
Roberto Ariel González
Era un pibe normal. Demasiado. Llevaba un nombre de pila muy común y un apellido popular. Tenía que ser muy bueno para diferenciarse del resto. Y eso conspiró contra su estabilidad en el fútbol. Tras 10 partidos en la Primera de Rosario Central (1994/95), el volante se miró a los ojos con su compañero Mario Gori y ambos se preguntaron: ¿Por qué no nos vamos a robar a Estados Unidos?
Así fue como se metieron dentro de un paquete que habían armado los representantes Ricardo Schlieper y Jorge Balbis. La idea de poblar la liga yanqui con jugadores latinoamericanos parecía ser la salvación de varios. Pero no fue todo color de rosa.
Luego de algunas pruebas, Gori quedó en el plantel del Miami Fusion y un tiempo más tarde, ya defendiendo al DC United, fue acusado de violación.
Nuestro homenajeado, en cambio, no superó la evaluación para ingresar al maravilloso mundo de la MLS y se perdió de actuar en el mismo país donde triunfan Darío Sala, Juan Carlos Toja y Carlitos Marinelli. Después desapareció entre la multitud, como cualquier Roberto González.
Juan Pordiosero




