
A mediados de 1993, antes del comienzo del Apertura para ser más exactos, desembarcó en Núñez el brasileño Toninho. Que no era Cerezo, pero para no ser menos, su incorporación a River también fue fallida.
El Bíblico, tal como lo apodaban, hasta entrenó dos veces con el plantel profesional millonario. Pero no lo convenció del todo a un Passarella que, antes de bajarle definitivamente el pulgar, le ofreció extender la prueba para poder medirlo mejor.
Y el brazuca no sólo se ofendió sino que le saltó la térmica: «..yo no estoy para hacer pruebas en ninguna parte. Mis goles son suficientes para firmar cualquier contrato…». Bueno, evidentemente, no.





