Segurola y Habana: Tuzzio Vs. Ameli

La humillación, afirman quienes saben, es la cómoda antesala del odio. Y aunque las humillaciones -en sus diferentes variables- son recursos de uso casi cotidiano, las más temidas y dolorosas viven dentro de la psiquis de cada uno de nosotros y pocas veces se materializan o, por lo general, elegimos mirar hacía otro costado… Hasta que un día elegimos ya no hacerlo más.

Ser nena y que tu mamá le cuente a todo el mundo que te transformaste en señorita; ir al telo y que el amiguito jamás se levante; poseer un doctorado y que en tu trabajo te usen de mucama; estar conociéndote a vos mismo y que tu hermana abra la puerta; sufrir un accidente en la calle y tener la ropa interior sucia, son algunas de las situaciones más temidas por el ser humano promedio occidental. Humillación, vergüenza, pudor. A todas estas sensaciones las atraviesa la misma emoción: el miedo.

Sin embargo ¿Hay algo que genere más miedo que un hermano por elección, de esos por los cuales darías la vida se acueste con tu señora, la madre de tus dos hijos? ¡Por supuesto! Que se entere todo el mundo ya que el traidor es tu compañero de zaga en uno de los clubes más importantes de Hispanoamérica en un medio tan machista y arcaico como el fútbol. Llegan a Segurola y Habana: Eduardo Tuzzio y Horacio Ameli. Horacio Ameli y Eduardo Tuzzio.

Todo comenzó en 1998 cuando Alfio Basile los juntó en la zaga de San Lorenzo de Almagro. Tuzzio intentaba ser ese referente del fondo que El Cuervo había perdido tras la partida de Oscar Ruggeri aunque, claro esta, con marcadas diferencias tanto en el temple como en la personalidad. Para equilibrar sus falencias llegó Ameli, quién regresaba al país tras dos años en buen nivel en el Rayo Vallecano de España. La onda, la química y el entendimiento fueron totales, tanto dentro como fuera del verde césped. Tal es así que fueron titulares durante tres años y grandes baluartes en la obtención del Clausura 2001, ya con Manuel Pellegrini al timón del equipo.

Además ambos jugadores absorbieron la representación del plantel y se quedaron muchas noches haciendo cuentas y luchando contra Miele por el dinero que le adeudaba al grupo. “Peleamos por la plata nuestra, la de nuestros compañeros y la de los que se fueron”, era la frase de cabecera del Coco. Ese hecho los juntó y los hizo todavía más íntimos. En ese contexto, de incipiente aunque falsa fraternidad, el rosarino le presentó a Tuzzio a una ex novia suya, sin imaginar que este la terminaría desposando y convirtiendo, a la brevedad, en madre de dos preciosos niños.

La vida siguió su curso (?) y en 2003 El Ingeniero Pellegrini los volvió a juntar. Aunque esta vez en River Plate y a la inversa, ya que Tuzzio fue hacia el lugar donde ya se encontraba su compadre. Tras dos años en niveles aceptables, donde ganaron el Clausura 2004, una bomba de insólita envergadura estalló antes del partido contra Banfield por los cuartos de final de la Copa Libertadores 2005.

Tras rebajarse a revisar el celular de su mujer para comprobar que los rumores que le había acercado otro compañero eran ciertos, Tuzzio se abalanzó a los golpes sobre Ameli y tuvo que ser separado por cuatro compañeros. El damnificado (?) llamó a una reunión con todo el plantel, cuerpo técnico y dirigentes y allí blanqueó, con lujo de detalles, todo lo acontecido. La decisión del grupo -en voz de Marcelo Gallardo- fue darle vacaciones a Tuzzio y separar instantáneamente a Ameli del equipo, del plantel y de la institución, pero contó con la negativa de Astrada quién, aunque luego fue sindicado de haber manejado la situación con altura, lo único que no quería era poner como titulares a la dupla Gandolfi – Fernando Crosa.

A las pocas horas el chisme estalló en todos los medios gracias a Jorge Rial, quién hasta afirmó que uno de ellos había comparado un chumbo para matar al otro (?). Con todo el mundo posando su mirada sobre los zagueros y pese a que el Chipi Barijho se mofó los noventa minutos, River venció en esa serie al Taladro. Pero la situación ya era insostenible. Tras ser barridos por el Sao Paulo en semifinales, ambos jugadores fueron excluidos del equipo con ¿suertes dispares?.

Por un lado Ameli se vio condenado a entrenarse con los juveniles y hasta estuvo a punto de volver al plantel cuando asumió Mostaza Merlo quién, político como siempre, afirmó: “para mi, todos empiezan de cero”. Ahí fue cuando Gallardo mostró ser el macho alfa de la manada, ya que fue él quién le puso freno a esta idea del entrenador. En enero de 2006 El Coco logró un préstamo de seis meses en el club que lo vio nacer, Colón de Santa Fe, donde jugó 5 partidos en un pobre nivel y hasta hizo un gol en contra en la derrota ante Boca. Tras este breve paso siguió entrenándose en soledad hasta mediados de 2007, cuando finalizó su vinculo con El Millonario. La crucifixión, el olvido y la afirmación de que se trataba de un mal tipo, fue la peor humillación que el mundo del fútbol le brindó a ese jugador que se animó a hacer lo único que no debía animarse a hacer.

Por otro lado, un sentimiento sobreprotector desde la interna del fútbol abrazó a Eduardo Tuzzio quién, tras exiliarse un año en el Mallorca, volvió a River y ganó el Clausura 2008. Tras ser señalado como el principal responsable del último puesto Millonario en el Apertura de ese mismo año, en 2009 el jugador se unió a Independiente, donde ganó y fue elegido el mejor jugador de la Sudamericana 2010. Sus últimos cartuchos los gasta en la titánica tarea de salvar al Diablo del descenso sin poder, con 38 años a cuestas, separarse de ese mundo que lo humilla, jornada a jornada, por ser el menos viril en una tierra donde todos la tienen más larga y más gruesa. Además de erguida mayor cantidad de tiempo, claro.

Dando por descontado que, sintiendo empatía por alguno de los personajes de esta historia, cada uno de ustedes va a contar su situación más humillante en esta vida, sólo resta preguntar…

¿Ganador?

Especiales: André Catimba, el brasileño que (no) jugó con Maradona

Carlos André Avelino de Lima (André Catimba)

El sol de enero de 1980 calentaba el cemento porteño cuando, en el más absoluto silencio, llegó al país un brasileño raro, muy raro. ¿Su nombre? Carlos André Avelino de Lima, más conocido como André Catimba.

Sus antecedentes eran temibles. Había debutado en el Ypiranga de Salvador, su ciudad natal, a mediados de los años 60. Después, había jugado en el Galícia y en el Vitória, donde mostró sus dotes de goleador implacable, convirtiéndose en el segundo máximo anotador de la historia del club.

André Catimba confirmó luego su chapa de romperredes en otros equipos como Guaraní y Gremio. En el conjunto de Porto Alegre marcó un recordado gol ante el clásico rival, el Inter, que quedó en la historia por varias razones. Por empezar, la conquista definió el Campeonato Gaucho de 1977. Pero lo más importante, sin lugar a dudas, fue el acrobático festejo que quedó inmortalizado en una gran foto. Casi se rompe todo en la caída.

A esa altura, el hombre nacido en la ciudad de Salvador lo tenía todo. Dinero, fama y un futuro enorme. Pero lo perdería abruptamente. Pisando los 30 años, comenzó la curva descendente de su carrera y terminó recalando, extrañamente, en Argentinos Juniors.

La gestión de su contratación la realizó el empresario Juan Fischer, quien se comunicó con los dirigentes brasileños y enseguida abrochó el pase con el Bicho. A su llegada, André se incorporó a los entrenamientos y declaró: «Esta es una excelente oportunidad para conocer a Maradona, a quien considero un genio del fútbol. En Argentinos tengo contrato por un año y el técnico Miguel Ángel López ya me habló como para que comience a pensar que jugaré el Metropolitano saliendo de titular desde el primer partido. Conozco el juego que acostumbra hacer el equipo y creo que me adaptaré rápidamente a sus características ya que Gremio también practica un fútbol agresivo y vistoso. Me siento muy bien de estar en la Argentina…a pesar del calor».

¡Un brasileño quejándose del calor! Increíble, aunque no tanto como el chamuyo que armó el mismísimo jugador, años más tarde, para relatar su paso por Argentina. Si bien no disputó ni un partido oficial con el Bicho, André se encargó de contar en Brasil que había jugado con Maradona…y nada de Argentinos Juniors. ¡Decía que había jugado en Boca!

Sin wikipedia para chequear la información ni chat online, el cuento fue pasando de generación en generación y al día de hoy, si uno googlea André Catimba, se dará cuenta de que en todas las biografías del Big Fish brasileño figura un supuesto paso por Boca, junto al Dié.

Semejante mentira merecía el reconocimiento. Desde En Una Baldosa, nos sacamos el sombrero.