Estaban hechos el uno para el otro. Rolando Carlos Schiavi tenía 28 años cuando Boca Juniors se lo compró a Argentinos Juniors en 900 mil dólares para reemplazar al colombiano Jorge Bermúdez. El Flaco llegó y en su debut extraoficial ante la Roma la rompió y los tanos quisieron llevárselo.
Actuó con la camiseta azul y oro hasta fines de 2005. En el medio, escribió el manual de cómo debe defender el 2 de Boca. Se marchó siete títulos después, dos locales y cinco internacionales. Pasó por Hércules de España, Grêmio de Brasil, Newell’s Old Boys y Estudiantes LP, y regresó a su casa a mediados de 2011 para consagrarse campeón invicto.
Rolo le puso punto final a su carrera en el Xeneize ante Godoy Cruz, en La Bombonera, por la última fecha del torneo Inicial 2012. Esa tarde, el equipo de Julio César Falcioni derrotó al Tomba por 2 a 1 (goles de Pol Fernández y Nicolás Blandi; Armando Cooper había puesto en ventaja a los mendocinos) y Schiavi vistió una casaca con un detalle: el número 2 y su apellido en dorado, tal como lo había hecho Martín Palermo con el 9 un año y medio antes.

Pese a que en un principio había anunciado su retiro del fútbol, semanas más tarde, el oriundo de Lincoln se incorporó al Shanghái Shenhua de China, donde jugó algunos meses dirigido por el Checho Batista, hasta que en octubre de 2013 se despidió de las canchas para sumarse al cuerpo técnico del Titán.






