Haberse salvado del descenso en la Promoción de 2008 significó, de alguna manera, un «barajar y dar de nuevo» para la gente de Racing. Claro que la mano no siempre cambia. Y menos tratándose de La Academia.
La confusa situación institucional del cuadro de Avellaneda hacía dudar a los jugadores pretendidos por el técnico Juan Manuel Llop. Algunos contestaban con negativas, otros ni siquiera contestaban. Y algunos pocos, los menos valorados en el mercado local, terminaban arribando al club, que a esa altura era casi un outlet de Primera División.
Fue así como, con el torneo Apertura comenzado, Racing se desesperó en la búsqueda de un hombre gol y terminó arreglando con Hernán Peirone, aquel delantero de San Lorenzo que se hizo conocido por haberle convertido un triplete a Boca.
Ya para esa altura, El Látigo no era tenido en cuenta en El Ciclón y por eso los dirigentes no tuvieron drama en prestarlo sin cargo. Todo muy lindo hasta que el jugador se puso firme en una deuda que mantenían con él y entonces la operación se pinchó.
Ese mismo día a Racing se le cayó el pase de Cámpora, quedándose de frente al clásico ante Independiente con un grandioso abanico de atacantes: Lugüercio, Leandro González, Sánchez Sotelo y Pablo Caballero. Hermoso panorama (?).







