Deformaciones: La Bolivia del Bambino Veira

Después de haber finalizado en el penúltimo lugar de las Eliminatorias para Francia 1998, los dirigentes de la Federación Boliviana de Fútbol tomaron la decisión de encarar un proyecto a largo plazo que depositara a la Selección en el Mundial de 2002. Para tal fin, necesitaban un director técnico responsable, serio, respetable, formal, sobrio…y eligieron al Bambino Veira (?). Aquí la historia.

La llegada de Héctor Veira a Bolivia se dio a fines de 1998. Ese mismo año se había ido de Boca Juniors, dejando los cimientos de lo que luego sería el exitoso equipo de Carlos Bianchi. Sin embargo, por aquel entonces no se lo valoraba al Bambino. Todavía no era un chiste de sí mismo, pero en los programas humorísticos y hasta en la calle se lo parodiaba hasta el hartazgo, con algunas de sus frases típicas, como «la base está» o «Esto no es un cabaret».

Una selección como la boliviana, sin la presión ni la exigencia diaria de un club, parecía ser un lugar ideal para el entrenador argentino, que enseguida despertó la curiosidad de los medios locales, porque después de cada entrenamiento se quedaba tomando sol en la pileta del hotel. No lo dejaban vivir (?).

El debut del Bamba se produjo en un amistoso con Estados Unidos, ante unas 35 mil personas que colmaron el estadio Ramón Tahuichi Aguilera de Santa Cruz de la Sierra, el lugar escogido por el técnico para hacer de local. Con muchos jugadores jóvenes, el team sudamericano estuvo cerca de caer y apenas si pudo rescatar un 0 a 0 ante los yanquis. Un comienzo pobre.

Todo lo que vino después no fue mucho mejor. Bolivia llegó a la Copa América en Paraguay 1999 con intenciones de ser protagonista. Contaba con jugadores como el arquero José Fernández; los defensores Marco Sandy, Gustavo Quinteros y Óscar Sánchez; los volantes Luis Cristaldo, Fernando Ochoaizpur, Erwin Sánchez y Marco Antonio Etcheverry; más los delanteros Limberg Gutiérrez, Milton Coímbra, Jaime Moreno y Víctor Hugo Antelo. Plantel tenía, pero los resultados no aparecieron.

El equipo verde igualó 0 a 0 con el dueño de casa en el primer partido, pero luego sufrió una derrota con Perú y un empate ¡ante Japón!, que lo terminaría eliminando.

La prensa no tardó en culpar al DT por la escasa preparación y rápidamente se instaló el tema de su sueldo exagerado: 30 mil dólares. Eso terminó de escandalizar a la gente, que a partir de ese momento comenzó a mirar de costado a Veira. El final se acercaba.

La falta de gol de aquel conjunto boliviano también quedó en evidencia en la Copa de las Confederaciones de 1999, a la cual había llegado por haber sido finalista de la Copa América de 1997.

En aquella competencia, llevada a cabo en México, los dirigidos por Veira arrancaron bastante bien, igualando 2 a 2 ante Egipto, pero después empataron 0 a 0 con Arabia Saudita y perdieron 1 a 0 con El Tri. Otra vuelta a casa antes de tiempo, otra frustración. La historia de Bolivia, bah (?).

En enero de 2000, Veira llevaba 14 meses en el cargo y su situación ya era bastante incómoda. Un día le aplicaron una multa de 85 mil dólares por trabajar sin el carnet laboral para los extranjeros, entonces entendió que ya era momento de enderezar la nave y partir.

Entre la selección mayor y la Sub 23, Héctor Rodolfo Veira dejó el saldo de 23 partidos dirigidos y apenas 2 victorias. ¡Una beshheeeeza, nene!

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Placard: la camiseta Levi’s de México (1978)

En la década del 70 no eran tantas las empresas de indumentaria que dominaban el mercado internacional. Adidas tenía a la mayoría de las selecciones, mientras que una mínima porción se dividía entre otras firmas que intentaban arrimar el bochín. ¿La perla? México, que en el Mundial de Argentina 1978 llegó a vestirse nada más y nada menos que con Levi’s, ¡una marca de jeans!

Como tantas otras veces, El Tri llegó a aquella Copa del Mundo con el copete (?) bastante alto. ¿Los motivos? El subcampeonato en el Mundial Juvenil de Túnez 77 y una irreprochable eliminatoria, ganando la fase final con puntaje ideal, 20 goles a favor y apenas 5 en contra. El resto del agrande corría por cuenta de los periodistas mexicanos, siempre dispuestos a inflar a su selección en las grandes competencias.

La pura verdad es que, ya en el Mundial de 1978, México sólo llamó la atención por su vestimenta, confeccionada extrañamente por Levi’s, la marca norteamericana que se hizo famosa por sus jeans (vaquero dice tu abuela, no jodamos). Tanto el uniforme titular como el alternativo eran bastante agradables a la vista, combinando el verde, el blanco y el rojo. El diseño de la casaca suplente, incluso, fue copiado por Nike para la selección de Portugal en el Mundial de 2010.

En el plano futbolístico, aquel combinado mexicano que vino a la Argentina se confió demasiado en la zona que, en teoría, era medianamente accesible. En su debut, en Rosario, cayó 3 a 1 ante Túnez. Cuatro días más tarde volvió a jugar en el Estadio Olímpico de Córdoba frente a Alemania. ¿Resultado? Un aplastante 6 a 0 para los germanos. Chau, manito (?).

México se despidió perdiendo 3 a 1 con Polonia, sumando una nueva frustración a su larga historia mundialista. Y eso que usaban Levi’s y no Vanquish (?).

Mitsuhide Oishi Tsuchida, el paragua (?)

Hoy en día es bastante común observar un futbolista de raza negra jugando para Italia o Alemania. También nos acostumbramos a ver, de vez en cuando, a la selección de Sabella integrada por algunos jugadores que no salieron de Estudiantes. Un horror (?). Pero allá en los años 80, cuando nada de esto era frecuente, Paraguay sorprendió al mundo con la incorporación de un hombre de piel amarilla. Con ustedes, la historia del Paragua Mitsuhide Tsuchida.

Hijo de padres japoneses, pero tan paraguayo como el tereré o la palabra lastimosamente, Mitsuhide nació en Pedro Juan Caballero allá por 1970 e hizo inferiores en Sport Colombia, institución por la que también pasó Nelson Cuevas, el hijo de Ña Tora.

Ya siendo muy pequeño, Tsuchida llamó la atención, no sólo por sus rasgos orientales, sino también por su talento, ese que rápidamente le hizo ganar una convocatoria al seleccionado juvenil paraguayo a finales de los 80’s.

Marcador central, aunque también mediocampista, en la Albirroja Tsuchida fue compañero de Gustavo Neffa, aquel ex Boca que se retiró para seguir la carrera de su esposa, la tenista Rossana de los Rios. Futuro esa selección tenía. Aunque baldosero, claro.

Debutó en la Primera División de 2 de Mayo, pero apenas una temporada más tarde se marchó a tierras niponas para tratar de progresar. En 1989 jugó para el Toa Kensetsu y después formó parte, durante dos años, del Fujita, de la segunda division de la JFL.

Pero claro, alguien tiene que llevar la tecnología de punta a Ciudad del Este (?), por eso Mitsuhide regresó a Paraguay con el bolso lleno y anduvo jugando en Cerro Corá e Independiente de Juan Pedro Caballero.

Ya para 1993, volvió a repetir el proceso y se fue a Japón para recargar radiograbadores, cámaras, filmadoras, computadoras, radios, televisores pilas. El Vantforet Kofu lo tuvo en sus filas durante varios años y luego pasó al Nirasaki Astros, el último club donde el paragua Tsuchida dio señales de vida. Lastimosamente.

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Re Partidos: Cosmos 5 – Perú 1 (1982)

Eran otros tiempos para el fútbol peruano. La selección blanquirroja aún disfrutaba de la estela que se desprendía de su época dorada, esa que le permitió tener buena reputación en el mundo durante la década del 70. Ya para comienzos de 1982 el nivel individual y colectivo no era el mismo, pero estaba por delante el Mundial de España. En ese contexto se dio un amistoso de ribetes únicos. Aquí el recuerdo:

Para tratar de llegar en ritmo a la máxima cita, el seleccionado de Perú dirigido por el brasileño Tim (el mismo que condujo a Los Matadores de San Lorenzo en 1968) diagramó una gira internacional que dio su puntapié inicial en los Estados Unidos, el 4 de abril de 1982. Los sudamericanos arrastraban algunas bajas importantes, pero descansaban en la figura de Julio César Uribe, considerado en ese momento como el mejor jugador del continente, por detrás de Maradona y Zico.

¿El rival? El famoso Cosmos De Nueva York, equipo que por aquel entonces contaba con Giorgio Chinaglia, Carlos Alberto y el paraguayo Romerito como figuras. Sin embargo, no fueron las estrellas consagradas las que terminaron achicando a los peruanos, sino el crudo frío que envolvió aquel día al Giants Stadium: 2 grados.

Totalmente improvisada, ya que no había tenido en cuenta las bajas temperaturas, la delegación peruana se dio cuenta el mismo día de que no había viajado con la ropa adecuada. Las casacas rojas, para diferenciarse de las blancas del Cosmos, eran de mangas cortas. De camisetas térmicas ni hablar, todavía no se habían popularizado. ¿Solución? Medias y a la mierda (?). ¿Medias? ¿En los brazos? Sí, medias en los brazos, porque guantes no había. En realidad sí había dos pares de guantes, pero uno era para el arquero Quiroga y el otro para Uribe, que usaba la 10 en la espalda.

En el banco de suplentes, mientras tanto, también padecían la helada los suplentes y el cuerpo técnico, cuyos abrigos eran prácticamente inexistentes. Apenas conjuntos de gimnasia, toallones (?) y frazadas para combatir el frío. De terror.

Sobre el verde césped sintético, no obstante, los jugadores supieron sacarse el frío. Abrió la cuenta Romero para los locales y empató Uribe para Perú. Hasta ahí todo joya, pero enseguida la cosa se desniveló con un tanto del italiano Chinaglia. Con el 2 a 1 a favor, las figuras del elenco yanqui comenzaron a darle show a los espectadores.

Cuando se terminaba el primer tiempo, Romerito tiró un precioso caño, ingresó al área y fue cruzado de manera vehemente por el peruano Jaime Duarte. Parecía que todo seguía normalmente, mucho más cuando el defensor intentó ayudar al delantero a reincorporarse, pero en ese momento entró el ecuatoriano Chico Borja en escena y se pudrió todo. Agarrones, patadas, corridas y todo tipo de agresiones (muchas de ellas dirigidas al holandés Neeskens), que extrañamente se apagaron en unos pocos segundos.

Después de la gresca, el partido ya no fue el mismo. Los peruanos se olvidaron de jugar al fútbol y se terminaron comiendo un inolvidable 5 a 1. ¿Y qué querés? Si usaban las medias en los brazos.

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Ver también:

ArkivPeru: Bronca Perú – Cosmos (1982)

Mal Pase: Bassedas a Francia ’98

Si nos retrotraemos a mayo de 1998 no podemos obviar la polémica por el corchazo que se pegó Yabrán (?) jugador número 22 de la lista de Passarella para el Mundial de Francia 98. Los candidatos en toda redacción, café y sauna eran tres: Christian Bassedas (presente en todo el ciclo y capitán en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96) Hernán Díaz (kapanga del Kaiser en el River de los 90 y fija en la rueda final de las eliminatorias) y Claudio Caniggia (padre de los mellizos Alexander y Charlotte).

Con el correr de los días, y cual reality show, el técnico fue eliminado muñecos. Primero descartó al Pájaro y después a La Hormiga, quedando el lugar obvio para el ex volante de Vélez, que hasta en las figuritas salía.

Para sorpresa de la mayoría y fiel a su estilo, a último momento Passarella terminó burlándose de todos y convocó al experimentado delantero Abel Balbo (quién había renunciado a la selección en noviembre de 1996), pese a que en el plantel esperaban al jugador del Fortín. Son decisiones…

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Placard: la camiseta no oficial de Argentina (1994-1995)

Las camisetas que tuvo la selección argentina a lo largo de los mundiales las conocemos de memoria, sobre todo las de los últimos 35 años. Sin embargo, hubo un modelo original que salió a la venta para el Mundial de Estados Unidos ’94, pese a la negativa de la AFA, que hasta ese momento no veía con buenos ojos introducir demasiados cambios en la indumentaria. Con ustedes, la casaca prohibida de adidas.

Para entender el contexto nos tenemos que situar en los comienzos de los 90’s, cuando los estupefacientes comenzaron a hacer efecto en los cerebros de los diseñadores de camisetas, permitiéndose así la implementación de los colores fluo, los modelos psicodélicos y un total desentendimiento de la tradición. Eran épocas para experimentar. Y experimentaron.

La empresa alemana adidas por ese entonces no era tan desprejuiciada como su competidora Umbro, pero de todas formas intentaba romper algunos moldes. En la previa del Mundial de 1994, le presentó al Presidente de la AFA unos diseños tentativos para que fuesen utilizados en la máxima competencia. Uno era tradicional, con bastones albicelestes. El otro un poco más jugado, con unas delgadas líneas negras separando el celeste del blanco. Grondona fue contundente: nada de un tercer color. Para eso estaba la camiseta suplente.

En efecto, el negro estuvo presente en la camiseta alternativa, la que se usó en el partido con Grecia. Lo curioso es que el otro modelo que había aprobado Don Julio, en la versión titular, era con los bastones celestes y blancos que se extendían incluso hasta las mangas. Como si fuera poco, fue presentado en sociedad y vestido por Oscar Ruggeri en una sesión de fotos que se hizo en el Monumental, pero nunca se utilizó oficialmente.

¿Y la camiseta rechazada?

El modelo que la AFA rebotó, ese que tenía las lineas negras, fue comercializado de todas formas por la marca de las tres tiras. No en nuestro país, claro, pero sí en el exterior. De esa manera, fue muy común ver en Estados Unidos a simpatizantes de la Selección vistiendo una casaca que tenía el escudo y la marca original, pero que no era oficial.

Con el tiempo, la polémica casaca fue desapareciendo de las tribunas en el extranjero y adidas usó un template similar para varios equipos argentinos, como Dock Sud, Defensores de Belgrano y Aldosivi. Luego, para el Mundial de Francia ’98, adidas fue nuevamente a la carga con la idea del tercer color para Argentina y pudo agregarlo, aunque sólo en el cuello y en el contorno de las 3 tiras.

Una vez finalizada la relación con la firma germana, Grondona terminó aceptando la innovación y Reebok, después de haber entrado al mercado con un diseño bien tradicional, en el 2000 pudo añadir las tan mentadas líneas oscuras para vestir a un equipo que se cansó de jugar bien…hasta que llegó nuevamente adidas. Saquen sus conclusiones (?).

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