Salom a Chacarita (2011)

Recientemente desvinculado de Olimpo, Carlos Salom concretó de palabra su llegada a Chacarita para el torneo del Nacional B 2011/2012. Se puso la pilcha del Funebrero y no quiso perder tiempo: a entrenar. “Es una gran oportunidad jugar en este equipo y ahora espero poder rendirle al técnico y ascender con este club tan grande. A eso le vamos a apuntar porque estamos con mucha expectativa”, declaró. Por lo visto no conocía bien al plantel, que terminó haciendo una campaña muy lejana de los puestos de vanguardia. Tampoco tuvo mucho tiempo de formar alguna amistad: después de una semana de prácticas no arregló su contrato con los dirigentes y se fue a All Boys.

Atlético Tucumán sin sponsors 2009

El ascenso de Atlético Tucumán a la máxima categoría, a mediados de 2009, significó una gran alegría para sus hinchas, principalmente, pero también para los empresarios que venían bancando al equipo. La vidriera de la Primera División no es lo mismo que la de la B Nacional, lógico. Por eso muchos de los anunciantes se entusiasmaron con la idea de ver sus marcas en la camiseta del Decano.

Sin embargo, el estreno del cuadro tucumano en la máxima categoría no fue el deseado. Y no sólo porque cayó 3 a 1 ante San Lorenzo, en el Nuevo Gasómetro. El dato de color estuvo en la pilcha de Atlético, totalmente limpia de chivos, solo con los bastones celestes y blancos, el escudo y el logo de Topper. Una belleza que apenas duró…1 partido.

Ya para la fecha siguiente, luego de que mandaran a estampar la indumentaria, los tucumanos volvieron a lo de siempre: 6 publicidades en la camiseta y 3 en el pantalón. Por lo menos zafaron las medias (?).

Aguiar Carlos

Carlos Antonio Aguiar Burgos

En ocasiones los sueños, los objetivos y las ambiciones de una persona suelen ser tan, pero tan poderosos que contagian a los demás familiares quienes, de manera inconsciente, terminan subiéndose al mismo tren del entusiasmado. Aunque ninguno de ellos quiera darse cuenta que ese tren está hecho mierda y que se viaja peor que en el Sarmiento. Y encima te punguean.

Ese es el caso del protagonista de este post quien, además de soñar con que la número 5 le de para parar la olla, siempre tuvo al oeste como principal horizonte. Es que siguiendo ese punto cardenal desde su Montevideo natal, se encontraba y aun se sigue encontrando (?) la Argentina. Un país con una liga poderosa. Un país con una liga pasional. Un país cuyo fútbol sirve como trampolín para recalar en los grandes equipos de Europa. En fin, la Argentina, un país donde son una manga de ladrones del primero hasta el último. Así y todo, Carlos Antonio Aguiar seguía entusiasmado.

Tal era su motivación que, desde muy temprana edad, Carlos le trasmitió esa pasión a su hermano menor, Luis Bernardo, con unipersonales que sonaban más o menos así: “¿Ve botija? Del otro lado de este río hay un país donde el fútbol es un verdadero espectáculo y las proezas quedan inmortalizadas en un pasquín prestigioso como El Gráfico. Un país que ganó mundiales modernos y no torneos añejos y mal organizados en blanco y negro. Un país donde Carlos Gardel abrió sus ojos al mundo y la yerba mate tiene calidad y sabor. Un país donde China Zorrilla tiene teatros para actuar, Víctor Hugo tiene radios para relatar y Natalia Oreiro cuenta con un mercado para vender discos. Bueno, ahí, botija, en ese país que respeta los contratos a rajatabla, un día vamos a triunfar nosotros… ta´, bo´, gurí, championes, contigo, chiquilín (?)”.

Y así, con ese deseo como eje, Carlos Aguiar mostró sus dotes de volante de creación en el River Plate charrúa. Sus buenas condiciones le valieron un préstamo de un año en el Skoda Xhanti de Grecia, pero este vínculo fue rescindido tras 2 partidos. De regreso en Uruguay firmó para Racing Club, de la Segunda División. Tras un año en Tercera División con los colores de Uruguay Montevideo y otro en Rampla Junios, a la fatídica edad de 27 años, el sueño de toda su vida finalmente se materializó.

Se enteró que en la Argentina había un club chico, de barrio, que jugaba su primera y, con seguridad, única temporada en la máxima categoría. Con una cancha que no cumplía las normas mínimas de seguridad y con un plantel que era un desfile bizarro entre baldoseros e ídolos regionales venidos a menos. Que no había presión, ni hinchas, ni barras, ni periodistas, ni duchas calientes. Y encima con un técnico chileno. “Es cumplir el sueño de jugar en Argentina, pero en un equipo de Uruguay” pensó el jugador. Y de esta manera, Carlos Aguiar y Tiro Federal de Rosario cruzaron sus destinos.

Debutó en la victoria 2 a 1 sobre Newell’s por la 2° fecha del Clausura 2006. Lo curioso es que su equipo hizo las veces de local en ¡El Coloso del Parque! Y encima, utilizando el vestuario visitante. Bienvenido a la Argentina. En la siguiente jornada Aguiar sorprendió marcándole un gol a Luchetti a 15 segundos de iniciado el encuentro pero Banfield terminó ganando por 2 a 1. Fue titular en 2 derrotas más y luego perdió su lugar en el primer equipo para alegría de Alejo Gelatini. Siendo recambio ingresó pocos minutos en otros 5 encuentros, pero no alcanzó para torcer el destino de un equipo condenado desde el vamos. En la jornada 16, tras la renuncia del DT Oscar Del Solar, la dirigencia se cargó a 15 jugadores entre los que se encontraba El Uruguayo. Un total de 9 partidos y un gol fueron el punto final de un sueño, si, pero sueño cumplido al fin.

Con el corazón más contento que Palito Ortega, Aguiar continuó marcando tarjeta en Rampla Juniors (2006/2007), Liverpool (2007), Académica Coimbra de Portugal (2007/2008), Fénix (2009/2010), Huachipato de Chile (2010/2011) y otra vez en Fénix (2011) donde volvió para colgar los botines y cuidar los intereses de su hermanito Luis Bernardo quién, a mediados de 2012, se sumó a San Lorenzo de Almagro para comprobar en carne propia las bondades de esa tierra prometida. Aquella en donde los héroes se inmortalizan en la tapa de El Gráfico, Víctor Hugo es incuestionable, Natalia Oreiro revienta los charts, los contratos se respetan a rajatabla y, por supuesto, las viejas son peores que los tuertos.

“Ta´, bo´, gurí, championes, contigo, chiquilín (?)”.

River Plate 3 – Glasgow Rangers 2 (2002)

A mediados de 2002, mientras el país se venía a pique, River Plate se fue a hacer una gira por los Estados Unidos con la ambición de escaparle al invierno, sumar algunos dólares y, ya que estaba, presentar a su nuevo directo técnico: Manuel Luis Pellegrini Ripamonti.

Por aquellos días y a modo de halago, al Chileno se lo sindicó desde nuestro medio como El Pékerman Trasandino, mote que al aludido jamás le causó orgullo y que el tiempo finalmente descartó ya que, a diferencia del Tachero, El Ingeniero jamás dirigió clubes tan pedorros.

En fin, por el cuarto partido de aquella gira El Millonario venció por 3 a 2 al Glasgow Rangers de Escocia con goles de Celso Ayala, Víctor Zapata y Maxi López, descontando Arveladze y Amoruso para los británicos.

Aquel poco recordado partido se jugó en el mítico Giants Stadium de New Jersey, donde se realizaron varios recitales de Amnesty, Pink Floyd finalizó su última gira (The Division Bell) y The Police se despidió para siempre de los escenarios.

Claro, ese mismo Estadio Mundialista que fue demolido a mediados de 2011, mas o menos para la misma época en la que River se fue al descenso y el Glasgow Rangers desapareció del mapa.

Lo que se dice, un auténtico suicidio en masa.

Bianchi a Cruz Azul (1971)

Los directivos del club mexicano habían llegado con montón de dinero decididos a llevarse al delantero que jugaba en Vélez Sarsfield. La cifra ofrecida fue imposible de rechazar para el club argentino, Bianchi hizo las valijas y partió hacia México. Aunque apenas participó en algunos entrenamientos del Cruz Azul: llegó a ponerse la camiseta para un partido amistoso (en el que marcó un gol) y al toque debió volverse a Buenos Aires. La transferencia había sido impedida por la AFA, al sacar un decreto prohibiendo a jugadores jóvenes de la Selección Nacional marcharse al exterior. De todos modos, el Cruz Azul cumplió con la promesa que le había hecho: pagarle la luna de miel en Acapulco. Y, antes de volver al país, Bianchi pasó unos dias con su esposa Margarita disfrutando de la costa del Pacífico mexicano.

(Gracias gxg)