Gatti al Deportivo Cali (1980)

Comenzaba el año 1980 y Hugo Orlando Gatti encendía la máquina de humo para la revista El Gráfico: «Mirá, a Boca le dejé una mandíbula, la nariz, una pierna. En estos cuatro años le dejé todo. Creo que merezco como premio que me den el pase para ir un año afuera y después decirle adiós al fútbol. No es por la plata, no me interesa. Yo jugaría gratis, pero no lo hago por los muchachos. Me tengo que hacer respetar porque sé que soy atracción, que hay gente que va a la cancha para ver a Gatti. Entonces quiero que paguen lo que valgo».

En el horizonte del Loco aparecía el Deportivo Cali de Colombia. ¿Las razones? «Allá siempre hay sol, buen clima, un lindo hotel. Lo hablé con Nacha y ella está de acuerdo», decía el arquero. ¿Qué pasó al final? Siguió atajando en Boca hasta 1988, cuando Pastoriza lo borró después un gol que le regaló al Deportivo Armenio.

Mussín Leandro

Mussín Leandro Damián

Año 1987. Doce meses pésimos para la humanidad: los mercados de valores de todo el mundo se desplomaron en el “lunes negro”, dos sismos de 4,5 y 6,0 grados en la escala de Richter sacudieron la zona nororiental del Ecuador, dejando centenares de muertos y damnificados, y 16 jugadores del Alianza Lima perdieron la vida en un accidente aéreo. En Argentina, también hubo hechos penosos: En Semana Santa, se producía el levantamiento militar de los “carapintadas”, entraba en vigor la ley de “Obediencia Debida” y Susana Giménez debutaba con “Hola Susana” (?). Yendo al ámbito futbolístico, la cosa no mejoraba: la selección realizaba una pésima Copa América (siendo local terminaba en el 4º puesto) y para colmo Deportivo Armenio ascendía a Primera División (?).

Peor le iba a Independiente, aunque en ese momento todo se tapaba con las aceptables actuaciones a nivel local (tercero en el campeonato 1986/87 y ganador de la Liguilla) e internacional (eliminación en la segunda ronda de la Copa Libertadores). ¿Qué mal podía afectar al Rojo ese año? Ni más ni menos que los nacimientos de Ismaél Sosa, Adrián Calello, Mariano Viola, Enzo Bruno y Hernán Magic Fredes. Al igual que Leandro Mussín, todos categoría ’87. Y, cada uno a su manera, dejaron su impronta en el club de Avellaneda.

Para ser sinceros, la huella que dejó en Independiente fue casi imperceptible. Es que sólo jugó un poco más de media hora en Primera División. Fue el 11 de Mayo de 2007, cuando ingresó con el número 41 por Carlos Lothar Matheu, a los 10 minutos del segundo tiempo. Esa noche Pepé Santoro mandó a la cancha a Ustari; Matheu, Baez, M. Ramirez, Eluchans; Fredes, Pusineri, Callelo; Díaz; Sosa y Pepe Moreno. También ingresaron Orellana y Sergio Escudero. Milagrosamente, ese equipo no perdió: fue 1-1 frente a Newell’s y debut y despedida para Mussín.

Sin ser tenido en cuenta por el propio Santoro y sus sucesores (Pedro Troglio y el Bichi Borghi) se marchó a Estudiantes (BA) (2008/09), donde pasó con más pena que gloria. Acassuso (2009/11) fue su siguiente destino. En el club del norte del conurbano bonaerense jugó poco (en dos temporadas disputó 22 partidos, fue expulsado 3 veces y no convirtió goles) y fue suplente de Mussón, su tocayo no reconocido (?).

Las noticias más recientes sobre Mussín vinieron de la patagonia: hasta hace un par de años disputaba el Torneo Argentino B en Racing de Trelew, junto al ex arquero de Tigre Lucas Abud y Francisco López Rojas, entre otros. Ese fue el último destino conocido de esta joyita de la “Generacion ’87”, un año nefasto para todos. Y ni hablar para Independiente.

Central con dos marcas (1993)

La imagen corresponde al empate 3 a 3 entre Rosario Central y Mandiyú de Corrientes, por la décima fecha del torneo Apertura 1993. A simple vista no hay nada raro, más que Ricky Maravilla con la 10 Úbeda festejando, pero si hacemos foco en la indumentaria encontramos algo bastante llamativo.

El Canalla, que ese año comenzó a vestirse con la firma brasileña Penalty, combinó la nueva camiseta con unos viejos pantalones de Uhlsport, su antiguo sponsor técnico. El hecho no fue aislado, ya que en ese campeonato pudo verse más de una vez.

Al año siguiente Central se acostumbraría, por fin, a utilizar los pantalones azules de Penalty, su proveedor oficial.

Especiales: El Bicho que no es de La Paternal (?)

Por desconocimiento, miedo, tabú, ignorancia o discriminación, durante mucho tiempo, tanto en la Argentina como en el resto del mundo, se evitó hablar abiertamente del SIDA. Ni para evitar su contagio ni para mejorar la calidad de vida de los infectados. Era preferible el silencio. Por supuesto, tampoco estaba bien visto hacer humor, lo cual se relacionaba inexorablemente con la crueldad y los golpes bajos. Más aún, en el arcaico y elemental universo de la pelota número cinco.

Hoy, cuando el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida está viviendo placidamente entre nosotros y hasta vota al oficialismo las nuevas generaciones tienen otra recepción hacía lo otrora desconocido y siniestro, En Una Baldosa intenta hacer justicia poética (?) y lleva hacia todos los hogares argentinos al otro Bicho. Si, aquel que no es de Juan Agustín García y Boyacá, pero casi (?).

En principio y a lápiz levantado, se denomina SIDA al desencadenante de una serie de síntomas producidos por el virus HIV que provocan, entre otras cosas, la constante e irreversible destrucción del sistema inmunológico.

Los primeros casos de esta enfermedad se revelaron, allá por el año 1981, entre homosexuales residentes en la ciudad estadounidense de Los Ángeles y luego, en gran proporción, entre inmigrantes haitianos que habían llegado durante aquel último lustro a La Tierra del Tío Sam para jugar en Columbus como el marica de Guillermo.

Peyorativamente y desde los mismos ámbitos facultativos, se habló tempranamente de “Peste Rosa”, “Cáncer Homosexual” o “Síndrome Gay” y hasta voces más radicalizadas se animaron a hablar de “Auto Segregación Negra” y “La Venganza de Dios Sobre La Humanidad”.

Aquellas vertidas “malas palabras”: gay, homosexual, negro, peste, Dios fueron condimentos suficientes como para que el ingenio tribunero nacional se ponga a laburar y de ahí se desprende que muchos futbolistas desaparecieron rápidamente y se transformaron en baldoseros sufrieron en carne viva el tormento de ser señalados como portadores de la enfermedad más temida. He aquí algunos casos…

Desde el vamos, los hinchas no se anduvieron con chiquitas y tildaron como “homosexuales” y “sidosos” a dos cracks históricos de nuestro querido futbol: Norberto Osvaldo Alonso y Ricardo Enrique Bochini.

¿El fundamento para tal acusación? Ninguno. O en realidad si. El Beto y El Bocha eran jugadores legendarios de sus respectivos equipos. Las hinchadas jamás hubieran intentado agredir u ofender a algún baldosero con ninguna enfermedad, eso está claro.

Más allá de eso y por dichos del propio Alonso, los rumores sobre su homosexualidad y su supuesta enfermedad con SIDA fueron lanzados por un propio ex compañero, al cual El Beto no perdonó, por más que ya pasaron casi tres décadas de aquello. Tras aquel hecho, el cancionero popular se nutrió con un hit muy añorado por estos tiempos que rezaba: “Centurión, Centurión, Centurión // Centurión necesita la falopa// Y Alonso una pija o un consolador// Che, gallina la puta que te parió”.

En el caso de Bochini se hizo una simple ecuación cavernaria: casi cuarentón + soltero + sin hijos + pelado (?): homosexual ~ SIDA y, por supuesto, la canción surgió espontánea, por más que hoy pocos la recuerden: «Mirá que cosa // Mirá que cosa // Al puto de Bochini le agarró la peste rosa».

Bochini, quien por aquella época se ausentaba bastante seguido de las canchas debido a sus constantes lesiones, se deprimió y hasta le manifestó su descontento a los máximos dirigentes de la AFA.

Viendo las reacciones tanto de agredido como de agresores, no fue más que un triste reflejo de la época. Vamos Bocha, no te pongás loca

Otro que también la pasó mal con este tema fue Sergio Javier Goycochea. En 1988, el club de donde había surgido, River Plate, intentó canjearlo junto a Néstor Gorosito a San Lorenzo a cambio de la dupla conformada por José Luis Chilavert y El Ruso Siviski. Hasta ahí, todo cero positivo (?).

El tema es que tras frustrarse la operación por una lesión del Vasco, el rumor sobre su supuesta enfermedad se disparó a lo largo y a lo ancho del país. Más aun, cuando se supo de su relación con una mujer de la farándula: La Negra Susana Romero. Que tendrá que ver el culo con la cooperativa…

Finalmente y para completar la leyenda urbana, se sostuvo que por esa razón Goycochea se había ido a jugar a Colombia, un fútbol donde aún no existía el control antidoping ni la más remota posibilidad que el arquero deje su orina, sangre u ADN en ningún lado. La inverosimilitud al palo…

Tras ratificarse que sólo se trataba de una versión lanzada para lastimar o burlarse, El Vasco fue el héroe máximo de la Selección Argentina durante Italia ´90 y, es más, si hubiera atajado el penal de Andreas Brehme en la final, tanto mujeres como hombres no hubiéramos tenido inconvenientes en intercambiar toda clase de fluidos (?) con el querido y legendario Goyco

A principios de los noventa, cuando el mundo ya se había estremecido tras las muertes por SIDA de Arthur Ashe, Rock Hudson y Freddie Mercury, el inescrupuloso dedo acusador apuntó a la figura de un técnico argentino que trabajaba en España: Héctor Rodolfo Veira…

Es que tras abandonar sorpresivamente la dirección técnica del Cádiz y regresar rápidamente a la Argentina aquejado por una hepatitis, un rumor recorrió con fuerza toda la península ibérica: el reconocido playboy porteño tenía SIDA y todos lo intentaban ocultar…

Finalmente, la dirigencia del Cádiz le encargó a dos laboratorios analizar la sangre de Veira y publicó los resultados en los periódicos AS, Marca y Mundo Deportivo: El Bambino no tenía SIDA. Tenía, eso sí, una causa abierta en la Argentina por abusar sexualmente de un menor, pero tampoco la pavada (?).

En febrero de 2002 y a raíz de las constantes versiones que circulaban en Córdoba, el entonces defensor de Talleres, Julián Maidana, apareció en una tapa compartida de la revista El Gráfic*, manifestado: “No tengo SIDA”.

El rumor de la supuesta enfermedad había crecido en el ambiente del fútbol debido a la gran cantidad de pases frustrados que el jugador tenía sobre sus espaldas, a saber: San Lorenzo, Numancia, Independiente, Rosario Central, Blackburn Rovers, Manchester City, Everton, Lille, América de México y Boca. Estas transferencias siempre se frustraban por HIV H ó por B…

Al ser consultado, Maidana declaró conocer el rumor hacía rato, encontrase completamente sano y señaló a los dirigentes de Instituto como los responsables de intentar manchar su buen nombre y reputación. El tiempo le dio la razón, al menos en cuanto a la negativa de su enfermedad ya que siguió jugando durante varios años más y en la cancha nadie le cantó nada (?).

Quien si contrajó la enfermedad, el primero declarado en el mundo del fútbol en toda la historia, fue el delantero brasileño José Eduardo Esidio, quien se enteró de su condición tras un análisis de rutina cuando firmó para Universitario de Perú, en enero de 1998.

Un argentino, claro, estaba en el medio de todo aquello como siempre que hay SIDA alguna controversia. En este caso, el director técnico Osvaldo Piazza quien, precisamente, fue junto a los directivos cremas quien le comunicó la noticia a Esidio y, además, le recomendó que se vuelva a su pueblo a esconderse mientras ellos camuflaban su ida inventándole a la prensa una enfermedad del padre del jugador.

Tras filtrarse la verdad por los medios y a raíz del clamor popular y también de la presión de la FIFA, Esidio finalmente volvió al plantel de Universitario, donde se transformó en ídolo, fue tricampeón y segundo goleador mundial del año 2000, detrás del ex – Newell´s, Mario Jardel. En 2004 el jugador se retiró del fútbol.

En 2011, el diario peruano Líbero afirmó en exclusiva que Esidio se encontraba en la fase terminal de su enfermedad y hasta se animó a más: “Mi misión en la tierra está por terminar”. Finalmente y tras algunas acciones legales se supo la verdad, el jugador estaba en Brasil y mantenía su calidad de vida habitual gracias a la medicina . El SIDA mata claro, pero no tanto como la estupidez…

Bonus Track

A continuación, los dejamos con una interesante mesa de debate que se armó en 1995 en el programa de Daniel Hadad y Marcelo Longobardi, luego que el entonces técnico de la Selección, Daniel Alberto Passarella, declarara que él no convocaría a jugadores homosexuales, para posteriormente ampliar sus razones: “convivencia”, “drogas”, “pelo largo”, “aritos”, “SIDA”.

Exponen -además de los conductores- el ex jugador Claudio Marangoni, el docente Rafael Freda, Eduardo Vázquez y el desaparecido activista Carlos Jáuregui, quien se despachó afirmando que El Kaiser ya tenía un homosexual en la Selección mayor y había otro en la Sub – 20.

Una última, por si no quedó claro y aunque parezca anticuado, el SIDA y el HIV no son exclusivos de los homosexuales, ya que todos y cada uno de los que está leyendo está en el rango de posibles infectados, más allá de cualquier elección en todo ámbito. La eterna solución no es tener miedo, sino informarse un poco o realizarse un análisis. Total, lleva menos tiempo que jugar al Candy Crush o boludear en Twitter…

Se agradece la ayuda fundamental de Harry y Matías para la finalización de este post.

Placard: la camiseta Levi’s de México (1978)

En la década del 70 no eran tantas las empresas de indumentaria que dominaban el mercado internacional. Adidas tenía a la mayoría de las selecciones, mientras que una mínima porción se dividía entre otras firmas que intentaban arrimar el bochín. ¿La perla? México, que en el Mundial de Argentina 1978 llegó a vestirse nada más y nada menos que con Levi’s, ¡una marca de jeans!

Como tantas otras veces, El Tri llegó a aquella Copa del Mundo con el copete (?) bastante alto. ¿Los motivos? El subcampeonato en el Mundial Juvenil de Túnez 77 y una irreprochable eliminatoria, ganando la fase final con puntaje ideal, 20 goles a favor y apenas 5 en contra. El resto del agrande corría por cuenta de los periodistas mexicanos, siempre dispuestos a inflar a su selección en las grandes competencias.

La pura verdad es que, ya en el Mundial de 1978, México sólo llamó la atención por su vestimenta, confeccionada extrañamente por Levi’s, la marca norteamericana que se hizo famosa por sus jeans (vaquero dice tu abuela, no jodamos). Tanto el uniforme titular como el alternativo eran bastante agradables a la vista, combinando el verde, el blanco y el rojo. El diseño de la casaca suplente, incluso, fue copiado por Nike para la selección de Portugal en el Mundial de 2010.

En el plano futbolístico, aquel combinado mexicano que vino a la Argentina se confió demasiado en la zona que, en teoría, era medianamente accesible. En su debut, en Rosario, cayó 3 a 1 ante Túnez. Cuatro días más tarde volvió a jugar en el Estadio Olímpico de Córdoba frente a Alemania. ¿Resultado? Un aplastante 6 a 0 para los germanos. Chau, manito (?).

México se despidió perdiendo 3 a 1 con Polonia, sumando una nueva frustración a su larga historia mundialista. Y eso que usaban Levi’s y no Vanquish (?).

Boca copia del Parma (1993 a 1995)

El vínculo entre Boca Juniors y una empresa familiar como Olan dejó algunas particularidades, pese a que no fueron muchas las camisetas que presentaron entre 1993 y 1996.

El único modelo alternativo que el Xeneize utilizó en aquel período estuvo inspirado, de principio a fin, en la indumentaria Umbro que el Parma de Italia había estrenado en 1993: conjunto blanco, con cuello azul y mangas con bordes bicolores. La firma Olan, no demasiada esmerada en sus diseños, se apropió de la idea y hasta copió los detalles de los pantalones y las medias.

Para colmo, el sponsor del club italiano era el mismo de Boca: Parmalat. ¿Resultado? Una camiseta idéntica que debutó en 1994 y que incluso llegó a usar Maradona en un accidentado encuentro ante Deportivo Español, a fines de 1995.