
Lunes 7 de noviembre de 2005. Estadio Tomás Adolfo Ducó. Huracán – Tigre. Esa noche (ni antes ni después, esa misma), Ricardo Caruso Lombardi, por entonces DT del Matador, hizo su ingreso triunfal por la puerta grande del fútbol argentino cuando, frente a las cámaras de televisión en vivo y en directo para todo el país por la pantalla de TyC Sports, estalló de bronca (y casi literalmente) por el pésimo arbitraje de Walter Díaz.
La furia del Richard comenzó a desatarse en el primer tiempo, cuando Díaz, a instancias del línea Omar Bisso, le anuló un gol legítimo a Tigre luego de la enérgica protesta del Turco Mohamed y sus dirigidos.
La jugada ocurrió a los 35 minutos, cuando Nicolás Torres ejecutó un tiro libre que terminó en el fondo del arco defendido por Elías Gómez (que había ingresado por el expulsado Diego Pozo), después de que Juan Carlos Blengio -habilitado- y Diego Castaño -en offside- se interpusieran en el recorrido de la pelota, aunque sin tocarla. El árbitro, tras sancionar el gol, dio marcha atrás por los reclamos de la gente de Huracán y se excusó en que Castaño «interfirió la visual del arquero». Caruso Lombardi vio la tarjeta roja por sus quejas desmedidas.
El partido, correspondiente a la decimocuarta fecha de la B Nacional 2005/06, estuvo suspendido durante 15 minutos por incidentes en la tribuna visitante que motivaron el lanzamiento de gases lacrimógenos por parte de la policía.
En el inicio del segundo tiempo, con los ánimos ya muy caldeados y quizás para compensar aquel error, el referí convalidó el único tanto del equipo de Victoria, tras una clara posición adelantada de Matías Giménez. En el transcurso de la segunda etapa, el árbitro le expulsó a tres jugadores al Matador: Daniel Muñoz, por doble amonestación, Diego Castaño, por exceso verbal, y Diego Minor, por juego brusco.
Cerca del final del encuentro, el juez sancionó un penal inexistente para Huracán, de cuyo rebote Joaquín Larrivey marcó el 1 a 1 parcial. Ya sobre la hora, un zapatazo de Walter Coyette puso el 2 a 1 definitivo para los de Parque Patricios.
Desatado y ante la atenta mirada de las cámaras de televisión, el Richard siguió con su show. Esperó a que sus dirigidos dejaran de rodear a Walter Díaz y luego encaró al árbitro, lo tomó de la camiseta y le preguntó a los gritos: «¿Por qué nos hiciste ésto?, ¿por qué nos robaste?».
Minutos después, ante el periodismo y al borde de un síncope, dio cátedra y escupió uno de los diálogos más recordados del fútbol moderno:
– Ricardo Caruso Lombardi: No dirijo más, no dirijo más. Mi renuncia hoy, yo no dirijo más. ¿Sabés por qué? Porque a este señor le dan una fecha y yo me tengo que ir (balbuceo inentendible) a putearme con todos los negros. Lo que hizo este hombre hoy…
– Periodista: Tranquilo, tranquilo, pero sos el conductor, sos el conductor.
– Ricardo Caruso Lombardi: ¡QUE LO ECHEN DE LA AFA! ¡QUE-LO-E-CHEN! Por favor te lo pido, que lo echen, que no dirija nunca más. ¿Sabés por qué? Porque él le hace daño, le hace daño a mucha gente, a mucha gente. Y me deja sin trabajo y yo soy honesssssssto.
– Periodista: Pensá en tus hijos, pensá en tus hijos.
– Ricardo Caruso Lombardi: Sí, ¿Y él tiene hijos? Él tiene hijos también, ¿no?
La charla terminó abruptamente cuando algún desalmado se llevó al DT para el vestuario. Un rato después, ya más tranquilo (?), siguió declarando: «Yo renuncio por más que los dirigentes no quieran. Me voy, no dirijo más porque no me quiero morir en una cancha y, realmente, estoy muy asustado que algún día pase. Me voy porque soy leal y me siento estafado. Si algún día tengo ganas de dirigir y algún equipo me viene a buscar, dirigiré…».
¿En qué quedó todo? Caruso Lombardi siguió siendo el entrenador de Tigre hasta fines de 2006, cuando fue reemplazado por Diego Cagna, que logró el ascenso a Primera División a mediados de 2007 tras derrotar en la Promoción a Nueva Chicago.







