Uno de los goles más bellos de Juan Pablo Ángel con la camiseta de Riverse lo marcó a Belgrano, en un partido jugado con tribunas semi vacías por la 5ª fecha del Torneo Apertura 1999. El barro, Saviola, las tribunas semi vacías, la lluvia, Ramón Díaz: imágenes que quedaron en un rinconcito de la memoria del futbolero y vuelven a aparecer cuando se reviven los goles de ese encuentro. Pero lo que parece haberse esfumado del recuerdo de todos es que las tribunas estaban semi vacías el nombre del arquero de los cordobeses. Por lo menos, del arquero en el momento del gol del colombiano.
Con el Millonario en ventaja por 3 a 2, y a falta de nueve minutos para el final, Cesar Labarre se ganó la expulsión por una infantil agresión al mismo JP: le pegó una trompada que se vio en todo el semi vacío estadio. Oscar Sequeira lo mandó a las duchas y, con todas las modificaciones hechas, su lugar lo ocupó el defensor Diego Alarcón. Unos minutos después llegaría el taco de Ángel, la revolcada del pixelado arquero, el festejo del delantero, las tribunas semi vacías. Imágenes que quedaron grabadas. Aunque muchos quisieran borrarlas. Sobre todo, los hinchas de River Belgrano.
Aquel viejo Independiente copero de la década del 70 también tuvo tiempo para realizar varias giras internacionales, que incluyeron participaciones en torneos que con el tiempo se volvieron tradicionales, como el Trofeo Ciudad de Sevilla, que se celebró con bastante regularidad, entre 1972 y 1994.
El cuadro de Avellaneda fue invitado a la segunda edición, la de 1973, para disputar un cuadrangular junto a los equipos locales, Sevilla y Betis; más el Dinamo de Moscú. No parecían rivales a temer para el conjunto argentino, pero lo fueron.
En el primer match, el Rojo cayó 2 a 0 con el Sevilla, teniendo que conformarse con jugar el partido por el tercer y cuarto puesto, frente al otro equipo de la ciudad, el Betis, que había caído con el team ruso.
Ante el verdiblanco, Independiente fue ganando durante gran parte del encuentro, pero en el minuto 89 se lo empataron. Después, en los penales, Garisto, Bertoni y Semenewicz fallaron en sus remates, facilitando la victoria de los europeos.
No deben ser muchos los que tengan en la memoria el Mundial Sub 17 de Japón 1993. Primero, porque todo sucedía en la otra punta del planeta, simulatáneamente con nuestras madrugadas. Segundo, porque la selección argentina no tuvo un buen desempeño. Y tercero, porque ese torneo se disputó hace más de 20 años. Sin embargo, hay algo de aquella competencia que ningún futbolero debería olvidar jamás: los laterales con el pie. Aquí el recuerdo de aquella extraña regla.
Así como el Mundial de Italia 1990 nos marcó eternamente gracias a la valentía de aquel equipo argentino que llegó a la final sin que le sobrara absolutamente nada, también para la FIFA significó un antes y un después. La exageración del juego defensivo produjo la escasez de situaciones de peligro. Se empezó a ponderar el trabajo de los entrenadores por sobre los jugadores. El promedio de gol de esa copa fue pésimo, el más bajo de la historia: 2.21 por partido. Evidentemente, había que hacer algo para que el gran negocio del fútbol también resultara atractivo y entretenido, más allá del resultado.
Uno de los grandes flagelos a combatir era el de la pérdida de tiempo. Y no hablamos sólo de esconder pelotas, cagones (?). Los arqueros demoraban muchísimo, gracias a que por aquel entones era posible tomar la pelota con las manos después de un pase con el pie de un compañero. Se tenía que terminar con eso. Por eso es que en el Mundial Sub 17 de 1991, también en Italia, se probó aquel primer gran cambio, sobreviviente de muchas otras variantes que distintos jugadores, entrenadores, árbitros, dirigentes y periodistas especializados habían sugerido para que la International Board modificara el reglamento.
Luego del experimento, en el que los arqueritos se acostumbraron rápidamente a jugar con los pies ante un pase, la FIFA no tardó mucho en integrar esa regla al resto de sus competencias. Ya para 1992 y a pesar del instinto natural de cualquier portero, agarrarla con las manos en esa situación dejó de ser una costumbre. Bue, para todos no (?).
En el camino quedaron otras modificaciones, que también se implementaron aquel año, pero que nunca funcionaron: como la zona de la posición adelantada, que no arrancaba desde la mitad de la cancha, como estamos acostumbrados a ver, sino que partía desde el área grande, hasta el final de la cancha: 16,5 metros de largo. Para que quedase más claro cuál era la zona del offside, además, la línea frontal del área se extendía hacia los laterales. Nadie entendió nada, todos estaban atentos a no quedar en fuera de juego y los partidos fueron más horribles que lo habitual. Se descartó.
También en 1991, pero en el Mundial Sub 20 de Australia, nació «La muerte súbita», que ya recordamos en este sitio. La regla no tardaría en morirse, paradójicamente.
Sin lugar a dudas, el cambio reglamentario que más llamó la atención en esa época tuvo que ver los los saques de banda, que desde 1882 tomamos Branca se habían hecho con las manos. ¿Por qué había que cambiarlos? Según la gente del CIHEFE, el que tiró la idea (o la bronca) fue el entrenador del Arsenal, Arsène Wenger, cansado de los vivos (?) como Rory Delap, un especialista en laterales-centros. Algo así como Alcami en Atlanta o el uruguayo Rosano en los equipos de Caruso Lombardi. La efectividad, discutible. Pero sacaban fuerte, eso sí.
El Mundial Sub 17 de 1993 sirvió, entonces, para probar algo que parecía (y sigue pareciendo) increíble: los laterales con el pie. No se podía marcar un gol directo mediante un saque de banda, pero sí se podía enviar centros peligrosos al área, favorecidos además por la ausencia de posición adelantada. Para tal acontecimiento novedoso, mandamos a nuestros mejores hombres (?).
Los resultados de la nueva regla, a nivel general, no tardaron en llegar. Por esa vía se marcaron 4 tantos en la competición, lo mismo que a través de los saques de esquina. Además, los equipos trataban de mantener la tenencia del balón para evitar un lateral en contra, que suponía una situación de riesgo. Sin embargo, no todo era color de rosa.
Cada pelota que se iba afuera por las bandas, terminaba en una pérdida de tiempo, porque cada equipo tenía uno o más especialistas, que se preparaban como si fuesen a ejecutar el tiro libre de sus vidas, pedían distancia y no hacían otra cosa que demorar el trámite del partido. Insoportable.
Como si fuera poco, ese capricho de los laterales con los pies casi deriva en algo que hubiese sido difícil de superar: Chile campeón del mundo (?). Por suerte, el sueño de los trasandinos sólo llegó hasta semifinales y los laterales volvieron a ser con las manos.
Anoche, post superclásico, tuvimos al IndioDaniel Bazán Vera en el bulo de Arroban – FWTV. Su vida, el ascenso, el paso por Europa, las mejores anécdotas. Lo podés ver acá: