Ver a Diego Latorre haciendo un gol no es una rareza. Pero que se lo haya hecho al Brasil campeón del Mundo, teniendo de compañero a Claudio Caniggia y vistiendo ambos la camiseta de ¡un equipo para el que nunca jugaron oficialmente! es en sí un hecho histórico y poco difundido, digno merecedor de este espacio.
La extraña situación se vivió en abril de 1995, cuando el Valencia de España concretó un amistoso con la selección brasileña, que menos de un año antes se había consagrado en la Copa del Mundo de Estados Unidos.
La verdeamarelha, dirigida por Mario Zagallo, no presentó a todas sus figuras pero sí algunos nenes como Cafú, Aldair, Leonardo, Ronaldo y…Sergio Manoel. Pero la curiosidad mayor no residió en la formación visitante. Aquella noche, en el estadio Mestalla, el equipo Che de Carlos Alberto Parreira probó a dos delanteros que hasta ese momento la venían remando (?): Claudio Paul Caniggia y Diego Fernando Latorre. Sí, sin contrato ni nada. Uno pertenecía al Benfica y el otro al Tenerife, pero obtuvieron los permisos para ponerse la camiseta blanca en el amistoso.
A pesar de la buena actuación de Gambetita (hizo el primer gol) y el acompañamiento de Cani, los brasileños ganaron 4 a 2, con 3 goles del todavía vigente Túlio Maravilha (sí, el de la mano en la Copa América) y 1 de Juninho Paulista. Ah, ninguno de los argentinos firmó con el Valencia. Años más tarde se reencontrarían en Boca.
Quienes hacemos En Una Baldosa vimos con el paso de los años cómo fueron apareciendo filiales alrededor del mundo. Colombia, Chile, Uruguay, España, Perú, entre otros, tomaron la original (?) fórmula de EUB y le aplicaron su estilo particular. Siempre nos sorprendió la falta de la baldosa brasileña.
Desde hoy, y vaya uno a saber hasta cuándo y con qué frecuencia, vamos a conocer las historias de esos jugadores que pasaron con más pena que gloria por la primera división del fútbol brasuca.
Edson Cholbi Nascimento (Edinho)
Fama, dinero, mujeres y falopa. No es fácil ser hijo del mejor futbolista del mundo. Imaginen, entonces, lo que debe haber sido crecer en la piel de Edinho, el hijo de Pelé, el segundo futbolista más grande de todos los tiempos.
Es probable que, cuando nació El Principito (?), el 27 de agosto de 1970, O Rei haya sospechado que varios años después su bastardo vástago lo imitaría en la profesión y en el club cuya camiseta vistió durante toda su trayectoria en Brasil: Santos. Y no se equivocó.
Pero primero el pibe experimentó con los deportes más populares en Estados Unidos, donde se mudó cuando su padre jugaba en el Cosmos y donde vivió hasta bien entrada la adolescencia. Así, el básquet, el béisbol y hasta el fútbol americano le fueron sacando lugar al soccer, que recién comenzaba a popularizarse por la actuación del comepibes en ese país y que hasta entonces era visto como un deporte practicado por mujeres. Alguna vez, Pelé recordó que cuando Edinho iba al colegio lo invitaron a una premiación de su hijo y pensó que iba a ser como mejor futbolista. Pero no. El muchacho había sido elegido como el mejor jugador de béisbol.
Durante los primeros años de su adolescencia, Edinho viajaba a Brasil para pasar las vacaciones y reencontrarse con su padre, que a esa altura ya se había divorciado de su madre, Rosemeri. Luego retornaba a Estados Unidos y el fútbol, otra vez, quedaba de lado. Hasta 1986, cuando regresó a su país por un período más largo. Por consejo de Pelé fue a probarse a las inferiores del Santos. Falto de ritmo, lo mandaron al arco, donde decía sentirse a gusto.
De nuevo en tierras capitalistas, durante dos años fue el goleiro de un equipo amateur dirigido por ex compañeros de O Rei en Cosmos. Allí se enfrentaban contra otros conjuntos de descendientes de europeos y latinos. Edinho se destacaba, pero al mismo tiempo llegaba a la edad en la que tenía que decidir si seguía una carrera universitaria (varias ya le habían echado el ojo y le ofrecían un lugar en sus equipos de básquet y béisbol) o si dejaba el estudio de lado y se convertía en futbolista profesional.
Y eligió la segunda opción. En 1990 debutó en las juveniles del Santos y pese a que tuvo un rendimiento bastante digno no pudo evitar la derrota de su equipo. Pero el pibe quería jugar más seguido y no tuvo otra opción que ir a buscar minutos lejos de casa. No le hizo falta cambiar de estado. Portuguesa Santista (1992) le abrió las puertas y allí, lejos de los lujos, conoció lo que era pelarse el lomo para sumar un puntito de visitante en la B. En octubre de ese año corría picadas por las calles paulistas cuando su amigo, Marcílio José Marinho de Melo, perdió el control del auto que manejaba y mató a un motoquero. Ambos serían juzgados y condenados varios años después. Mientras tanto, defendió los colores del São Caetano en 1993.
Un año más tarde, a los 23, tuvo la oportunidad de su vida. Regresó al Peixe para, por fin, debutar con los profesionales. Gabriel era el arquero titular, pero cometió varios errores y perdió el puesto. El 6 de febrero de 1994 Edinho salió a la cancha por la cuarta fecha del torneo paulista ante Santo André, justo el mismo club contra el que había debutado con un pibeO Rei a los 15 años. El conjunto de Vila Belmiro perdió 1 a 0 con gol de Claudinho de cabeza, pero el pibe poco tuvo que ver. Más tarde, se afianzó y tuvo una destacada labor en el torneo brasileño de 1995, en el que Santos llegó a la final contra Botafogo, que contaba con figuras como Donizete, Túlio Maravilha y Sergio Manoel.
En 1996, en un partido ante Paraná Clube, se rompió los ligamentos de la rodilla. Estuvo diez meses alejado de las canchas y cuando recuperó la forma física, Zetti le ganó el puesto. En 1998 pasó a préstamo al Ponte Preta para disputar el campeonato nacional. No estuvo mucho tiempo. En 1999 volvió al Santos para retirarse pocos meses después, cansado del mundo del fútbol, con apenas 28 años.
Y ahí estallaron los problemas. Antes de la llegada del 2000 fue condenado a seis años de prisión por aquella picada mortal, pero quedó en libertad en suspenso. Volvió a las noticias en junio de 2005, cuando fue detenido junto a otras 50 personas en una operación para desmantelar una cuadrilla de traficantes de droga vinculadas a facciones del Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV).
La policía había detectado que Edinho mantenía con frecuencia comunicaciones con Ronaldo Duarte Barsotti de Freitas, Naldinho, capo del tráfico de drogas e hijo de Pitico, un ex compañero de Pelé en Santos y Cosmos. En esa ocasión, Edinho negó sus vínculos con los narcos, pero confesó su adicción a la marihuana: «Este desahogo sirve para que los jóvenes no sigan el mismo camino que transité desde que dejé el fútbol profesional. Víctima de una fuerte depresión, me convertí en dependiente químico», admitió O Filho do Rei, que fumaba porro desde los 13, pero había vuelto a consumir tras el retiro. Le dieron la libertad provisoria, pero cayó nuevamente en cana en febrero de 2006, esta vez acusado de lavado de dinero, también proveniente del tráfico de sustancias ilegales. Un habeas corpus le salvó las papas a fines de año.
A comienzos de 2007 comenzó a trabajar como auxiliar técnico del Litoral, un pequeño club paulista apadrinado por Pelé. Pocas semanas después se sumó a Santos, donde continúa hasta estos días, aunque sin ninguna función específica.
Hoy, en nuestra clásica sección tipos que no tenemos ni las más puta idea de cómo jugaban pero los homenajeamos de tanto haberlos visto en las figuritas (?), llega el turno del Hugo Pérez que no era Perico. O sea, el ahorrista traidor no, el otro, el crack de Estados Unidos.
La gran mayoría conoció su melena enrulada en el álbum del Mundial ’90, con el chaboncito usando la casaca blanca de USA que tenía un escudo que parecía del FBI. Pero, antes de eso, había tenido una vida. Nacido el 8 de noviembre de 1963 en El Salvador, emigró al gran país del norte a la tierna edad de 11 años.
Inquieto como él solo (?), practicó varios deportes hasta que supo que lo suyo era el fútbol. A los 17 firmó su primer contrato profesional y ya para 1982 se ilusionó con viajar al Mundial de España para representar a su tierra natal, pero no le dieron cabida. Indignado, se nacionalizó gringo y durante los 80’s jugó para Los Angeles Aztecs, Tampa Bay Rowdies y Los Angeles Heat. Eso sólo en cancha de 11, porque también tuvo un paso por el fútbol de salón, con el San Diego Sockers (diferentes pasos entre 1983 y 1990). En esa especialidad ganó el torneo de la MISL en 1988 y fue elegido el jugador más valioso, ganándose el interés del Ajax de Johan Cruyff. Sin embargo, el equipo yanqui no quiso liberarlo y Perico se tuvo que quedar.
En 1990 también estuvo cerca de pasar al Parma tano, pero la transferencia quedó en la nada. Para entonces ya era conocido por haber vestido la camiseta de la selección estadounidente en los Juegos Olímpicos de 1984 y en las Eliminatorias del Mundial de Italia. Paradójicamente, en esa Copa del Mundo lo descubrimos pero no la llegó a disputar. Un par de meses antes de la competencia, Huguito se fracturó jugando para el Estrella Roja de Saint-Ouen, en el fútbol francés. Una nueva frustración.
Masticó bronca durante un tiempo en el Örgryte IS de Suecia y el Al-Ittihad Al-Ittihad de Arabia Saudita e incluso siguió actuando como jugador libre para su Selección. Así llegó al Mundial que lo tendría como integrante del equipo local, en 1994. Y ahí sí pudo sacarse el gusto de estar en la máxima cita internacional, con 66 minutos en la derrota 1 a 0 ante Brasil, en octavos de final. Poco, pero al menos le ganó el duelo al Hugo Pérez argento, que ni siquiera entró.
Luego del mundial se quedó en Estados Unidos para bailar en Los Angeles Salsa (1994) y dos años más tarde terminó retirándose en su país de orígen, vistiendo los colores del FAS. En los últimos tiempos se ha dedicado a dirigir y fue incluído en el Salón de la Fama del Soccer, pegadito a Eric Wynalda y Marcelo Balboa.
Con este videíto, gol al Milan incluído, #ElRepresentanteDeMaxiLópez lo vendía a un equipo de Marte, mínimo.
Si miramos la foto así bien rápido podemos pensar tranquilamente de que se trata de un partido entre Venezuela y Venezuela, lo que representaría una aberración tremenda para el fútbol (?). Pero si agudizamos la vista, al punto de ponernos chinos, nos daremos cuenta de que uno de los venezolanos no es venezolano. No, es coreano. Y del Norte, para más datos.
Esta extraña combinación se dio en marzo de 2010, cuando le selección asiática realizó una gira por Latinoamérica que tuvo varios inconvenientes, entre ellos uno importante: la pérdida de la indumentaria de juego provista por la marca china Erke. Ante esa dificultad, Corea Del Norte tuvo que recurrir a la utilería de su rival, que gentilmente le prestó camiseta, pantalón y medias alternativas, todo de la marca adidas.
La gente presente en el estadio, que tuvo que bancarse 2 horas de demora para el inicio del encuentro, pensó en romper las entradas (?) que había adquirido en LavaTickets cuando vio que salían al césped la Vionotinto A y la Vinotinto B. Pero había algo que distinguía a los equipos, claro. ¿Qué hicieron los coreanos? Taparon el escudo con cinta, bien a lo sudamericano. Esas son soluciones.
El partido terminó igualado 1 a 1 y días más tarde los coreanos estrenaron un uniforme de marca mexicana, pero esa será historia de otro post.
La crisis futbolística que sufrió Brasil tras el retiro de Pelé fue mucho más grave de lo que, a la distancia, podemos imaginar. No sólo tardó 24 años en volver a levantar una Copa del Mundo, sino que además vivió situaciones insólitas, propias de un equipo sin historia, no de una potencia internacional.
En diciembre de 1987, la cuestionada selección dirigida por Carlos Alberto Silva enfrentó a su par de Chile, en un amistoso disputado en Uberlandia. Tras ir perdiendo 1 a 0 en medio del murmullo de su gente, los brasileños terminaron dándolo vuelta en el segundo tiempo, con goles de Valdo y Renato. Pero eso no fue lo importante.
Ese día el Scratch sorprendió al salir a la cancha con su clásica camiseta verdeamarelha arruinada por un gran anuncio de Coca Cola, con fondo rojo y letras blancas. Sí, a cambio de escasos 40 mil dólares y sometiéndose a una posible sanción de la FIFA, la Confederación Brasileña de Fútbol vendió los colores.
El repudio popular fue tal que la empresa de gaseosas decidió retirar el auspicio para el partido de unos días más tarde, ante Alemania. Y sí, por esos días, aunque hoy parezca extraño, nadie quería quemarse con Brasil.
Ir a un Mundial. Ese anhelo que a los futboleros se nos pasa por la cabeza al menos una vez en la vida. Pensarlo en inevitable, decirlo es fácil, cumplirlo es un poco más complicado. Nosotros no somos la excepción a la regla, aunque esta vez tenemos un plan para dar el salto y llevarlo a cabo: Unmundialparaenunabaldosa.com.
En el 2014 queremos viajar a Brasil para cubrir el Mundial y realizar un documental. Para eso necesitamos varias cosas. Para empezar, la ayuda de ustedes, los lectores. Y el sueño se divide en cuatro etapas.
Juntar el dinero
Para el primer ítem necesitamos la ayuda económica, por eso habilitamos varios medios de donación. ¿Con cuánto se puede colaborar? Con lo que ustedes puedan o quieran. Desde $10 en adelante. Si son muy generosos y donan $100, se llevan una remera de En Una Baldosa de regalo.
¿Por qué nos tendrían que donar? Eso queda a vuestro criterio. Capaz que alguna vez les gustó algo que escribimos en el sitio, o participaron de algún encuentro baldosero. Capaz que les divierte lo que publicamos en Twitter o son amigos nuestros en Facebook. A lo mejor piensan que somos unos muertos, pero les caemos simpáticos. Tal vez tienen mucha plata y un corazón enorme (?). Vaya uno a saber.
¿Cuánta guita tenemos que juntar? Es imposible saber exactamente cuando faltan 3 años para la cita, porque puede pasar cualquier cosa en el planeta económicamente hablando. Pero estimamos que para tener al menos a un integrante del staff cubriendo el Mundial en Brasil necesitamos 3 mil ó 4 mil dólares. Puede ser mucho o poco, según como se mire. Para nosotros es bastante, pero creemos que algo hicimos bien para empezar: anticiparnos al deseo de estar en un Mundial, que generalmente nace cuando se están terminando las eliminatorias y queda poco tiempo.
Organizar el viaje
De acuerdo a lo que ahorremos y a lo que recibamos de las donaciones, iremos delineando el viaje. Para eso hay que saber cuántos se prenderán en la locura, si conviene ir en auto, en bondi o en avión. Si vamos a parar en hotel, en carpa o en la casa de algún conocido. Si vamos a ir acreditados o si vamos a comprar las entradas. Si vamos a realizar la cobertura de 2, 3, 5 ó todos (?) los partidos.
Cubrir el Mundial
Entre Mundial y Mundial hay 4 años de diferencia, por eso es lógico que la manera de transmitir periodísticamente las vivencias cambien drásticamente. En un momento, la gráfica sólo tenía el diario y la revista, que se complementaba con la radio y la TV. Luego llegó internet, se empezaron a mandar cosas por mail, después tocó el turno de los blogs y en 2010 se vivió el auge de las redes sociales. Sin embargo, no sabemos cuál será la herramienta más últil o popular en 2014. Sea cual sea el medio que elijamos, nuevo o viejo, vamos a prepararnos para hacer un buen laburo. Y disfrutar, claro, a eso vamos.
Realizar un documental
El último paso será tan importante como el primero. Todo lo que vivamos en estos 3 años que dure la misión, pero especialmente con lo que suceda en tierras brasileñas en 2014, quedará registrado en un documental donde van a aparecer los nombres de todos aquellos que hayan colaborado, con mucho o con poco. No importa. Todos van a formar parte de este sueño: Un Mundial para En Una Baldosa.
Ahora ya tienen toda la info para colaborar con nuestro sueño. Faltan 3 años aún pero sabemos que el tiempo pasa rápido. Cuando nos queramos acordar, vamos a estar en Brasil enfiestándonos minas con la guita de ustedes cubriendo Un Mundial para En Una Baldosa.
En teoría, un Alemania – Austria cerrando un grupo de primera fase en una Copa del Mundo jamás podría ser un repartido de esos que más nos caben. Pero como no siempre 2 más 2 es 4, en España ‘82 se dieron algunas circunstancias que hicieron de ese encuentro un arreglo bochornoso partido mucho más light que un picado entre pibitos de ocho años en el balneario Almejas de San Clemente. Pero empecemos por el principio.
El grupo B, con sede en Gijón y Oviedo, había juntado a Alemania Federal, Austria, Chile y Argelia. En la previa, la lógica ponía a los alemanes clasificados cómodos y Argelia partenaire y fuera de la conversación, mientras que chilenos y austríacos iban a tener que luchar por avanzar a segunda fase. Pero nada de eso pasó. Tras el quinto partido del grupo, triunfo de Argelia 3 a 2 sobre Chile, la tabla había quedado patas para arriba con Austria y Argelia primeros con 4 puntos, segundo Alemania con 2; y cola Chile con 0 y eliminado. Números que obligaban a la irregular Alemania a ganarle sí o sí a Austria para alcanzar las 4 unidades y poder avanzar de ronda al superar la diferencia de gol de los argelinos. Y lo que quedaba planteado casi como una final a muerte entre europeos, fue apenas un entrenamiento que duró diez minutos de puesta en escena y 80 de River – Argentinos Juniors papelón.
Luego de un arranque más o menos digno, los alemanes se pusieron arriba en el marcador con gol de Hrubesch a los diez del primer tiempo. Pero tras lograr el objetivo, la farsa quedó de manifiesto y fue tan alevoso que Austria no estaba dispuesta a empatarle a sus rivales, que los 41 mil espectadores presentes ese 25 de junio en el estadio El Molinón de Gijón, no quisieron ser cómplices de la estafa y promediando el partido estallaron en un canto de impotencia: mientras tronaba el “Ar-ge-lia, Ar-ge-lia…” miles de pañuelos blancos eran revoleados en clara señal de protesta por el evidente pacto para garcar bien garcado perjudicar a los africanos.
Mucho toque para atrás, tiros libres a las nubes, algún cambio de frente, un pelotazo a la cabeza de los centrales y vuelta a empezar. Los minutos finales fueron merecidamente acompañados por abucheos y una estruendosa silbatina de fondo. Viendo como venía la mano, el árbitro escocés Bob Valentine no adicionó nada, pitó el final a los 45 con 20 segundos y sepultó las esperanzas de Argelia. Y cómo habrá sido de mayúsculo el tongo, que la FIFA se vio casi obligada a tomar cartas en el asunto y decidió, a partir del Mundial siguiente, que los últimos dos partidos de cada zona se jueguen el mismo día y a la misma hora.