DT Error: Ramón Díaz en el Oxford United (2004/05)

Inauguramos este espacio destinado a recordar los pasos delictivos y no tan difundidos de los técnicos argentinos en el exterior (¿Y por qué no alguno en el ambito local?). Porque robar, robamos todos, pero algunos lo hacen bien lejos para que no los descubran.

Desde que se alejó de su cargo de entrenador de River, allá por el 2002, hasta que volvió al fútbol argentino para ponerse el buzo de San Lorenzo, en 2007, poco se supo sobre la vida de Ramón Ángel Díaz. A simple vista, uno podía deducir que se había dedicado a engordar (?) mientras disfrutaba de una vida sin problemas en Mónaco, pero una panza no se cultiva de la noche a la mañana, por supuesto. En el medio, también hubo un laburito en el exterior que le dio de comer, al menos, durante algunos meses.

Su arribo al fútbol inglés se produjo en diciembre de 2004, provocando la sorpresa de varios: ¡Ramón volvía a dirigir! Y no lo hacía en cualquier lugar, sino en el Oxford United, un club de la League Two (Cuarta División, aunque en la Argentina se decía que era la 2º o la 3º) que estaba casi en el fondo de la tabla de posiciones. Muy lindo todo, pero no. Los británicos habían intentado convencerlo para que se hiciese cargo del equipo, pero el riojano sólo aceptó cumplir la función de mánager. Firoz Kassam, Presidente de la institución, decía por entonces: «Es amigo de un amigo y ha venido por seis meses para rescatarme de un apuro».

Claro que Díaz no va solo a ningún lado. Junto a él, llegaron Horacio Rodríguez y Pablo Fernández, técnico y ayudante, respectivamente. Además, llevó a un fisoterapeuta y a dos traductores. Los que iban a laburar mientras el Pelado ponía el nombre y se jugaba el prestigio.

En su debut como manager, el Oxford de Díaz le ganó 2 a 1 al Cambridge. Sonrisita Je Je, cambio de ánimo en el vestuario y una seguidilla de buenos resultados en muy pocos días. Sin embargo, en el último partido del año el conjunto de camiseta amarilla perdió 2 a 0 como local, provocando la ida en masa del público. Ramón, tribuneando para los 300 tipos que se habían quedado a ver el final del partido, pidió disculpas e hizo el acting de siempre: «Nuestro plantel no es suficiente. Jugamos 2 partidos en 48 horas. Esto demuestra que necesitamos nuevos jugadores».

El pedido de refuerzos fue tomado en cuenta por la dirigencia, que enseguida contrató a dos futbolistas que el mánager consideraba fundamentales: Michael y Emiliano (?). Sí, el dúo dinámico de los baldoseros se incorporó al plantel para estar al tanto de la discusión por los premios, no fuera a ser cosa que algún pirata se hiciese el Orión (?).

Como si fuera poco, Emiliano se encaprichó con llevar a un amigo de vacaciones a Inglaterra. Y papá, sin negar que sus hijos son su debilidad, le cumplió el deseo. Junto a los hermanos Díaz también llegó el ex River Juan Pablo Raponi.

Con la banda de argentinos (más los italianos Michael y Emiliano) el Oxford United logró zafar de la zona comprometida, manteniendo la categoría y proyectando una renovación de contrato para el mánager y todo su cuerpo técnico. Sin embargo, antes de terminar su primer ciclo en mayo de 2005 Ramón Díaz se tomó el palo, dejando sorprendido y decepcionado al presidente del club.

Obviamente todos nos quedamos con gusto a poco. Seis meses más y lo llevaba a Menseguez (?).

Peidró con buzo del Cosmos (1981)

A comienzos de la década de los 80 era habitual que los equipos más poderosos de Argentina realizaran giras al exterior, o viceversa: conjuntos del extranjero llegaban para jugar amistosos en nuestro país, desde el Honved de Hungría hasta el Espanyol de Barcelona. Pero el equipo fetiche (?) de todos estos fue el Cosmos. Los de Nueva York vinieron en 1980 y repitieron al año siguiente. En una de esas visitas enfrentaron al Deportivo Morón.

¿Qué tiene que ver esta introducción con la imagen de Miguel González festejando un gol de Banfield ante la desconsolada mirada del polaco Semenewicz y de Roberto Peidró? La respuesta salta a la vista: el arquero está usando el buzo del Cosmos, del que seguramente se adueño en aquel mítico partido en el que los yanquis se enfrentaron al Gallito.

Rodrigo Palacio (2012)

La Copa Italia del 2012 tuvo su cuota de emoción durante el partido que disputaron el Inter de Milán y el Hellas Verona, por los octavos de final. Con el partido 2 a 0 para el conjunto neroazurro, el guardavalla Luca Castellazzi tuvo que abandonar el encuentro por una lesión, y fue el delantero Rodrigo Palacio quien, con los cambios agotados, se puso los guantes y el buzo rojo de su equipo para hacerle la gamba en el tiempo restante.

Salvo un cabezazo que despejó al córner, no tuvo sobresaltos. Palacio vivió el pase a los cuartos de final de la competición local con una vista panorámica privilegiada desde una posición completamente inusual. Afortunadamente para el ex Banfield, la experiencia tuvo final feliz.

Manchester City 3 – River 4 (1952)

Entre diciembre de 1951 y febrero de 1952, River Plate realizó una exitosa gira por Europa en la que disputó 14 partidos, cosechando 6 victorias, 7 empates y una sola derrota. Entre los triunfos, se destacó el que obtuvo el 2 de febrero de aquel año en Maine Road, el viejo estadio del Manchester City.

Los locales salieron a la cancha con Trautmann; Brannagan, Hannaway; Paul, Rigby, Phoenix; Hart, Revie, Meadows, Broadis y Clarke. Los argentinos formaron con Carrizo; José Ramos, Soria; Yácono, Spada, Héctor Ferrari; Vernazza, Prado, Walter Gómez, Angel Labruna y Loustau. El Feo Labruna, en dos ocasaiones, Vernazza y Walter Gómez marcaron los goles del Millonario, mientras que Meadows y Clarke descontaron para los Ciudadanos.

“Ha sido una hazaña maravillosa. Tan maravillosa que nos emocionó hasta las lágrimas. Merecen estos muchachos que escribieron aquí en la cuna del fútbol, una de las páginas más brillantes y memorables en la historia del deporte argentino”, escribió el partidario Diario River. ¿Exagerados? Tal vez un poco, aunque la Banda fue el primer equipo argentino en jugar (y ganar) frente a un conjunto inglés en su propio territorio. Años después, la proeza se repetiría, en ese caso frente al Sheffield United. Por suerte, todavía no estaba Olé para titular “Our sons” (?).

Fuera de stock: la Copa João Havelange 2000


El Brasileirão de 1999 fue uno de los campeonatos más desprolijos de la historia reciente del fútbol brasileño (a la par de lo ocurrido en 2013) y tuvo su pico máximo de turbidez en la definición de los descensos. A diferencia del método tradicional, no bajaron los peores ubicados de la tabla, sino que se realizó por promedios, tomando en cuenta las temporadas de 1998 y 1999. En la cancha, por su paupérrimo rendimiento deportivo en ambos años, perdieron la categoría Botafogo de Riberão Preto, Juventude, Paraná Clube y el conocido Botafogo de Río de Janeiro.

Pero en los escritorios, y luego de que el Superior Tribunal de Justicia Deportiva (STJD) le diera por perdidos al São Paulo los partidos ante Internacional y Botafogo (RJ) por la mala inclusión del defensor Sandro Hiroshi, el club de Río de Janeiro salvó el pellejo y mandó al descenso al Gama de Brasilia, que venía de la B y había hecho una campaña discreta.

El equipo del Distrito Federal no aceptó la decisión del tribunal y recurrió a la justicia común con el apoyo del Sindicato de los Técnicos de Fútbol del Distrito Federal y hasta del Partido da Frente Liberal.

La situación se le fue de las manos a la Confederación Brasileña de Fútbol, que quedó inhabilitada para organizar el campeonato de 2000. Así, la responsabilidad recayó sobre el Clube dos 13, el grupo de las 13 instituciones más poderosas de Brasil, que armó el torneo más grande de todos los tiempos, bautizado en honor al histórico presidente de la FIFA, juntando ¡116 participantes! de las tres categorías principales.

Los clubes se agruparon en cuatro módulos: azul, amarillo, verde y blanco, y cada uno de ellos tenía su propio método de disputa.

• El módulo azul estuvo compuesto por 25 equipos. Los 17 de la A que habían mantenido la categoría la temporada anterior, Santa Cruz y Goiás, que habían obtenido el ascenso, Botafogo (que mantuvo la categoría por decisión judicial), Gama y Juventude (que finalmente no descendieron a la B como estaba previsto), Fluminense (que había ascendido a la B), más Bahía y América Mineiro, que habían jugado la serie B en 1999.
• El módulo amarillo estaba integrado por 15 conjuntos de la B y 21 invitados por el Club de los 13, de divisiones inferiores a la B.
• El módulo verde contaba con 28 participantes de la C de las regiones Norte, Nordeste y Centro-Oeste de Brasil.
• Mientras que el módulo blanco incluía 27 clubes de las regiones Sur y Sudeste.

A la fase final de la Copa João Havelange clasificaron 16 equipos: los 12 mejores ubicados del módulo azul, los tres primeros del módulo amarillo y el vencedor del duelo entre los primeros de los módulos verde y blanco. Desde octavos de final, se jugó con un sistema de partidos ida y vuelta, teniendo los clubes de mejor campaña la chance de definir las series de local.

La revelación de aquel campeonato fue el humilde São Caetano, un conjunto paulista que tenía poco más de 10 años desde su fundación y en la etapa final dejó en el camino a gigantes como Fluminense, Palmeiras y Gremio. En la definición, tuvo que verse las caras con el poderoso Vasco da Gama, el cuco de la época, y hasta atinó a hacerle frente.

El partido de ida, disputado el 27 de diciembre en el estadio de Palmeiras, terminó 1 a 1 con goles de César para los paulistas y el Chapulín Romário para los cariocas.

La revancha, pactada para el sábado 30 de diciembre, iba a disputarse en el Maracaná, pero finalmente se pasó al estadio São Januario, la cancha del Vasco. Poco antes de la hora marcada para el puntapié inicial, una avalancha y la posterior caída de un alambrado causó temor y dejó más de 150 heridos. Con buen tino, el encuentro fue postergado.

Finalmente, se disputó el 18 de enero de 2001, en el Maracaná. Juninho Pernambucano abrió la cuenta para Vasco da Gama, pero el veterano Adãozinho igualó pronto para el São Caetano. Jorginho Paulista puso el 2 a 1 para los cariocas sobre el final del primer tiempo y en el arranque de la segunda etapa, Romário decretó el 3 a 1 final.

Una vez finalizado el torneo, se descubrió que la documentación de Jorginho Paulista no estaba en regla. Según el diario Folha de Sao Paulo, el propio Clube dos 13 estaba al tanto de esta irregularidad, pero hizo oídos sordos. De haber actuado, Vasco hubiese perdido 20 puntos, ni siquiera hubiera clasificado a la segunda fase y le habría dejado su lugar al Guaraní de Campinas, que terminó decimotercero.


¿Hay más? Sí, hay más. En la final, Vasco da Gama, que no tenía auspiciante en su camiseta tras la finalización del contrato con una marca de jabón en polvo, salió a la cancha con el logo de SBT (Sistema Brasileño de Televisión) en su uniforme. Esta fue una jugada ciento por ciento preparada por Eurico Miranda, el polémico ex presidente del Vasco, para irritar a la Rede Globo, dueña de los derechos televisivos, que durante 90 minutos -y pese a la búsqueda de planos imposibles- debió exhibir el logotipo de uno de sus principales rivales… que no tuvo que poner ni un real para aparecer ahí.

Publicado en simultáneo con Un Mundial Para En Una Baldosa.