aunque sin demasiadas chances de agarrar continuidad. Se puso los buzos de All Boys, Douglas Haig de Pergamino y Defensa y Justicia, antes de encarar su aventura internacional, esa que le traería muchas alegrías, en compensación a lo poco que pudo recolectar en su país.

El 1997 recaló en Honduras y después de un flojo debut en el arco de la Universidad, empezó a maquillar su imagen con actuaciones que despertaron admiración de aficionados y medios de comunicación. Ya para fines de ese año era señalado por todos como el mejor arquero de la liga, generando comentarios destacados: «Su figura es la del típico malabarista, que hace figuras (sic) en el aire, todo por contener el balón, que atenaza evitando cualquier complicación«.

Entre 1999 y 2000 defendió los colores del club Marathon y justo cuando se empezaba a hablar de su regreso a estas pampas para defender la valla de algún equipo del under, le dijo adios a la actividad profesional.

(Gracias Martín)

Vanega Facundo

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Arturo Facundo Vanega
No cualquiera se come una sanción por dóping positivo el día de su debut en Primera. Facundo Vanega, alguna vez podrá contar que, lamentablemente, forma parte de ese no tan selecto grupo. Y es que el pibe ni esperaba esa chance de jugar. Si bien ya había participado de 2 pretemporadas a la par de K*l*an V*rv*escas, el goleador del Corinthians brasileño Quase gol Herrera, José Luis García, Damián Luna, Juan Manuel Olivera, Jorge Drovandi, Edilio Cardoso y el Látigo Peirone, entre otros, nunca había sido tenido en cuenta.

En aquel Clausura 2005, San Lorenzo culminaba su participación y ya no peleaba por nada. En la previa del partido contra Lanús, por la fecha 18, Aldo Paredes pegó el portazo y abandonó Boedo. Gabriel Rodríguez, el técnico interino, tuvo que acudir a los juveniles y Arturo Facundo Vanega, moneda corriente en la Reserva, tuvo su chance de ir al banco de suplentes.

Esa noche, el Ciclón derrotó al Granate por 3 a 1, y Vanega, tuvo su estreno entre los grandes a los 78 minutos, cuando reemplazó a Walter Acevedo.

Sin percibirlo, ahí empezaba la pesadilla. El 11 de julio de 2005, el nombre del juvenil apareció en una lista de pibes que venían entrenando con la Primera pero que bajarían al Selectivo, al no ser tenidos en cuenta por el DT Gustavo Alfaro. La misma estaba integrada además por el arquero Matías Coloca, el volante Leandro Altamirano y el delantero Leonardo Ulloa.

Un día después, el 12 de julio, se dio a conocer la peor noticia. La muestra de orina de Arturo Vanega de aquel partido ante Lanús presentaba restos de tetrahidrocannabinol, un derivado de la marihuana. Poco después Alfaro decidió no condenar al pibe y llevarlo a la pretemporada (llegó a practicar con el gigante Iván Fassione) con los grandes: «Me da alegría que haya decidido llevar al chico con el plantel. No es darle un premio por su error, sino que habla de que el hombre es más importante que el jugador. Vanega tiene todo nuestro apoyo y sabemos que él lo entiende y va a hacer las cosas bien«, dijo Rafael Savino, en una medida que fue festejada por los medios, pero que el fin y al cabo los hechos demostraron que no fue más que eso, una jugada para los medios.

«Facundo me dijo que muchos amigos fumaban un porro y él nunca lo hacía por el fútbol, pero que estaba cansado de jugar en reserva y que (el técnico interino) Gabriel Rodríguez nunca le diera una oportunidad en primera, así que un día lo iba a probar«, lo quemó públicamente la madre. Pese a admitir que días antes de su debut se había fumado un fasito, Vanega no le pudo escapar a la dura sanción: seis meses afuera de las canchas.

Cumplida la condena, actuó en Reserva y se fue diluyendo de a poco, hasta que en agosto de 2006 quedó libre al igual que Franco Bejarano, Matías Coloca, Eduardo Domeneghini, Cristian Espinoza, Matías Leites, Matías Medina y Carlos Zorrilla. Nunca más volvió a jugar al fútbol de manera profesional.

No lo vamos a matar por haberse fumado un porro, después de todo, el que esté libre de pecados que tire la primera piedra.

Flores Gabriel

Gabriel Alejandro Flores

Se comenta en los pasillos de En Una Baldosa (?) que cuando los integrantes del staff no saben a quién corno homenajear, recurren a un viejo truco, un as en la manga que lucha sin cesar contra la sequía de baldoseros: el plantel de San Lorenzo del Clausura ’92. Con sólo meter la mano en esa galera imaginaria, uno puede sacar un conejo sin tironear demasiado. Un Di Marco, un Sanfilippo, un Ricatti, un Regules, un Coronel, un Carrasco, un Nartallo, un Rodríguez, un Nardozza, un Ovelar, un Roa o un Monarriz, estuvieron siempre a la orden del día para arrancarle una sonrisa o una puteada a los lectores reconocibles como Destro, nicobanfield, el inolvidable colita, nicovw3, Gabi Canch, danii esp. y también a los anónimos que representan la muda mayoría.

Gabriel Flores fue parte de ese centro de evacuados del fútbol profesional, que reunía a 39 tipos con al menos un minuto en el campeonato. En aquel torneo debutó como titular en una derrota 3 a 2 ante el Vélez de Eduardo Luján Manera y luego, aunque le dieron más chances de actuar desde el inicio, le costó afianzarse en el puesto de volante por izquierda. Hasta su partida, a mediados de 1994, alcanzó la cifra de 13 partidos disputados y ningún gol.

Una categoría más abajo, en el Nacional B, vistió la camiseta de Los Andes (1994/95 y 1998/99, 44 partidos, 5 goles) y San Martín de San Juan (1997/98, 9 partidos). En Primera B sudó la ropa de El Porvenir (1996/97) y por los torneos regionales jugó para Regatas (2003) y La Emilia de San Nicolás (2004/05). ¿Más? Sí, en la temporada 1995/96 estuvo en Blooming de Bolivia y predijo que un santiagueño les iba a hacer 5 goles, pero como no le creyeron le pegaron un voleo y recién volvió al exterior cuando lo contrataron de Inter Turku de Finlandia (2000 a 2003) y pudo hacerse un asado a orillas del río Aura junto a otros argentinos como Luciano Alvarez, Fernando Décima, Diego Corpache, Fernando Della Sala y Arístides Pertot.

(Gracias Cazador y Diego)

Castellani Ricardo

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Ricardo Martín Castellani

Puede ocurrir tranquilamente que en una tarde lluviosa y aburrida nos pongamos melancólicos y empecemos a buscar fotos de buenos momentos, de años felices, de tiempos que ya no volverán. Si somos solteros, por ejemplo, podemos revisar minuciosamente todos los cajones para encontrar la única foto guardada de una ex novia que nos dio bola de casualidad. Esa piba que se partía de buena y que soñamos con volverla a ubicar para cortar la sequía en nombre del reencuentro inesperado. Si estamos casados o de novios, pensamos lo mismo. El instinto no cambia.

Es demasiado injusto que, en esas situaciones, generalmente la foto no aparezca. Por más que revisemos todos los sobres y demos vuelta los álbumes amarillentos con el loguito de Kodak, lo que buscamos con desesperación no nos da ni la hora. Para peor, suelen reaparecer comprobantes de épocas desagradables. Imágenes de gente que uno no quiere volver a ver, diplomas de carreras que no sirven ni para completar una solicitud de empleo en Mc Donald’s, papeles garabateados con vaya uno a saber qué proyecto delirante que nos salvaría la vida y que, por supuesto, ni siquiera empezó.

En esas tardes de muebles abiertos, cajas destapadas y quilombos que prometeremos ordenar, también son protagonistas las revistas, que asoman casi tímidamente entre otras cosas que aparentan ser más importantes y terminan inevitablemente en nuestras manos como si fueran lo esencial, lo único. El Gráfico, Goles, Sólo Fútbol, SuperFútbol. Todas tienen su encanto, todas están ahí por algo. Aunque hayan pasado 20 años. Aunque el precio esté en australes. Están ahí.

La cagada, como siempre, es que abrir un ejemplar de 1987 no es un trámite. A eso hay que agregarle el placer de volver a leer las formaciones, observar las fotos, deleitarse con las publicidades de la época y hasta apostarnos a nosotros mismos si somos capaces de adivinar qué nota aparecerá en la página siguiente. Con suerte, pasarán 15 minutos hasta que cerremos esa revista. Sólo esa. Una, de cientas. O de miles.

En esas condiciones uno puede toparse con una foto de Ricardo Castellani, un ignoto defensor de la cantera de River Plate que ni siquiera llegó debutar en Primera y que, como máximo logro, ostenta un gol para la Selección Argentina en el Mundial Sub 17 de Italia 1991.

Insistimos, es muy injusto que aparezca antes el recuerdo de este tipo que no tiene nada que ver con nuestra existencia, que el de aquella piba que nos despertó todas las hormonas habidas y por haber. Es cruel, es choto. La vida, en ese sentido, es puta. La vida. La chica no. O quizás si. ¿Quién sabe? Ha pasado mucho tiempo y nosotros estuvimos entretenidos ojeando revistas.

Ricatti Leonardo

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Leonardo Adrián Ricatti

Un talento de las divisiones inferiores de San Lorenzo que no pudo afirmarse en Primera y salió a recorrer el Mundo para completar un album de fotos digno de este sitio.

Delantero prometedor, entre 1988 y 1992 disputó 7 encuentros en los que convirtió un gol. Su partido despedida en el Cuervo fue el 23 de febrero de 1992, cuando ingresó por Fabián Castro en la derrota ante Talleres por 2 a 0, correspondiente a la fecha inicial del Clausura de ese año.

Después metió una seguidilla de clubes bien disímiles para quedarse bien tranquilo de que en el fútbol, como en la comida, lo había probado todo. Metió Santiago Wanderers de Chile (1992), Slovan Bratislava (1993) y Dukla Banská Bystrica (1994) de República Checa, Deportivo Aucas de Ecuador (1994), Almirante Brown de Isidro Casanova (4 partidos en la 1995/96), All Boys y muchos conjuntos del ascenso tano como el Giulanova. También en Italia tuvo un mal pase al Avellino y se fue corriendo del Esperance de Túnez, donde la pasó muy mal según reveló en una nota de Aro Geraldes para la revista El Gráfico.

 

“No quería saber nada, pero el empresario que me llevó me insistió tanto que hice el intento de quedarme. Estuve 10 días, pero me pasó de todo. Después de una práctica me voy a duchar; me sacó la ropa y me paro debajo de la lluvia. En eso entra el utilero a los gritos: ‘¡¿estás loco? ¿Como te vas a bañar desnudo? La religión islámica no lo permite!’, me decía en italiano. Después de eso no me quedaban más ganas de quedarme en África. Hablaba por teléfono a Buenos Aires todo el tiempo, total el empresario me había dicho que él pagaba la cuenta. Pero cuando estoy por salir para el aeropuerto, me ataja el conserje del hotel por una deuda de 700 dólares de llamadas telefonicas. Lo buscaba para matarlo, pero el técnico me calmó y pagó la cuenta de su bolsillo. Llego a Roma y cuando quiero embarcar para Buenos Aires, me avivo que también me había estafado con los pasajes”.

 

¿Más? Volvió a la Argentina y terminó jugando a buen nivel…en un torneo intercountry para el equipo Longchamps Rojo.

Hoy, sin las chapas largas de sus comienzos pero con el carisma de siempre, ese que lo llevó a declarar que la única diferencia con Batistuta era la cuenta bancaria, disfruta de los éxitos recolectados en su vida deportiva y nos deleita, en internet, desde el blog que reúne a la vieja categoría ’70 de San Lorenzo de Almagro. ¡Gracias por ser baldosero, Ricatti!