Especiales: una celebridad en el plantel, primera parte

Casualidad, homenaje en vida o simplemente por aproximación fonética, algunos futbolistas rinden culto a estrellas del mundo del espectáculo con sus nombres. Algunos casos son anecdóticos, otros dignos del diván.

Por esta página ya desfilaron: un referente de la cumbia villera, una megastar latina, un múltiple artista de antaño y hasta un grupo californiano de rock proletario (?). Es hora de hacer justicia con el resto.

Michael Jackson Quiñónez Cabeza

Este cantante, compositor y bailarín estadounidense volante ecuatoriano nació en una humilde casa de Gary, Indiana Santo Domingo de Los Colorados, donde creció y soñó ser cantante de la Motown futbolista junto a sus hermanos Tito, Jermaine, Marlon y Randy.

Se inició en The Jackson Five Espoli y luego pasó por Quevedo, Santos de Brasil, El Nacional y Deportivo Quito. En 2012 llegó a Barcelona de Guayaquil por pedido de Quincy Jones Luis Zubeldía y ganó ocho premios Grammy la liga, ya con Gustavo Costas como técnico.

Fue apodado, obviamente, El Rey del Pop, y cuando se le preguntó por la historia de su nombre confesó: “Mi padre era fanático del cantante y habló con medio registro para poder anotarme. Aunque no me cambiaria el color de la piel. Soy negro y es lo mejor, te pones una camisa y las mujeres quedan muy contentas. El único exceso de Michael Jackson que tendría es el de tener muchos animales. Me encantaría tener un monito. Antes tenía una ardilla que andaba saltando por la casa y la encontré muerta en la taza del baño. Tuve un perico, pero también se murió. La canción de MJ que más me gusta es esa que dice: naaa na na na na pireeeeh pireee (Beat It).

Simpático. Aunque muestra la misma fragilidad mental que el desaparecido Jacko con declaraciones como esta: “Mi sueño es llevar a Ecuador al Mundial de 2014 y, por supuesto, ganarlo. Sé que es posible”. Y ya que esta, que la gente cante: “Ma me se, ma me sa, ma ma coo sa, ma ma se, ma ma sa, ma ma coo sa” mientras se tira un Moonwalk. Ponele.

José Luis Rodríguez

Prócer de una época que no va a volver, José Luis Rodríguez es el máximo goleador histórico del Deportivo Español, es considerado una leyenda en Rosario Central y dejó un grato recuerdo en Racing, donde formó una delantera de ensueños junto al Lagarto Fleita y al Turco García. Además pasó por el Betis de España, Deportivo Cuenca de Ecuador y Olimpo de Bahía Blanca, donde colgó los botines.

Claramente, un personaje tan mágico merecía un apodo. Y ligó uno bueno: Puma. Sin embargo, hasta al mismo jugador le causa rechazo por haberlo heredado del pseudo cantante y actor venezolano que hacía las delicias de las veteranas con El Muñeco Mateyko haciendo las veces de Robin.

Alejado del mundo del fútbol y al ser reconocido mientras maneja un taxi, el entrañable José Luis Rodríguez tiene siempre la misma contestación: “¡Que Puma ni, Puma! ¡Decime Cacho y te ganás mi amistad!».

Jim Morrison Varela

La Gente es Extraña. Mucho más en Uruguay, donde está permitido bautizar a un recién nacido con las primeras silabas que se vengan a la mente. Tal es así que, en octubre de 1994, una tierna pareja de caníbales montevideanos le puso el nombre del mítico líder de The Doors al querubín de la familia.

Actuando como volante central, Jimbo hizo el camino de las inferiores en Peñarol, además de representar a su Selección en todas las categorías menores y salir subcampeón del Mundial Sub-17 de México en 2011.

En enero de 2013 participó del Sudamericano Sub 20 de Mendoza y declaró: “Me encanta este país. Miro fútbol argentino desde siempre”. Cuando tenía todo para ser declarado En Una Baldosa Friendly (?), Varela la tiró afuera: “No me gusta que me vinculen con Jim Morrison. No me gusta su rebeldía ni que mi nombre se asocie con las drogas. Yo soy muy sano y la rebeldía la dejo para la cancha. Aparte el rock no me gusta, prefiero la cumbia argentina y la plena (?)”.

This is the End, My Friend. Por no decir que nos tapó el agua.

Keirrison

El impuesto al valor agregado de la pelotudez, como siempre (?), lo pagaron los brasileros. ¿El damnificado? Keirrison de Souza, un delantero que surgió en Coritiba, pasó por Palmeiras y fue noticia a mediados de 2009 cuando lo compró el Barcelona.

Los catalanes pagaron 14 millones de euros, barrieron la sala de prensa y organizaron una conferencia para presentar a su nueva estrellita. Al ser consultado, el jugador declaró muy suelto de cuerpo: “Mi nombre se debe a dos artistas. Como no se ponían de acuerdo, mis padres me pusieron mitad como Keith Richards, mitad como Jim Morrison, esperando que yo me pareciese en algo a ellos”.

¿Qué hizo el Barcelona? Se lo sacó de encima, obvio. Seis meses a préstamo en Benfica, seis meses más en Fiorentina, un año en Santos, otro semestre en Cruzeiro y actualmente en Coritiba, donde se rompió los ligamentos. De esta manera, el bueno de Keirrison jamás se puso ni se pondrá (?) la blaugrana. No vaya a ser cosa que aparezca muerto en la bañera de La Masía…

Vélez con la V dorada 2010

El dorado, se sabe, es un color que generalmente arruina las camisetas de fútbol. Y mucho más si no aparece en forma de detalle, sino más bien reemplazando a un color original.

Eso es lo que tuvo que sufrir Vélez Sársfield en el 2010, cuando la empresa Penalty le confeccionó un modelo de camiseta que conmemoraba el Centenario de la institución.

La casaca, edición deluxe, se destacaba por su V bañada en oro, que simbolizaba las epocas de gloria del club. Y aunque cueste recordarla, se la pudo ver en un partido amistoso, en Liniers, que reeditó la Copa Intercontinental de 1994, entre Vélez y Milan.

Para suerte de sus hinchas, la pilcha nunca se usó oficialmente. Para suerte de todos no, claro. Más de un flogger se debe haber quedado con ganas de seguir teniendo la Gold. Arre.

Machín a Boca 2009

Extraña situación la que vivió el volante Gastón Machín en la temporada 2008/2009. Sin lugar en Independiente, fue cedido a préstamo por un año a Newell’s Old Boys de Rosario, donde alcanzó a jugar 14 partidos en el Apertura 2008 y apenas 1 encuentro en los albores del Clausura 2009. Ese partido, casualmente, fue ante Boca Juniors, el equipo que por aquellos días estaba interesado en sus servicios y mucho más cuando se supo que a Machín no le estaban pagando y que podía quedar libre.

El futbolista, ni lento ni perezoso, pidió la cancelación de su préstamo con La Lepra para poder volver a Independiente y negociar otro préstamo, ya que el técnico del Rojo, Pepé Santoro, tampoco lo tenía en sus planes.

En marzo de 2009 Machín pudo irse de Newell’s y entonces el camino quedó allanado para que diablos y xeneizes se pusieran de acuerdo, cosa que finalmente sucedió. Fue así como varios medios dieron la contratación como hecha, aunque faltaba un detalle.

El reglamento de AFA prohibía otro préstamo en esa situación, motivo por el cual varios clubes tiraron la bronca en la reunion del Comité Ejecutivo. Al no quedar libre del Rojo, el rubio mediocampista necesitó una mano del secretario general de Agremiados, Sergio Marchi; pero ni así pudo dar vuelta las cosas. Tras llorar un poco la carta, Machín se quedó en Independiente y disputó 8 partidos más de ese Clausura 2009.

Un año más tarde, jugando para Huracán, le haría (y le gritaría) un gol a Boca. Pero esa es otra historia.

Rivas Nelson


Nelson Enrique Rivas López (Tyson)

Hubo una época, ya bastante lejana en el tiempo, en la que los hinchas de River pregonaban el buen juego por sobre todas las cosas. No servía solo ganar. Había que jugar bien al fútbol, mantener una identidad. El resultado llegaría solo. La garra, el triunfo a cualquier precio, incluso con trampa, era para los de la vereda de enfrente, los bosteros. El estilo que impuso «La Máquina» en la década del ’40 marcó una forma de sentir el fútbol, el denominado paladar negro (tan venerado en la tribuna San Martín baja), que el equipo de Núñez intentó replicar, con más aciertos que errores, a lo largo de las décadas siguientes.

En los últimos años, los malos resultados del Millonario (incluso cuando nadie sospechaba que se podía ir al descenso) hicieron que esa idea de jogo bonito quedara, al menos por un rato, marginada en segundo plano. Y así aparecieron con fuerza los ídolos de cartón y los vendehumo, esos que con dos o tres partidos buenos en el verano o declaraciones llenas de monóxido de carbono dignas de Ricardo Caruso Lombardi tuvieron su nombre ovacionado por los hinchas de uno de los equipos más exigentes del mundo. En ese último grupo, por ejemplo, entran Cristian Fabbiani y el homenajeado del día, el colombiano Nelson Rivas.

Nacido en el Valle de Cauca en marzo de 1983, el morocho en su país había construido una carrera interesante desde sus orígenes en el Deportivo Pasto (2002), luego el Deportes Tolima (2003), donde no tardó mucho en recalar en un equipo grande: el Deportivo Cali (2004 a 2006), que lo catapultó a la selección mayor, de la que se automarginó poco después.

En la tierra del vallenato forjó la estampa de defensor duro, recio, aunque sin mala intención, más bien burro bruto, de esos que seguramente hubiese buscado Boca a principios de la década pasada. Pero por esas vueltas del destino, Nelson Rivas apareció en nuestro país para jugar en River Plate (2007), dirigido por Daniel Passarella, y recomendado por Omar Labruna, que lo había entrenado en el Cali. «Soy una mezcla entre Mario Yepes e Iván Córdoba», tiró Nelson (al que en su país apodaban Yepesito) cuando lo presentaron y cerró con un «Vengo para ser campeón». Así, sin más preámbulos, se metió a la gente en el bolsillo. Mucho humo.

Sus primeros minutos (tres, cronometrados) con la banda roja en el pecho fueron ante Racing en la pretemporada. Días más tarde, también por el Pentagonal –del que River saldría campeón-, fue de la partida ante San Lorenzo y Boca. Allí escuchó los primeros «Olé, olé, olé, olé, Negro, Negro» que bajaron de una hinchada necesitada de títulos que para ese entonces ya aplaudía a cualquier monigote que pudiera frenar a un rival, aunque fuera de una patada. Símbolo inequívoco del fin de una era.

En esos pocos partidos de pretemporada, su velocidad, el buen cabezazo y su aspecto intimidante (para colmo Olé lo bautizó Tyson y al él le gustó) hicieron ilusionar a los simpatizantes, que lo aplaudieron a rabiar cuando se hizo expulsar por doble amonestación en la revancha contra Boca tras un duro cruce con Martín Palermo. El amor veraniego estaba en su punto más alto y algunos descerebrados lo pedían para la selección argentina (?).

No sorprendió que fuera titular en la primera fecha del torneo Clausura, el 11 de febrero de 2007, ante Lanús. Esa tarde (con la camiseta número 23, que años más tarde usaría el twittero Cristian Ogro Fabbiani) como zaguero central compartió la defensa con Danilo Gerlo, Eduardo Tuzzio y Paulo Ferrari y fue una garantía en el fondo. Sacó todo.

Se mantuvo en el once inicial con altibajos hasta la quinta fecha, cuando lo reemplazó el Colorado Federico Lussenhoff. Ingresó desde el banco en la séptima ante Gimnasia de Jujuy y apenas tres minutos después corrió ¡30 metros! desde atrás a Mario Turdó (que no se caracterizaba precisamente por su velocidad) que convirtió el gol que le dio la victoria al Lobo. Luego, el Kaiser lo mandó al freezer. Reapareció en la decimocuarta jornada, ante San Lorenzo, como lateral izquierdo, puesto en el que jugó dos partidos. Ante Vélez, por la última fecha, disputó sus últimos segundos (entró a los 89′) en Argentina.

En el medio, sumó cinco presentaciones a su currículum por la Copa Libertadores, pero el Millonario quedó eliminado en primera ronda (se le recuerda un duelo nefasto ante el Caracas en Cúcuta) y el fuego sagrado de la pasión por Tyson, cuyo rendimiento fue de mayor a menor, se apagó tan rápido que nadie se dio cuenta.

De un día para el otro, y cuando parecía que se iba al Bologna, su representante, Fernando Hidalgo (lento para los mandados), lo ubicó nada menos que en el Internazionale de Milán (2007 a 2009). Rivas, que había sido marginado por Passarella por bajo rendimiento, no lo podía creer.

En una de las primeras prácticas con el equipo italiano se desmayó y hasta se especuló con su retiro por un problema cardíaco. «Estábamos en una práctica, ahí, con el balón, y, según cuentan, me desplomé. Me dijeron que me fui al suelo nomás, y que algunos se me acercaron a hablarme, y nada, yo nada, desmayado. Cuando abrí un poco los ojos ya estaba en la ambulancia. Me internaron, me hicieron estudios en el corazón, el cerebro, de todo. Tuve un problema con el azúcar, me explicaron, pero no entendí muy bien. Estuve dos meses y medio sin jugar, y recién había llegado», esgrimió más tarde.

Para sorpresa de todos, el técnico portugués José Mourinho lo utilizó bastante en la temporada 2008/09, pero se rompió los ligamentos y al año siguiente perdió continuidad y se fue cedido al Livorno (2009/10), donde alcanzó cierta regularidad. Tras rescindir su contrato con el Inter (2010), pasó un tiempo en el FC Dnipro Dnipropetrovsk ucraniano (2011), pero casi no tuvo acción.

Con varios euros en su cuenta bancaria decidió cruzar nuevamente el océano en 2012 para jugar en América, tentado por una oferta del Montreal Impact, equipo canadiense que participa de la MLS, el torneo de fútbol de Estados Unidos. Allí se mantiene hasta estos días, jerarquizando (?) la liga al lado del interminable tano Alessandro Nesta y David Beckham.

Hace algunos meses fue noticia cuando, emulando a Zinedine Zidane en la final de Alemania 2006, perdió la chaveta (?) y le metió un terrible cabezazo a Antoine Hoppenot, de los Philadelphia Union, por lo que recibió una sanción de tres partidos.

Hay quienes dicen que el tiempo es sabio y pone las cosas en su lugar. Solo basta mirar un ejemplo, al ladrón de Rivas el tiempo, sabio como pocos, lo puso en Cana-dá.

La gira de Huracán por Corea (1985)

Cinco amistosos del Globo podría ser el título de una novela de Julio Verne (?), pero no. La frase resume la participación de Huracán de Parque Patricios en la Copa Presidente de Corea, ese singular torneo internacional del que también formaron parte, en otras ediciones, equipos argentinos como Racing de Córdoba, Deportivo Español y Gimnasia y Esgrima La Plata.

Invitado a participar de la copa en 1985, la delegación del Globo se empilchó con lo mejor que tenía y partió hacia Corea del Sur, donde lo esperaba un fascinante mundo, muy distinto al que le tocaba vivir fin de semana tras fin de semana.

Para empezar, los quemeros tuvieron que seguir al pie de la letra el protocolo de la competición, que incluía, entre otras cosas, un desfile por el estadio de Seúl. Como en los Juegos Olímpicos, sí, pero en un torneo amistoso.

Lo que parecía estar dentro del protocolo, también, era que Huracán cumpliera el rol de partenaire de casi todos los equipos invitados, ya que la mayoría lo sacó a pasear un rato (?). Aunque, hay que decirlo, arrancó bastante bien.

En su primer partido, el 2 de junio de 1985, el cuadro argentino le ganó 1 a 0 a la selección de Tailandia. Y tres días más tarde, lograría un empate ante la selección local. Clasificó segundo en su zona y avanzó a la segunda fase. Hasta ahí todo bien, pero faltaba lo peor.

El 9 de junio Huracán enfrentó a la selección olímpica de Corea del Sur, que años mas tarde sería anfitriona de los Juegos de Seúl 88. El resultado fue lapidario: 4 a 1 para los coreanos.

A partir de ese momento, el Globo se derrumbó. En el cuarto partido, cayó 5 a 2 con la selección B de Irak. Y para rematarla, perdió 2 a 1 con Canadá. Hay que perder con Canadá, eh.

El mito cuenta que, de regreso a Sudamérica, algunos jugadores de aquel Huracán, como el Turco García y Claudio Morresi, se tomaron absolutamente todo lo que había para tomar en el avión, junto a algunos hombres de Central Español de Uruguay, entre los que se encontraba el padre de un integrante de #UnMundialParaEnUnaBaldosa. Pero son cosas que cuenta la gilada, no vayan a creer (?).

Gracias a Casacas Quemeras por las fotos.