Amor a la Guita: Lutz Pfannenstiel

Lutz Pfannenstiel tal vez sea el arquero más delincuente de la historia del fútbol. Y no es que nos hayamos olvidado de Migliore, pero el alemán, además de haber estado preso, ostenta un récod difícil de superar: jugó en 25 equipos diferentes de los 5 continentes. Como si fuera poco, también vistió el buzo de su Selección. ¿Mundiales? También fue a uno, aunque en su rol de comentarista para la televisión. Conozcamos un poco más a este fenómeno.

Nacido el 12 de mayo de 1973 en la Alemania Occidental, Lutz mostró desde muy pequeño condiciones para el arco, pero sobre todo para el chamuyo, ese que le permitía caer bien en todos lados y ganarse la confianza del entorno. Fue así que, a finales de los 80, lo convocaron al seleccionado juvenil de su país, donde disputó 5 partidos. 

Su primer club oficial fue el Bad Kötzting (1991 a 1993), pero rápidamente pegó una transferencia al extranjero, la primera de tantas que tuvo su trayectoria. A saber: Penang de Malasia (1993/94); Wimbledon (1994), Nottingham Forest (1995, 1996 y 1997/98), Bradford Park (2001 y 2002/03) y Huddersfield Town (2001/02) de Inglaterra; Sint-Truidense (1995) de Bélgica, Hamrun Spartans (1995) de Malta; Orlando Pirates (1996) de Sudáfrica; Sembawang Rangers (1997) y Geylang United (1999/2000) de Singapur; TPV Tampere (1997), FC Haka (1997) y PK Islami de Finlandia; Dunedin Technical (2001, 2002 y 2003) y Otago United (2004 a 2006) de Nueva Zelanda; ASV Cham (2002/03) de Austria; KS Vllaznia Shkodër de Albania (2006/07); Bærum SK (2007), FK Fløy (2008/09) y Manglerud Star (2009) de Noruega; Vancouver Whitecaps (2007) de Canadá; Atlético Aichinger (2008) de Brasil; y Ramblers (2009 a 2011) de Namibia, donde colgó los botines. En su país, además, actuó para el Wacker Burghausen (1998/99).

¿Contaron bien? Veinticinco equipos en veinte años de carrera. Cinco continentes y seis confederaciones. Y por algunos clubes pasó más de una vez. Increíble, pero esperen que aún falta.

En su periplo por Singapur conoció los extremos. En lo futbolístico le fue muy bien y enseguida eso repercutió en su vida personal, donde le empezaron a surgir oportunidades de todo tipo. De repente, pasó a ser una celebridad local, haciendo campañas como modelo y hasta teniendo un programa de televisión propio. 

Parecía vivir un sueño, hasta que un día ocurrió lo lógico: lo metieron en cana, aunque no por su prontuario como futbolista, cosa que hubiese estado bien (?), sino por haber sido acusado de arreglar partidos, algo que la justicia nunca pudo comprobar y entonces le dio la libertad, luego de 101 días de prisión. Imagínense que en todo ese tiempo debe haber fichado para 4 ó 5 pabellones en los campeonatos internos.

Pero la historia del máximo exponente de Amor a la Guita no se detiene. Desde 2007 también se ha dedicado a trabajar desde el costado del campo de juego en diferentes roles: técnico interino, ayudante, entrenador de arqueros, mánager y visor internacional (?). ¡No le hace asco a nada!

Tratando de sobrevivir, pasó por el Bentonit Ijevan de Armenia; Flekkerøy IL y Manglerud Star de Noruega; la Seleción de Cuba; Ramblers y la Selección de Namibia; TSG 1899 Hoffenheim de Alemania y…Antartica XI. ¡El equipo de la Antártida! Cerremos todo. 

Su increíble carrera de trotamundos, hasta 2009, está contada en su autobiografía (sí, porque también tuvo tiempo de escribir), titulada Unhaltbar – Meine Abenteuer del als Welttorhüter (Pirata Czornomaz, vos también la tenés adentro). Es el segundo libro más baldosero de la historia, detrás de El Veraz del Fútbol.

Después de haber comentado el Mundial 2010 para la TV alemana, se prepara para analizar Brasil 2014 desde la BBC y a través de su cuenta de Twitter: @1_LPfannenstiel. Todo eso si no aparece otro canal y se lo lleva en estos días. Ya sabemos que Lutz es de culo inquieto (?).

Fuera de Stock: Las pantallas de realidad virtual en Japón (2002)

La seducción, por lo general, conlleva una alta dosis de sanata y desesperación en quienes, a veces a su pesar, se encuentran obligados a asumir el rol activo. Todos en algún momento lo hicimos. Ya sea para conseguir un laburo, un agujero, dos agujeros (?) o hasta para gitanear algunos pesitos…

Lo patético y lastimoso del asunto es cuando alguien ofrece, a cara de piedra, brindar labores o servicios de los que no está plenamente convencido. Y más aún, cuando se anima a redoblar la apuesta cuando ya todo está perdido.

En el afán por recibir el privilegio de ser el primer país organizador de la Copa del Mundo FIFA en suelo asiático, promediando la década de los noventa, Japón se animó a prometerle al mundo un novedoso sistema de realidad virtual que, en teoría, iba a ser un antes y un después en la manera de presenciar los espectáculos deportivos.

Todo comenzó cuando el entonces Presidente de la FIFA, Joao Havelange, propuso a Japón como candidato a organizar el Mundial de 2002 y hasta dio por descontada su segura elección, tras lo cual varios segundones dentro del organismo se encolumnaron detrás de él.

Además de asegurar una catarata de dólares y de poseer una liga en crecimiento, el viejecito afirmaba que los nipones iban a sorprender al planeta con un innovador adelanto tecnológico. Pero mejor que hable el crack del waterpolo:

“Si Japón hace el Mundial va a ser algo espectacular. Tiene nueve estadios aprobados por la FIFA. La Final, por ejemplo, se puede realizar en Yokohama. Nos quedarían ocho estadios para 80.000 personas. En cada uno de ellos van a poner pantallas de 100 por 32 metros, por que se va a filmar en tercera dimensión, permitiéndose ver el partido como si se estuviese en la cancha. O sea que dentro del estadio habría en realidad 800.000 personas… Esto, Argentina no lo puede hacer. Tampoco Brasil ni nadie en Europa…”

¿Se entendió, no? De movida, sonaba raro. Y aunque alguno se ilusionó con el proyecto y en esa época se imaginaba a los japoneses como gente que vive trabajando, comiendo arroz y haciendo artefactos electrónicos, el tema parecía, cuanto menos, improbable. Más aún, en un tiempo donde apenas había Internet, nadie tenía una webcam y faltaban más de 15 años para que aparezca James Cameron con Avatar y el 3D.


Un héroe de Anime y Saburo Kawaguchi, el padre de las pantallas

Así y todo, los dirigentes japoneses se vieron obligados a seguir el tocuén hasta las últimas consecuencias. Por ejemplo, con objetivos promocionales, durante el Preolímpico de Mar del Plata ´96 apareció por La Feliz una comitiva encabezada por el fundador de la Japan League, Saburo Kawaguchi, quienes, además de hacer descender la población de perros de toda la zona Puerto, insistieron con el temita de las pantallas.

El affaire de la realidad virtual en el fútbol llegó a su mayor grotesco en mayo de 1996 ¿Qué pasó? Los dirigentes con voto de Europa, África y Asia se le dieron vuelta a Havelange y le dieron su apoyo a Corea, que en ese momento ya veía al Mundial de 2002 como una causa completamente perdida.

Desesperados por no perder lo que en su momento habían conseguido, los japoneses prometieron llevar a bajo costo su realidad virtual a todos los confines del globo. O sea que desde la cancha de Platense, la Tacita de Plata de Jujuy o La Cantera de Aldosivi se iba a poder ver el tiro libre de Svensson como si se estuviese in situ ¡Y todo a las tres de la mañana! Además desde el Luna Park podríamos ver NBA, desde el Buenos Aires Lawn Tenis ver Roland Garros y bla, bla, bla…

Finalmente y como última medida para evitar una votación que lo pusiera de rodillas, el propio Havelange propuso un Mundial compartido entre Japón y Corea para, en silencio, ceder algo del poder que terminaría entregando dos años después.

Los coreanos festejaron una victoria impensada y los japoneses un empate sobre la hora, para luego guardar en algunos diskettes de la Federación el proyecto más delirante y baldosero que dio alguna Copa del Mundo en toda la historia…

Estudiantes de La Plata (1993/94)

No nos comamos el chamuyo de Alemania. Si bien contaba con jugadores que iban a dejar una profunda huella en el fútbol argentino, aquel plantel de Estudiantes de La Plata no era ninguna maravilla. Un par de pibitos que prometían pero no eran ayudados por el contexto, algunos hombres con varias batallas sobre el lomo, otros que querían hacerse un nombre y varios chicos de inferiores que, más que foguearse, iban a ser incinerados.

Posan para los fotógrafos: Yorno, Boggio, Gonzalo Gaitán, Fontana y Prátola (arriba); París, Uliambre, Calderón, Rubén Capria, Cabrera y Adrián Paz (abajo). El resto del plantel: el Loco Gonzalez, Alejandro Larrea, Juan Sebastián Verón, Gastón Sessa, Ricardo Iribarren, Martín Mazzucco, Néstor Soria, Pablo Erbín, Daniel Pighín, Martín Palermo, Sebastián Andersen, Freddy Vera, Diego Capria, Mauro Amato, Carlos Cenci y Celso Guerrero. Nada del otro mundo.

Ese equipo no pudo torcer las malas campañas que lo llevaron a estar comprometido con el promedio, y terminaría descendiendo al final de la temporada. El mix de experiencia y juventud no fue suficiente para lograr algo mejor que un último puesto en el Apertura ’93 y un 16º lugar en el Clausura ’94. Un total de 30 puntos entre ambos torneos sentenciaron la despedida de Primera División.

River 2 – Austria Salzburg 0 (1977)

Fundado en 1933 y rebautizado en 2005 como FC Red Bull Salzburg, el original Austria Salzburg visitó tierras sudamericanas a principios de 1977 para participar de un torneo amistoso en el Estadio Nacional de Santiago de Chile. ¿Uno de sus rivales? Ni más ni menos que River Plate, que venía de perder la final del Nacional 76 ante Boca Juniors.

El elenco austríaco, con muchos juveniles, no fue obstáculo para el cuadro argentino, que se impuso 2 a 0 con goles de Alejandro Sabella, que por aquel entonces trataba de ganarse el lugar de volante creativo, tras la partida del Beto Alonso al fútbol francés.

Gracias Ale_Carro

Em Uma Lajota: Bruno


Bruno Fernandes de Souza

No hay peor lugar en el mundo para ser arquero suplente que Brasil. Ni hablar cuando uno es la tercera opción. Pueden pasar campeonatos, años, décadas, siglos enteros y el mismo reserva estará siempre ahí, sentadito en el banco, esperando que el titular se fracture una pierna, se coma 18 goles boludos (porque con uno solo no alcanza, ya está comprobado) o, en el peor de los casos, lo parta al medio un rayo. La perpetuidad de los goleiros en el arco es alarmante. Sobran los casos como los de Rogério Ceni (que a los 41 sigue hasta hoy en São Paulo), Marcos (en Palmeiras), Clemer (en Internacional), Harlei (en Goiás) o Danrlei (en Gremio) y siguen los nombres.

Fue justamente gracias a una suspensión de Danrlei (que había pasado a Atlético Mineiro tras una década en el conjunto de Porto Alegre y ¡un mes! en Fluminense) y una convocatoria de Diego Alves –el sustituto inmediato- al Sub 20 brasileño que Bruno pudo hacerse un hueco en el once inicial del Galo de Minas Gerais en 2005. Y no salió más.

La revista Placar, la versión local de El Grafic*, lo eligió como el segundo mejor arquero del Brasileirão, hecho que llamó la atención de los clubes más importantes del país. En 2006, Bruno pasó al Corinthians paulista, aunque algunos desentendimientos con los dirigentes provocaron su salida, incluso sin haber debutado, pocos meses después.

Tras un breve período de inactividad, la empresa MSI (del polémico Kia Joorabchian y dueña de su pase) le ofreció ir al Flamengo (2006), que necesitaba un reemplazante para Diego, que estaba lesionado. Luego de un inicio de 2007 irregular, se consagró en la final del carioca, en el clásico ante Botafogo, cuando atajó dos penales y se convirtió en el ídolo de la torcida rubronegra.

Su rendimiento en alza provocó que MSI intentara ubicarlo en el fútbol europeo, algo que no cayó bien entre los directivos del Fla, que bajaron la orden de marginarlo del equipo titular. Una vez acordada su permanencia, recuperó el puesto. En 2008, para evitar problemas, el club de Río de Janeiro decidió comprarle más del 90% de sus derechos económicos.

En 2009 volvió a ser clave en la final del torneo estadual. Otra vez ante Botafogo, tapó tres penales (uno durante el partido y dos en la definición) y el Mengão consiguió el tri.

El castillo de naipes comenzó a desmoronarse rápidamente en junio de 2010, cuando un hecho policial sacudió a toda la opinión pública. La modelo y actriz porno Eliza Samudio, ex amante y madre de uno de sus hijos, había desaparecido. Con el paso de los días, todas las miradas apuntaron a Bruno, que no resistió demasiado y fue detenido a comienzos de julio, con prisión preventiva.

Recién el 6 de marzo de 2013, el arquero admitió la muerte de Samudio (cuyo cuerpo jamás apareció y habría sido comido por rottweilers) y culpó a su primo, apodado Macarrão, como autor material. Dos días después, Bruno fue condenado a 22 años y tres meses de prisión, acusado de secuestro, homicidio calificado y posterior ocultamiento del cadáver. Por confesar le redujeron tres años de pena, y luego recibió un aumento de seis meses por haber sido el autor intelectual.

Por estos días (y por unos cuantos más) lava sus culpas en el penal Nelson Hungria, de la localidad de Contagem, en Minas Gerais. Allí, tras un fallido intento de suicidio, aguarda el traslado a Montes Claros, donde firmó un contrato por cinco temporadas para volver al fútbol con los colores del Montes Claros FC, equipo que disputa la tercera división del campeonato mineiro.

En una extensa entrevista, publicada por Placar en abril de este año, Bruno confesó su sueño: «Jugar de nuevo en el Mineirão, escuchar a la torcida gritando mi nombre. Soñar no cuesta nada, ahora depende de los jueces. Errar es humano. Yo me equivoqué y estoy pagando muy caro mi error. Estoy arrepentido, pero no dejo de pelearla. Quiero pagar mi equivocación y dar vuelta las cosas. Es momento de empezar de nuevo».

Pirès a Boca (2009)

Campeón del Mundo con Francia en 1998, el volante Robert Pirès tuvo su pico de rendimiento en el Arsenal inglés, entre el 2000 y el 2006. Ya en la recta final de carrera, cuando jugaba en el Villarreal de España, fue entrevistado por una radio argentina y en ese contexto tiró una declaración que encendió la ilusión de varios.

“Cada vez que por aquí pasan por televisión a Boca lo miro, me gusta mucho La Bombonera. Cada vez que veo a la gente metiendo presión, eso me gusta mucho. Antes de retirarme me gustaría jugar en Boca. La Bombonera me gusta”, fue lo que dijo el francés, sin tenerle miedo a la demagogia. Los medios levantaron el entrecomillado y enseguida armaron una bomba con nada de sustento: Pirès a Boca.

La noticia, que no era tal, no tardaría en desinflarse, casi al mismo tiempo que empezó a circular en internet una foto del mismísimo D’Artagnan luciendo la camiseta de River. Es que siempre soñó con jugar en el Monumental (?).

Al año siguiente firmó con el Aston Villa inglés y ahí se retiró.

River con números delanteros (1984)

En 1984 River Plate salió de gira por Europa para disputar una serie de partidos amistosos: uno muy relevante, frente al Nápoli de Maradona; y otros ante el Real Murcia y el Hamburgo de Alemania. La curiosidad, sin embargo, no estuvo en los rivales ni en las gallinas que aparecieron en el estadio San Paolo.

La nota de esa gira fue la camiseta adidas utilizada por el Millonario, distinta por su gran cuello rojo, pero sobre todas las cosas por los números que exhibía en el pecho. Como si fuera poco, el trefoil de la marca alemana también tenía un tamaño desproporcionado.

De nuevo en Argentina, la extraña casaca riverplatense quedaría en desuso, pero saldría a la luz su versión en negativo al año siguiente.