Claudio Daniel González (El Ñato / El Yerbatero)
La vida en Misiones tiene reglas bien establecidas. Si naciste con pito podés aspirar a la zafra y la cosecha en las plantaciones de yerba mate o, si el destino te sonríe, botones en algún resort de Cataratas. En cambio, si naciste con pochola las opciones son: ama de casa dedicada a la crianza o, si el destino te sonríe, gato en algún resort de Cataratas (?). Rebelde desde el vamos, Claudio González esquivó su destino. Aunque el mundo del fútbol se encargaría de recordárselo.
Comenzó a jugar en Bartolomé Mitre de su Posadas natal. En 1995 se vio beneficiado por la abolición del servicio militar obligatorio y se marchó a Rosamonte de Apóstoles, donde disputó el Torneo Regional. Al abandonar este último equipo y a modo de homenaje, se llevó tatuado en el alma el apodo con el que lo conocerían el resto de los futboleros: Hijo de Puta Yerbatero.
Su siguiente destino fue Estudiantes de La Plata, donde estuvo tapado por bestias del gol como Calderón, Palermo, Silvano Maciel, Romeo y también por gente como Mazzuco, Mauro Amato, Fúriga, Turchi y Román Garay. Apenas se lo vio en reserva.
Cansado de esperar su explosión, Miguel Reñuk, empresario de la yerba y quién poseía sus derechos, le vendió su ficha a Patronato. Allí tampoco tuvo mucha cabida y fue cedido a Huracán de Tres Arroyos, también del Argentino A. En el Globo que no da verguenza ajena logró una idolatría inicial: «Como eran las tierras de Fischer, el ex puntero de San Lorenzo, me decían Lobo por mis desbordes”. Pero la aventura tuvo un final abrupto: «Salía del entrenamiento y perdí el control del volante. Me metí en una casa y el auto, que funcionaba a gas, empezó a incendiarse. Quedé inconsciente. Estuve un mes sin jugar”.
De regreso en Patronato llamó la atención de Gerardo Reinoso, quién se convirtió en su representante y le consiguió un lugar en Independiente. Aunque en la escala de prioridades era considerado el séptimo delantero del plantel, El Yerbatero se mostró feliz por el vínculo que establecía: un sueldo de 2476 pesos más el préstamo de un Polo rojo modelo ´98 que había manejado Sebastián Rozental.
Durante su primer semestre en El Rojo jugó 15 minutos en la victoria 4 a 1 sobre Vélez por la 1° fecha del Apertura 01 y minutos basura en 4 partidos de la Copa Mercosur. En 2002 y de la mano de Néstor Clausen, González se convirtió en uno de los íconos del peor Independiente que se recuerde y tuvo su pico de fama en un partido ante Belgrano, cuando entró a los 70 por Pablo Cuba, marcó el primer gol de tijera y le sirvió el segundo al Pocho Insúa. Sólo ingresó en 5 partidos más, pero el daño ya estaba hecho (?). Edificando al campeón del Apertura 02, El Tolo Gallego realizó control de plagas y El Yerbatero cayó en desgracia junto a León Bustos, Livio Prieto, Carraro, Sala y Zelaye, entre otros.
Su siguiente destino fue Talleres de Córdoba, donde consiguió una relativa continuidad que se vio interrumpida después de un viaje en taxi. ¿Cómo es eso? Una mañana un enajenado tachero se presentó –blandiendo su carnet social- ante el DT Luis Cubilla, con el chimento de que la lesión que el jugador había argumentado para no jugar ante Chacarita era tocuén, ya que él mismo lo había llevado desde el boliche a la casa. Logró el indulto con la llegada de Batista, aunque sus compañeros y los hinchas lo miraban de reojo. Tras la promoción no se le renovó el préstamo.
Llegó a Rosario Central por insistencia de Miguel Russo, quién lo conocía de aquel lejano paso por Estudiantes. En un año metió 25 partidos y 3 goles por campeonato y 6 encuentros y un gol por Libertadores. Digno, aunque no le alcanzó para mantenerse en el plantel y fue obligado a entrenarse seis meses con la cuarta.
En febrero de 2005 se fue al Cobreloa de Chile, donde la suerte le siguió siendo esquiva: a una inicial distensión de ligamentos le sumó fractura de tibia y peroné. Tras una larga rehabilitación, en 2006 intentó volver al ruedo en Talleres -en caída libre al Argentino A- y luego en General Paz Juniors. Pero no había caso, aquel choque con Eduardo Pajarito Rubio le impidió retomar un nivel normal, ya que quedó con una leve renguera al igual que otro gran ídolo popular nacional: El Mono Gatica. Se retiró, si, pero al menos no lo pasó por arriba un colectivo.








