Cuesta creer que la imagen ilustre un partido entre Chacarita y San Martín de Tucumán, pero el 2011 daba para todo en cuanto a innovación, por eso el Funebrero se animó a utilizar una casaca que simulaba la bandera nacional.
En realidad, Chaca ya había utilizado el celeste y el blanco en sus inicios, de ahí el homenaje. Es más, en las décadas del 30 y del 70 también había utilizado casacas con esos colores.
La pilcha de TBS, que contaba con números dorados, no sólo salió a la cancha ante los violetas (?) tucumanos, sino que también fue usada ante Instituto y Patronato, entre otros. Después, terminó siendo ropa de arquero, como suele ocurrir.
En St. Jakob Park, el local, Basilea de Suiza, y el Nancy francés jugaban por la fase de grupos de la Copa UEFA 2006/07. En su tercer partido, los helvéticos buscaban su primera victoria, luego del empate ante el Feyenoord holandés y la dura derrota ante el Blackburn Rovers inglés. Con mejor hándicap, los galos, que ya le habían ganado al Wisla Cracovia polaco, iban por otro triunfo que les permitiera asegurarse buena parte de la clasificación a la próxima instancia.
A los 30 minutos, Kim puso en ventaja al Nancy. Enseguida, Scott Chipperfield lo empató para el Basilea. En la jugada siguiente, Pascal Berenguer adelantó nuevamente a los franceses. Sí, tres goles en tres minutos. Y todavía faltaba más. A los diez del segundo tiempo, Mile Sterjovski convirtió el 2 a 2 para los dueños de casa.
Cuando parecía que el encuentro se moría en empate, Nancy desperdició una chance inmejorable. En un contragolpe, André Luiz dejó a Issiar Dia mano a mano con el arquero argentino Franco Costanzo. El ex River salió desesperado a achicar, cometió penal y tuvo que irse derechito a las duchas.
Sin más cambios disponibles, fue el goleador croata Mladen Petrić quien se hizo cargo del arco del conjunto suizo. Cara a cara con Michaël Chrétien, Petrić terminaría siendo el gran héroe de la noche luego de tapar, en dos tiempos, el remate muy anunciado del defensor franco-marroquí.
De esta forma, el Basilea ganaría una vida extra, que se encargaría de dilapidar una semana más tarde en Polonia, cuando cayera derrotado 3 a 1 ante el Wisla Cracovia.
– A ver, utilicen un poco la memoria: ¿se acuerdan de Sebastián Arrieta? Un poco de ayuda: era un mediapunta que prometió en Instituto y que luego pasó a Racing, en 2007, para reemplazar a Maxi Moralez. Él decía que se destacaba por su velocidad, pero lo terminaron apodando «Carrieta». Bueno, ahora utilicen un poco el sentido común: ¿dónde pudo haber terminado este futbolista con tendencia a engordar?
Colonia Caroya es una localidad cordobesa que se destaca, principalmente, por sus vinos, conservas y embutidos, sobre todo los salames. Pero además, son muy reconocidos los alfajores de esa región. Salado y dulce, el sueño de muchos, incluso los que escribimos en este sitio.
Hacia allí fue el bueno de Arrieta hace un tiempo, para vestir los colores del Deportivo Colón, un club que participa del Federal C y que fuera fundado en 2009, gracias a la gestión del Diablo Monserrat y Panchito Rivadero.
Al parecer, el ex hombre de La Academia no la está pasando nada mal. Desde acá, lo felicitamos.
– Así está hoy el OgroCristian Fabbiani, que se sigue poniendo a punto para su debut oficial en la Liga Deportiva Universitaria de Portoviejo, en la Serie B de Ecuador.
– Un clásico de todos los semestres: Leandro Depetris firma para un equipo y amaga con explotar. Su nuevo club es el Sportivo Patria de Formosa, donde intentará volver a ser aquel niño que deslumbró al Milan de Italia. Y si no lo logra, al menos, que le sirva para recuperar el trono de Baldosero del año. Por ahora, entrena con el equipo B de los formoseños. Y es suplente…
Capaz de ser amado y odiado por la misma gente en cuestión de poco tiempo, O AnimalEdmundo nunca pudo pasar desapercibido. Supo ser ídolo de Vasco da Gama y Palmeiras, pero también, en mayor o menor medida, hizo ilusionar a los torcedores de Flamengo, Fluminense, Corinthians, Santos y Cruzeiro, entre otros. Se fue a Italia, pero no se adaptó y volvió rápido. Una vez, dos veces. Le dio cerveza a un chimpancé y nunca se perdió una fiesta de Carnaval. Llegó a la selección, ganó algún título, jugó un Mundial. Fue compinche de Romário, con el que se peleó a muerte y se reconcilió una y mil veces. Hizo goles. Unos cuantos. Y hasta alguna vez fue al arco.
Pero principalmente, Edmundo, dentro de la cancha, era insoportable. Basta con preguntarle al Chino Flavio Zandoná, que cumplió el sueño de muchos, incluso de varios compañeros, y le metió un roscazo bien puesto al brasileño.
Fue en el duelo de vuelta de los octavos de final de la Supercopa de 1995, cuando Vélez visitó al Flamengo en el Parque do Sabiá, en Uberlândia (Minas Gerais), con la dura misión de revertir el 3-2 de la derrota en el José Amalfitani. Esa noche, el ataque de los sueños, como se conocía al trío que conformaban el Chapulín Romário, Sávio y Edmundo, salió inspirado y marcaron un gol cada uno (el de Sávio, en honor a la verdad, con ayuda de Mauricio Pellegrino).
Con el resultado cerrado, Edmundo empezó a gozar a los rivales y el que sacó todos los números fue Zandoná, que bailó con la más fea todo el partido (el punto máximo fue cuando besó el césped en la gran jugada de Rodrigo que terminó en el 3 a 0 de Romário). O Animal canchereó con la pelota (minuto 1:17 del video de arriba) y el argentino le tiró un manotazo, desatando la locura de un jovencito Mariano Closs, que quedó al borde del orgasmo: “Bien, Chino. Un cross de derecha o de zurda nunca le viene mal a nadie”. Puteada va, puteada viene, con el clima muy caldeado, el encuentro siguió.
Segundos más tarde, volvieron a cruzarse. Edmundo le mostró tres dedos (uno por cada gol del Mengão) y le pegó una sutil cachetada al Chino que, ni lerdo ni perezoso, se la devolvió. Luego, con el brasileño ya de espaldas, llegó el golpe de knock out, directo a la sien. Enseguida, la patada voladora de Romário al defensor de Vélez marcó el inicio de una memorable batalla campal con mucho hit & run, la especialidad local.
Años después, entrevistado por el diario Olé y al borde del retiro, Zandoná declaró: «No me arrepiento y le volvería a pegar”. Y agregó: “Con lo de Edmundo tengo una a favor y una en contra. A favor es que le pegué en Brasil, y en contra es que le pegué de atrás. Me hubiese gustado pegarle de frente”.
Faltaba todavía un año y medio para el descenso, pero en el torneo de verano de 2010 River Plate ya empezaba a dar muestras de que todo se le haría cuesta arriba. El flojo desempeño en el Apertura 2009 (terminó 14°), a decir verdad, tampoco invitaba a soñar demasiado.
Tras la derrota en el debut ante Racing, y de cara a la segunda presentación ante Independiente, el técnico Leonardo Rubén Astrada cambiaría algunas piezas, cumpliéndoles a varias promesas de las divisiones inferiores, y unos cuantos baldoseros, el sueño de compartir un rato de cancha con el Burrito Ortega.
De esta manera, el Millonario saltó al césped del estadio Padre Martearena de Salta con un equipo alternativo conformado por Juan Ojeda, Cristian Villagra, Germán Pezzella, Maximiliano Coronel, Lucas Orban, Rodrigo Rojas, Fabio Giménez, Erik Lamela, Mauro Díaz, Ariel Ortega y Andrés Ríos. Luego, en el transcurso del partido, ingresaron los juveniles Gustavo Bou, Gastón Villarreal y Diego Ortega, que nada tenía que ver con el jujeño.
En un encuentro de cinco goles, Walter Acevedo adelantó al Rojo, pero enseguida Gustavo Bou, tras una floja respuesta del Ruso Rodríguez, lo empató para River. Sobre el final del primer tiempo, Ariel Ortega, luego de una buena jugada de Bou, puso en ventaja al Millo, pero, en la segunda mitad, un doblete de Ignacio Piatti sería el encargado de darle la victoria (y el título de aquel triangular estival) al Independiente del Tolo Gallego por 3 a 2.
«Jugadores, la concha de su madre, a ver si ponen huevos, que no juegan con nadie», un himno de cancha que surge en los momentos más críticos, cuando la situación es adversa y en muchos casos, irreversible. También denominado La más maravillosa música (o simplemente, LMMM), neologismo acuñado ya hace varios años en el extinto blog La Redó, para etiquetar a ese cántico lleno de indignación y vacío de análisis, porque algunas veces el oponente de turno no es nadie, sí, pero en otras ocasiones el adversario es el clásico rival o lisa y llanamente un equipo más poderoso. A la gente no le importa, claro. Siempre es buen momento para recordarles a los futbolistas propios que están jugando con nadie y que todo es una mierda. Así sea la primera fecha…
Nos situamos en agosto de 2012. Rosario era un infierno y no hablamos precisamente por los narcos. Había algo casi tan duro como un soldadito encerrado en un búnker y eso era el momento de Central. Llevaba dos temporadas en la B Nacional y la situación era desesperante para sus hinchas. Habían pasado Mostaza Merlo, el Chulo Rivoira, el Negro Palma y Juan Antonio Pizzi. Ninguno pudo lograr el objetivo: subir. La sensación era una sola.
Sube el dólar, sube la yerba, sube el transporte, sube la droga. Sube todo menos Central. Reconozcámosle la estabilidad.
Para la tercera temporada consecutiva del Canalla en la segunda categoría, llegó un viejo conocido de la casa: Miguel Ángel Russo. Con un tipo con historia en el club, se suponía que se iban a aplacar los ánimos. Siendo ilusos, por supuesto. Con él, llegaron refuerzos como Héctor Bracamonte (venía de jugar una década en Rusia), Mauricio Caranta, Alejandro Gagliardi, Javier Yacuzzi y Diego Lagos, entre otros. Y también regresó el Sapito Hernán Encina, para recuperar algo de identidad, junto a otros que se quedaron, como Paulo Ferrari, Leonardo Talamonti, Jesús Méndez y Javier Toledo. Había material para ascender. Como los años anteriores, pero ahora el margen de error era nulo.
Para cuando llegó la primera fecha de la temporada 2012/13, la gente de Central no se aguantaba más nada. Todavía no había arrancado el torneo, es cierto. Pero el solo hecho de saber que se venía otro año en la B soportando las cargadas del histórico rival, con todo lo que eso implica en Rosario, convertía el Gigante de Arroyito en un verdadero hervidero.
Aquel sábado 11 de agosto, los rosarinos recibieron al recientemente ascendido Sarmiento de Junín. ¿Los 11? Mauricio Caranta; Paulo Ferrari, Franco Peppino, Leonardo Talamonti y Rafael Delgado; Alejandro Gagliardi, Freitas y Diego Lagos; Hernán Encina; Antonio Medina yBracagol. Ellos, más Federico Carrizo, Javier Toledo y José Luis García, terminarían siendo los protagonistas de esta historia. Y sus respectivas madres, claro (?).
Si había presión antes de que empezara el partido, imagínense a los 2 minutos, cuando Ezequiel Cerutti se escapó por derecha y metió uno de sus habituales centros a la cabeza de Héctor Cuevas, que puso el 1 a 0 para Sarmiento. Incredulidad, pánico, agustia, bronca y furia. Todo eso experimentó el corazón canalla en apenas segundos.
Todo lo que vino después, fue un mar de puteadas y reclamos para que Central ganara de cualquier manera, algo que por lógica venía después de empatar. ¿Pero quién le explicaba eso a los hinchas?
A los 27 minutos del primer tiempo, con un tiro libre a favor pero todavía con el resultado adverso, desde las tribunas auriazules empezó a bajar un grito, que de garganta a garganta fue contagiándose hasta cubir completamente el estadio: «Jugadores, la concha de su madre, a ver si ponen huevos, que no juegan con nadie». ¡Primera fecha del campeonato! Y mejor aún, en el primer tiempo. Simplemente hermoso.
Pese al prematuro llamado de atención por parte de sus simpatizantes, Rosario Central terminó cayendo 1 a 0 en aquel debut, pero el cuento tendría final feliz, porque a final de temporada el equipo de Russo lograría el ansiado retorno a la Primera División. No sin antes, claro, dejarnos este grato recuerdo de la más maravillosa música.
Ávido de dólares, a mediados de 2010 Boca Juniors encaró su primera gira por Oceanía. Sin Martín Palermo ni Juan Román Riquelme (que todavía negociaban su continuidad), el viaje contemplaba dos amistosos: uno en Australia contra el Melbourne Victory y, siete días más tarde, otro contra el Wellington Phoenix en Nueva Zelanda. A priori, ningún rival de temer.
Además de recibir una buena cantidad de billetes con la cara de George Washington, era la excusa ideal para probar el funcionamiento del equipo que venía armando Claudio Borghi, que había arrancado con el pie derecho tras derrotar al Palmeiras, en la despedida del Palestra Italia, en São Paulo. En parte, la excursión sirvió para ver en acción a las nuevas incorporaciones y para darles minutos en cancha a algunos pibes que hacía tiempo venían pidiendo pista, como el mediocampista Marcelo Cañete, que estaba destinado a ser el reemplazante natural de Riquelme si finalmente Román decidía abandonar el club, y que fue la gran figura de la gira.
Luego del triunfo ante el conjunto australiano, Boca salió al Westpac Stadium para enfrentar al Wellington Phoenix con estos jugadores: Javier García; Christian Cellay, Matías Caruzzo, Juan Manuel Insaurralde; Leandro Marín (45’ Joel Acosta), Cristian Erbes (77’ David Achucarro), Jesús Méndez (89’ Jonathan Mazzola), Fabián Monzón (70’ Nicolás Colazo); Marcelo Cañete (77’ Orlando Gaona Lugo); Pablo Mouche (70’ Sergio Araujo) y Lucas Viatri.
Después del haka, parece que los jugadores xeneizes se amedrentaron y, a los 23 minutos del primer tiempo, Dylan Macallister abrió la cuenta para los locales. Andrew Durante, a los 15 de la segunda mitad, aprovechó un error (otro más) de Javier García y puso el 2 a 0. Con el marcador en contra, el clima se caldeó y Christian Cellay, que fue el capitán durante toda la gira, se fue expulsado. Sobre la hora, tras una linda corrida del paraguayo Gaona Lugo, Durante volvería a convertir, esta vez en contra, el descuento para Boca.
Con un sabor agridulce, el equipo de la Ribera pegó la vuelta para seguir con la preparación de cara al Apertura. ¿Qué pasó después? Riquelme y Palermo acordaron su continuidad, pero los malos resultados se cargaron al Bichi Borghi tras perder el Superclásico. ¿Y Cañete? Sin demasiadas oportunidades en Boca, se fue a Chile y luego a Brasil, donde continúa hasta hoy, tratando de recuperar su fútbol con la camiseta del desconocido São Bernardo.