
Carismático, pero poco valorado furbolísticamente fue Antonio Barijho, un delantero que tuvo que vivir a la sombra de Martín Palermo durante gran parte de su estadía en Boca Juniors. Sus oportunidades, casi siempre, llegaban en amistosos o partidos poco relevantes donde solían actuar los suplentes. Por ejemplo, el choque ante Villarreal en el verano europeo de 2000.
Corría el mes de agosto cuando el equipo de Carlos Bianchi, campeón de la Copa Libertadores, viajó a España para jugar en El Madrigal, como parte de la operación por los pases de Diego Cagna y Rodolfo Arruabarrena, refuerzos del Submarino Amarillo, recientemente ascendido a Primera División.
El match, al margen de su caracter internacional, no era mirado con buenos ojos por todos los integrantes del plantel, empezando por el Pato Abbondancieri (luego Abbondanzieri), que se animaba a declarar: «Este tipo de partidos sirven para mantener los compromisos que tiene el club, pero no es lo ideal disputando dos campeonatos tan duros como el local y la Copa Mercosur. Aunque ya lo sabíamos desde hace un tiempo».
Aquel día, el Xeneize formó con Abbondancieri, Ibarra, Burdisso, Matellán (Medina), Fagiani, Marchant (Andrizzi), Basualdo (Pereda), Serna (Traverso), Gustavo Barros Schelotto, Delgado y Barijho. Claramente, era el equipo alternativo del Virrey, que pretendía darle rodaje a los que menos minutos jugaban. Y se notó en el resultado, porque terminaran ganando los españoles por 5 a 3, en un partido bastante entretenido.
El que más lo aprovechó, fue el Chipi Barijho, autor de dos goles y la figura de la cancha. ¿El otro gol de Boca? Gustavo Barros Schelotto, que luego pasaría al Villarreal junto a Martín Palermo. ¿Los tantos del local? Uno de Basualdo en contra, uno de Jorge López, dos de Víctor y uno de Bruno Marioni, que años más tarde se pondría la camiseta azul y oro. Todo quedó en familia.