¿Qué es lo más necesario para ser campeón del mundo? ¿Tener a los mejores jugadores? ¿Una buena táctica? ¿Rivales más accesibles que otros? Una combinación de estos factores sería ideal, aunque nunca hay que descuidar aspectos externos que sin duda aportan lo suyo: los viajes, la alimentación, el peso en la FIFA (?) y, por supuesto, las cábalas. O, como prefieren decirles algunos, las costumbres.
A más de 30 años de la última vuelta olímpica argentina en un Mundial, la búsqueda de rituales que ayuden a conseguir el gran objetivo se repite sin llegar al resultado deseado. Hinchas, jugadores, técnicos, dirigentes: todos tienen algún método que creen infalible, y que parece funcionar, hasta que se cruza Alemania (?).
Una de estas tradiciones que suponemos que ayudará para traernos la Copa tiene que ver con la vestimenta. Así, se trata de repetir lo hecho en las últimas conquistas. Por ejemplo, la empresa que viste a la Selección imitó el diseño de la camiseta usada en 1986 para el Mundial de 2010, y todo estaba en orden hasta que nos comimos el chamuyo de los alemanes. Sin embargo, hay un detalle que parece haber pasado desapercibido en esto de camuflarse con la mística del 78 y del 86: cambiar el diseño de los números en pleno desarrollo de la Copa del Mundo. Una situación que por diferentes motivos se dio en los últimos planteles campeones, y jamás se repitió.
En 1978, durante los primeros tres partidos correspondientes a la primera fase, la camiseta argentina mostró los distintivos números que lucían los equipos vestidos por Adidas. Estos dígitos estaban formados por tres líneas separadas, en clara alusión a la marca. El resultado era prolijo en prendas como las de Brasil, Francia o Perú, pero no tanto en la de Argentina: al ser una vestimenta que no tenía un color liso sino que mezclaba el celeste y el blanco, era complicado distinguir el número desde lejos. ¡Menos mal que no relataba Vilouta!
Haya sido por un pedido del periodismo o para cambiar una mala racha (casualmente, ese diseño se dejó de utilizar luego de la derrota ante Italia), a partir de la segunda fase se utilizaron números “con relleno“: un color sólido tapó las líneas sin que la casaca pierda identidad.
La tesis (?) de apuntar a estos pormenores como método infalible para ser campeones viene con bonus track en el capítulo referido a este certamen. Se trata del detalle en el pantalón del Pato Fillol: si se agudiza la vista, puede apreciarse que el 5 no tiene el mismo formato que el del resto de sus compañeros. Durante toda la Copa, el arquero usó esta prenda, cuya cifra parece estar hecha con una cinta, resultando bastante diferente a la de sus compañeros, que mantuvieron durante los siete partidos el dígito formado por las tres líneas en sus cortísimos shorts. Atención Caballero, Armani y Guzmán: esto es responsabilidad de ustedes.
Ocho años después, el cambio fue más drástico: en el encuentro frente a Inglaterra se usaron un par de juegos de camisetas (una para cada tiempo) compradas de apuro en México. Eran de marca Le Coq Sportif, pero no tenían escudos ni números, por lo que empleadas del América, donde concentraba la Selección, debieron implantarles estos elementos de apuro. Si hay texto, hay video (?):
El cambio en los números con respecto al partido frente a Uruguay, cuando se usó la prenda oficial, fue drástico: color, tamaño, diseño y hasta deporte, ya que según los testigos eran de un juego de camisetas de fútbol americano. A pesar de este contratiempo (¿o, tal vez, gracias a este contratiempo?) Argentina siguió su camino hasta levantar la Copa.
En fin, Sampaoli y compañía ya están avisados. A la mierda con Agüero o Higuaín, que la chupe (?) el 2-3-3-2: lo más importante es encontrar el momento justo para meter un volantazo y que la espalda de los jugadores luzca diferente al partido anterior. Ahí esta es la clave para que Messi se consagre.











