Maldonado Rubén
Juira Bicho: el perro Globito de Huracán

Muchos son los perros que han hecho historia en el fútbol, obviando a aquellos jugadores que reconocemos como tal. Canes de verdad, como el mítico Boneco o aquel que mordió a Navarro Montoya, supieron dejar su huella en este deporte, pero ninguno causó tanta ternura como Globito, un simpático cachorrito al que terminaron acusando de mufa. ¡Qué mundo cruel!

La historia de esta mascota comenzó en el verano de 2002, cuando el plantel de Huracán que dirigía Miguel Ángel Brindisi se encontraba haciendo la pretemporada en la costa atlántica, más precisamente en Ostende, en el Partido de Pinamar.
Un día de frío y lluvia, mientras los jugadores hacían ejercicios para sacarse la dureza (?), apareció de la nada un perrito de pocos días de vida, tiritando y con claros signos de debilidad. ¿Cómo había llegado ahí? Nadie lo sabía, pero el plantel quemero no tardó en hacerse cargo del animal, al que abrigaron inmediatamente. Bah, el que lo abrigó con su propio buzo fue Gabriel Lobos, quizás marcando el destino del pobre pichicho.
Finalizada esa práctica, uno de los referentes de aquel equipo, el uruguayo Sebastián Morquio, decidió que llevarían al perro al hotel seguir teniéndolo cerca y de paso para que lo viera el médico del club un veterinario. Awwwww (?).
Tras constatar que no tuviese rabia, moquillo ni ébola (?), los hombres del Globo lo adoptaron como uno más. Y como eran muy originales, le pusieron Globito. A las pocas horas, la mascota ya andaba rompiendo las bolas por el hotel y cagando por todos lados, como era de esperar.
El siguiente paso fue la vuelta a Buenos Aires, con Globito incluido. El perro se morfó las horas en micro como un campeón, pero después se peleaban por ver a qué casa iba. Que llevatelo vos, que mejor que te lo quedes, que esto, que lo otro. Hasta se lo quisieron encajar al kinesiólogo, porque el hijo se había encariñado, pero rápido de reflejos contestó: «No puedo. Mi mujer es alérgica a los animales. Es más, mis hijos tuvieron una tortuga y se les murió» (?).
Ya en la ciudad, el rope pudo cumplir el sueño. No el suyo, que quizás hubiese sido seguir viviendo en la playa, sino el de los jugadores, que lo sacaron al campo de juego para que les diera suerte. Y en un principio, la cosa pareció funcionar.

Huracán debutó oficialmente ese año, cumpliendo su compromiso postergado de la última fecha del Apertura 2001. Jugó en La Plata y le empató a Gimnasia sobre la hora, con un gol de Patota Morquio, justo el que más se había encariñado con Globito. ¿El otro tanto quemero? Del debutante Emanuel De Porras, que ese día había sido el encargado de cargar en brazos al animal. ¿Casualidad?
Para alimentar la condición de amuleto del cachorro, en la fecha siguiente el conjunto de Parque Patricios le ganó a Chaca, en San Martín. Parecía que la buena racha se iba a extender por un buen rato, pero no. Veamos lo que nos cuenta el sitio Dale Huracán:
Con el correr de las fechas, Huracán inició una racha negativa, Globito fue tildado de mufa por la gente y dejo de salir con el primer equipo. Después de eso, Huracán alcanzó el cuarto puesto en el Clausura 2002. El perro tardó casi un año en volver a las canchas, fue en un partido del Clausura 2003 contra Rosario Central. Al principio, con el gol de Alejandro Alonso parecia que Globito cambiaba su suerte, pero en el segundo tiempo el equipo rosarino lo dio vuelta. Ni el retorno del pichicho alcanzó para que el Globo de Célico ganase un partido.

Finalmente, Huracán descendió y según afirma el mismo blog quemero, la mascota siguió viviendo, junto a 12 gatos y otros 8 perros, en la casa del Poli Ramón Pedro Ortiz, el mismo que años más tarde denunciaría por acoso a la Presidenta de San Martín de Formosa. Qué perra (?).
Así se terminaron los días de fútbol en la vida del pobre Globito, un perro al que estigmatizaron por no darle suerte a Huracán. Hay que ser malo, eh.
Bárbara (de Erpen)
Machado Paulo
Villarreal 5 – Boca 3 (2000)
Carismático, pero poco valorado furbolísticamente fue Antonio Barijho, un delantero que tuvo que vivir a la sombra de Martín Palermo durante gran parte de su estadía en Boca Juniors. Sus oportunidades, casi siempre, llegaban en amistosos o partidos poco relevantes donde solían actuar los suplentes. Por ejemplo, el choque ante Villarreal en el verano europeo de 2000.
Corría el mes de agosto cuando el equipo de Carlos Bianchi, campeón de la Copa Libertadores, viajó a España para jugar en El Madrigal, como parte de la operación por los pases de Diego Cagna y Rodolfo Arruabarrena, refuerzos del Submarino Amarillo, recientemente ascendido a Primera División.
El match, al margen de su caracter internacional, no era mirado con buenos ojos por todos los integrantes del plantel, empezando por el Pato Abbondancieri (luego Abbondanzieri), que se animaba a declarar: «Este tipo de partidos sirven para mantener los compromisos que tiene el club, pero no es lo ideal disputando dos campeonatos tan duros como el local y la Copa Mercosur. Aunque ya lo sabíamos desde hace un tiempo».
Aquel día, el Xeneize formó con Abbondancieri, Ibarra, Burdisso, Matellán (Medina), Fagiani, Marchant (Andrizzi), Basualdo (Pereda), Serna (Traverso), Gustavo Barros Schelotto, Delgado y Barijho. Claramente, era el equipo alternativo del Virrey, que pretendía darle rodaje a los que menos minutos jugaban. Y se notó en el resultado, porque terminaran ganando los españoles por 5 a 3, en un partido bastante entretenido.
El que más lo aprovechó, fue el Chipi Barijho, autor de dos goles y la figura de la cancha. ¿El otro gol de Boca? Gustavo Barros Schelotto, que luego pasaría al Villarreal junto a Martín Palermo. ¿Los tantos del local? Uno de Basualdo en contra, uno de Jorge López, dos de Víctor y uno de Bruno Marioni, que años más tarde se pondría la camiseta azul y oro. Todo quedó en familia.
Paula (de Alustiza)
Duda existencial Nº 209

¿En algún momento se te pasa lo morfón?








