Real Madrid 1 – Argentina 0 (1977)

Invitada a participar de los festejos por el 75º aniversario del Real Madrid, la selección argentina dirigida por César Menotti pisó el Estadio Bernabeu, en 1977, para disputar el un cuadrangular denominado Torneo Intercontinental.

En el primer match, jugado el 22 de marzo, el equipo albiceleste igualó 1 a 1 ante Irán, al que luego venceria en los disparos desde el punto del penal. Esa victoria le permitió, dos días mas tarde, enfrentar al dueño de casa, que venía de derrotar 2 a 1 al Mouloudia Chaâbia de Argelia.

En la final, los merengues, con figuras como Camacho y Breitner (en la foto, persiguiendo a Bertoni), fueron superiores a los argentinos. ¿El resultado? Apenas 1 a 0, con un gol de Del Bosque a los 82 minutos.

Bargas a River y Boca (1973)

Que los clubes poderosos quieran llevarse al jugador destacado de un equipo más humilde no es ninguna novedad. Desde el inicio del profesionalismo, esta modalidad es habitual y parece interminable. A veces sale bien, otras no tanto y en ocasiones ni siquiera se da. Como el caso de Ángel Hugo Bargas, que en 1972 la rompió en Chacarita y en la Selección Argentina (al punto de recibir el premio Olimpia de Plata), generando el interés de River y Boca. Pero el destino lo llevó a Francia, donde jugaría desde 1973 hasta su retiro, quince años más tarde.

(Gracias Ale_Carro)

Patronato titular y alternativa (1998)

«Si la camiseta titular de Patronato es rojinegra y la suplente es blanca, juntemos ambas en un mismo diseño», habrá pensado un creativo del mundo de la indumentaria, dando lugar a una casaca que, de tan innovadora, terminó siendo un espanto.

Blanca lisa, del pecho hacia arriba. Roja y negra a bastones, del pecho hacia abajo. Aquella particular prenda, cuyo aparente beneficio era el de prescindir de una camiseta alternativa, fue vista en 1998, época de Gustavo Alfaro al mando del club de Paraná.

Constantino Daniel

Daniel Alberto Constantino

No puede negarse que dejó un profundo legado, marcando un antes y un después. Es indiscutible que todo cambió desde entonces, que sin su presencia la cultura occidental sería diferente. La civilización de hoy en día mantiene su impronta en aspectos cotidianos, habituales, frecuentes. En definitiva, el mundo podría ser un lugar muy distinto si él no hubiera nacido. No hay error, estamos hablando de Constantino. Del emperador romano, refundador de Constantinopla. El mismo que tomó una decisión de suma importancia, perdurable hasta nuestros días: declarar los domingos como “día de reposo”. El asado y las películas de Olmedo y Porcel, agradecidos.

Si bien Constantino El Grande y su homónimo argentino no revisten parentesco alguno (dato no chequeado, ya que los registros de la Dinastía Constantiniana llegan hasta el siglo IV d.C.), puede afirmarse que el futbolista se esforzó al máximo para cumplir con la ley que decretaba al séptimo día de la semana como el indicado para descansar.

Conoció el trabajo dominical en 1980, cuando le tocó poner la cara en un River juvenil, que cubría a los mayores mientras estos hacían cosas de grandes, como jugar la Copa Libertadores (?). Durante dos años compartió plantel con el Pato Fillol, Passarella, Mostaza Merlo, Tarantini y el Nene Commisso, entre otros. El problema era que al momento de salir a la cancha estaba al lado de Giúdice, Gordon, Alegre, Coccimano. Trabajo insalubre.

Con poco lugar en el equipo, fue prestado a Renato Cesarini para jugar el Nacional 1983. Después de 11 partidos y 1 tanto, regresó a Buenos Aires. Lo recibió un River en conflicto, donde los futbolistas profesionales se declararon desvinculados. Por supuesto, él estuvo en ese grupo y pasó varios domingos predicando las enseñanzas de su antepasado. Volvió a las canchas sobre el final del Torneo Metropolitano, para redondear 19 encuentros y 1 gol, en sus dos etapas en el Millonario.

El próximo banco de suplentes en el que dejó marca fue el de Atlanta. Durante 1984 totalizó 23 partidos, generalmente entrando en los segundos tiempos en lugar de Graciani o Erramuspe. La campaña en el Nacional fue mala (eliminación en primera ronda) y en el Metropolitano directamente fue pésima (el Bohemio terminó último y descendió). Al menos, Constantino cumplió con su cuota goleadora, marcando un solo tanto, pero muy especial: fue a River, en un empate 1 a 1.

Circulo Deportivo de Comandante Nicanor Otamendi. Todo eso (?) fue su destino en 1985. Cumplió con su rutina de un grito por equipo y, luego de disputar 13 partidos con el Papero, se sumó a las filas de Gimnasia y Esgrima (1985/86). En La Plata mantuvo el promedio: un gol en 10 juegos. Y se despidió de las tareas remunerativas de los domingos. Ya era hora de aplicar la ley de aquel sabio emperador romano, que tan bien supo reflejar Rodolfo Zapata en sus versos.

Rosario Central 3 – Lazio 0 (1979)

Eran otros tiempos, claro. En la Argentina, la tierra de los campeones del mundo, se realizaban partidos y torneos amistosos para todos los gustos. Fue así como, en mayo de 1979, la Lazio de Italia arribó a Rosario para disputar un cuadrangular internacional junto a Central, Newell’s y el Gremio de Brasil

En el primer encuentro, el conjunto europeo no ofreció demasiado resistencia ante El Canalla, que se impuso 3 a 0, con goles de Miguel Ángel Manzi (de penal), José Luis Gaitán y el Rubén Díaz.

Tras esa victoria, Rosario Central avanzó a la final de la Copa «Semana de Mayo», donde vencería a Gremio por 4 a 1.

Gracias Historia del Fútbol Rosarino

Em Uma Lajota: Javier Castrilli

Querían comprobarlo en carne propia. Si no otra explicación a esto no le cabría… Desde su aparición como árbitro de Primera División en 1991, Javier Castrilli dividió las aguas como nunca antes lo había hecho nadie en el referato y así cosechó alabanzas y desprecio en cantidades equitativas.

Su particular estilo –que incluía infracciones al mínimo contacto, incontinencia al revoleo de tarjetas y un rostro imperturbable con una expresión rayana a lo siniestro, sumado a unos cabellos peinados a la gomina como los guapos de los años treinta- lo convirtió en un real e ineludible protagonista de nuestro fútbol. Y ese hecho hizo que su razón de ser sea una paradójica contradicción…

Para algunos, al Sheriff se lo había manyado el personaje. Para otros, era la necesaria encarnación de la igualdad que no diferenciaba entre ricos y pobres al momento de decidir justicia. “Quiero un país con más Javier Castrilli”, decía Sanguchito Neustadt desde Tiempo Nuevo. Para completar, tenía en Francisco Lamolina a su Joker y en Fabián Madorrán a su Robin. Y cuando se llega a eso, es por que ya dejaste de ser simplemente famoso para transformarte en toda una referencia…

Entonces, en abril de 1998, los dirigentes de la Federación Paulista solicitaron de sus supuestos intachables servicios para el decisivo partido de vuelta por la Semifinal del Campeonato de aquel Estado entre Portuguesa y Corinthians, quienes habían igualado 1 a 1 en el primer cotejo, siendo local El Timao.

Desde la AFA no pusieron ningún reparo al pedido y enviaron al Sheriff con moño incluido, valiéndose del supuesto roce internacional para el árbitro nacional designado para el Mundial de Francia. Pero la realidad era otra. A esa altura Castrilli molestaba, tenía cada vez más impugnaciones, su personaje ya no causaba simpatía y era un secreto a voces que tras el Mundial se retiraba. O lo retiraban. “¿Los brasileños quieren Castrilli? Los brasileños tendrán Castrilli” se cruzó por la mente de Julio Humberto mientras con una mano intentaba taparse la risa…

 

Y así, el 26 de abril de 1998, Portuguesa y Corinthians salieron a la cancha en medio de un verdadero clima bélico. Aunque todos los ojos apuntaban a Javier Alberto Castrilli, el único y real protagonista de la velada. Es que aunque todos aplaudan a los macacos la verdadera estrella siempre será el domador (?).

Portuguesa, necesitado sí o sí de la victoria, arrancó con todo y promediando el primer tiempo Ailton decretó el 1 a 0. Claro que en el inicio de la jugada hubo un off side de más de dos metros, pero eso no es sino un detalle (?). Así terminó el primer tiempo…

Ya en la reanudación y en ocasión de un corner, el capitán de Portuguesa, Evair (aquel ídolo de Palmeiras) le hizo una caricia mínima a un jugador del Corinthians y Castrilli ni lo dudó: penal. El estupor ya recorría tanto a beneficiados como a damnificados. Era un contacto común y corriente y la pelota iba hacía otro lado… a Marcelinho Carioca esto le importó bastante poco, ejecutó la pena y marcó el empate transitorio.

Pero eso no es todo. Cerca del final, Da Silva encontró un rebote luego de un tiro libre y marcó el 2 a 1 para Portuguesa, que se acercaba nuevamente a la gran final… Ah, Da Silva estaba claramente adelantado cuando convirtió su gol.

Los jugadores, a todo esto, se peleaban para ver quien era el más choreado. Además, El Sheriff hizo su mejor gracia y expulsó a Marcelinho Carioca del Timao y a Alex y Carlinhos del Lusa. Todos ellos por faltas menores. Un Castrilli auténtico…

La frutilla del postre ocurrió cerca del final. Inexplicablemente, Condorito El Sheriff adicionó ¡12 minutos! Y en la última jugada, un centro de Corinthians dio en la rodilla y luego en el pecho de César de Portuguesa y Castrilli no se pudo aguantar: penal para El Timao y roja para el defensor. Tras las protestas de rigor y ante un Brasil petrificado por lo que había acontecido, Freddy Rincón convirtió la pena y, con ello, Corinthians se metió en la final y Castrilli dejó su marca imborable en el corazón del Fútbol Brasilero.
http://youtu.be/9V1sbO857qY

Tras el partido, todas las voces se hicieron eco y fue tan claro lo que había sucedido que hasta Vanderlei Luxemburgo, técnico del equipo ganador, manifestó: “El referí no tuvo una buena actuación. Creo que perjudicó a Portuguesa”. El jugador que marcó aquella última falta, César, sólo declaró tres palabras: “Matar o argentino”. El Presidente de la Federación Paulista, Eduardo Farah, señaló: “La actuación del árbitro fue trágica y estamos analizando jugar de nuevo el partido”.

Además, la Federación Paulista pidió su impugnación como árbitro mundialista, cosa que finalmente no se aceptó. Aquel acontecimiento quedó grabado a fuego en el fútbol Paulista como “La Mano de Castrilli” y está catalogado en el Top Five de los máximos robos de toda la historia del fútbol brasilero.

¿Si fue un robo lo de aquella noche? Nunca lo sabremos (?). Aunque podemos señalar que un choreo futbolístico va aparejado de un bolso con dinero y eso sería poco premio para el instinto de un cultor del caos por el caos mismo. Javier Alberto Castrilli, un reflejo de una época. Un tipo que deberá tener su propio capítulo cuando se haga la enciclopedia definitiva de la década del noventa…