Carlos Antonio Aguiar Burgos
En ocasiones los sueños, los objetivos y las ambiciones de una persona suelen ser tan, pero tan poderosos que contagian a los demás familiares quienes, de manera inconsciente, terminan subiéndose al mismo tren del entusiasmado. Aunque ninguno de ellos quiera darse cuenta que ese tren está hecho mierda y que se viaja peor que en el Sarmiento. Y encima te punguean.
Ese es el caso del protagonista de este post quien, además de soñar con que la número 5 le de para parar la olla, siempre tuvo al oeste como principal horizonte. Es que siguiendo ese punto cardenal desde su Montevideo natal, se encontraba y aun se sigue encontrando (?) la Argentina. Un país con una liga poderosa. Un país con una liga pasional. Un país cuyo fútbol sirve como trampolín para recalar en los grandes equipos de Europa. En fin, la Argentina, un país donde son una manga de ladrones del primero hasta el último. Así y todo, Carlos Antonio Aguiar seguía entusiasmado.
Tal era su motivación que, desde muy temprana edad, Carlos le trasmitió esa pasión a su hermano menor, Luis Bernardo, con unipersonales que sonaban más o menos así: “¿Ve botija? Del otro lado de este río hay un país donde el fútbol es un verdadero espectáculo y las proezas quedan inmortalizadas en un pasquín prestigioso como El Gráfico. Un país que ganó mundiales modernos y no torneos añejos y mal organizados en blanco y negro. Un país donde Carlos Gardel abrió sus ojos al mundo y la yerba mate tiene calidad y sabor. Un país donde China Zorrilla tiene teatros para actuar, Víctor Hugo tiene radios para relatar y Natalia Oreiro cuenta con un mercado para vender discos. Bueno, ahí, botija, en ese país que respeta los contratos a rajatabla, un día vamos a triunfar nosotros… ta´, bo´, gurí, championes, contigo, chiquilín (?)”.
Y así, con ese deseo como eje, Carlos Aguiar mostró sus dotes de volante de creación en el River Plate charrúa. Sus buenas condiciones le valieron un préstamo de un año en el Skoda Xhanti de Grecia, pero este vínculo fue rescindido tras 2 partidos. De regreso en Uruguay firmó para Racing Club, de la Segunda División. Tras un año en Tercera División con los colores de Uruguay Montevideo y otro en Rampla Junios, a la fatídica edad de 27 años, el sueño de toda su vida finalmente se materializó.
Se enteró que en la Argentina había un club chico, de barrio, que jugaba su primera y, con seguridad, única temporada en la máxima categoría. Con una cancha que no cumplía las normas mínimas de seguridad y con un plantel que era un desfile bizarro entre baldoseros e ídolos regionales venidos a menos. Que no había presión, ni hinchas, ni barras, ni periodistas, ni duchas calientes. Y encima con un técnico chileno. “Es cumplir el sueño de jugar en Argentina, pero en un equipo de Uruguay” pensó el jugador. Y de esta manera, Carlos Aguiar y Tiro Federal de Rosario cruzaron sus destinos.
Debutó en la victoria 2 a 1 sobre Newell’s por la 2° fecha del Clausura 2006. Lo curioso es que su equipo hizo las veces de local en ¡El Coloso del Parque! Y encima, utilizando el vestuario visitante. Bienvenido a la Argentina. En la siguiente jornada Aguiar sorprendió marcándole un gol a Luchetti a 15 segundos de iniciado el encuentro pero Banfield terminó ganando por 2 a 1. Fue titular en 2 derrotas más y luego perdió su lugar en el primer equipo para alegría de Alejo Gelatini. Siendo recambio ingresó pocos minutos en otros 5 encuentros, pero no alcanzó para torcer el destino de un equipo condenado desde el vamos. En la jornada 16, tras la renuncia del DT Oscar Del Solar, la dirigencia se cargó a 15 jugadores entre los que se encontraba El Uruguayo. Un total de 9 partidos y un gol fueron el punto final de un sueño, si, pero sueño cumplido al fin.
Con el corazón más contento que Palito Ortega, Aguiar continuó marcando tarjeta en Rampla Juniors (2006/2007), Liverpool (2007), Académica Coimbra de Portugal (2007/2008), Fénix (2009/2010), Huachipato de Chile (2010/2011) y otra vez en Fénix (2011) donde volvió para colgar los botines y cuidar los intereses de su hermanito Luis Bernardo quién, a mediados de 2012, se sumó a San Lorenzo de Almagro para comprobar en carne propia las bondades de esa tierra prometida. Aquella en donde los héroes se inmortalizan en la tapa de El Gráfico, Víctor Hugo es incuestionable, Natalia Oreiro revienta los charts, los contratos se respetan a rajatabla y, por supuesto, las viejas son peores que los tuertos.
“Ta´, bo´, gurí, championes, contigo, chiquilín (?)”.








