Trecarichi Lucas

TrecarichiLucas

Lucas Ezequiel Trecarichi Loiácono

La historia de Lucas Trecarichi es la representación cabal de la Argentina post derrumbe. Una historia que tiene nombre y apellido, pero que bien podría ser la de cualquiera de esos tantos chicos que, en medio de un país en ruinas, apenas entrados en la adolescencia y a los apurones, tuvieron que armar las valijas para subirse a un avión en busca de un futuro mejor y hacerse hombres a miles de kilómetros de casa.

Si hasta 2004 o 2005 cada aparición rutilante del fútbol argentino tuvo que convivir con el pesado mote de ser el “nuevo Maradona”, un pibito rosarino que por aquel entonces aparecía en la Primera del Barcelona había llegado para ser la salvación. Trecarichi gambeteó el karma de ser comparado con Diego Armando Maradona, pero no pudo hacer nada para evitar ser el primer “nuevo Messi”.

Nacido en la localidad bonaerense de Beccar el 12 de febrero de 1991, Lucas, bostero desde la cuna, jugaba desde los 6 años en las infantiles de… River Plate. «¿Sabés que siempre he jugado en River pero de toda la vida he sido hincha de Boca? Lo curioso es que la mayoría de las veces que jugaba contra Boca metía un gol. Un día por poco me equivoco y casi beso la camiseta de River», bromeaba.

Al igual que Lionel, casi cuatro años mayor, era zurdo y no llegaba al metro y medio, pero con la pelota en los pies era imparable. A los 13, este mediapunta (eventualmente volante por los costados) diminuto, admirador de Maradona y Riquelme, fue elegido el mejor jugador del Mundialito Sub 15 en Francia.

Sin embargo, a fines de 2004, el Millonario lo dejó libre. Lo querían Boca Juniors y dos clubes españoles: Barcelona y Leganés. Este último lo probó en enero de 2005 y dos meses más tarde le hizo un contrato por nueve temporadas.

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«¿Por qué elegimos el Leganés? Porque nos garantizaban que el niño iba a estar cerca de su familia y nos han dado, además, un piso, boletos para viajar a Argentina y a mí un trabajo en mantenimiento de piscinas», comentaba su padre, Fabián Trecarichi. Cualquier similitud con la llegada de Messi al Barcelona no es pura coincidencia.

A los 14 años, el argentino era el pibe mimado del Leganés. Tenía una cláusula de rescisión de tres millones de euros, que pasaría a seis cuando cumpliera los 17, cada tanto entrenaba con la Primera y a veces hasta iba al banco de suplentes. «Hasta los 16, tendrá un contrato de jugador aficionado; luego pasará a ser profesional», explicaba Rubén Fernández, presidente del club pepinero.

«Que me comparen con Messi es mucho. Ojalá llegue a ser como él, pero yo quiero ser Lucas, porque el juego de Messi no lo va a igualar nadie», decía el pibito, que también hacía oídos sordos a los sondeos del Real Madrid, Barcelona, Villarreal, Inter y de la propia selección juvenil española, que quería tenerlo en sus filas: “Les agradecí mucho por la propuesta, pero no voy ni loco: yo soy argentino y sólo quiero jugar para la selección de mi país. Es mi sueño”.

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En 2007, al mismo tiempo que despuntaba en la selección argentina Sub 17, el Arsenal inglés y el Inter italiano fueron a la carga por su pase. Incluso, pasó una semana a prueba en el neroazzurro: “Estuve tomando mate con Hernán Crespo, Javier Zanetti, Luis Figo y Adriano”, expresaba orgulloso. Sin embargo, terminó en la filial del Sevilla (2007 a 2009), donde comenzó el espiral descendente, convirtiéndose lentamente en el nuevo Cristian Colusso.

En su primera temporada en el equipo que también integraban Diego Perotti y Emiliano Armenteros, apenas disputó 58 minutos diseminados en 3 partidos. El balance, claramente, fue negativo: “Espero que este año sea muy diferente. Me merezco jugar más. Tanto tiempo de trabajo debe dar sus frutos. Espero recibir lo que me merezco: jugar”. Cuando le preguntaron si lo había perjudicado la comparación prematura con la figura del Barcelona respondió: “En un sentido sí. Yo no juego como él y, además, Messi sólo hay uno. Los aficionados se formaron una imagen de mí que nada tenía que ver con la realidad. Quiero crear mi propia imagen. Me perjudicó. El tiempo, afortunadamente, borró esa comparación y me quité un peso pesado de encima”.

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La situación no cambiaría en su segundo año, cuando sumó algo más de 100 minutos en 6 encuentros. “En su día se me comparó con los futbolistas más grandes. Fue como un boom, hacía entrevistas, me llamaban de todos lados y parecía que ya lo tenía todo hecho”, relataba decepcionado. “Me comentaron que este año iba a jugar más. Se me hace difícil…”. Para colmo, la campaña del Sevilla Atlético fue tan mala que descendió a tercera división.

En 2009, Sergio Batista lo convocó para disputar el torneo juvenil Esperanzas de Toulon con la selección Sub 21. Allí compartió plantel con otras promesas del fútbol mundial como su compañero Diego Perotti, Germán Pacheco (Atlético de Madrid), Gerardo Bruna (Liverpool), Diego Buonanotte (River) y Ever Banega (Atlético de Madrid), entre otros. Argentina finalizó en el tercer lugar y Trecarichi se anotó con un golazo clave ante Emiratos Árabes en la primera fase.

Con pocas oportunidades de actuar en el conjunto español, Lucas no dudó demasiado cuando Ángel Cappa lo fue a buscar (al igual que a Germán Pacheco) y lo engatusó con su propuesta del tiki-tiki de Huracán (2009), que venía de ser subcampeón en el Clausura. Así, Trecarichi se convirtió en el sexto refuerzo del Globo, que ya había sumado a Federico Laurito, Nicolás Trecco, Rodrigo Malbernat, Nicolás De Bruno y al uruguayo Diego Rodríguez Da Luz. Un container de estrellas.

«Los chicos que estuvieron el campeonato pasado hicieron una gran campaña. Pero la gente tiene que entender que ya no están y apoyarnos a nosotros, que vamos a hacer lo mejor posible para que lo olviden rápidamente a Javier Pastore y a Matías Defederico», pedía Luquitas, que había llegado para reemplazar a Pastore. «Pienso que con el correr del campeonato vamos a ir jugando como pretende el técnico y todos nosotros. Y de a poco se va a ver el equipo que quiere. Tenemos todo un torneo para aprender y crecer».

Debutó oficialmente en la tercera fecha del Apertura, el 3 de septiembre, en el estadio Tomás Adolfo Ducó, en la derrota por 2 a 0 ante Atlético Tucumán, cuando ingresó por el Rengo Rodrigo Díaz a los 30 minutos de la segunda mitad. En total, sumó 11 presentaciones, despidiéndose en el clásico ante San Lorenzo por la fecha 15 (derrota por 2 a0 ). En apenas 5 encuentros fue titular y se fue reemplazado en todos. Como era de esperarse, el andar del equipo de Parque Patricios no volvería a ser el mismo del semestre anterior: el Quemero acumuló malos resultados y acabó penúltimo, tres puntos por encima de Tigre.

Fue casualmente ante el Matador de Victoria, por la octava fecha, que Trecarichi marcó su único gol en el Globito (el 1 a 0 de un match que terminó 2 a 2). “Huracán me hizo sumar mucha experiencia que en ese momento necesitaba, ya que sólo tenía 18 años. Me sirvió mucho. Lo único que lamento es no haberme podido quedar más”, declaró tiempo después.

De nuevo en España, el derrotero continuó por la Sociedad Deportiva Ponferradina (2010), donde llegó recomendado por Cappa y jugó nada más que 6 partidos. Al menos, se dio el gusto de ascender a la segunda categoría. Desvinculado del Sevilla, armó nuevamente las valijas y partió a Bulgaria para sumarse al CSKA Sofia (2010/11), uno de los más grandes de ese país, con el que disputó la Europa League, pero del que se fue por falta de pago.

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Sobre el cierre del libro de pases del verano de 2012, tras varios meses de inactividad, se incorporó a la filial del siempre turbio Unión San Felipe de la segunda división de Chile. “Chile es un país con un torneo competitivo, se parece a Argentina. Estoy cómodo, no me puedo quejar. Todo ha sido muy bueno hasta ahora, me han cumplido todo. Estoy contento”, expresaba a su llegada.

El debut en el conjunto trasandino no podría haber sido mejor: marcó dos goles en la victoria por 4 a 2 ante Deportes Copiapó. Pese al arranque prometedor, después se pinchó y en julio quedó libre.

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A fines de 2012 tenía todo arreglado para sumarse al Guaraní de Juazeiro, de la primera división cearense, en el nordeste de Brasil. Incluso, en enero de 2013, llegó a descender de un helicóptero para ser presentado como una estrella en pleno estadio Romeirão, en la previa del clásico ante Icasa. Sin embargo, la documentación nunca apareció, los brasileños se cansaron de esperar y Trecarichi se marchó sin jugar. Baldosero 100%. Terminó defendiendo los colores del Kallithea FC (2013), de la segunda división griega.

“Los griegos son muy de ellos, y a veces no saben que hay otras cosas más allá de su cultura. Fue por eso que los tuve que contagiar de cumbia, milanesas y bromas bien al estilo de casa”, contaba al diario Olé. Desconocemos si fue la cumbia en el vestuario, las milangas o las bromas de mal gusto, pero unos meses más tarde, otra vez, lo dejaron libre.

Recién volvimos a tener noticias suyas a comienzos de 2014, cuando lo encontramos deambulando por la cancha con la camiseta del FC Jūrmala de la primera división de ¡Letonia!, rodeado de otros argentinos como el ex Gimnasia LP Daniel Romero, Nicolás Abot, Benito Montalvo, Nahuel Guerrero, Kevin Gissi y Orlando Bordón.

En 2015, cansado de dar vueltas alrededor del mundo, comenzó a preparar el retorno a casa. Un semestre en el Deportivo Petapa de Guatemala, con el que apenas disputó 10 partidos y marcó un gol, fue la escala para su regreso ¿triunfal? al fútbol local.

Hace algunas semanas, en busca de continuidad y felicidad, se convirtió en uno de los principales refuerzos de San Martín de Burzaco, de la Primera C, donde se reencontrará con el ex Boca y Huracán Pablo Jerez y donde también, probablemente, escuchará una de las canciones más bonitas del amplio inventario de nuestro ascenso hecha remera.

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Chacarita celeste y blanca (2011)

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Cuesta creer que la imagen ilustre un partido entre Chacarita y San Martín de Tucumán, pero el 2011 daba para todo en cuanto a innovación, por eso el Funebrero se animó a utilizar una casaca que simulaba la bandera nacional.

En realidad, Chaca ya había utilizado el celeste y el blanco en sus inicios, de ahí el homenaje. Es más, en las décadas del 30 y del 70 también había utilizado casacas con esos colores.

La pilcha de TBS, que contaba con números dorados, no sólo salió a la cancha ante los violetas (?) tucumanos, sino que también fue usada ante Instituto y Patronato, entre otros. Después, terminó siendo ropa de arquero, como suele ocurrir.

Voy al Arco: Mladen Petrić (2006)

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En St. Jakob Park, el local, Basilea de Suiza, y el Nancy francés jugaban por la fase de grupos de la Copa UEFA 2006/07. En su tercer partido, los helvéticos buscaban su primera victoria, luego del empate ante el Feyenoord holandés y la dura derrota ante el Blackburn Rovers inglés. Con mejor hándicap, los galos, que ya le habían ganado al Wisla Cracovia polaco, iban por otro triunfo que les permitiera asegurarse buena parte de la clasificación a la próxima instancia.

A los 30 minutos, Kim puso en ventaja al Nancy. Enseguida, Scott Chipperfield lo empató para el Basilea. En la jugada siguiente, Pascal Berenguer adelantó nuevamente a los franceses. Sí, tres goles en tres minutos. Y todavía faltaba más. A los diez del segundo tiempo, Mile Sterjovski convirtió el 2 a 2 para los dueños de casa.

Cuando parecía que el encuentro se moría en empate, Nancy desperdició una chance inmejorable. En un contragolpe, André Luiz dejó a Issiar Dia mano a mano con el arquero argentino Franco Costanzo. El ex River salió desesperado a achicar, cometió penal y tuvo que irse derechito a las duchas.

Sin más cambios disponibles, fue el goleador croata Mladen Petrić quien se hizo cargo del arco del conjunto suizo. Cara a cara con Michaël Chrétien, Petrić terminaría siendo el gran héroe de la noche luego de tapar, en dos tiempos, el remate muy anunciado del defensor franco-marroquí.

De esta forma, el Basilea ganaría una vida extra, que se encargaría de dilapidar una semana más tarde en Polonia, cuando cayera derrotado 3 a 1 ante el Wisla Cracovia.

Updateando: Colonia Caroya, tierra prometida

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– A ver, utilicen un poco la memoria: ¿se acuerdan de Sebastián Arrieta? Un poco de ayuda: era un mediapunta que prometió en Instituto y que luego pasó a Racing, en 2007, para reemplazar a Maxi Moralez. Él decía que se destacaba por su velocidad, pero lo terminaron apodando «Carrieta». Bueno, ahora utilicen un poco el sentido común: ¿dónde pudo haber terminado este futbolista con tendencia a engordar?

Colonia Caroya es una localidad cordobesa que se destaca, principalmente, por sus vinos, conservas y embutidos, sobre todo los salames. Pero además, son muy reconocidos los alfajores de esa región. Salado y dulce, el sueño de muchos, incluso los que escribimos en este sitio.

Hacia allí fue el bueno de Arrieta hace un tiempo, para vestir los colores del Deportivo Colón, un club que participa del Federal C y que fuera fundado en 2009, gracias a la gestión del Diablo Monserrat y Panchito Rivadero.

Al parecer, el ex hombre de La Academia no la está pasando nada mal. Desde acá, lo felicitamos.

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– Así está hoy el Ogro Cristian Fabbiani, que se sigue poniendo a punto para su debut oficial en la Liga Deportiva Universitaria de Portoviejo, en la Serie B de Ecuador.

– Un clásico de todos los semestres: Leandro Depetris firma para un equipo y amaga con explotar. Su nuevo club es el Sportivo Patria de Formosa, donde intentará volver a ser aquel niño que deslumbró al Milan de Italia. Y si no lo logra, al menos, que le sirva para recuperar el trono de Baldosero del año. Por ahora, entrena con el equipo B de los formoseños. Y es suplente…

 

Son decisiones: la trompada de Zandoná a Edmundo (1995)

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Capaz de ser amado y odiado por la misma gente en cuestión de poco tiempo, O Animal Edmundo nunca pudo pasar desapercibido. Supo ser ídolo de Vasco da Gama y Palmeiras, pero también, en mayor o menor medida, hizo ilusionar a los torcedores de Flamengo, Fluminense, Corinthians, Santos y Cruzeiro, entre otros. Se fue a Italia, pero no se adaptó y volvió rápido. Una vez, dos veces. Le dio cerveza a un chimpancé y nunca se perdió una fiesta de Carnaval. Llegó a la selección, ganó algún título, jugó un Mundial. Fue compinche de Romário, con el que se peleó a muerte y se reconcilió una y mil veces. Hizo goles. Unos cuantos. Y hasta alguna vez fue al arco.

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Pero principalmente, Edmundo, dentro de la cancha, era insoportable. Basta con preguntarle al Chino Flavio Zandoná, que cumplió el sueño de muchos, incluso de varios compañeros, y le metió un roscazo bien puesto al brasileño.

Fue en el duelo de vuelta de los octavos de final de la Supercopa de 1995, cuando Vélez visitó al Flamengo en el Parque do Sabiá, en Uberlândia (Minas Gerais), con la dura misión de revertir el 3-2 de la derrota en el José Amalfitani. Esa noche, el ataque de los sueños, como se conocía al trío que conformaban el Chapulín Romário, Sávio y Edmundo, salió inspirado y marcaron un gol cada uno (el de Sávio, en honor a la verdad, con ayuda de Mauricio Pellegrino).

Con el resultado cerrado, Edmundo empezó a gozar a los rivales y el que sacó todos los números fue Zandoná, que bailó con la más fea todo el partido (el punto máximo fue cuando besó el césped en la gran jugada de Rodrigo que terminó en el 3 a 0 de Romário). O Animal canchereó con la pelota (minuto 1:17 del video de arriba) y el argentino le tiró un manotazo, desatando la locura de un jovencito Mariano Closs, que quedó al borde del orgasmo: “Bien, Chino. Un cross de derecha o de zurda nunca le viene mal a nadie”. Puteada va, puteada viene, con el clima muy caldeado, el encuentro siguió.

Segundos más tarde, volvieron a cruzarse. Edmundo le mostró tres dedos (uno por cada gol del Mengão) y le pegó una sutil cachetada al Chino que, ni lerdo ni perezoso, se la devolvió. Luego, con el brasileño ya de espaldas, llegó el golpe de knock out, directo a la sien. Enseguida, la patada voladora de Romário al defensor de Vélez marcó el inicio de una memorable batalla campal con mucho hit & run, la especialidad local.

El árbitro uruguayo Ernesto Filippi (aquel que en 1993, en el 0-5 ante Colombia en el Monumental, les pidió a los morochos que les hicieran otro gol a “estos hijos de puta”), que hasta entonces había tenido una actuación bastante permisiva, no tuvo otra alternativa que suspender el partido. La transmisión original en portugués nos regaló una serie de perlitas adicionales, como las declaraciones de Romário (minuto 8:15) diciendo que jugando contra los argentinos había que estar preparado para cualquier cosa o las del entrenador del Fla, el periodista Washington Rodrigues, que metió cien palabras en cinco segundos y aseguró algo así como “si quieren cobrar, van a cobrar hasta mañana”.

Años después, entrevistado por el diario Olé y al borde del retiro, Zandoná declaró: «No me arrepiento y le volvería a pegar”. Y agregó: “Con lo de Edmundo tengo una a favor y una en contra. A favor es que le pegué en Brasil, y en contra es que le pegué de atrás. Me hubiese gustado pegarle de frente”.

Nada de «mais amor, por favor«.

River Plate (Verano 2010)

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Faltaba todavía un año y medio para el descenso, pero en el torneo de verano de 2010 River Plate ya empezaba a dar muestras de que todo se le haría cuesta arriba. El flojo desempeño en el Apertura 2009 (terminó 14°), a decir verdad, tampoco invitaba a soñar demasiado.

Tras la derrota en el debut ante Racing, y de cara a la segunda presentación ante Independiente, el técnico Leonardo Rubén Astrada cambiaría algunas piezas, cumpliéndoles a varias promesas de las divisiones inferiores, y unos cuantos baldoseros, el sueño de compartir un rato de cancha con el Burrito Ortega.

De esta manera, el Millonario saltó al césped del estadio Padre Martearena de Salta con un equipo alternativo conformado por Juan Ojeda, Cristian Villagra, Germán Pezzella, Maximiliano Coronel, Lucas Orban, Rodrigo Rojas, Fabio Giménez, Erik Lamela, Mauro Díaz, Ariel Ortega y Andrés Ríos. Luego, en el transcurso del partido, ingresaron los juveniles Gustavo Bou, Gastón Villarreal y Diego Ortega, que nada tenía que ver con el jujeño.

En un encuentro de cinco goles, Walter Acevedo adelantó al Rojo, pero enseguida Gustavo Bou, tras una floja respuesta del Ruso Rodríguez, lo empató para River. Sobre el final del primer tiempo, Ariel Ortega, luego de una buena jugada de Bou, puso en ventaja al Millo, pero, en la segunda mitad, un doblete de Ignacio Piatti sería el encargado de darle la victoria (y el título de aquel triangular estival) al Independiente del Tolo Gallego por 3 a 2.

Son Decisiones: «Jugadores, la concha de su madre» en la 1° Fecha (2012)

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«Jugadores, la concha de su madre, a ver si ponen huevos, que no juegan con nadie», un himno de cancha que surge en los momentos más críticos, cuando la situación es adversa y en muchos casos, irreversible. También denominado La más maravillosa música (o simplemente, LMMM), neologismo acuñado ya hace varios años en el extinto blog La Redó, para etiquetar a ese cántico lleno de indignación y vacío de análisis, porque algunas veces el oponente de turno no es nadie, sí, pero en otras ocasiones el adversario es el clásico rival o lisa y llanamente un equipo más poderoso. A la gente no le importa, claro. Siempre es buen momento para recordarles a los futbolistas propios que están jugando con nadie y que todo es una mierda. Así sea la primera fecha…

Nos situamos en agosto de 2012. Rosario era un infierno y no hablamos precisamente por los narcos. Había algo casi tan duro como un soldadito encerrado en un búnker y eso era el momento de Central. Llevaba dos temporadas en la B Nacional y la situación era desesperante para sus hinchas. Habían pasado Mostaza Merlo, el Chulo Rivoira, el Negro Palma y Juan Antonio Pizzi. Ninguno pudo lograr el objetivo: subir. La sensación era una sola.

Para la tercera temporada consecutiva del Canalla en la segunda categoría, llegó un viejo conocido de la casa: Miguel Ángel Russo. Con un tipo con historia en el club, se suponía que se iban a aplacar los ánimos. Siendo ilusos, por supuesto. Con él, llegaron refuerzos como Héctor Bracamonte (venía de jugar una década en Rusia), Mauricio Caranta, Alejandro Gagliardi, Javier Yacuzzi y Diego Lagos, entre otros. Y también regresó el Sapito Hernán Encina, para recuperar algo de identidad, junto a otros que se quedaron, como Paulo Ferrari, Leonardo Talamonti, Jesús Méndez y Javier Toledo. Había material para ascender. Como los años anteriores, pero ahora el margen de error era nulo.

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Para cuando llegó la primera fecha de la temporada 2012/13, la gente de Central no se aguantaba más nada. Todavía no había arrancado el torneo, es cierto. Pero el solo hecho de saber que se venía otro año en la B soportando las cargadas del histórico rival, con todo lo que eso implica en Rosario, convertía el Gigante de Arroyito en un verdadero hervidero.

Aquel sábado 11 de agosto, los rosarinos recibieron al recientemente ascendido Sarmiento de Junín. ¿Los 11? Mauricio Caranta; Paulo Ferrari, Franco Peppino, Leonardo Talamonti y Rafael Delgado; Alejandro Gagliardi, Freitas y Diego Lagos; Hernán Encina; Antonio Medina y Bracagol. Ellos, más Federico Carrizo, Javier Toledo y José Luis García, terminarían siendo los protagonistas de esta historia. Y sus respectivas madres, claro (?).

Si había presión antes de que empezara el partido, imagínense a los 2 minutos, cuando Ezequiel Cerutti se escapó por derecha y metió uno de sus habituales centros a la cabeza de Héctor Cuevas, que puso el 1 a 0 para Sarmiento. Incredulidad, pánico, agustia, bronca y furia. Todo eso experimentó el corazón canalla en apenas segundos.

Todo lo que vino después, fue un mar de puteadas y reclamos para que Central ganara de cualquier manera, algo que por lógica venía después de empatar. ¿Pero quién le explicaba eso a los hinchas?

A los 27 minutos del primer tiempo, con un tiro libre a favor pero todavía con el resultado adverso, desde las tribunas auriazules empezó a bajar un grito, que de garganta a garganta fue contagiándose hasta cubir completamente el estadio: «Jugadores, la concha de su madre, a ver si ponen huevos, que no juegan con nadie». ¡Primera fecha del campeonato! Y mejor aún, en el primer tiempo. Simplemente hermoso.

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Pese al prematuro llamado de atención por parte de sus simpatizantes, Rosario Central terminó cayendo 1 a 0 en aquel debut, pero el cuento tendría final feliz, porque a final de temporada el equipo de Russo lograría el ansiado retorno a la Primera División. No sin antes, claro, dejarnos este grato recuerdo de la más maravillosa música.

Wellington Phoenix 2 – Boca Juniors 1 (2010)

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Ávido de dólares, a mediados de 2010 Boca Juniors encaró su primera gira por Oceanía. Sin Martín Palermo ni Juan Román Riquelme (que todavía negociaban su continuidad), el viaje contemplaba dos amistosos: uno en Australia contra el Melbourne Victory y, siete días más tarde, otro contra el Wellington Phoenix en Nueva Zelanda. A priori, ningún rival de temer.

Además de recibir una buena cantidad de billetes con la cara de George Washington, era la excusa ideal para probar el funcionamiento del equipo que venía armando Claudio Borghi, que había arrancado con el pie derecho tras derrotar al Palmeiras, en la despedida del Palestra Italia, en São Paulo. En parte, la excursión sirvió para ver en acción a las nuevas incorporaciones y para darles minutos en cancha a algunos pibes que hacía tiempo venían pidiendo pista, como el mediocampista Marcelo Cañete, que estaba destinado a ser el reemplazante natural de Riquelme si finalmente Román decidía abandonar el club, y que fue la gran figura de la gira.

Luego del triunfo ante el conjunto australiano, Boca salió al Westpac Stadium para enfrentar al Wellington Phoenix con estos jugadores: Javier García; Christian Cellay, Matías Caruzzo, Juan Manuel Insaurralde; Leandro Marín (45’ Joel Acosta), Cristian Erbes (77’ David Achucarro), Jesús Méndez (89’ Jonathan Mazzola), Fabián Monzón (70’ Nicolás Colazo); Marcelo Cañete (77’ Orlando Gaona Lugo); Pablo Mouche (70’ Sergio Araujo) y Lucas Viatri.

Después del haka, parece que los jugadores xeneizes se amedrentaron y, a los 23 minutos del primer tiempo, Dylan Macallister abrió la cuenta para los locales. Andrew Durante, a los 15 de la segunda mitad, aprovechó un error (otro más) de Javier García y puso el 2 a 0. Con el marcador en contra, el clima se caldeó y Christian Cellay, que fue el capitán durante toda la gira, se fue expulsado. Sobre la hora, tras una linda corrida del paraguayo Gaona Lugo, Durante volvería a convertir, esta vez en contra, el descuento para Boca.

Con un sabor agridulce, el equipo de la Ribera pegó la vuelta para seguir con la preparación de cara al Apertura. ¿Qué pasó después? Riquelme y Palermo acordaron su continuidad, pero los malos resultados se cargaron al Bichi Borghi tras perder el Superclásico. ¿Y Cañete? Sin demasiadas oportunidades en Boca, se fue a Chile y luego a Brasil, donde continúa hasta hoy, tratando de recuperar su fútbol con la camiseta del desconocido São Bernardo.