Ring Ring Balvorín: Ramón Pedro Moyano

Alguna vez aquel prometedor (?) defensor de Boca Juniors llamado Joel Barbosa declaró que en realidad llevaba el apellido de su madre porque su padre biológico no lo había reconocido. Quizás el dato hubiera pasado desapercibido pero no fue así, debido a que Barbosa aseguraba ser vástago de Enrique Nieto, reconocido ex marcador central de River Plate, Belgrano de Córdoba e Instituto, entre otros. Hay cientos de casos de padres e hijos futbolistas, no hace falta nombrarlos, pero este caso no deja de ser particularmente llamativo y curioso.

En el boxeo también la tradición familiar es fuerte, los ejemplos sobran a la hora de repasar el legado de padres a hijos boxeadores: Ali, Frazier, Foreman, Cerdan, Durán, Chavez, Hearns, etc. La lista sería interminable. En Argentina: Coggi, Galíndez y muchísimos otros, pero el deporte de los puños tuvo un caso que supera ampliamente al del Barbosa.

Esta historia nació el día de la primavera de 1972, Bernarda Franco de 17 años dio a luz un bebé al que bautizó Ramón Pedro. El chico se crió con las carencias habituales de los barrios bajos de Santa Fe y ya de chiquito mientras le pegaba a una bolsa de arena improvisada, le anticipaba a su madre su destino de boxeador.

Debutó como profesional en 1995, encuadrado en la categoría mediano. Rostro parco, aindiado, de pelo renegrido y cabellera espesa, hizo parar las rotativas con solo diez peleas profesionales, cuando en una de las primeras entrevistas importantes, suelto de cuerpo y sin pelos en la lengua, declaró: “Mi mama dice que soy hijo de Carlos Monzón”.

Aquí comenzó la historia de Ramón Pedro Monzón Moyano. Hincha de Colon, como Carlitos, entrenaba en el club sabalero (Monzón lo hacía en Unión) buscando su lugar en la historia bajo la atenta mirada de José Lemos. Su representante, Eduardo Palombo, aprovechando el parecido físico de Moyano con el gran campeón mundial, se encargó de mediatizar el tema y busco todos los elementos a mano para emparentar las historias, aprovechando lo que Moyano había contado respecto a la supuesta paternidad de Monzón.

En Abril de 1997 Moyano viajó del barrio San Lorenzo, donde residía, a Buenos Aires para entrenar cinco días bajo las órdenes de Amílcar Brusa en el gimnasio de la FAB. No hace falta decir que Brusa fue el formador de Carlos Monzón y quien lo acompaño durante toda su carrera. Brusa le vio pasta y cuando le consultaron similitudes declaró: “Tiene muchas características del padre”. Palombo daba vueltas carnero e imaginaba que en poco tiempo no iban a contar plata, la iban a pesar.

El fenómeno popular iba creciendo, los sponsor merodeaban con todo tipo de propuestas y asomaba un negocio fenomenal. El 19 de Abril del 97, peleó en Santa Fe, ganándole a Juan Carlos Lettieri por KO 5. Su madre lo fue a ver por primera vez en toda su carrera, infinidad de medios gráficos y televisivos no solo aprovecharon para cubrir la pelea, sino además para hablar con doña Bernarda (de solo 42 años), para que les diera detalle de su affaire (?) con Monzón.

Sorpresivamente, la madre de Moyano aseguró que la única relación que tuvo con Monzón fue la de alquilarle una pieza por tres meses a la suegra de éste, negando haber tenido contacto alguno con el maravilloso campeón. “Yo siempre lo cargaba a Ramón y le decía: Sos igual a Carlos, vos sos hijo de él. Pero se lo decía en broma”. Palombo casi se balea en un rincón neutral.

Enterado Moyano de las felices palabras de su madre, se propuso encerrarse con ella en una pieza, para que le contara toda la verdad. La pareja de doña Bernarda, un tal Jorge Gorosito, un hombre con el que convivía hacía apenas un año y al que le faltaba la pierna izquierda (?), se encargó de truncar el encuentro ya que el 23 de abril asesinó de dos puñaladas a doña Bernarda luego de una fuerte discusión y se llevó la verdad para siempre.

Moyano se mudó a San Antonio de Padua y rápidamente voló a Panamá para participar de la velada donde se enfrentaron el Roña Jorga Castro y Roberto Manos de Piedra Durán. Ganó por KO rápidamente. Comenzó un intento de acercamiento a la familia Monzón, sondearon a Mercedes Beatriz García (Pelusa, primera esposa de Carlos), quien no lo atendió aduciendo que Moyano quería aprovecharse del apellido Monzón. En el entorno, viendo que la luz se iba apagando, analizaron la posibilidad de hacer un ADN.

En Febrero del 98, en una exclusiva velada en el Conrad de Montevideo, solo para mil personas, Moyano se enfrentó y venció rápidamente a Darío Galíndez, hijo del recordado campeón Víctor Galíndez, en una pelea que denominaron “Herederos”. Meses después y en el mismo hotel se puso en juego el título FEDELATIN mediano entre Moyano y el ignoto keniata Chris Sande, ganando “Monzón” a los puntos. En primera fila estuvo Susana Giménez, quien no dudó en afirmarle “Sos igualito a tu papá”. Fue quizás el último capítulo de esta novela. La paternidad de Monzón no fue demostrada científicamente.

Algunas victorias en el Uruguay, otra en Nueva Zelanda. Llegaron las derrotas (7 en 9 peleas) y la historia se fue terminando. Moyano se retiró en 2001 (29 años) y volvió para hacer unos mangos en 2006, ganándole a Gustavo Kapusi. Se volvió a retirar y retornó por última vez en 2009, haciendo una pelea en Canadá (destino baldosero por excelencia en los boxeadores profesionales argentinos junto a Sudáfrica y Australia) y perdiendo rápidamente con el invento local.

Nunca más se habló (bien) de Ramón Monzón Moyano, en 2011 tuvo algún problema con la justicia y hoy poco se sabe de la vida de este hombre, de quien no queda muy claro si la madre le aseguró que era el hijo de Carlos Monzón o si su propio deseo lo llevó a adoptar al gran púgil santafesino como su padre.

Larrondo a River (2009)

Durante la Gestión Aguilar, River fue un caos en todo sentido. Los planteles que tanta gloria le habían dado a la institución se fueron desarmando hasta formar equipos como este, o la base de la plantilla que sufriría con los promedios unos años después. Por suerte, con la llegada de Passarella, todo este desastre se revertiría (?). Una de las desprolijidades futbolísticas fue una serie de pruebas realizadas por Néstor Gorosito a mediados de 2009.

El entrenador del Millonario buscaba un defensor, y para eso le abrió las puertas al paraguayo Javier Cohene Mereles, al uruguayo Rodrigo Basesco y al chileno Nicolás Larrondo. Todo parecía indicar que el lugar iba a ser para el trasandino, que deslumbró (?) en las prácticas. Sin embargo, el DT de los rulos se quedaría con el zaguero guaraní. Una triste noticia para Larrondo, que había mostrado buenas actuaciones en la U de Chile. Posteriormente, deambularía por equipos de menor jerarquía y por el ascenso francés, antes de colgar los botines a los 26 años para dedicarse a la venta de productos para la minería. Pensándolo bien, flor de favor le hizo Pipo.

El Dubois que conocimos

Al día de hoy, mucha gente que recién conoce el sitio o que no está muy relacionada con el mundo del ascenso, nos sigue preguntando quién fue Darío Dubois, ese tipo al que mencionamos en muchas oportunidades. Lo más simple, en esos casos, es recomendar el artículo que ilustra su historia, pero a veces eso termina siendo insuficiente.

No es que nos interese el golpe bajo ni mucho menos, pero a 6 años de su muerte, bien vale entonces un homenaje para recordar cómo era Darío, el Loco, aquel que nos tocó conocer.

Nuestro primer contacto con él fue en abril de 2007. Le queríamos hacer una nota, pero no sabíamos cómo ubicarlo. Finalmente lo conseguimos por intermedio de Daniel Console, periodista e integrante del Forito de En Una Baldosa. Encontrarlo a Darío, de todas maneras, no fue fácil. Algunas veces nos atendía la madre y nos pedía que llamáramos más tarde o al día siguiente. Otras veces nos atendía él, pero la comunicación se cortaba. Así estuvimos algunos días, hasta que finalmente pudimos coordinar una entrevista telefónica en la Rock & Pop Beach de Mar del Plata. ¿El resultado? Lo que escuchan acá:

[audio:http://www.enunabaldosa.com/audios/notadubois.mp3%5D

Unos meses después lo volvimos a contactar porque se nos ocurrió que podía ser una buena idea tenerlo de invitado en el 3º Encuentro Baldosero. Claro que arreglar tampoco fue sencillo. De nuevo tuvimos que llamar varias veces, hasta finalmente encontrarlo y explicarle qué carajo era lo que queríamos hacer. «¿Jugar al fútbol? Mirá que estoy lesonado, eh, pero voy igual», nos dijo, sin entender demasiado de qué se trataba En Una Baldosa.

No podríamos describir hoy lo entusiasmados que estábamos en la previa a ese encuentro del 1º de diciembre de 2007. Pensábamos hasta en pintarnos la cara al mejor estilo Dubois, pero finalmente decidimos hacer unas remeras con su imagen. Y fue un acierto.

Ni bien llegó al Complejo Catalinas, en Buenos Aires, preguntó: «¿Acá es la Rock & Pop Beach?», desatando los primeros aplausos, risas y caras de incredulidad entre los presentes. Al toque, nos presentamos y se dio cuenta de que su imagen aparecía en nuestras remeras. Ahí nomás se emocionó: ¡¿Ese soy yo?!, sin comprender demasiado el por qué tanta admiración.

Una vez en la cancha, fue figura junto al otro gran invitado de la jornada, el Flaco Lamadrid. Ambos marcaron la diferencia por ser jugadores profesionales (y sobre todo porque nosotros éramos unos muertos), pero además dejaron todo lo que tenían. Sobre todo Darío, que cargaba por entonces con una lesión de ligamentos y no dudó en tirarse al piso (alfombra) cada vez que la situación lo requería. De hecho, sintió un dolor en la rodilla y tuvo que salir, porque aún esperaba recuperarse para volver al fútbol de los sábados.

Después del partido vino lo mejor. El post-encuentro en el buffet, donde Darío habló de política, de fútbol (ni sabía que Olimpo estaba en Primera División) y de la vida en general. Fue un grato momento en el que fue uno más de nosotros y eso quizás era lo que lo hacía más querible.

Unos meses más tarde nos desayunamos con la terrible noticia de que el Loco había sido baleado en un episodio no demasiado claro. Intentamos comunicarnos con él, dimos con la familia y con algunos allegados, pero la cosa no era sencilla. Darío estaba en grave estado, internado en el hospital Paroissien.

Una noche, casi sin imaginarlo, sonó el teléfono. Era una persona que nos decía que Darío quería hablar con nosotros. Fue así que después de algunos llamados, pudimos dar con él. Todavía estaba internado, pero un poco mejor. Se lo notaba herido, con pocas fuerzas físicas, pero mentalmente fuerte. Nos dijo que estaba mal, pero que se iba a recuperar. Y nos pidió, sobre todas las cosas, que difundiéramos su estado, él quería que se supiese que lo habían querido matar y que estaba grave. Preguntamos las razones, queríamos saber detalles de aquel episodio violento en el que había resultado baleado, pero nos contestó que no podía, que otro día nos iba a contar la historia. No pudo.

Hoy la historia, su historia, la contamos nosotros. La del Dubois que conocimos, El Loco.

Rosario Central tercera equipación con Canaya (2007)

A comienzos de 2007 la dirigencia de Rosario Central tomó la decisión de incorporar a su indumentaria la figura del Canaya, una creación Roberto Fontanarrosa que resumía el sentimiento del hincha. También era, además, una manera de homenajear al escritor y humorista gráfico rosarino, que sufría de esclerosis lateral amiotrófica.

Para tal acontecimiento, se presentó una nueva camiseta que oficiaría de tercera equipación. ¿El diseño? Azul, con bastones formados por finas líneas amarillas. La tela, además, era bastante más gruesa y pesada que la que Kappa usaba habitualmente.

La prenda sólo se utilizó en un partido ante Lanús, por el Clausura ’07, en el que el Canalla perdió 3 a 2, con un gol de Fabbiani sobre la hora. Unos meses más tarde, moriría el Negro Fontanarrosa.

Carlos Marinelli a Alvarado (2012)

La estructura del fútbol es complicada, infinita, impredecible y generadora tanto de amores como de odios. Jamás deja de parir historias de anónimos que pasan a ser héroes y de días insulsos que se transforman en históricos. Incluso, a veces, deja de ser un aderezo de nuestra rutina para tornarse en el plato principal de nuestra vivencia, desmembrando ladrillo por ladrillo el muro de nuestras horas para influir directamente en el panorama de nuestros días.

La campaña de Independiente se sumergía en las aguas de la derrota fin de semana tras fin de semana, como un pasillo oscuro y siniestro que jamás termina. El génesis del 2014 ponía en duda si para mediados de aquel año estaríamos festejando un ascenso ó lamentando una estadía indeseada en la segunda categoría. Y esa incertidumbre tan hija de puta generaba depresión, miradas caídas y angustia. Quizá esas tristes sensaciones que sentía en aquellos momentos necesitaban de una leve dosis de felicidad para alejarse un poco de la oscuridad. Y dentro de las motivaciones desde fuentes ajenas a uno mismo, muchas veces lo más parecido que podemos encontrar al éxtasis emocional que genera un gol agónico o un abrazo con un desconcido en la tribuna tras un tanto de Gabriel Vallés no es (aunque duela, y mucho) un video en RedTube o enganchar Carlito’s Way en el cable a las dos de la mañana. Sino que es el afecto y la intimidad que puede brindar una mujer que nos partió la cabeza. No lo digo deteniéndome solo en la relación de noviazgo. Más bien este concepto engloba todos los términos de compañía femenina que usted conozca y lo hayan hecho sentir motivado. Quizá incomoda, desilusiona ó descoloca leer sobre este crudo sistema sentimental. Pero, aunque se resista, la mayoría de los lectores nos encontramos inmersos en él a corto o largo plazo.

Julieta es una historia que seguro contaré con mejores palabras dentro de algunos años. Es difícil relatar un recuerdo del pasado cuando uno se encuentra siendo protagonista del mismo en el presente. Confío en que el tiempo traerá algo de experiencia para dentro de muchos años pulir este hecho como una anécdota extraída del inestable y ridículamente complicado mundo del amor adolescente. Pero como esa historia aún no tuvo un final, me debo centrar en lo vivido hasta el momento en que me encuentro escribiendo estas líneas.

Las lluvias dijeron presente aquel marzo a la par del comienzo del ciclo lectivo. Era nuestro último año. Ese jueves por la tarde los problemas que generaba Independiente desaparecieron por un largo rato. Llegamos a mi casa empapados por la tormenta. Julieta caminaba con el uniforme lanzando retazos de agua por el pasillo. Ella era preciosa. Tenía esa picardía inestable que generaba un misterioso encanto desde sus ojos y su sonrisa. Quizá una incertidumbre opuesta a la que generaba El Rojo. Una incertidumbre que de no existir habría hecho menos entretenida a aquella experiencia. Descalza, con las medias azules húmedas por debajo de las rodillas, ambientaba la sala con algunos temas de Doble Vida de Soda Stereo. Y el mundo en esos momentos dejaba de ser un lugar desesperanzador y sin mucho sentido. Es más, se podía decir que por esos instantes esta esquina del cosmos parecía un lugar agradable y plagado de oportunidades. Valía la pena sacar la cabeza del infierno para sentirse, al menos por un abrir y cerrar de ojos, en el paraíso.

En algún pasillo de los callejones del fútbol debe estar esta historia. Y también debe estar reposando en algún rincón el pase frustrado de Carlos Marinelli a Alvarado en el invierno del 2012. Incluso habiendo llegado a entrenar, el ex Boca Juniors no recibió el visto bueno de la directiva. Los rumores que circularon fueron que la inactividad de Marinelli era un obstáculo difícil de sortear para los tiempos de Alvarado. Otros, que la parte económica no había llegado a buen puerto, haciendo quedar en la nada a la transferencia. Entre acusaciones cruzadas, se desencadenó el resultado final de este relato: Marinelli jamás jugaría en el club marplatense.

(Gracias a Clau)

Tiene Letchkov de preso

En 1994, además de la amputación de piernas a Maradona, hubo un equipo que sorprendió a todos. Y no hablo de Suecia. Ese equipo fue Bulgaria. De la mano de su emblema, su Majestad, Hristo Stoitchkov, terminó saliendo cuarto. Un equipo que se dio el lujo de eliminar a Alemania y de tener contra las cuerdas a Italia que salió toreando de la mano del Codino Baggio. La idea no es recordar a Stoitchkov, ese jugador tan crack como mala leche que desparramó su talento en el Mundial y hasta se dio el lujo de dejarle marcados los tapones en el pecho de gusto a un griego. Tampoco a Krassimir Balakov, del que se rumoreó que podía venir a Boca, ni a Kostadinov y sus goles que dejaron afuera a Francia en las eliminatorias en el mismísimo Parque de los Príncipes. Mucho menos a Trifon Marimov Ivanov, El Lobo, el jugador con más cara de psicótico de la historia. El hombre a recordar es uno de los artífices de la victoria histórica: Yordan Letchkov.

Si más o menos eras consciente en aquella época, recordarás a Yordan Letchkov. Pelado, con un mechón redondo en el medio de la frente, como si fuera un tercer ojo. Su gol de palomita fue el que puso el 2 a 1 definitivo que dejó afuera a la Alemania de Matthaus, Klinsmann y Hassler, vigente campeona por aquel entonces. Los hinchas búlgaros lo siguen haciendo tirarse de palomita para recrear la gesta (dato no chequeado). Tenía sólo 27 años en aquel entonces, pese a que por su calvicie incipiente aparentaba ser parte de una publicidad de una AFJP. Por aquellos años jugaba en Hamburgo, luego se fue al Olympique de Marsella. Pasó por el Besiktas y luego al CSKA Sofía, para terminar retirándose en el equipo de su ciudad, el OFC Sliven, en 2004.

Hijo dilecto de Sliven, la octava ciudad búlgara (famosa por sus hajduks, guerreros a lo Robin Hood que vivían en los bosques y enfrentaron al Imperio Otomano), Letchkov no tardó demasiado en convertirse su alcalde. Fue elegido dos veces entre 2003 y 2011. Sí, estaba en actividad como futbolista mientras ejercía su cargo político.

En enero de 2013 fue condenado a 2 años de prisión por malversación de fondos y abuso de poder durante sus dos mandatos. ¿El principal motivo? Haber presionado a agentes fiscales para evitar el control de determinadas empresas y firmar un contrato sobre gestión de aguas que provocó pérdidas de 572.000 leva (292.000 euros). Como si fuera poco, ya tenía dos condenas previas por 3 años cada una en suspenso por los mismos cargos.

Desde acá, un homenaje a aquel gran héroe de USA ’94 caído en desgracia.