Sandoval Isidro

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Isidro Sandoval

La política mesurada y austera que exhibió Vélez Sársfield en los últimos 15 años nada tiene que ver con lo que sucedió en 1987, cuando incorporó baldoseros por doquier en busca de un título que se le negaba desde casi dos décadas.

A mediados a quel año llegaron al Fortín nombres como Buenaventura Ferreyra, el indultado Jorge Nunes, Karabín, Tuta Torres y un brasileño llamado Farías. En ese extraño paisaje que también completaban Bartero, Lucca y el Turco García, sacó el pescuezo este defensor paraguayo que arribaba desde Guaraní con los antecedentes de algunos partidos en su Selección y haber sido la figurita 154 del álbum de México 86.

No sabemos si el hecho de tener algunos compatriotas en el equipo le sirvió para ganarse el respeto en todo el plantel. Lo cierto es que su poder de convencimiento lo llevó a ser el encargado de los penales y en menos de 2 temporadas marcó la nada despreciable suma de 4 tantos. Su rendimiento en 30 partidos, vale decir, no estuvo a la altura de lo deseado y en 1989 partió con rumbo desconocido.

El hombre que también pasó por Cerro Porteño se transformó, según cuenta el Diario ABC, en una persona que despilfarró su dinero y que actualmente que vive de la caridad.

Para recordarlo como el grande (?) que fue, reproducimos una anécdota malísima que relató alguna vez Rolando Chilavert, el hermano de Jose Luis:

 

«Estábamos concentrados con el plantel de Guaraní y un día, en el almuerzo, olvidé mi llave sobre la mesa, e Isidro Sandoval y otro compañero la encontraron. Era la llave de mi auto. Entonces fueron, subieron al mismo e Isidro, ni corto ni perezoso, tomó el volante y, junto a su copiloto, decidieron dar un paseo, pero se encontraron contra un colectivo, y allí quedaron. Prometió pagar el arreglo, pero nunca lo hizo. Por suerte, solamente fue un susto, porque a ellos no les pasó nada».

 

Para quedarnos tranquilos, el fútbol argentino no fue el único lugar donde quedó en deuda.

García Cristian

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Cristian Diego García

Era 1994, año mundialista. El doping de Maradona, la efedrina, Andrés Escobar, Brasil, Ayrton Senna, Vélez, Ritmo de la Noche, Independiente, la reforma de la Constitución, Peñarol de Mar del Plata, Forrest Gump y se asomaba la tribuna de Nico, con Charanguito, Campi, La Cordobesa y Caramelito.

La gente estaba en otra y no tuvo tiempo para percatarse de que en San Lorenzo de Almagro debutaba un pibe de apellido García. Su estreno fue en el Monumental, ante River, ingresando por el Balín Bennett en el empate 1 a 1 de la fecha 14 del Clausura. Ese mismo año jugó otros 6 encuentros (4 como titular) pero nunca pudo adueñarse de un puesto en ese mediocampo poblado por el Diablo Monserrat, Juan José Cardinal, Carlos Netto, Fernando Galetto y Paulo «golderiver» Silas.

Se quedó en el club un tiempo más, integró el plantel campeón de 1995, amortizó los 5 mangos que nos salió la foto de Avedikián y después desembarcó en El Porvenir (1996/97), donde jugó poco y se fue esfumando al mismo tiempo que 1994 empezaba a parecer lejano y Charanguito se transformaba en una pieza arqueológica de la televisión argentina.

Ivanovic Flavio

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Flavio Jorge Ivanovic

Cargó con el estigma de ser el hermano menos famoso de una familia futbolera. El tema es que no es el hermano de Guillermo Barros Schelotto, ni de Claudio Husaín, ni de Hermes Desio y mucho menos de Claudio Spontón. La vida quiso que sea reconocido por ser el Ivanovic malo, aunque este último calificativo hoy genere desconcierto: ¿Había un Ivanovic bueno?

Flavio, hermano mayor de Amilcar, arrancó en Platense en 1985 pero ante las pocas posibilidades de mostrarse como un centrodelantero interesante pasó a préstamo a Acassuso (1985/86), donde se curtió en la dura Primera D. Una temporada más tarde retornó a Primera División con la breve excursión de Temperley (1986/87) que terminó con la pérdida de la categoría. Con 9 partidos, un gol y un digno bigote que merece todo nuestro respeto, llamó la atención de Platense, que lo hizo retornar en la 1988/89 para redondear una triste estadística de 6 partidos y ningún tanto con la camiseta del Calamar.

Aturdido de no dar pie con bola, bajó al Nacional B para unirse al glorioso Atlanta (1990/91) de Montes, Chumba, Spotorno, Ereros, Ragg, Hrabina, Claudio Martinez, Ozán, Carrasco, Mattis y Renato Corsi. ¿Cómo terminó ese experimento? Mal, por supuesto. El Bohemio fue protagonista de un escándalo que derivó en una quita de puntos y cayó a la Primera B sin derecho a esbozar ningún reclamo.

Además de haber choreado un tiempo en Canadá, en las filas del Toronto Internacional, también se lo reconoce por ser un ilustre ex alumno del Comercial de San Isidro (como Claudio Marangoni) e incluso se puede encontrar un libro de su autoría en la Biblioteca Central de la Universidad de Belgrano.

Este año lo ubicamos en un torneo de veteranos de San Fernando. Viste los colores del equipo «Brujas» y aparece en la tabla de goleadores con 5 tantos, detrás de los jugadores Fumaroni y Piedra. Nada más que añadir, su Señoría.

Candella Norberto

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Norberto Adrián Candella (El Beto)

Todo equipo que se digne de tal debe tener un delantero suplente. Uno de esos que entran faltando 5 minutos y hacen el gol del empate para salvar las papas. Esos que están a la sombra del 9, del goleador. Generalmente a la espera de una chance breve. Y casi siempre, también, terminan ganándose el cariño de la hinchada por esa innata condición de amuleto.

No es el caso de Candella, un tipo que humedeció su pólvora de tanto aguardar su oportunidad y cuando le llegó el turno de mostrar sus condiciones se apichonó como el peor. Ni de palomita, jugada fetiche del simpatizante canalla, pudo meterse en el bolsillo a la gente de Central. En la foto se lo observa definiendo fallidamente ante Nicolak, arquero de Estudiantes de Mérida, conjunto venezolano que chocó con los rosarinos en la Copa Libertadores de 1987.

En ese certamen continental Candellita tuvo chances de actuar como titular pero generalmente era reemplazado por otras promesas, como el caso de Urruti. Ni siquiera estar al lado de Scalise o de un buen puntero como el Pichi Escudero le aseguraba presencia en el arco contrario. En el torneo local sólo disputó 2 partidos y no convirtió.

El Nacional B también supo de su andar. Arribó a Quilmes (1987/88) como refuerzo para la segunda rueda, jugó 19 partidos y marcó en 4 ocasiones. Logró sacarle el puesto al peruano Baroni y en líneas generales no dejó un mal recuerdo. Después Douglas Haig de Pergamino (1988 a 1990) y Nueva Chicago (1990/91) lo tuvieron en sus filas con la firme intención de ser testigos de un milagro que jamás llegaría.

Un escalón más abajo, en la Primera B, conoció algunas canchas que le faltaban tachar en su diario de ruta gracias a Sarmiento de Junín (1991/92). En el verde hizo un gol ante Arsenal que significó el primer triunfo del equipo bonaerense en la categoría y luego, con la pasividad de un delantero suplente, se sentó a esperar su homenaje en este sitio.

Game Esteban

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Esteban Raúl Ramón Game

Si tenemos en cuenta su antigüedad podríamos considerarlo un caso para el amigo Console, aunque si miramos bien su apellido no caben dudas de que estamos en presencia de un típico jugador de consola.

Apareció en Rosario Central en 1986, año en el que disputó su único match oficial en la máxima categoría. En la temporada 1986/87, además, salió campeón junto al Pichi Escudero, Omar Palma, Edgardo Bauza y otros próceres. Seguramente habrá utilizado el premio del título para ayudar a su family, o al menos a su mame.

Con esa breve pero linda experiencia tuvo el crédito abierto para hacer gran turismo pero eligió quedarse en su civilization para defender el imperio de Argentino de Rosario. En el Salaíto estuvo desde 1987 y formó una mafia con Arrabal, Piva, Soria, Reyna y otros tantos superhéroes que se fueron forzadamente a la C y luego consiguieron el ascenso a la Primera B.

De haber prolongado su carrera en Primera División tal vez hubiese jugado en River Play, junto al Robocop Medina Bello, el Monkey Claut y los Pac-man del mediocampo, Zapata y Astrada. Pero no, ni siquiera actuó en el Unión de Super Mario Trullet.

Hasta aquí la vida de una persona honesta, sin vueltas ni trucos. Un tipo que nunca fue botón y que jamás necesitó que le hagan palanca para cumplir sus metas. Hizo lo que pudo y fue consciente de sus limitaciones. Cuando se puso grande le fueron cayendo las fichas y al llegar al final de la cascada el fútbol le dijo game over.

Acosta Horacio

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Horacio Antonio Acosta (Beto)

Integrante de la joven guardia, denominación utilizada por la revista El Gráfico para identificar al grupo de pibes que hacían, en el verano de 1991, sus primeras armas plantel de Boca Juniors.
A la par de Daniel Tilger, el flogger Ariel Are, Jorge Lépez y el Loco Duré, nuestro homenajeado asomaba al mundo xeneize con la intención de permanecer.

Nacido el 30 de julio de 1971 en Avellaneda, se formó en Berazategui y en 1990 pegó el salto grande cuando pasó al club de la Ribera. En su primitiva posición, la de volante central, se vio tapado por Giunta y hasta por el Negro José Luis Villarreal, que por ese entonces prefería laburar de doble del Pastor Giménez antes que jugar de ocho o de diez.

El estreno en la máxima categoría lo encontró, vaya coincidencia, frente a un equipo de su ciudad natal. El 16 de mayo de 1993 ingresó por el Betito Carranza ante Independiente, para intentar congelar el clásico que ganaba el equipo de Osvaldo Potente por 1 a 0. El plan no resultó porque algunos minutos más tarde Hermes Desio puso el definitivo empate en un tanto.

La carrera de Acosta, apodado Beto en clara evidencia de una escasa originalidad, comenzó a descender niveles más rápido de lo deseado. Entre 1994 y 1996 defendió los colores de All Boys y una temporada más tarde tuvo que lucharla en Salta con la camiseta de Juventud Antoniana (1996/97). Ya afianzado en su puesto de marcador central, ganó en continuidad cuando firmó para San Miguel. En el Trueno Verde actuó desde mediados de 1997 hasta 2001.

Con 30 años y todavía algo por entregar, le hizo caso a Cachín Blanco y sufrió bastante en Independiente Rivadavia de Mendoza, que lejos de convocar a figuras como Ariel Ortega o el Lobo Cordone, se tuvo que conformar con los que tenía y terminó penando. El ex Boca arrancó como suplente de Diego Alarcón y finalmente se apoderó del puesto, pero colectivamente el equipo no encontró nunca su rumbo y acabó descendiendo al Torneo Argentino A.

Tras un parate, renovó su vínculo a pesar del mal trago y ya en la tercera división vivió la grata experiencia de ser dirigido por Claudio García. Se ve que mucho no le entendió al Turco y ante tanta confusión partió espantado al fútbol paraguayo. Algo le faltaba a su trayectoria y eso era un paso por el fútbol internacional. No sabemos si le fue bien o mal en Sportivo Luqueño (2003), pero al menos interpretamos que cumplió con un precepto del baldosero tipo: robar en el exterior.

Furlanetto Nicolás

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Nicolás Raúl Furlanetto

Dentro del catálogo de frases hechas se acostumbra a decir, entre otras tantas mentiras, que lo bueno dura poco. Claro que como decía Tu Sam (todo un visionario), puede fallar, y eso en el fútbol pasa muy a menudo.

Nicolás Furlanetto nació el 24 de enero de 1985 en Santa Fe y varios años después entendió que lo suyo sería el fútbol. Así, previo paso por la Escuela Ernesto Duchini, este delantero armó el bolsito, se despidió de sus afectos y se tomó el micro a Capital Federal, para sumarse a las divisiones inferiores de Boca Juniors. Después de ver poca acción en la novena xeneize, agarró sus cosas y se fue a la ciudad de las diagonales.

Gimnasia y Esgrima La Plata lo cobijó entre sus filas y en el verano de 2003, Carlos Ramacciotti le cumplió el sueño de participar de una pretemporada con el plantel profesional, junto a otros pibes que pintaban bien como Marcos Cuculicchio, el Mariscal Juan Di Bartolo, Juan Gabriel Figueroa, Derlis Florentín, José Manuel Hollender, Maximiliano Kondratiuk y Agustín Rando, entre otros.

En el torneo Clausura de aquel año debutó oficialmente entre los grandes. Fue el 21 de febrero en la segunda fecha, ante Independiente, en la goleada a favor del Tripero por 3 a 0. Unos pocos minutos (13) diseminados en 3 partidos (a la semana de su debut dijo presente en el 0-4 ante Central, y en la última jornada se despidió en un 0-0 ante Arsenal) durante una irregular campaña del Lobo fueron el premio al esfuerzo y la perseverancia, pero no le permitieron demostrar nada de su presunto potencial (si es que tenía).

Durante las siguientes tres temporadas tuvo que conformarse con actuar cada muerte de obispo en Reserva (su tarde de gloria fue cuando le marcó 2 tantos a Racing) y Cuarta, hasta que a mediados de 2006 quedó libre. A comienzos de 2007 se incorporó a Cruz del Sur de Bariloche, para disputar el Torneo Argentino B. Pero la suerte no acompañó, jugó poco, mal y rápidamente le rescindieron el contrato.

Se desconoce a qué se dedica por estos días.

Avedikian Manuel

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Manuel Alejandro Avedikian

La elaboración de un post en este sitio tiene ciertas variables que no necesariamente son palpables para el lector. No hay un post igual a otro. Algunos requieren meses de investigación, otros salen fácilmente en un par de horas. Están aquellos que generan nostalgia, alegría o bronca, y están también los que pasan desapercibidos, en sintonía con la carrera del homenajeado. Al margen de esas diferencias, todos cuestan. La mayoría consume horas de laburo/ocio y algunos, aunque parezca mentira, cuestan guita.

Manuel Avedikián fue un delantero que tuvo San Lorenzo de Almagro en la temporada 1995/96. Su máximo logro en el fútbol profesional, más allá de sus 2 partidos oficiales, fue haber integrado el plantel cuervo que se quedó con el título del Clausura ’95. Un poco más abajo en la escala de valores, figura el haber aparecido en la foto grupal junto a Oscar Ruggeri.

También supimos, mediante el archivo digital de Clarín, que en noviembre de 1996 no era tenido en cuenta por el técnico Carlos Aimar, pero figuraba una lista de posibles convocados para la selección de Armenia. La información, difundida por la revista inglesa World Soccer, daba cuenta de que el jugador de origen armenio tenía la posibilidad de nacionalizarse y actuar para su segunda patria, junto a hombres en su misma situación como Marcelo Kirimitdjian, Michael Derzakarian, Alain Boghossian y un ignoto de apellido Avetissian que aparentemente también jugaba en el Ciclón.

El club de Boedo no quiso pagar un mango por un atacante que no necesitaba y entonces lo dejó libre a fines de ese año. En la temporada 1997/98 apareció un tipo con su mismo nombre en el Dukla Praha de República Checa y es ese el último dato más o menos convincente que ubicamos sobre su trayectoria.

Desde la creación de este blog, allá por el 2004, encontrar su foto había sido casi una quimera. Golpeamos puertas, mandamos mails, hojeamos diarios, publicamos avisos. El resultado siempre era el mismo…negativo.

Ayer a la tarde, en una casa de venta/canje de revistas de Liniers, un miembro del staff pispeó, casi sin esperanzas de toparse con algo interesante, el anuario de El Gráfico versión 1995. Y allí, en las páginas dedicadas al San Lorenzo campeón, aparecía la imagen que ilustra este artículo. El valor del ejemplar, excesivo por cierto, estaba fijado en 5 pesos. No hubo tiempo ni ganas de dudarlo. ¿Cuantas veces en la vida uno puede volver a estar cara a cara con una fotografía de Avedikian?

No fue la primera vez que lo hicimos y tampoco será la última, por otros hemos abonado mucho más. Pero sigue siendo sorprendente que San Lorenzo no haya pagado nada por retenerlo y nosotros 12 años después garpamos 5 mangos para tener la imagen y armar en dos horas un post que esperamos 4 años. Eso es En Una Baldosa.