El querido y entrañable Walter Reinaldo Pico fue poseedor, además de un pelucón inolvidable, de buenas condiciones futbolísticas que lo llevaron a ser, en gran parte de su carrera, un confiable segunda guitarra complementario al talento del equipo. Para pasarlo en blanco, el bueno de Piquito fue el Scottie Pippen del Chino Tapia, el Ron Wood del Beto Márcico, y el Fierita de Diego Latorre (?).
Precisamente para reeditar esta última sociedad, a mediados de 1992, los directivos de la Fiorentina decidieron llevárselo a la península junto a Gambetita, de quién ya poseían los derechos federativos. En Italia los esperaba Gabriel Batistuta. Casi todo el ataque del equipo campeón del Maestro Tabárez. Pero…
A pesar de tener la flamante ciudadanía italiana y a Settimio Aloisio prendido fuego en el tema de las negociaciones, Pico se quedó con las ganas de jugar en el Calcio luego de que el presidente de Los Violas, Mario Cecci Gori, se hartase de todos los jugadores vernáculos tras los informes sobre Diego Latorre (quién salía con Zulemita Men*m) y Antonio Mohamed (quien era El Turquito Mohamed).
Los tanos optaron por quedarse con El Bati (a quien consideraban argentino, pero no Argento) y durante el resto de los noventa se mostraron reacios a contratar a otro jugador de estas tierras. Aún cuando se abrieron las fronteras y a pesar que su máximo referente histórico tenía esta nacionalidad. Seriedad que le dicen.
Igual, para que Batistuta no se sienta sólo, la plata del pase de Pico fue utilizada en la compra de un joven danés llamado Brian Laudrup. ¿Se habrán equivocado?








