Carlos Alberto Guirland Báez
Lo que tenía de talentoso lo tenía de desafortunado. Carlos Guirland era un volante de creación con técnica depurada y facilidad para los firuletes, grandes condiciones que balanceaba con escaso poder de gol y una marcada tendencia a volverse invisible cuando la mano venía torcida. Humano al fin, en su Paraguay natal fue todo un predecesor. Precedió a Nelson Cuevas en eso de jugar pocos minutos, a Larissa Riquelme en hacer calentar a todo un estadio, y a Fernando Lugo en aquello de escaparse por la puerta trasera.
Luis Cubilla lo hizo debutar en la época más próspera de Olimpia y en 1990 apareció sonriendo en la foto del campeón de la Libertadores y haciendo pucherito tras perder la Intercontinental ante el Milán. Claro que en ambos retratos posó con la pechera amarilla puesta, de minutos en cancha mejor ni hablar. Lo mismo le pasó en su Selección cuando integró la lista en las copas América de 1989 y 1991, eclipsado por Guido Alvarenga, Gustavo Neffa y Luis Monzón.
El punto de inflexión en su carrera fue la serie final de la Libertadores 91 ante Colo Colo. Guirland fue titular en el primer partido por la lesión de Raúl Amarilla y desperdició tres claras ocasiones en el empate 0 a 0. En la revancha fue reemplazado por Félix Torres, pero debió ser el primer relevo ya que el otro delantero, Adriano Samaniego, se había pegado un tiro en el pie en la previa al encuentro. Así como suena, sin (?). Y Guirland se comió dos goles más. Y si, cuando un equipo chileno sale campeón es como para que los rivales se peguen corchazos en las patas.
Convivió los siguientes doce meses con la burla y la humillación. Trasca (?) en la Supercopa de ese mismo año desvió el penal con el cual perdieron la definición ante Cruzeiro en semifinales. Guido Alvarenga, en un intento por ganarse el cielo, les recomendó su contratación a los dirigentes de Mandiyú y así, de momento, Guirland terminó con su calvario. El Paraguayo comenzó el Apertura 92 como titular, pero con el correr de las fechas fue perdiendo terreno hasta quedar relegado a quedarse en su departamento a la hora de los partidos. En total fueron 20 encuentros en Primera, sin goles y con el placer de haber jugado junto a leyendas como Roberto Lugo, Héctor Morán y Rubén Beninca.
Regresó a Olimpia, donde respondió con fútbol a los silbidos iniciales y tuvo la oportunidad de redimirse en la final del campeonato de 1994. Tras el empate 0 a 0 con Cerro Porteño, el título se definió con tiros desde el punto penal. En la cuarta ejecución y ante un Defensores del Chaco expectante, Guirland se paró frente a Danilo Acebal, tomó aire, lo miró a los ojos, volvió a tomar aire, se abalanzó sobre la pelota y… ¡Por arriba del travesaño! Luego el mismo arquero marcó el penal definitivo y El Ciclón salió campeón. Cuando la suerte que es grela, decía un tango.
Tras seis meses exiliado en Sol de América, Guirland regresó a la Argentina, pero ahora para jugar en la B Nacional para Atlético Tucumán (95/96). En El Decano fue suplente de aquel equipo dirigido por Jorge Higuaín que pecheó perdió la semifinal por el segundo ascenso ante Instituto y que estaba conformado por: Pogany; Morales, Pedro Monzón, Jeréz y Moner; Camote Acuña, Lenguita, Andrés Bogado y Cristian Favre; Aballay o Graciani y La Rata Rodríguez además de Camilli, Jorge Gabrich y Portugal como reemplazos.
Buscando alejarse aún más de Paraguay, Guirland se fue a Chacarita, donde mostró un nivel discreto y hasta convirtió los 4 penales que ejecutó. El Funebrero terminó en mitad de tabla de la zona permanencia en aquel cachivache organizativo llamado Primera B Nacional 96/97 y de esta manera culminó la aventura del Paraguayo por estas tierras.
Tras un paso por Audax Italiano (1997/1998) y Deportes la Serena (1999) de Chile, tuvo el valor para culminar su carrera en Los Estudios Universal de la segunda paraguaya. Luego desapareció en el más absoluto de los silencios. Seguramente para que nadie le recuerde aquella serie ante Colo Colo. O el penal ante Cruzeiro. O el penal ante Cerro Porteño ¿Quién sabe? Por ahí se cambió la cara. Lo concreto es que para la fiesta por el 20° aniversario de la obtención de la Copa Libertadores de 1990, una invitación jamás encontró destinatario…











