Fuera de stock: las copas M*nem

Mucho antes del Torneo Inicial «Eva Perón» 2012 y de los torneos «Néstor Kirchner» de 2011, otras competiciones amistosas, pero de caracter internacional, recibieron el nombre de un líder político argentino. Con ustedes, las ya olvidadas y nunca añoradas copas M*nem.

Copa Presidente Carlos Saúl M*nem (1994)

Situémonos en los dorados 90’s, esa época de la Argentina donde la impunidad en todos los niveles de la sociedad permitía cualquier cosa, pero cualquier cosa, eh. Incluso en el fútbol.

No es de extrañarse, entonces, que en 1994 haya existido la Copa Presidente Carlos Saúl M*nem, un singular trofeo que se puso en disputa con un cuadrangular en Argentina entre River, Independiente y dos invitados internacionales: la Roma y el Nápoli de Italia. ¿La excusa? El regreso de Claudio Caniggia a las canchas después de su suspensión por doping.

Por supuesto que los argentinos, conociendo el historial del riojano más famoso, no tenían muchas intenciones en quedarse con la Copa y por esa razón evitaron poner lo mejor para afrontar el torneo amistoso.

Lo curioso es que, ya estando en nuestro país, los italianos también se enteraron de la mufa de Carlitos y también decidieron ir para atrás, o al menos eso pareció.

En primer turno, River enfrentó a la Roma en la cancha de Vélez y antes de que se empezaran a pelear por ver quién perdía, un defensor italiano hizo un gol…¡en contra!

River ganaba 1 a 0 sin querer, pero después terminó haciendo lo que debía. El técnico Daniel Passarella se hizo echar, el arquero Javier Sodero se mandó una de las suyas y los tanos ganaron el partido 3 a 1 para pasar casi accidentalmente a la final. Ese día Cani hizo un gol y la hinchada millonaria coreó su nombre, sin imaginar que al año siguiente pasaría a Boca.

Para que no quedaran dudas de que el conjunto de Núñez no quería saber nada con esa copa, unos días más tarde se enfrentó al Nápoli y presentó una formación repleta de juveniles, como el arquero Leo Aguirre, Roberto Clérico (que se juntó con Cocca), el guatemalteco Rojas, Lombardi, Vujacich y el Luigi Villalba.

Pero los italianos del Nápoli, que venían de perder 3 a 2 con el Rojo, tampoco comían vidrio y, sabiendo que un tercer puesto en la Copa de Il Carlo podría ser mortal, se dejaron ganar por los chicos de River: 4 a 0 terminó el partido.

¿La final? Se jugó a cara de perro. Tanto Independiente como la Roma hicieron hasta lo imposible por perder. Hasta jugaron los dos con camiseta roja para tratar de confundirse y darle la pelota al rival. Pero no había caso, uno de los dos tenía que ganar. Y ganó el Rojo de Avellaneda 2 a 1 con goles de Gustavo López.

Sí, sí, aunque parezca increíble. Independiente, el mismo año que obtuvo el Clausura y la Supercopa, fue campeón de la Copa Presidente Carlos Saúl M*nem. ¿Era “nesario”?

Copa Carlos M*nem (1994)

Extrañamente no se disputó en nuestra tierra, sino en el vecino país de Uruguay, más precisamente en el Estadio Centenario de Montevideo. Del mini torneo formaron parte los locales Nacional y Rampla, junto a los argentinos de Racing y San Lorenzo.

Según consigna el sitio 1950.com.uy, la Copa Carlos M*nem comenzó a jugarse el 18 de Julio de 1994, día feriado para los uruguayos, al conmemorarse la Jura de su Constitución.

En primer turno, La Academia derrotó 3 a 1 al Bolso y accedió a la final. Lo propio hizo Rampla, venciendo en los penales al Ciclón, luego de haber igualado 1 a 1 en el tiempo reglamentario.

Dos días más tarde, los de Boedo caerían 2 a 1 ante Nacional en el partido por el 3º y 4º puesto. Y después, claro, llegaría el turno de la gran final, bajo la lluvia y con apenas 200 personas en las tribunas.

Fue así como Racing, dirigido por Rodolfo Della Picca, salió al verde césped con Ignacio González, Reinoso, Vallejos, Costas y Distéfano; Guendulain, Quiroz, De Vicente y Galarza; Claudio López y Fleita. Y tuvo que apelear a todo para ganar.

Corrían 15 minutos del segundo tiempo cuando Rampla, con el partido 0 a 0, tuvo un penal a favor. Dice la leyenda que una milésima de segundo antes de que lo ejecutara el uruguayo Wilmar Cabrera, un jugador académico tuvo la lucidez de gritar el nombre de la copa. Y Nacho González lo atajó, claro.

Un rato más tarde llegaría el tanto de Roberto Galarza que le dio el trofeo al cuadro de Avellaneda y que, por supuesto, marcaría la suerte del autor del gol, que al año siguiente empezaría su camino errante en el ascenso después de haber prometido bastante en Primera.

Vélez con la camiseta de Ferro 1977

No es fácil encontrarle clásico rival a Vélez Sársfield, es cierto. Desde Nueva Chicago, pasando por Argentinos Juniors y hasta San Lorenzo, varios han sido los equipos que, por diferentes razones, han ocupado circunstancialmente ese rol de archienemigo del Fortín.

Sin embargo, el club que más se acerca al ideal de clásico para Vélez es Ferro Carril Oeste. Los dos son de la zona Oeste de Buenos Aires, vienen disputando partidos desde la época amateur y, fundamentalmente, ambas instituciones se toman en serio la rivalidad. Aunque claro, no tan en serio como para no andar prestándose las camisetas.

El increíble hecho tuvo lugar en 1977, cuando Vélez hizo de local en la cancha de Ferro (el Amalfitani estaba siendo acondicionado para el Mundial ’78) en un partido ante Platense. Con el Calamar vestido íntegramente de blanco, al Fortín no le quedó otra que recurrir a una casaca alternativa…que no tenía a mano. ¿Solución? Camiseta del verdolaga y a otra cosa.

Sí, aunque a la distancia parezca algo impensado, Vélez usó la clásica camiseta de su enemigo futbolístico, verde con el escudo grande en el pecho. Y le dio suerte, porque terminó goleando. «Demoledor. Vélez fue una máquina ante Platense. Y lo pasó por encima. El resultado final lo dice todo: ¡cinco a uno! Aquí, una escapada a fondo del puntero Corvalán que obligó a Del Prete a un revolcón», publicó por entonces el diario Crónica, en su Sexta edición del viernes 16 de septiembre de 1977.

¡Esas son rivalidades!

Créditos del hallazgo para Patricio Nogueira.

Brandán Pablo

Pablo Daniel Brandán (El Pacha)

Precoz promesa surgida de Huracán que irrumpió en el Nacional B de la temporada 1999/2000, sorprendiendo como lateral o volante por izquierda con tan sólo 16 años. Mostraba deficiencias en la marca pero un gran juicio para pasar al ataque con la cabeza levantada y enviar precisos centros gracias a su virtuosa pegada. Tras conseguir el ascenso jugó 12 partidos del Apertura 2000 y se unió al Sub-20, donde contrajo el virus de los Pekerboys. De regreso al Globo ya nada fue lo mismo…

Al igual que Leonardo Tambussi, fue separado del plantel que disputó el Sudamericano de Ecuador por negarse a firmar su primer contrato. A contrareloj, se hizo uso de la patria potestad y partió rumbo al Alavés de España, donde tras el primer apretón de manos, su técnico Mané le aclaró que no lo iba a tener en cuenta. Así y todo, Brandán se las ingenió para jugar dos partidos antes de quedar 20 meses colgado por los interminables litigios por la propiedad de sus derechos federativos.

Entre medio metió un mal pase en el Burgos, donde participó de algunos amistosos antes que el equipo sea condenado a bajar a Tercera División –donde no se permitían extranjeros- por no poder convertirse en una Sociedad Anónima Deportiva. Al regresar al Alavés B, se rompió el quinto metatarsiano del pie derecho en el primer entrenamiento. Completo.

En los albores de 2003 fue -junto a Pablo Paz- uno de los refuerzos deluxe que Ducatenzeiler acercó a Independiente para continuar con la senda ganadora. Tras 705 días sin disputar un partido oficial, El Pacha debutó en la 13° fecha en un empate a cero con Estudiantes, jornada en que El Tolo Gallego renunció y, ya que estaba, le obsequió un par de flores: “Yo no lo pedí. Quería un delantero. Vino él y bienvenido sea. Pero la oportunidad era para Eluchans. Encima, entre las lesiones y la Sub 20 no lo pude tener mucho”. Sus números finales en el Rojo fueron: seis partidos en un año y el pedido de quiebra en 2012 por no haber visto Patacones ni Lecops en su paso por Avellaneda.

Tras quedar afuera del Mundial Sub 20 de Emiratos Árabes, en junio de 2004 llegó lesionado a Argentinos Juniors, donde en un año metió 13 partidos y sorteó el duro trance de la promoción ante Atlético de Rafaela. Sin embargo, el fantasma del descenso lo acorraló -lesionado- la temporada siguiente cuando se unió a Instituto de Córdoba.

En julio de 2006 su abogado le envió un mail con una buena noticia: el Tribunal Supremo Español le había convalidado un fallo contra el Alavés de 300 mil euros por despido unilateral en 2004. Al llegar al juzgado lo esperaba Dmitry Piterman -nuevo dueño del club vasco- quién le hizo una oferta que no pudo rechazar (?) y Brandán salió del conclave con un nuevo pacto por dos años más. A los pocos meses fue el mismo dirigente quien le rescindió el contrato por no dar el nivel para la Segunda División Española. Nuevo juicio mediante Pablito cobró euritos (?).

Rumania, La Tierra Prometida de los baldoseros, lo acogió con los brazos abiertos en 2007. Su primer destino fue el Unirea Urziceni, donde comprendió el significado de la construccion adjetiva: «relativa continuidad» y se dio los lujos de jugar Copa UEFA y Champions League; marcarle al hoy desaparecido Glasgow Rangers y conocer el extraño totem que tiene por cabeza Dan Petrescu.

En 2010, el clásico rival mundial de River, Steaua Bucarest, se hizo con sus servicios. Allí alternó titularidad con suplencia y hasta dio una vuelta olímpica. Considerado una celebridad (?), fue la figurita de moda de las empresas de indumentaria y de las revistas del corazón rumanas, con lo cual tuvo algún problema personal y deportivo por alguna acusación nocturna.

Optando por no desfilar por los tribunales de los cárpatos, en febrero de 2012 decidió aceptar una oferta de medio millón de euros del poderoso Liaoning Whowin de la Súper Liga China. Para que no se sienta sólo ni piense que no lo queremos, lo vamos a ayudar en la cruzada: 废除 es rescindir, 合同 es contrato y 审讯 significa juicio. De nada.